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13 de julio de 2009

Escritor del mes: Ambrose Bierce




Ambrose Gwinett Bierce (Ohio, Estados Unidos, 24 de junio de 1842 – ¿1914?) fue un escritor, periodista y editorialista estadounidense. Su estilo lúcido y vehemente le ha permitido conservar la popularidad un siglo después de su muerte, mientras que muchos de sus contemporáneos han pasado al olvido. Ese mismo estilo cáustico hizo que un crítico le apodara El amargo Bierce (Bitter Bierce).

Se le considera heredero literario directo de sus compatriotas Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville. Cuentista de primer orden, le debemos algunos de los mejores relatos macabros de la historia de la literatura: La muerte de Halpin Frayser, La cosa maldita, Un suceso en el puente sobre el río Owl, Un habitante de Carcosa, Un terror sagrado, La ventana tapiada, etc. Bierce es el escritor que gran parte de la crítica sitúa al lado de Poe, Lovecraft y Maupassant en el panteón de ilustres cultivadores del género terrorífico. A través de sus contundentes filigranas se evidenció como maestro absoluto en la recreación de tensas atmósferas desasosegantes en medio de las cuales detona repentinamente un horror «físico», absorbente y feroz.

El también escritor de relatos de horror H. P. Lovecraft tomó algunos elementos de la obra de Bierce para incorporarlos a sus Mitos de Cthulhu. Sobre los relatos de Bierce, escribió que «en todos ellos hay una maleficencia sombría innegable y algunos siguen siendo verdaderas cumbres de la literatura fantástica estadounidense». Si bien se lo suele encasillar como un autor de cuentos de terror, no todos sus textos pertenecen a ese género, en cambio, sus textos suelen contener una fuerte dosis de sarcasmo o de lúcida ironía, que a menudo se convierte en un agudo humor negro. Se considera su mejor libro In the midst of life, conocido también como Cuentos de soldados y civiles, que comprende sus más sombríos relatos. Su obra más conocida es El diccionario del diablo.

En octubre de 1913, el septuagenario Bierce partió de Washington D.C. para recorrer los viejos campos de batalla de la Guerra Civil. En diciembre cruzó a México por El Paso, que por entonces estaba en plena revolución. En Ciudad Juárez se unió al ejército de Pancho Villa como observador, llegando hasta Chihuahua, donde se desvanece su rastro. La última noticia cierta fue una carta que escribió a un amigo íntimo, fechada el 26 de diciembre. Se trata de una de las desapariciones más famosas de la historia de la literatura. Aunque desde entonces se han lanzado muchas teorías, el misterio permanece.

Antes de partir con rumbo a México, en una carta fechada el 1 de octubre de 1913, escribió a una de sus familiares en Washington: «(...) Adiós — si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México — ¡ah, eso sí es eutanasia! (...)».

La Enciclopedia Británica aventura que pudo ser asesinado en el sitio de Ojinaga (enero de 1914). En efecto, un documento de la época consigna la muerte en esta batalla de «un gringo viejo». La fecha generalmente aceptada de su muerte es 1914. La tradición oral de la villa de Sierrra Mojada, Coahuila, documentada por el Padre Jaime Lienert -- ver "Monumento" en "Enlaces externos" --, atestigua que Ambrose Bierce fue ejecutado por fusilamiento en el cementerio del pueblo.

fuente:wikipedia


Cuento: Un habitante de Carcosa


Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu. Esto solamente sucede, por lo general, en la soledad (tal es la voluntad de Dios), y, no habiendo visto nadie ese final, decimos que el hombre se ha perdido para siempre o que ha partido para un largo viaje, lo que es de hecho verdad. Pero, a veces, este hecho se produce en presencia de muchos, cuyo testimonio es la prueba. En una clase de muerte el espíritu muere también, y se ha comprobado que puede suceder que el cuerpo continúe vigoroso durante muchos años. Y a veces, como se ha testificado de forma irrefutable, el espíritu muere al mismo tiempo que el cuerpo, pero, según algunos, resucita en el mismo lugar en que el cuerpo se corrompió.

2 comentarios:

Arwen Anne dijo...

No está nada mal, tengo que reconocer que no estoy segura de que le haya leído, pero la curiosidad por leerle me ha picado.

besos

Adolfo Payés dijo...

Excelente biografías nos entregas. no conocía a este escrito..

gracias por compartirlo

Te dejo mis saludos fraternos
Un abrazo con cariño

besos

Los Manuscritos del Caos, por Esteban Dublín (Colombia)

Los manuscritos del caos
Hace unos días viajé a Barcelona. Mientras caminaba por Plaza Cataluña, encontré unos manuscritos arrojados en el suelo. Cuando los recogí, empecé a leerlos sin poder detenerme. En ellos se narraban las aventuras de un personaje que viajaba a Barcelona. Mientras caminaba por Plaza Cataluña, encontraba unos manuscritos arrojados en el suelo. Cuando los recogía, empezaba a leerlos sin poder detenerse.

Microrelato dedicado por Esteban Dublín
Escribe tu visita en las estaciones.
Escribe tu beso en el pan y el vino.
Escribe en la sorpresa.
Escribe.
Escribe en el fuego y el laurel: tu deseo, tu espectro, tus sueños.
Mañana volverás a tu señor.
¿A la alegría de tu señor?
A tu señor.
¿A la ira de tu señor?
¡A tu señor!
¿A la merced de tu señor?
¡A tu señor!
Escribe.

Escribe tu ilusión, tu paso, en las referencias y las ventanas.
No eres la primavera que viene cada primavera. Entra y escribe.
Escribe las palabras del mar y de la tierra.
Escribe el entusiasmo y el cansancio, la perdiz y la piedra.
La dulzura y la fuerza. Escribe el actor y el mártir. La cama y la conciencia.
Entrégate a tu mano, deja que tu mano se derrame sobre las fuentes.

Mueres, hombre. ¡Escribe! ¡Escribe! ¡Escribe!
Tu disgusto en la nieve, tu ira en el cobre,
tu afecto en el sol.
Escribe tu amor en todos los ojos.
Que la cerilla sea una palabra en la sombra,
el abrigo una palabra en la escarcha,
la brisa una palabra en el calor,
y una palabra sean la distancia y el encuentro, la boca y el río.

Que los hombres después de ti duerman con la palabra.
Que las mujeres después de ti duerman con la palabra.
Y que la palabra sea tú después de ti.

Unsi Al-Haye