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24 de septiembre de 2008

EL NECRONOMICÓN. (Certamen "Escribe tu historia")


+El Necronomicón participa en el certamen "Escribe tu historia" de Elmosquitero.com
(Es un relato que escribí hace muchos años, pero le tengo especial cariño. Formó parte de "Los manuscritos del caos". Ahora lo recupero para el concurso y lo lanzo al mundo para que viva de nuevo!)



EL NECRONOMICÓN

El libro de los muertos resplandece desde el atril donde ha sido colocado. Sus páginas amarillentas se mueven de un lado al otro para un lector invisible; se agitan inquietas sacudidas por el viento que atraviesa el cementerio. Sus tapas son de color pardo y están confeccionadas con piel curtida, piel humana trabajada por las manos del diablo. Las letras que forman su título están escritas con sangre datada de cientos de años que conserva aún ciertas características, ciertos glóbulos de maldad.


El cielo se encapota y la lluvia hace acto de presencia; es entonces cuando una página del libro es arrancada por el poderoso viento y, volando, va a parar al lado de una lápida gris que aguanta impertérrita el paso de los años. En el mármol de esa lápida puede distinguirse un nombre que no pertenece a este mundo; los caracteres no pertenecen a ningún alfabeto de la tierra. Y en la página azafranada las palabras son de color escarlata: el color de la sangre de los que las han escrito. Se mueven nerviosas y dicen así: ¡Ay, del que profane el Libro de los Muertos! ¡Ay, del que se adentre para siempre en el Libro del Averno!

El guarda del cementerio sale de su pequeña habitación intranquilo y enfermo; sabe que algo anda mal ahí afuera. Bajo su paraguas camina por entre las tumbas deseando que todo esté en orden; gritando que todo esté en orden, por favor. Y entonces la ve. Ve la hoja arrancada del libro de los difuntos y se asusta: Las gotas de lluvia resbalan sobre ella. Duda, vacila, pero al fin la coge y se dirige al norte del cementerio, en donde se ha levantado una niebla espesa y blanquecina.
La lluvia no cesa. La tarde está cargada de truenos y miedo. El guarda puede oír entre las tumbas el rumor de los cadáveres, puede oír que quieren abandonar su morada y celebrar. ¿Celebrar, qué? ¿Qué quieren hacer los que están enterrados hace ya mucho, mucho tiempo?


El libro de los muertos se mueve inquieto mientras el guarda se acerca con la hoja sujeta entre los dedos. El número de página está escrito en una esquina: LXVI. Ahora sólo tiene que buscar el número LXV en aquel libro colocado encima de un atril, impasible ante las inclemencias del tiempo. Siempre ha estado ahí; al atardecer, una misteriosa mano coloca el soporte y abre el libro. Nunca ha visto quien lo hace, pero tampoco quiere averiguarlo. Teme entrometerse en algo que seguramente no tiene que ver nada con él ni le incumbe, así que pone la página arrancada en el lugar que le corresponde y cierra el libro para que el viento no se la vuelva a llevar.

El guarda tiene ahora los dedos temblorosos, ásperos y húmedos después de tocar las páginas del libro. La neblina y sus ojos miopes no le dejan ver que los tiene manchados de rojo, pero se da cuenta de que la cubierta del misterioso libro tiene un relieve y se estremece: Tres números seis entrelazados encima de una cabeza de serpiente. Los mira de nuevo y ahora sabe que se trata del texto sagrado más importante de los egipcios, que se remonta a una lejana dinastía. Describe en sus ténebres páginas el viaje del alma que nunca muere; el viaje del alma inmortal. Si, es el Libro de los Muertos, la Biblia de los que ya no pertenecen a este mundo. Y ellos lo adoran, creen ciegamente en sus versos, en sus oraciones, y siguen fielmente sus mandatos.
Dando media vuelta, no se da cuenta de que el viento ha vuelto a abrir el Libro. Horas más tarde, cuando el astro que gobierna la noche dirija su luz hacia una de las páginas, el guarda podría leer claramente:

"Osiris se pregunta: ¿Cuánto tiempo he de vivir?
Y se responde: Millones y millones de años."



Camina sobre sus propios pasos incrustados en el lodoso suelo. Tiembla y tirita de frío, pues ha empezado a nevar. Pocos metros antes de llegar a su caseta se detiene y oye atemorizado cómo murmuran los finados bajo sus lechos, pronto cubiertos de blanco. Entonces se alzan las lápidas al cielo y los ataúdes caen de sus nichos derribando las losas que contienen sus nombres y las flores que sus familiares han depositado. La necrópolis se llena de cadáveres que avanzan hacia el Necronomicón. Uno de ellos se coloca tras el atril y empieza a leer en voz alta, como en una plegaria:

"Homenaje a tí, Osiris,
gobernador de los que se encuentran en el Amenti,
tú que haces renacer a los mortales,
bendícenos con tus poderosos brazos
y líbranos de tu indiferencia.
Tú que nos escuchas y nos hablas
con la fuerza del tumulto,
ayúdanos a conseguir nuestros deseos."


El guarda contempla absorto la misa negra allí oficiada y decide volver silenciosamente a la garita. No pretende ser descubierto; no tiene ningún interés en revelar su presencia. Una vez dentro, cierra bien la aldaba y trata de dormir evitando pensar en la ruda voz del satánico sacerdote.

A la mañana siguiente el cementerio aparece cubierto de nieve y el guarda se levanta aterido de frío.
-Ya es hora de volver a casa. -piensa mirando su nuevo reloj de bolsillo. -Pronto llegará Lucas.
En efecto, a las siete en punto el guarda de día llama a la puerta.
-Buenos días, Abel. Ya estoy aquí.
Éste último asiente, taciturno. Recoge sus cosas, se pone el abrigo y sale de la caseta.
-Voy a dejar este maldito trabajo. -murmura mientras camina por la senda nevada. -Voy a dejarlo. Y el viento helado azota su arrugado rostro.
Lucas corre tras él con un paquete y le alcanza antes de que atraviese las grandes puertas del cementerio.
-Feliz Navidad, Abel. Se me olvidaba darte mi regalo.
-¡Uhm, gracias, Lucas! –dice. Y se aleja a toda prisa del lugar.


Una vez en casa, Abel desenvuelve el paquete que Lucas le ha entregado. Se trata de un libro. La cubierta es de color pardo, y los tres seis entrelazados encima de una serpiente hacen que se desmaye.

Su esposa acaba de levantarse de la cama. Bosteza y se dirige a la desvencijada cocina para preparar el desayuno de su marido. -Ya no ha de tardar. -piensa. Más tarde se sienta en el sofá del salón lamentándose porque tendrá que calentar de nuevo la leche. De repente, se da cuenta de que hay un libro sobre la mesita del café y lo coge con cierta aprensión.
-¿De dónde habrá salido? -se pregunta extrañada. Y lo abre por la primera página:

"¿Queréis encontrar un corazón
que no tenga restos de sangre?
Sacrificad entonces el de los autores
del Necronomicón.
Es negro y no sufre como el de los humanos;
es pequeño y cruel y no es capaz de albergar
ni la más mínima compasión hacia nadie.
Es sanguinario y traidor; odioso, desalmado,
infame, vil,
y no merece sino sólo adoración
por parte de los habitantes
de los más hondos sepulcros."


-¡Dios del cielo! ¿Qué es todo esto? –exclama la mujer.
Un golpe de aire que no sabe de dónde ha podido salir, agita las hojas apergaminadas del libro hacia la derecha y hacia la izquierda. Cuando el movimiento se detiene en la página LXV puede ver una ilustración que muestra un montón de rostros humanos dentro de un recuadro. A un lado, el semblante serio y grave de su esposo la mira impotente. -Estoy encerrado.- parece decirle.

"... Y aquellos que entraron no podrán volver jamás,
porque en los espacios de nuestro mundo
existen tinieblas
que atrapan, que envuelven,
y obligan a permanecer en ellas para siempre.
Y allí conocen las peores situaciones que nunca
sus limitadas mentes hubieran imaginado..."



#Copyright de Marta Abelló Saura. Reservados todos los derechos.

23 comentarios:

Toni1004 dijo...

Vaya relato para leer miestras casi marcho hacia la cama...jejeje.

Muy bueno, has tocado un tema muy manido de una forma tan sutil que hasta se ha echo imprevisible el saber cual sería el siguiiente paso de la trama.

Bienvenida al concurso...jejeje

Vitalnn dijo...

Un buen día para sacar ese relato a la luz!!! Me ha gustado mucho.

Mucha suerte!!!

Azu dijo...

Uau Martikka!!!!
Me dio escalofríos!
Espectacular!!!
Realmente impresionante...¡te felicito!

Besos!

Sarinha dijo...

Un relato estupendo, original, y oscuro!! jeje qué miedo!!
Mucha suerte!!

XiViRiFlÁuTiC dijo...

Esta entrada es impresionante!! Buen trabajo Martikka!! Gracias por darlo a conocer!! :)

Martikka dijo...

Toni, gracias a tí por organizar el concurso. Espero que hayas podido dormir!:)
Vitalnn, me alegro de que te haya gustado.
Azu, muchas gracias, esos escalofríos se van enseguida, no te preocupes :)
Sarinha y Xivi, gracias también. Es un gustazo contar con un público como vosotros!

Costarossa dijo...

A mi también me dió escalofríos ¡¡¡y ésto que son las 10 de la mañana!!!

Martikka dijo...

Costa, te digo lo mismo que a Azu, se van enseguida,:)(Suerte que no lo leiste de noche, que si no...uf!:))

Carmen dijo...

Me ha gustado mucho esa manera de narrar como el viento pasa las hojas del libro y las letras que no existen tal como las conocemos y eso del color azafranado. Suerte

Carla Mariela dijo...

Pasé de noche, y algo me dijo que leyera los comentarios... tremenda intuición, por lo que veo da escalofríos, así que volveré por la mañana a leerte... no quería irme de tu espacio sin darte las gracias por leer el nuestro :o)

Martikka dijo...

Carmen, gracias por tu visita y tu comentario. Lsa hojas movidas por el viento del cementerio es un recurso muy adecuado...

Carla mariela, gracias por pasarte y decidir volver más tarde; no era mi intención causar tanto miedo, pero no es para tanto, en serio! Es un terror más bien sugerido, (pero quizás sea el peor, por lo que veo!):)

Antea dijo...

Buen relato Martikka, me ha recordado los años en los que me moría de miedo leyendo a H.P.Lovecraft. La presencia de un libro como el Necronomicón ha sido tan real,dentro de su ficción que muchos lo han buscado por librerias y bibliotecas a lo largo de los años.Gracias por dedicarle un relato tan interesante.
Antea

Naida dijo...

Me encantan este tipo de historias, te hacen levantarte las solapas del abrigo y caminar bien lejos pensativo...espero poder seguir leyéndote.

Mucha suerte!

Martikka dijo...

Gracias por vuestros comentarios, Antea y Naida.!

senovilla dijo...

Mucha suerte en el concurso.

Saludos Cordiales.

Aspective dijo...

Hola.
Tenías que avisar que el relato se leyera de día, a pleno sol.
Ahora son las 01:30 de la madrugada y no sé si podré leer el libro que tengo en la mesilla.
Fenomenal relato.
Muchas gracias por compartirlo.
¡Suerte!

El Cabreado Enmascarado dijo...

Uy que miedo, oma. Felicidades por el relato y suerte para el concurso.

Saludos.

Martikka dijo...

Senovilla, gracias por el comentario.
Aspective, no lo aviso, pero tal vez debería hacerlo. ¡Ya sois varios que me lo decís!
Cabreado, gracias!

Pedro dijo...

¡Ufff! Vaya relato que te has sacado. Viene de perlas en estas fechas cercanas a la noche de todos los santos.
Mi enhorabuena, escribes de miedo (nunca mejor dicho).
Un abrazo.

Martikka dijo...

Gracias Pedro!

cruzita dijo...

Hola.
He leido tu relato y me ha gustado mucho, te deseo suerte.

Aspective dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Daniela dijo...

Faa, me quede nerviosa de leer esto ! xD
Buen relato, mucha suerte :)

Los Manuscritos del Caos, por Esteban Dublín (Colombia)

Los manuscritos del caos
Hace unos días viajé a Barcelona. Mientras caminaba por Plaza Cataluña, encontré unos manuscritos arrojados en el suelo. Cuando los recogí, empecé a leerlos sin poder detenerme. En ellos se narraban las aventuras de un personaje que viajaba a Barcelona. Mientras caminaba por Plaza Cataluña, encontraba unos manuscritos arrojados en el suelo. Cuando los recogía, empezaba a leerlos sin poder detenerse.

Microrelato dedicado por Esteban Dublín
Escribe tu visita en las estaciones.
Escribe tu beso en el pan y el vino.
Escribe en la sorpresa.
Escribe.
Escribe en el fuego y el laurel: tu deseo, tu espectro, tus sueños.
Mañana volverás a tu señor.
¿A la alegría de tu señor?
A tu señor.
¿A la ira de tu señor?
¡A tu señor!
¿A la merced de tu señor?
¡A tu señor!
Escribe.

Escribe tu ilusión, tu paso, en las referencias y las ventanas.
No eres la primavera que viene cada primavera. Entra y escribe.
Escribe las palabras del mar y de la tierra.
Escribe el entusiasmo y el cansancio, la perdiz y la piedra.
La dulzura y la fuerza. Escribe el actor y el mártir. La cama y la conciencia.
Entrégate a tu mano, deja que tu mano se derrame sobre las fuentes.

Mueres, hombre. ¡Escribe! ¡Escribe! ¡Escribe!
Tu disgusto en la nieve, tu ira en el cobre,
tu afecto en el sol.
Escribe tu amor en todos los ojos.
Que la cerilla sea una palabra en la sombra,
el abrigo una palabra en la escarcha,
la brisa una palabra en el calor,
y una palabra sean la distancia y el encuentro, la boca y el río.

Que los hombres después de ti duerman con la palabra.
Que las mujeres después de ti duerman con la palabra.
Y que la palabra sea tú después de ti.

Unsi Al-Haye