Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)

28/04/2009

Premio de relatos hiperbreves

RDEditores convoca un premio de relatos hiperbreves. Yo ya he participado y podéis leer el relato en su página, donde los van colgando por orden de recepción. El mío es el 39.

Si os animáis a concursar, aquí están las bases:

BASES
I Premio de relatos Hiperbreves
rdeditores
•Los relatos hiperbreves, escritos en lengua castellana, podrán tener una extensión máxima de 150 caracteres, título incluido, contando letras, espacios y puntuación.
•Pueden ser “posts” o haber sido publicados en internet, pero deben ser originales y no publicados en formatos no digitales, como libros, revistas, o prensa escrita.
FORMA DE ENVÍO:

Para participar, los interesados deberán rellenar el siguiente FORMULARIO, con el encabezamiento:

PREMIO DE RELATOS HIPERBREVES RDEDITORES

Formato del mensaje:

1.Texto completo (hasta 150 caracteres).
2.Nombre y apellidos del autor (imprescindible). Breve biografía (no más de cinco líneas), si lo desea, y la página o blog al que quiere enlazar su relato (opcional). Puede incluir otros datos como teléfono, dirección, provincia… (opcionales). Debe especificar si el relato irá firmado con su nombre o prefiere utilizar un nick o pseudónimo.
PREMIO:

•De entre los relatos recibidos (que se irán publicando según el orden de recepción en una sección especial de esta página), el jurado seleccionará un primer premio y dos finalistas, que recibirán cada uno un lote de libros de esta editorial y un diploma acreditativo.
•El relato ganador y los dos finalistas tendrán cada uno un espacio propio, dentro de esta web, en el que se incluirá el enlace a la página o weblog del autor, junto a una pequeña biografía y otros datos y referencias.
•El relato ganador, los dos finalistas, y aquellos de entre todos los recibidos que el jurado considere oportuno, se publicarán en un especial de la revista digital “Andalucía Cultura“.


PLAZOS:

•El periodo de recepción de trabajos finalizará el 15 de junio de 2009.
•El resultado se dará a conocer en esta web antes del 1 de julio de 2009.
Consideraciones adicionales:

•No se aceptarán relatos hiperbreves que no lleguen desde esta web, o no se ajusten a las bases.
•Con la finalidad de proteger y estimular el buen uso del lenguaje, se descartarán los trabajos que no estén escritos en correcto castellano; dejando siempre cabida a la imaginación e innovación, entendidas como herramientas de creación literaria. También se descartarán aquellos cuyo contenido resulte ofensivo, xenófobo, racista, sexista, etc… independientemente de su calidad literaria, ya que consideramos que dichos contenidos no son acordes con la prudencia que un concurso de esta naturaleza (por su amplia e indeterminada difusión) requiere.
•No nos responsabilizamos de los abusos que afecten a terceros, tales como copias o plagios. En cualquier caso, antes de publicar los relatos en esta página, haremos algunas comprobaciones, utilizando las herramientas que la red pone a nuestro alcance.
•La editorial se reserva el derecho de publicar (en forma impresa) los hiperbreves recibidos, para lo cual se pondría previamente en contacto con los autores por medio del correo electrónico.

26/04/2009

Crónica de un discurso


Esta mañana, a las 7 ya tenía los ojos abiertos (mejor dicho, a las 6 y media). Hoy era el día... He seguido durmiendo un poco más, pero a las 8:45 he decidido levantarme a retocar el discurso. Ayer por la noche eran las 12 y acababa de hacer una nueva modificación.
Odio estas prisas y nervios de última hora, pero una es perfeccionista (para esto) y aún cuando ya tenía el discurso preparado hacía días, a última hora empecé a sacarle fallos al texto. Podéis comprender mi desesperación de ayer por la noche al verlos, y más aún esta mañana cuando he retocado un párrafo y empezaba a dudar de si el inicio era el más adecuado, de si el final también lo era... En fin, que los nervios han empezado a socavar mi confianza hasta que he dicho basta. He recordado los ánimos que muchos de vosotros me disteis, lo he imprimido y he cruzado los dedos para que no me echaran de cabeza a los leones.

Además, el cielo ha comenzado a ponerse negro, amenazaba con una tormenta de las de órdago y así hemos salido de casa, lloviendo, y con viento frío. (Antes de salir, me he tomado una manzanilla, bien cargada.)
Se iba a celebrar en los jardines de una masia antigua del pueblo, pero al llegar nos han dicho que se celebraba en el instituto, así que a quince minutos del comienzo nos hemos dirigido hasta allí, donde hemos tenido que esperar a que el público llegara (a casi todos les ha pasado lo mismo que a mí.)

En la sala, después de recibir saludar al alcalde y recibir las explicaciones de la bibliotecaria en cuanto al acto y decirme que tendría que leer una de las poesías galardonadas (cuyo autor no había podido venir), veo que he de sentarme junto al alcalde en la mesa "presidencial". Claro... yo iba a sentarme en las sillas del jurado, pero resulta que si soy la "mantenedora" (figura ilustre (glups!) debo sentarme al lado de la autoridad.
Pues allí que me voy al lado del alcalde y charlamos brevemente hasta que comienza el acto. Él lee una página de palabras de introducción y después la presentadora me introduce a mí.
Es un tanto extraño oír tu voz por los altavoces, hablar con un micrófono delante, y empecé con las manos ligeramente temblorosas, pero parece ser que mi aplomo fue bueno.
Dije así (traducido del catalán) : "Imaginemos que no hay poesía. ¿Es un mundo posible, éste? ¿Podríamos vivir, como si nada? Ya el poeta Percy B.Shelley, en el siglo XVIII, dejó escrito que la poesía es congénita al espíritu del hombre, por tanto, siendo congénita, connatural, nacida de uno mismo, no nos puede abandonar nunca."
Y seguí leyendo hasta completar las tres páginas. He de decir, que una de las citas que más me ha gustado hacer es la de Rabindranath Tagore. La introducí ayer mismo, a última hora, pero es preciosa: La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los hombres.
Esta frase de uno de mis poetas favoritos me inspiró un nuevo párrafo y me convenció de dejar el discurso tal y como estaba. (Tagore, ¡gracias maestro!)

Bueno, acabé de leer el discurso (unos 8 minutos) y mientras oía los aplausos e iba hacia la mesa, el alcalde me dice que muy bien, que le ha gustado mucho (con mirada sorprendida, o sea, que le había gustado mucho.) ¡Uf!
Empezó la entrega y lectura de premios y tuve que leer una de las poesías cuyo autor había declinado venir. He de decir que antes de empezar el acto, la leí una vez en bajito para familiarizarme, además, decidí hacer una aclaración al leerla. Os explico.
El autor introduce una cita de Pessoa antes del poema, que dice así en catalán: "Folla, la fe viu el son del seu culte". En catalán, folla es "loca", però sigue sonando mal, más aún cuando hay público castellanohablante, así que en vez de empezar a leer la cita y seguidamente el poema, para evitar levantarme y enfrentarme al micrófono con "folla" así, directamente, dije: El autor empieza con una cita de Fernando Pessoa que dice así : "Folla, la fe viu... (Loca, la fe vive el sueño de su culto) Y leí el poema.

Después de la entrega de premios, hubo un refrigerio para todos y recibí las felicitaciones. Había gustado. Lo había hecho bien. Por suerte, los nervios no me traicionaron, y aún cuando recuerdo que se me fue la línea una vez, como casi me lo sabía de memoria, seguí así, de memoria, hasta encontrarla. También cambié el orden de una frase: "la paraula i la poesia" por "la poesia i la paraula", pero eso nadie lo iba a notar.
Así que ya estaba hecho. Mis miedos, temores y nervios de anoche y de esta mañana quedaron en nada, porque lo he hecho bien, ha gustado mucho el contenido del discurso y me han felicitado los que tenían que hacerlo.
Después se nos invitó a comer y después del postre me hicieron entrega de un bonito ramo de flores y de una pluma Caran d'Ache de plata, preciosa. De nuevo más felicitaciones.
Y ya está. Ahora sólo queda el recuerdo de un día que empezó oscuro, que la lluvia amenazó, cayó y luego escampó. Poco antes del acto, el sol apareció de forma tímida y nos dejó una tarde muy agradable.
Mañana tendré que enviar el discurso para que sea publicado en una revista local, y ahí queda todo. Aunque no acaba ahí. Próximamente haré un post para explicaros una parte de mi vida que va a cambiar, y en la reunión de hoy se habló un poquito de ello, pues aún está en proyecto.

Esta mañana amaneció nublado, pero de las nubes más negras, siempre cae un agua limpia y refrescante (proverbio chino).

24/04/2009

Un post con mi nombre

Sechat, de Cazadores de palabras, me ha dedicado un post en su fantástico blog. No puedo por menos que dedicarle un enlace y darle de nuevo las gracias por hablar de mí y tan bien. Gracias Sechat.

23/04/2009

Sant Jordi



Sant Jordi es el héroe de una gesta caballeresca que la tradición catalana sitúa en los alrededores de Montblanc, donde un dragón tenía asustada a toda la población y cada día devoraba una persona. Como nadie quería morir, se efectuó un sorteo entre todos los vecinos y al que le tocara tenia que entregarse al monstruo. Pero un día, el sorteo le tocó a la hija del rey, la princesa. Cuando iba a ser sacrificada apareció un joven caballero en un caballo blanco que le dijo que iba a combatir contra el monstruo para liberarla a ella y al pueblo de Montblanc.
Sant Jordi luchó con el monstruo hasta que lo abatió y salvó a la princesa, y ella pudo volver a su pueblo junto a su padre, el Rey.

El dia de Sant Jordi, conmemorado en Catalunya aunque no sea un dia festivo, coincide con el dia del Libro que se instauró en 1930 en recuerdo de la muerte de Miguel de Cervantes.
En 1995 la UNESCO instituye el 23 de abril como Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor. En un 23 de abril también se conmemora la muerte de William Shakespeare.

En este día las calles se llenan de puestos de rosas y las librerías sacan sus libros a las calles. Las ciudades llenan las plazas principales con puestos de libros mientras en los balcones luce la bandera catalana y se celebran actos institucionales y folclóricos como levantamiento de "castells" y bailes de sardanas.

En este día, los autores salen a la calle también para sentarse en a firmar libros. Se mezclan autores mediáticos, conocidos y no tanto. Todos empuñando su bolígrafo en ristre como Sant Jordi empuñaba su espada.
Éste último quería vencer a un dragón. Los autores, a la ignorancia.

22/04/2009

Voces con vida


Ya tengo en mis manos el ejemplar de "Voces con vida". La antología de cuento breve del I Concurso Internacional de Cuento Breve del salón del Libro Hispanoamericano Ciudad de México.
Fueron 1443 los participantes, pero sólo uno fue el ganador, que comparte espacio con 107 cuentos más.
Entre ellos, el mío, Número dos, y el de Felisa Moreno Ortega, nuestra compañera blogger con Otro punto de vista.
Como los relatos están ordenados por orden alfabético, el mío sale el primero por detrás del ganador, cosa que me satisface, al igual que estar presente en una antología con autores de habla hispana de todo el mundo.

19/04/2009

Talentos y dones



Susan Boyle, de 47 años, una desempleada escocesa, se presentó al concurso Britain`s got talent. Cantó I dreamed a dream (Soñé un sueño) de Los Miserables y puso el vello de punta. El jurado se asombraba de encontrar tanto talento bajo su imagen de ama de casa, simple, un tanto peculiar... Su talento, su don, su maravillosa voz hicieron cambiar la opinión del público de la sala, que había reído cuando ella dijo su edad. 47. 47 y fea, carne para el circo. Pero su talento y sus agallas callaron las risas. Había soñado el sueño de triunfar y lo hizo...

En el mismo concurso, el año pasado, Paul Potts hizo lo mismo con su canción. Su aspecto un tanto anodino de vendedor de móviles quedó eclipsado por su maravillosa voz cantando Nessun dorma, un aria del acto final de la ópera Turandot. Que levante la mano a quien no le arranque lágrimas de emoción:



¡Disípate, oh noche! ¡Tramontad, estrellas! ¡Tramontad, estrellas!
¡Al alba venceré!
¡Venceré! Venceré!

Hay talentos escondidos bajo las piedras. Talentos desperdiciados. Talentos olvidados. Levanta las piedras, usa tus dones, recupera tu esencia y el sueño que soñaste se hará realidad.

Poema de los dones
Jorge Luis Borges


Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

18/04/2009

Un post con mi nombre

Sechat, de Cazadores de palabras, me ha dedicado un post en su fantástico blog. No puedo por menos que dedicarle un enlace y darle de nuevo las gracias por hablar de mí y tan bien. Gracias Sechat.

Dicho por...W.Faulkner.




Un escritor necesita tres cosas; la experiencia, la observación y la imaginación, dos de las cuales, a veces una de las cuales, puede suplantar la falta de las demás".
William Faulkner

15/04/2009

Juegos Florales

Estáis leyendo un post de la "mantenedora" de la 27 edición de los Juegos Florales de mi pueblo.
¿Qué es un "mantenedor"? Pues según la definición que he encontrado es: Una persona de relevancia social y cultural que efectúa un parlamento o discurso normalmente glosando uno o los tres temas de la trilogía Fe, Patria y Amor.

Pues eso. Que he sido elegida para efectuar el discurso del mantenedor en los Juegos Florales que se celebrarán dentro de dos semanas.
Lo de "relevancia social y cultural" en mi caso es escasa, pero al parecer se me ha querido reconocer la labor como escritora en el pueblo (el premio comarcal ganado en octubre pasado ha tenido mucho que ver), así que me tenéis ocupada escribiendo un discurso que será leído después de unas palabras de introdución al acto del alcalde. Después de mí, se entregarán los premios a los ganadores principales y a los participantes de primaria y la ESO.

Como curiosidad os diré que soy la segunda mujer en veintisiete años que actúa como mantenedora; además, la media de edad de los mismos suele ser elevada. Así que éste año cambian las tornas: mujer y joven.
En fin, tendré que tomarme una o dos tilas antes del acto para ahuyentar los nervios. Lo de leer en público no es algo a lo que los escritores estemos muy acostumbrados y lo de hacer discursos...(pedidme relatos, novelas, poemas, pero ¿discursos? ¡ayy!) Sólo espero estar a la altura.
En principio mi parlamento está centrado en la poesía, en la necesidad que tenemos de ella. Aunque lo que voy necesitando día a día es valeriana, tila, valium...

14/04/2009

Sobre los diálogos y los personajes (II)

Algunas notas sobre los diálogos Rodolfo Martínez Parte II


Dar informacion. ¿Cómo?

Como cualquier otra parte de un relato, un diálogo cumple una función. Y esta, creo yo, es básicamente la de aportar información de una forma más rápida, directa y agradable al lector de la que lo puede hacer un fragmento narrativo6.
Un recurso muy usado por determinados escritores del pasado es, en lugar de mostrarnos la acción, situarnos ante dos personajes: uno asiste a ella, el otro no. El primero le cuenta al segundo lo que ocurre. Era algo muy usado por Shakespeare; claro que él no lo hacía por gusto: no podía poner en escena a dos ejércitos de quince mil hombres dándose de bofetadas, así que tenía que limitarse a situar sobre el escenario a un criado que, desde lo alto de una torre le cuenta a su señor lo que ocurre en el campo de batalla.
Pero es algo que se sigue utilizando hoy en día y no es un mal método. La narración de la acción por parte de un testigo a un tercero puede ser mucho más colorista, emocionante y vital que una descripción directa de esa acción. Sobre todo, si lo que estamos narrando es de importancia secundaria para el relato y no queremos perder demasiado tiempo en su descripción, el truco del testigo siempre es útil.
Un recurso similar es el de utilizar un diálogo para que el lector se entere de acontecimientos que han ocurrido antes de que se inicie el relato, para situarle en el escenario, en el universo donde se desarrolla la historia. Esto no es peligroso cuando uno de los interlocutores de la conversación ignora lo que el otro le está contando. El que lo sabe se limita a poner en antecedentes a su amigo y punto. El problema viene cuando ambos saben lo que ha pasado y el único que lo ignora es el pobre lector.

Este es un defecto del que no escapan ni escritores experimentados. Del que, de hecho, es difícil escapar. ¿Cómo te las apañas para poner en antecedentes al lector sobre algo que todos los personajes de la novela saben ya perfectamente y que es imprescindible que el lector sepa para que comprenda perfectamente la situación?
La solución del escritor inexperto es la que yo llamo la de la intervención parlamentaria. Aquello de "Señores diputados, no les voy a decir..." y acto seguido se lo dice. No es difícil encontrar en un cuento primerizo una conversación que empieza más o menos así:

-Todos sabéis que ayer por la tarde hubo una reunión en la que se decidió...

Si todos lo saben ¿para qué lo cuenta? Lo lógico es dar esos acontecimientos por sabidos y seguir a partir de ahí. Pero el lector los ignora y hay que contárselos de alguna manera.
Pero no de esa. Eso crea una impresión de pobreza y falsedad en el diálogo. La gente no habla de cosas que ya saben para que un ente misterioso ajeno a su universo se entere de lo que les ha pasado.
La solución es, quizá, dar la información poco a poco, a pequeños retazos. Siempre que uno tenga espacio suficiente, por supuesto. Se puede intentar otra cosa, si los acontecimientos en cuestión son lo suficientemente importantes como para haber sido tenidos en cuenta por los historiadores: insertar, en mitad del relato, un fragmento de un supuesto libro donde se comenten esos hechos, como hacía Asimov en su serie de las Fundaciones con las citas de la Enciclopedia Galáctica. O, como hábilmente hace Gabriel Bermúdez en Salud mortal, conseguir que el personaje central asista a una conferencia de carácter histórico-político.

Al final, si uno es lo suficientemente hábil, puede incluso utilizar la solución de la intervención parlamentaria y hacer que el lector no se de cuenta de que las normas de la verosimilitud acaban de ser transgredidas. Pero pocos escritores pueden permitirse eso impunemente.

Los Interlocutores

Dice Umberto Eco que cuando se puso a escribir El nombre de la rosa: "las conversaciones me planteaban muchas dificultades. [...] Hay un tema muy poco tratado en las teorías de la narrativa: [...] los artificios de los que se vale el narrador para ceder la palabra al personaje"7. Como no hay nada mejor que un ejemplo, véase el siguiente, que es el mismo que Eco propone en su libro: dos personajes se encuentran y uno le pregunta al otro que cómo está. El otro responde que no se queja y pregunta a su vez qué tal está el primero. Como veremos enseguida, hay muchas formas en las que puede ser presentada esta conversación, y no todas son iguales:

A: -¿Cómo estás? -No me quejo, ¿y tú?

B: -¿Cómo estás? -dijo Juan. -No me quejo, ¿y tú? -dijo Pedro.

C: -¿Cómo estás? -se apresuró a decir Juan. -No me quejo, ¿y tú? -respondió Pedro en tono de burla.

D: Dijo Juan: -¿Cómo estás? -No me quejo -respondió Pedro con voz neutra. Luego, con una sonrisa indefinible-: ¿Y tú?

Umberto Eco propone un par de ejemplos más, pero estos cuatro son suficientes. A y B son prácticamente idénticos, pero C y D son muy distintos a estos y, a la vez, muy diferentes entre sí. Como vemos, la mano de un narrador se mete en mitad de la conversación y altera completamente el efecto que nos produce ésta. En C y D vemos unas connotaciones en la respuesta de Pedro que están completamente ausentes de A y B.
¿Cuál es la solución más adecuada? Tema difícil, y no creo que se pueda hablar en este caso de una solución más adecuada que otra. Cada autor tendrá sus gustos al respecto, sus propias ideas, y estas se reflejarán en la forma de presentar los diálogos. Hemingway, por ejemplo, apenas utilizaba acotaciones, nos decía muy poco sobre la voz o el estado de ánimo del que hablaba, se limitaba a transcribirnos sus palabras, para así preservar las posibles ambigüedades que pudieran surgir al interpretar el lector la conversación. Esto está bien, si uno realmente quiere que las ambigüedades que surjan queden ahí. Si no, la intervención del narrador es obligada. Al fin y al cabo, para eso está, para decirnos que Pedro sonreía maliciosamente cuando decía que estaba bien, o que Juan hablaba de forma agitada cuando preguntaba.
Mi opción personal es prescindir de las acotaciones, salvo de las más elementales en una primera escritura. Luego, cuando llega el momento de corregir el texto, vas viendo si son necesarias más, si te interesa recalcar que Juan jadeaba cuando Pedro tocó determinado tema, o si prefieres no poner sobre aviso al lector sobre las reacciones del personaje. Depende. Como ya he dicho, es una opción personal.
Lo que sí debemos tener bien claro es qué nos proponemos con un diálogo. ¿Queremos simplemente intrigar al lector, engancharle a los acontecimientos pero seguir dejándole en la ignorancia o incluso en la confusión en algunas partes? Entonces no seremos demasiado prolijos. Por el contrario, si no deseamos que el lector llegue a una conclusión errónea sobre el diálogo que acaba de leer utilizaremos las acotaciones para romper las posibles ambigüedades que surjan en la conversación.
Entroncado con esto, me gustaría comentar muy brevemente otro defecto de los escritores primerizos: utilizar demasiados interlocutores en el mismo diálogo. Una conversación a dos bandas ya tiene sus propias dificultades, pero si metemos a tres o incluso cuatro participando en ella, la dificultad se multiplica.
Los dos fallos que se suelen producir más a menudo son los siguientes:

1. Cada personaje suelta su parrafada de información y convierte el diálogo en un número variable de monólogos.

2. Llega un momento en que el escritor se pierde y no sabe realmente quién está hablando. O, si lo sabe, no es capaz de hacérselo claro al lector y es éste entonces el que se pierde.

Mi consejo es empezar con cierta modestia y precaución: dos interlocutores, tres a lo sumo. Ya es bastante difícil de por sí como para complicarnos más todavía.
Si, por razones estructurales, necesitamos que en determinada conversación haya presentes cuatro o cinco personajes, existe un truco para ello. Diseñar el diálogo como si se desarrollase solo entre dos interlocutores. Y luego, coger la parte del diálogo de uno de ellos y dividirla a su vez entre otros dos o tres personajes. Si se hace con el suficiente cuidado, el lector tendrá la impresión de que todos hablan, y la dificultad para el escritor no habrá aumentado en exceso.

Conclusión

Un pájaro aprende a volar cayéndose del nido y un escritor aprende a escribir pergeñando bodrios, a veces durante años y años y a veces, por desgracia, durante toda su vida. Las notas que he expuesto más arriba pueden resultar o no de utilidad, pero ningún consejo sustituirá a la práctica. El escritor se hace escribiendo, emborronando miles de páginas.
Y se hace también leyendo, aprendiendo cómo otros escritores antes que él han resuelto los mismos problemas a los que él se enfrenta ahora.
Y, en el caso concreto de los diálogos, se hace escuchando. Si un escritor debe ser un observador de lo que le rodea (sí, incluso un escritor de ciencia ficción o fantasía porque, no nos engañemos, estaremos en la Tierra Media o en Akasa-Puspa, pero seguimos escribiendo sobre hombres y mujeres -o alienígenas y elfos- contando qué les pasa y cómo reaccionan ante lo que les pasa), debe serlo especialmente de lo que se dice junto a él si aspira a escribir algún día diálogos que resulten creíbles como tales.
Termino ya, recomendando a cinco autores que, desde mi parcial punto de vista, han sobresalido como constructores de diálogos y quizá puedan ayudar al escritor bisoño a enfrentarse con este tema. La elección de estos cinco en favor de otros puede parecer subjetiva. No os llaméis a engaño: lo es. Son autores cuyo manejo de la conversación me ha influido enormemente en un momento u otro:
-Miguel Delibes, uno de los oídos más finos y sensibles de la literatura española. Sus diálogos en Los santos inocentes siguen siendo, para mí, el mejor ejemplo del habla rural convertida en arte que existe en nuestras letras.
-Raymond Chandler, cuyos personajes utilizaban el diálogo como arma cuando no podían hacerse con una pistola. Las réplicas y contrarréplicas de Marlowe, casi a ritmo de ametralladora, son siempre ingeniosas, fluidas, vibrantes. Sus diálogos más delirantes quizá estén en Adiós, muñeca.
-Isaac Asimov. Sí, habéis leído bien, Isaac Asimov. Sus diálogos son funcionales, no resultan casi nunca forzados y, sin florituras de ninguna clase, resultan creíbles. Como ejemplo citar El fin de la eternidad o algunos capítulos de la primera parte de Los propios dioses.
-Pese a la vacuidad de contenido de muchas de sus conversaciones, Frank Herbert y Robert Heinlein. Especialmente este último en El número de la bestia, que más que una novela (como tal resulta bien pobre) es un manual de cómo escribir buenos diálogos.



NOTAS

1.Chandler, Raymond. Cartas y escritores inéditos, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1976.
2.Burgess, Anthony. La naranja mecánica, Minotauro, Barcelona, 1976.
3.Martín, Andreu: Ahogos y palpitaciones, Ultramar, Barcelona, 1987.
4.Chandler, Raymond. El simple arte de matar, Bruguera, Barcelona, 1980.
5.Mendoza, Plinio Apuleyo. El olor de la guayaba, Bruguera, Barcelona, 1982.
6.Claro que Frank Herbert y Robert Heinlein quizá no estuvieran muy de acuerdo conmigo, visto como les encantaba poner a varios personajes hablando durante algunos cientos de páginas sin que dijeran absolutamente nada. Eso sí, haciéndolo de una forma muy entretenida (la apostilla no es mía, sino de Juan Parera).


SOBRE LOS DIÁLOGOS Y PERSONAJES, PARTE I.

13/04/2009

Crítica de Tilak el Sabio por Victor Morata

El escritor, blogger y amigo Victor Morata Cortado dice de mi libro Tilak el Sabio:



Un libro que yo calificaría de revelador e iniciático. Un viaje metafórico por la vida de Tilak que podría ser la de cualquiera, un camino hacia el alma y el despertar de la sabiduría. Decir que me ha gustado la lectura ágil, sencilla y amena que ofreces y, si tuviera que elegir una parte de esta historia hay una que me ha deslumbrado especialmente y esa es la primera de todas. El comienzo del libro es sumamente evocador. Felicidades por este libro y gracias por ofrecernos esta obra.


Gracias, Víctor. Por leer y captar la esencia.

10/04/2009

I.N.R.I

INRI.


Suaves tonalidades de rojo se abren paso entre la tarde. Él, desde su perspectiva, puede ver cómo se oscurecen los techos de las casas más altas de la ciudad. Es desde la mañana que está ahí colgado, desde la hora en que la profecía empezó a cumplirse.
Le es difícil respirar, teniendo que elevar el cuerpo a cada inspiración, sintiendo cómo intensas punzadas de dolor nacen una y otra vez de sus pies clavados uno sobre otro en el madero, impidiéndole mover las rodillas.
Fríos clavos de hierro atraviesan sus muñecas, y cada una de sus inspiraciones, cada uno de sus movimientos hacia arriba en busca de aire fresco, le producen un dolor lacerante en las articulaciones de los brazos, tan horrible que siente que se va a desmayar.
La cabeza, inclinada hacia la derecha, está coronada con espinas entrelazadas que se clavan en la suave y sudorosa piel de la frente.
Paulatinamente, finos hilos de sangre se le escurren desde las sienes para resbalar por los pómulos; las gotas caen como mazas sobre su pecho desnudo y herido. El largo y lacio cabello oscuro va recogiendo el copioso sudor que mana de su cuello y de su frente para evitar que la sal que contiene le irrite aún más las heridas.

Él gime al sentir ahora más intenso el dolor en su espalda. La madera tosca y sin pulir roza las magulladuras provocadas por el látigo en su lento y agónico ascenso hasta el monte. Aún suenan en sus oídos las injurias de los que allí le han amarrado, pero no le importa demasiado lo que hayan dicho: tarde o temprano se darán cuenta de su error.

Han colocado sobre su cabeza una inscripción tallada en una tabla rugosa y desigual. Una de las palabras que contiene destaca sobre las otras: Rey. Es rey pero está crucificado, condenado a morir en medio de terribles calambres musculares.
De nuevo la tortura al respirar. Cuando hubiera tenido que ser un acto involuntario, está siendo algo forzado, un doloroso trance antes de llegar al final.
Los músculos de los brazos se le agarrotan y sigue manando sangre de las heridas de las muñecas, y se va haciendo cada vez más oscura. Una de las piernas la tiene paralizada, inmóvil y muy tensa; da la impresión que de un momento a otro vaya a moverse espasmódicamente y sin control. Eso le asusta, pues sabe que si mueve más de lo justo cualquiera de sus miembros, el dolor aumentará. Y mucho.
Mueve la boca en un raro gesto porque la musculatura de la cara parece que vaya a quedarse rígida también y vuelve a gemir, sin atreverse a sacar al exterior el alarido que exprese todo lo que siente.
Es el cansancio. Una fatiga enorme es la que le cae en esas horas encima de los hombros. Que cesara de una vez el dolor, eso es lo que podría traerle uno de sus deseos.

Cerca de la hora sexta se eclipsa el sol, la oscuridad cubre todo el lugar y un fuerte grito, un canto al fin, puede oírse desde lo alto de la montaña. La muerte se ha llegado hasta el que tuvo la osadía de llamarse Rey. Un rey torturado como los que cometen injusticias, golpeado como los animales que se escapan del rebaño. Insultado como las rameras, crucificado como los ladrones. El Rey de los judíos.
Marta Abelló. 2001.

09/04/2009

Atmósferas


Ya está en el horno el libro "Atmósferas", cuya recaudación será para el proyecto solidario con la fundación Vicente Ferrer.
En él nos damos cita con nuestros relatos Blas, Armando, Lola, Blanca, Susana, Felisa, Teo...(perdonad si me dejo a alguien más). Me honra compartir espacio con bloggers amigos y estupendos escritores.
De momento ya están asegurados 300 ejemplares, aunque probablemente sean muchos más!


08/04/2009

Dicho por...

"El mayor infortunio del hombre de letras no es quizá el hecho de ser víctima de las intrigas y la envidia de sus colegas y el verse despreciado por los hombres poderosos, sino el verse juzgado por los necios."
Voltaire


"
El que ha encontrado un tema adecuado a sus facultades no dejará nunca de encontrar palabras elocuentes y una expresión lúcida."

Horatio

07/04/2009

Sobre los diálogos y los personajes (I)

Algunas notas sobre los diálogos, por Rodolfo Martínez. Parte I.


Cierta vez, alguien me preguntó qué encontraba más difícil en el trabajo de escribir. No parpadeé al responder: "Los personajes y los diálogos". Del diseño de personajes quizá hablemos en otro momento, pero hoy me gustaría pediros unos minutos de vuestra atención para dedicarlos a lo difícil que es construir un buen (o incluso un mal) diálogo.
A menudo, y especialmente en los cuentos, donde no hay espacio para un desarrollo en profundidad de la psicología de un personaje, la forma en que éste habla puede bastar para definirlo. Un personaje que nos es presentado hablando de determinada manera evocará en nuestra mente una concreta forma de ser y, si el autor es lo suficientemente hábil, ni siquiera necesitará describirlo física o mentalmente para que tengamos una imagen clara de cómo es.

Claro que ahí tropezamos con el meollo de la cuestión: La frasecita sin importancia de "si el autor es lo suficientemente hábil". De hecho, es perfectamente posible que un cuento con una buena idea de partida, bien desarrollada y que esté impecablemente escrito en sus partes narrativas y descriptivas, resulte luego un completo fiasco a causa de la pobreza de sus diálogos. Últimamente he tenido la oportunidad de leer bastante material de autores noveles y precisamente uno de los lugares donde estos parecen tener más dificultades es en ese tema. Cuentos que en general no están mal escritos suelen tener unos diálogos que entorpecen el desarrollo de la acción más que ayudarla a avanzar, que no resultan ni fluidos ni naturales, dando al lector la impresión de que los personajes hablan como si recitasen papeles aprendidos de memoria en una mala obra de teatro.

¿Cómo debería ser entonces un buen diálogo? En primer lugar y, posiblemente más importante, debe sonar natural a nuestros oídos mentales de lector, que parezca (aunque en el fondo no lo sea) un diálogo de verdad, de los que puede oír por la calle o decir él mismo. Debe también aportar información, no ser simplemente una pieza dialéctica vacía. Y, por último, y peliagudo, está el tema de las acotaciones, de cómo introducirlos.
Trataré cada uno de estos temas por separado.

La naturalidad

Algo primordial es adaptar los términos y las construcciones gramaticales que vamos a usar a la personalidad que queremos definir por medio de ese diálogo. Un individuo iletrado, de escaso nivel cultural, no usará los cultismos y las construcciones subordinadas que puede utilizar un especialista en literatura germánica medieval.
Si estamos escribiendo un relato en el que los personajes son navajeros del más miserable suburbio de Barazagor, el olvidado planeta por allá a la izquierda, tendremos que hacerles hablar de acuerdo con su papel. Utilizarán frases más bien cortas o en todo caso unidas por conjunciones. Pocas veces usarán oraciones subordinadas, tenderán a servirse exclusivamente del indicativo, e incluso es posible que trabuquen algunos tiempos verbales, que digan "si no habrías venido" en lugar de "si no hubieras venido", por ejemplo. Su vocabulario será más bien limitado, y con cierta frecuencia se servirán de muletillas e interjecciones varias que insertarán en mitad de una frase.

Usarán determinadas palabras propias de su jerga. Por el contrario, si estamos describiendo la investigación de un grupo de sesudos físicos que tratan de desentrañar el último misterio del universo, tendrán que hablar de forma completamente distinta. Su habla será algo más ampulosa, pero al mismo tiempo más precisa. Usarán, evidentemente, términos como "vector" o "gradiente de velocidad". En general hablarán igual que un individuo de cultura más o menos media con la jerga propia de su profesión.

Ese tema, el de la jerga, es muy importante. En dos aspectos. Cada profesión, cada forma de vida, tiene su vocabulario propio, y si pretendes describir a un médico, tienes que estar bien enterado de qué términos usan los médicos. No digo que llegues al nivel de documentación de Gabriel Bermúdez, que para Salud mortal se devoró tomos y tomos de divulgación médica, pero sí que estés lo suficientemente enterado como para no cometer gazapos y caracterizarles mínimamente bien.

El otro aspecto de las jergas, el de las hablas marginales, es más peliagudo.
Decía Raymond Chandler que sólo hay dos tipos de jergas aceptables para el escritor: "el slang que se ha establecido en el lenguaje, y el slang que uno mismo inventa. Todo lo demás está propenso a ponerse fuera de moda antes de alcanzar la imprenta"1. Un ejemplo perfecto de jerga inventada puede ser La naranja mecánica2, donde el autor, partiendo del vocabulario ruso, crea el nadsat, la lengua juvenil que hablan los pandilleros de la novela. Burgess introduce tan bien el nadsat en su novela, de una forma tan paulatina, y con un contexto tan esclarecedor, que uno apenas necesita mirar el glosario que incluyen algunas ediciones del libro para comprender su significado. En nuestro país podríamos citar el caso de Ahogos y palpitaciones3, novela olvidable en casi todos sus aspectos, pero que resulta interesante por la deformación a que el autor somete el idioma. Nos describe una sociedad que vive por y para el placer, donde el sufrimiento es algo inconcebible y obsceno: de esa forma, el lenguaje se deforma hasta el extremo de que palabras como "sangre" y "muerte" son auténticas procacidades y los más prosaicos aspectos fisiológicos humanos son descritos en tonos poéticos y alegóricos.

Por otro lado, el diálogo debe ser fluido, ha de tener un ritmo propio, y en ese aspecto quizá nos pudiera servir de ayuda la poesía, especialmente la clásica, férreamente estructurada en torno a grupos acentuales muy concretos. Un soneto de Garcilaso o de Quevedo puede ser de mucha ayuda para ayudarnos a ir cogiendo ese ritmo. Volviendo a citar a Raymond Chandler: "Es probable que comenzara con la poesía; casi todo comienza en ella."

Pero todo lo dicho no basta para que un diálogo suene natural. Uno puede haber cumplido todo lo que acabo de exponer y aun así encontrarse con que acaba de escribir una conversación forzada y anquilosada. ¿Dónde está entonces la naturalidad? Ahí es donde interviene el oído del escritor, su intuición y sus años de oficio.

En primer lugar, en una conversación real, los interlocutores no sueltan un ladrillo de discurso respondido a su vez por otro ladrillo de discurso. La gente, cuando habla, se interrumpe unos a otros, se producen lapsos de silencio, un personaje inicia un chiste y aquel con el que está hablando se lo termina... No hay nada que cause peor efecto que Pepe diciendo: "Yo creo que..." y soltando una parrafada a la que Manolo responde "Pues yo pienso..." y suelta una nueva parrafada solo para que, cuando acabe, llegue Juan y diga "Quizá, pero a mí me parece..." para embarcarse en nuevo discurso. Eso no es un diálogo, sino tres monólogos sobre el mismo tema.
Cuando dos o más personas hablan, las circunstancias mandan en muchas ocasiones sobre ellos. Se puede empezar hablando de fútbol y, a medida que la conversación va derivando, se termina poniendo a parir al gobierno sin que nadie lo haya planeado así. En el mundo "real" las conversaciones no son, no suelen ser, algo preparado. En la literatura, sin embargo, deben serlo. Si transcribimos un diálogo es porque hay determinada información que queremos transmitir a través de él, algo que queremos contar usando esa conversación. Por tanto, hemos de ceñirnos al tema que queremos exponer, pero al mismo tiempo hemos de ser consecuentes con la caracterización de nuestros personajes. Si hemos diseñado uno de ellos de tal forma que tenga tendencia a divagar, tendremos que hacer que, en determinados momentos, el tema de la conversación se aparte de nuestro propósito, aunque luego la hagamos volver a él.
También hay que tener en cuenta que, si el diálogo lleva una gran carga emocional, es más que probable que alguno de los personajes que intervienen en él, en un momento dado, suelte una palabrota para aliviar su propia tensión o recalcar una idea. ¿Por qué no? No hay que tener miedo a las palabrotas, la gente las usa cuando habla y, aunque el escritor no debe abusar de ellas, resulta peor aun que prescinda totalmente de su uso. Nada resulta más ridículo que un individuo que supuestamente está furioso, diciendo: "¡Córcholis! Menuda faena me habéis hecho!". Si está furioso de verdad, no dirá "córcholis" o "cáscaras"; soltará un exabrupto. No hace falta ser terriblemente vulgares, pero uno o dos palabrotas insertadas en una conversación de forma natural ayudan a hacerla más creíble, siempre que no nos pasemos.

Y cuando ya tenemos el diálogo ¿cómo sabemos que éste es válido? Una solución puede ser coger lo que uno acaba de escribir e intentar leerlo en voz alta. Eso nos salvará en más de un momento de perpetrar diálogos que nos parecían maravillosos en la página escrita y que al ser oídos se nos revelan cursis, artificiales o torpes. Sin embargo tampoco esa es la solución definitiva. A García Márquez le preguntaron en una ocasión por qué daba tan poca importancia al diálogo en sus libros. Respondió que para él: "el diálogo en lengua castellana resulta falso. [...] En este idioma existe una gran distancia entre el diálogo hablado y el escrito. Un diálogo que en castellano es bueno en la vida real no es necesariamente bueno en las novelas. Por eso lo trabajo tan poco"5. A primera vista puede parecer que el escritor colombiano está en uno de sus habituales desbarres, pero si nos paramos a pensarlo un poco veremos que no deja de tener razón, en cierto sentido. Al contrario de lo que nos ocurría antes un diálogo puede sonar perfecto al oírlo y luego, en la página, resultar completamente inadecuado. No olvidemos que la literatura es, en el fondo, un artificio, un fingimiento. Un diálogo escrito debe parecer que es igual que uno hablado, pero en realidad no lo será.

SOBRE LOS DIÁLOGOS Y LOS PERSONAJES, PARTE II.

Fuente: dreamers.com/manuscritos/docs/manuales/manual030.htm

03/04/2009

Kubla Khan o la visión de un sueño, por S.T.Coleridge.

Para el fin de semana os dejo con un poema y la explicación de Borges acerca de él. ¡A soñar!

Addenda: Este poema me inspira para la secuela de LHDE...así que será incluído en la primera página.


Kubla Khan o la Visión de un Sueño
S.T.Coleridge

En Xanadú, Kubla Khan
mandó que levantaran su cúpula señera:
allí donde discurre Alfa, el río sagrado,
por cavernas que nunca ha sondeado el hombre,
hacia una mar que el sol no alcanza nunca.
Dos veces cinco millas de tierra muy feraz
ciñeron de altas torres y murallas:
y había allí jardines con brillo de arroyuelos,
donde, abundoso, el árbol de incienso florecía,
y bosques viejos como las colinas
cercando los rincones de verde soleado.

¡Oh sima de misterio, que se abría
bajo la verde loma, cruzando entre los cedros!
Era un lugar salvaje, tan sacro y hechizado
como el que frecuentara, bajo menguante luna,
una mujer, gimiendo de amor por un espíritu.
Y del abismo hirviente y con fragores
sin fin, cual si la tierra jadeara,
hízose que brotara un agua caudalosa,
entre cuyo manar veloz e intermitente
se enlazaban fragmentos enormes, a manera
de granizo o de mieses que el trillador separa:
y en medio de las rocas danzantes, para siempre,
lanzóse el sacro río.
Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,
siguió el sagrado río por valles y collados,
hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,
y hundióse con fragor en una mar sin vida:
y en medio del estruendo, oyó Kubla, lejanas,
las voces de otros tiempos, augurio de la guerra.

La sombra de la cúpula deliciosa flotaba
encima de las ondas,
y allí se oía aquel rumor mezclado
del agua y las cavernas.
¡Oh, singular, maravillosa fábrica:
sobre heladas cavernas la cúpula de sol!

Un día, en mis ensueños,
una joven con un salterio aparecía
llegaba de Abisinia esa doncella
y pulsaba el salterio;
cantando las montañas de Aboré.
Si revivir lograra en mis entrañas
su música y su canto,
tal fuera mi delicia,
que con la melodía potente y sostenida
alzaría en el aire aquella cúpula,
la cúpula de sol y las cuevas de hielo.
Y cuantos me escucharan las verían
y todos clamarían: «¡Deteneos!
¡Ved sus ojos de llama y su cabello loco!
Tres círculos trazados en torno suyo
y los ojos cerrad con miedo sacro,
pues se nutrió con néctar de las flores
y la leche probó del Paraíso».
Versión de Màrie Montand


Borges nos cuenta la historia de éste hermoso poema:

"El fragmento lírico Kubla Khan fue soñado por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, en uno de los días del verano de 1797."
El "Kubla Khan" o "La Visión de un sueño, fragmento" es un poema que toma su nombre del emperador mongol y chino, Kublai Khan de la dinastía Yuan. La primera línea del poema menciona el nombre de Xanadu, palacio construído por el mencionado emperador.

"Coleridge escribe que se había retirado a una granja en el confín de Exmoor; una indisposición lo obligó a tomar un hipnótico; el sueño lo venció momentos después de la lectura de un pasaje de Purchas, que refiere la edificación de un palacio por Kublai Khan, el emperador cuya fama occidental labró Marco Polo."
Según parece, se lo inspiró un sueño inducido por el opio.

"El hombre que dormía intuyó una serie de imágenes visuales y, simplemente, de palabras que las manifestaban; al cabo de unas horas se despertó, con la certidumbre de haber compuesto, o recibido, un poema de unos trescientos versos. Los recordaba con singular claridad y pudo transcribir el fragmento que perdura en sus obras. Una visita inesperada lo interrumpió y le fue imposible, después, recordar el resto."
Borges continúa su narración:

"El poeta soñó en 1797 (otros entienden que en 1798) y publicó su relación del sueño en 1816, a manera de glosa o justificación del poema inconcluso. Veinte años después, apareció en París, fragmentariamente, la primera versión occidental de una de esas historias universales en que la literatura persa es tan rica, el Compendio de Historias de Rashid ed Din, que data del siglo XIV. En una página se lee: “Al este de Shang tu, Kubla Khan erigió un palacio, según un plano que había visto en un sueño y que guardaba en la memoria”. Quien esto escribió era visir de Ghazan Mahmud, que descendía de Kubla."

Un emperador mogol, en el siglo XIII, sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII, un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica se derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. Confrontadas con esta simetría, que trabaja con almas de hombres que duermen y abarca continentes y siglos, nada o muy poco son, me parece, las levitaciones, resurrecciones y apariciones de los libros piadosos."

A partir de allí, Borges comienza un ensayo sobre las repeticiones, las traslaciones y la circularidad del tiempo. Pimero se pregunta que explicación conviene a esto hechos (una sobrenatural o una racional). Por supuesto, podría tratarse de coincidencias o del azar del universo. Es válida, pero esta idea nos deja mirándonos al espejo con el dentrífico vacío.

"¿Qué explicación preferiremos? Quienes de antemano rechazan lo sobrenatural (yo trato, siempre, de pertenecer, a ese gremio) juzgarán que la historia de los dos sueños es una coincidencia, un dibujo trazado por el azar, como las formas de leones o de caballos que a veces configuran las nubes. Otros argüirán que el poeta supo de algún modo que el emperador había soñado el palacio y dijo haber soñado el poema para crear una espléndida ficción que asimismo paliara o justificara lo truncado y rapsódico de los versos. Esta conjetura es verosímil, pero nos obliga a postular, arbitrariamente, un texto no identificado por los sinólogos en el que Coleridge pudo leer, antes de 1816, el sueño de Kubla. Más encantadoras son las hipótesis que trascienden lo racional. Por ejemplo, cabe suponer que el alma del emperador, destruido el palacio, penetró en el alma de Coleridge, para que éste lo reconstruyera en palabras, más duraderas que los mármoles y metales."

Fuente: Taringa

Samuel Taylor Coleridge (21 de octubre de 1772- 25 de julio de 1834) fue un poeta, crítico y filósofo inglés, uno de los fundadores del Romanticismo en Inglaterra y uno de los lakistas. Sus obras más conocidas son, posiblemente, The Rime of the Ancient Mariner, (Rima del Anciano Marinero) y Kubla Khan, así como su obra en prosa Biographia Literaria.

02/04/2009

El escritor de escritores

EL ESCRITOR DE ESCRITORES.


Él es el escritor de escritores, el creador de universos, vidas, proyectos e ilusiones. Él surge de un mundo en el que él mismo es imaginado, y ahora, en su madurez, concibe nuevos mundos que a su vez le imaginarán a él.
Proyecta la Tierra, los mares y los cielos; la naturaleza entera. Insufla aire en cada ser viviente que germina de sus ideas y les da poder para manejarse a su antojo, para pasearse y vivir por el suelo que ha creado. Ha visto que es bueno y continúa imaginando.
Crea cada retazo de historia: desde los episodios en las más remotas de las cavernas, pasando por las batallas más sangrientas, más simples, más aburridas; provoca batallas cualquiera en los campos más alejados, los más remotos, abruptos o cercanos a las ciudades. Organiza múltiples expediciones, descubrimientos y construcciones; los reinados más crueles, los más benignos y los menos destacados. Por sus manos pasan infinidad de asesinatos, matrimonios, separaciones y amores fustrados. Le crecen sabios y multiplica simples mortales para hacerlos hombres ilustres, ambiciosos, despechados, felices, trabajadores, vagos y criminales.

Firma millones de acuerdos, paces, tratados, sentencias de muerte y constituciones. Provoca crisis monetarias, pestes, las más terribles enfermedades, muertes crueles, hambre, desecaciones y polución.

Escribe sobre cada uno de los hombres que ha creado y les inventa historias y cientos de sucesos para agitar sus vidas y hacer así más completa su propia creación. Cada hecho que engendra es uno más en su libro, que es el Libro de los Libros, el que recoge todas las historias posibles, todos los personajes imaginables, todos los libros que han podido escribir esos personajes con cada uno de los relatos posibles.


Representa todas las obras, pinta todos los cuadros; ha dibujado cada paisaje que él mismo ha ideado. Delinea proyectos, es el arquitecto de los arquitectos, el constructor de todas las construcciones posibles, el mago de los magos.

Y lo observa todo desde su escritorio, el que está situado en mi imaginación. Y yo le veo creando, inclinado sobre millones de hojas de papel escritas con tinta indeleble, perpetuando su obra, volcado sobre todas las vidas posibles, inventando nuevos y viejos episodios. Y le ideo a él otro mundo, en el que no puede seguir trabajando y ha de vivir otra historia, y le creo en otras situaciones, ninguna igual a la otra. Invento nuevos acontecimientos y sueños, aventuras y accidentes. Escribo ahora mi Libro, el que a pesar de todo le seguirá perteneciendo a él, a su misma obra, porque me ha imaginado así, y sólo hago lo que está escribiendo en este momento. Escribo estas palabras porque él así lo hace y cesaré en cuanto él cese. Pertenecer a su Libro es como pertenecer a un Dios. Siempre bajo su poder, siempre bajo su influencia.

Marionetas en la cuerda, títeres en el gran teatro, en la gran orquesta sinfónica mundial cuyas partituras son ahora un capítulo más. Uno cualquiera. Tampoco tiene tanta importancia.


Copyright: Marta Abelló. 2001.

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