Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)

30/10/2009

¿Por qué escribe usted?



¿Por qué escribe usted?

Porque el fantasma porque ayer porque hoy

porque mañana porque sí porque no

Porque el principio porque la bestia porque el fin

porque la bomba porque el medio porque el jardín

Porque góngora porque la tierra porque el sol

porque san juan porque la luna porque rimbaud

Porque el claro porque la sangre porque el papel

porque la carne porque la tinta porque la piel

Porque la noche porque me odio porque la luz

porque el infierno porque el cielo porque tú

Porque casi porque nada porque sed

porque el amor porque el grito porque no sé

Porque la muerte porque apenas porque más

porque algún día porque todos porque quizás


Oscar Hahn, escritor chileno

29/10/2009

El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLASJoseph Conrad
Traducción de Amado Dieguez Rodriguez
Clasicos del siglo XX. El Pais.


El horror, el horror


Es ésta una novela compleja que narra un mítico y alegórico viaje por un río del Congo hacia el corazón de la selva. El espacio toma aquí un gran protagonismo, siendo un protagonista más, causante de los cambios psicológicos del protagonista, siendo una escenografía feroz que se impone página a página. Marlow, marino, emprende un viaje en barco para encontrar a Kurtz, jefe de una explotación de marfil que ha desaparecido y al parecer se ha vuelto loco en medio de la selva. A medida que transcurre el viaje, Marlow va oyendo por boca de otros personajes la figura idealizada de Kurtz mientras va conociendo el modo de vida de los colonos y la brutalidad con la que tratan a los nativos.
Tras un largo y arduo viaje, localiza a Kurtz, enfermo y al borde de la muerte, que le deja como legado unas últimas y misteriosas palabras: “el horror, el horror”, que mantienen la intriga acerca de ese personaje enigmático e idealizado por los nativos, aunque tras la entrevista con la novia de Kurtz, esta idealización se esfuma un tanto.
Esta historia es una feroz crítica al colonialismo de la época en el país (concretamente, el que ejercía Leopoldo II de Bélgica) y está repleta de carga simbólica (el viaje iniciático, la naturaleza salvaje y original, el abismo de la barbarie, el bien y el mal).
Joseph Conrad (1857-1924), de origen polaco, sirvió en la marina mercante inglesa. Sus experiencias, en concreto el viaje que realiza al Congo en 1890, le aportarán la base de esta novela narrada en forma de monólogo, con continuas descripciones del espacio que envuelve la expedición. Ese viaje quizás fue también el origen de sus neurosis e intentos de suicidio. En esos días supo de lo que esconde nuestra civilización, de la suciedad barrida bajo la alfombra y escondida del gran mundo.
Es en forma de monólogo, en forma de libro de viajes y libro de aventuras donde vemos el choque (el encuentro de Marlow y Kurtz, por ejemplo) de la civilización y la locura; vemos las consecuencias de la ambición, del miedo al diferente, al otro.
Joseph Conrad describió en El corazón de las tinieblas el descenso al infierno del ser humano, su propia deshumanización en pos del progreso y el capital. Quizás era éstos últimos los horrores a los que se refería el moribundo Kurtz en sus últimas palabras: El horror, el horror...


http://es.shvoong.com/books/novel/1962828-el-corazón-las-tinieblas/

28/10/2009

El libro más largo del mundo

La Unesco cierra su monumental obra 'Historia de la humanidad', iniciada hace medio siglo - 1.600 expertos han completado seis colecciones de siete tomos cada una.

ANA TERUEL - París

EL PAÍS - Cultura - 23-10-2009
Una obra monumental para la monumental historia del mundo. Unas dimensiones tan gigantescas como sus objetivos teóricos: seis colecciones de siete volúmenes cada una, más de 1.600 expertos de todo el mundo contando la historia del hombre... y sus claroscuros. Todo ello, a lo largo de seis décadas.

Londres, 1943. Los aliados se reunían en la capital británica para empezar a organizar el mundo tras la barbarie nazi. Ya entonces asomaba una idea que ha tardado más de medio siglo en culminar: fue la primera vez que se habló de escribir una historia universal para hacer hincapié en lo que los pueblos habían construido juntos, en oposición a la destrucción de la guerra. La Unesco emprendió esta labor a partir de la década de los cincuenta. A principios de mes se han reunido en París varios autores que han participado en esta aventura para analizar cómo darle la mejor salida a este tesoro que constituye el libro más largo de la historia.

El gigantesco proyecto comenzó oficialmente con el inicio de la colección Historia de la humanidad, en 1952, en un primer momento bautizada como Historia del desarrollo científico y cultural de la humanidad, en un esfuerzo por relatar una visión histórica multidisciplinar. Con los años se le han sumado otras cuatro colecciones regionales sobre África, Asia Central, América Latina y el Caribe, y una temática sobre el islam. Quedan por publicar tres tomos del Caribe y uno sobre el islam antes de finales del año que viene.

"La visión en sí ya era utópica", relata Alí Moussa, jefe de la sección de diálogo intercultural de la Unesco. "Por supuesto, de la utopía a la realidad, siempre hay un abismo". Cuando se creó la primera comisión de expertos, en plena guerra fría, las divisiones eran patentes entre occidentales y especialistas del Este. Pese a todo, se lograron superar las diferencias y llevar adelante el proyecto. El otro gran reto era huir del etnocentrismo y el primer debate fue sobre la división de la historia. Es célebre la anécdota del experto chino que recalcó que durante el renacimiento europeo, en el siglo XIII, su país ya había tenido varios renacimientos y decadencias. A pesar de los esfuerzos, la primera versión siguió siendo demasiado europea y a finales de los setenta se lanzó una segunda edición más universal, cuyo último volumen salió finalmente el año pasado.

Entretanto se había lanzado la Historia general de África, destinada a "descolonizar la historia del continente y mostrar su diversidad". A medida que se fueron independizando, a partir de los años sesenta, los países africanos fueron ingresando en los organismos internacionales, incluida la Unesco, y reclamaron una colección dedicada a su continente. Aquí también los debates fueron constantes, como aquel que se celebró en 1964 en El Cairo sobre el carácter africano del Egipto antiguo. "Egipto para los occidentales siempre ha sido extraído de África, presentado como una historia mediterránea, pero algunos especialistas insistieron en que está anclado en el valle del Nilo", explica Moussa.

Siguieron las colecciones sobre Asia Central, una región sobre la cual no existía ningún estudio general; América Latina, en un esfuerzo por acercarse a la historia desde el punto de vista de sus sociedades; sobre el Caribe, privilegiando "una visión desde el interior" y sobre los aportes del islam al mundo. En el proceso, varios de los mayores contribuidores se han quedado en el camino y no han podido ver su obra completada, como el historiador americanista español Guillermo Céspedes del Castillo, fallecido en 2006.

"Todo este trabajo no tiene sentido si no es conocido, utilizado, reutilizado y releído", explica Moussa. La primera tarea será ahora la traducción. De momento, las seis colecciones no están disponibles en un único idioma. La de América Latina existe sólo en español y la del Caribe sólo en inglés. Para aumentar su difusión la organización también es consciente de que necesita publicar ediciones más baratas, utilizar las nuevas tecnologías para distribuir contenidos gratuitos en línea y lanzar una estrategia más agresiva para aumentar su presencia en las universidades.

Aunque su gran ambición se centra en el continente africano. La Unesco participará en la próxima conferencia de ministros de Educación de la Unión Africana, con la que trabaja para elaborar contenidos pedagógicos de Primaria y Secundaria comunes a todos los Estados. Cuenta con el apoyo político de los Gobiernos en cuestión y con una financiación de dos millones de dólares de Libia.

Si bien el proyecto que se fraguó durante la Segunda Guerra Mundial, superó las tensiones de la guerra fría y cambió de prisma con la descolonización, aparece hoy como un antídoto a la teoría del choque de las civilizaciones de Samuel Huntington. "Tras la guerra, en la que hubo un choque de las ambiciones, aspirábamos a la comprensión mutua. Es increíble que 50 años más tarde, esta idea haya vuelto y haya tenido un eco formidable", considera Moussa. "Es una generalización grotesca creer que una cultura es un bloque".


Hitos de una obra magna

- De la prehistoria al inicio de la civilización (bajo la dirección de S. J. de Laet). El primer volumen de la Historia de la humanidad de la Unesco repasa el periodo desde los primeros hombres que vivieron en África hasta la invención de la escritura. En cuanto a la obra titulada África bajo el dominio colonial, 1880-1935 (bajo la dirección de A. A. Bohanen) ofrece una visión de la colonización vista desde dentro y de los cambios que supuso para el continente.

- El volumen titulado Las sociedades originarias (bajo la dirección de Teresa Rojas Rabiela) propone un exhaustivo repaso a la riqueza cultural de las "sociedades originarias" del continente americano para entender las sociedades latinoamericanas de hoy.

- Una de las partes más interesantes de esta monumental obra es la que lleva por título Ciencia y tecnología en el islam (bajo la dirección de A. Y. al Hassan). Este volumen reciente trata de cubrir un ámbito poco estudiado, el del aporte de la civilización islámica no sólo a terrenos como los de las matemáticas, la astronomía y la física, sino también a otros ámbitos como son la geología y la botánica. Además, abre el debate sobre el declive de la ciencia islámica.

27/10/2009

Drácula no ha muerto

La continuación oficial de la novela de Bram Stoker a cargo de un descendiente del escritor resucita al rey de los vampiros en medio de un 'boom' del género.

JACINTO ANTÓN -EL PAÍS - Cultura - 19-10-2009

¡Atrás vampiros modernos!, fuera Lestats, truebloods, crepúsculos y otros nosferatus contemporáneos: Drácula, el rey de la noche, el canon (no) viviente, ha vuelto. "He atravesado océanos de tiempo para encontrarte", podría decirnos a sus añorados fans. Acaba de publicarse en varios países a la vez, entre ellos España, Drácula, el no muerto (editorial Roca), la secuela oficial de Drácula, escrita por Dacre Stoker, un descendiente canadiense del autor original, Bram Stoker, que ha usado material inédito de las notas de su ancestro.

En la nueva novela, que arranca en 1912, 25 años después de los acontecimientos explicados en la primera, el gran aristócrata de las sombras no pronuncia la romántica frase de la película de Coppola, pero hay que surcar mares de páginas (exactamente 349) para que el transilvano por excelencia aparezca -sin disfraz- en el relato. No importa: está presente en cada línea y en la memoria de su amada Mina Harker, que no sólo conserva, sospechosamente, toda su belleza sino que sigue sintiendo una secreta pasión por el vampiro ("¡Que Dios me perdone, aún te deseo!"). Una pasión irrefrenable que ha destruido su matrimonio y empujado a su marido, el bueno de Jonathan Harker, a la desesperación y la bebida.

Calidad como amante
Pero es que ¡cualquiera se compara con Drácula! No sólo es imbatible por su inmortalidad, su fuerza sobrehumana, su capacidad de convertirse en diferentes animales o de manejar los fenómenos atmosféricos, por no hablar de la capa, sino por su calidad como amante. Jonathan, se nos explica en la continuación de la famosa novela, descubrió en un lapsus de su mujer que "Drácula, con siglos de experiencia, la había introducido en la pasión" y "había dejado una impresión tan profunda en ella que su marido, por más que lo intentara, nunca podría igualar". Mina, abunda la novela, "se había hecho insaciable en la alcoba" y "a Jonathan le resultaba físicamente imposible seguir su ritmo". ¡Vaya con el conde!, y pensar que creíamos que lo peor que hacía era morderlas...

El tema de los problemas conyugales de los Harker y el oscurísimo deseo de Mina por Drácula es sin duda de los más entretenidos de la secuela. Una secuela llena de acontecimientos -con mucha sangre nueva, por así decirlo- y, pese a lo que uno podría esperar, bastante revisionista. Está centrada en el rebelde joven Quincey Harker, hijo de Mina y ¿Jonathan? (lo han adivinado: algún vampiro tendría que hacerse pruebas de paternidad), que vive unas asombrosas aventuras iniciáticas y afronta grandes peligros. Éstos no vienen de Drácula, al que todos tienen por (definitivamente) muerto desde aquel rojizo atardecer en Transilvania que cerraba la novela de Bram Stoker, sino del verdadero villano de la continuación, la condesa magiar Erzsébet Báthory, la que solía bañarse en sangre de doncellas y que aquí adquiere categoría de verdadero vampiro, ex amante y rival de nuestro conde. De paso, tiene una escena lésbica con Mina, a lo Carmilla.

El pastiche que ha pergeñado el sobrino biznieto de Stoker, de 51 años, con la colaboración del especialista vampírico Ian Holt, retoma a los personajes de su antepasado (a varios los va liquidando con un deleite que cabría analizar freudianamente: a Jonathan lo hace empalar en una estaca de 12 metros de altura en Picadilly Circus) y añade otros más o menos nuevos como el detective Cotford, que aparece en las notas manuscritas de Bram Stoker para su Drácula pero que no pasó entonces del borrador, el enigmático (?) actor rumano Basarab -la dinastía reinante de Valaquia a la que pertenecía Vlad el Empalador eran los Basarab-, la citada Báthory o ¡el propio Bram Stoker!, que resulta que no se ha inventado su historia sino que se la escuchó contar a alguien. La escena en que Stoker se enfrenta a Drácula es muy jugosa.

El juego de referencias es de las cosas más simpáticas de la novela y permite a los autores guiños como criticar la grafomanía epistolar de la familia Harker, que le hagan la autopsia al cadáver de Lucy Westenra, que Quincey (que, por cierto, ya aparecía de niño al final del Drácula original) y Basarab tengan una relación de dependencia similar a la que tuvieron en la realidad Bram Stoker y el actor sir Henry Irving o que Van Helsing y Drácula intercambien papeles morales. La secuela mezcla también en su cóctel sangriento los crímenes de Jack el Destripador, que en su día interesaron al mismo Bram Stroker. ¡Quién da más!

"Teníamos que añadir cosas, pensamos que si no sazonábamos un poco la trama original ésta podía quedar algo aburrida en comparación con las modernas historias de vampiros", dice en conversación con este diario Dacre Stoker, cuyo nombre de pila no es un seudónimo gótico sino tradicionalmente irlandés y herencia de un célebre familiar (el comandante H. G. Dacre Stoker, DSO) que destacó en la I Guerra Mundial en submarinos.

Ante varias de las escenas -que se diría escritas directamente para el cine- uno puede pensar que a Stoker y Holt se les ha ido la mano: combate a espadas entre vampiros, un monstruo eviscerando a lo gore a su víctima, lucha en plan filme chino de fantasmas, las misteriosas cajas a bordo del Titanic... No esperen una revisión inolvidable del mito como Salem's Lot, de Stephen King, o Sueño del Fevre, de George R. R. Martin, pero sí mucho entretenimiento.

De la carga sexual de Drácula opina Dacre Stoker que su antepasado escritor fue muy lejos en una época tan conservadora como la victoriana y que las referencias al intercambio de sangre entre mortales y vampiros como metáfora del acto carnal eran algo muy arriesgado. "Me parece", reflexiona, "que nuestra historia, tomada en perspectiva, es igual en sexualidad a la de Bram". En cuanto al parecido de elementos de la secuela con los de la película de Coppola -la identificación de Drácula con Vlad, que no está en el original, la relación entre el príncipe y Mina, e incluso una cierta pátina estética- el novelista apunta que el cineasta hizo un buen trabajo siguiendo la historia de Stoker y que es lógico por tanto que si ellos han escrito una secuela del mismo libro haya similitudes. Para el continuador del mito, los vampiros resistirán al paso del tiempo, y valga la frase. "Todos tenemos un punto de fascinación con la inmortalidad y el poder", medita. "Los vampiros nos ofrecen una oportunidad de explorar esa fascinación".

25/10/2009

Diálogo con el maestro (II)

Diálogo con el maestro (I)


MAESTRO. ¿Cuánto hay que escribir diariamente?
CRONISTA. Lo mejor es suspender el trabajo cuando todavía todo marcha bien, y se sepa qué va a pasar a continuación. De esa manera nunca se atascará mientras esté escribiendo una novela. Esto es lo más valioso que puedo decirle, así que procure no olvidarlo.
MAESTRO. No lo olvidaré.
CRONISTA. Vuelvo a insistir en que es necesario interrumpir el trabajo, aunque las ideas acudan en abundancia a la cabeza, y no pensar más en él hasta el día siguiente cuando vuelva a reanudarse. De ese modo, el subconsciente lo elabora todo el tiempo que dura la interrupción. Pues pensar conscientemente en la tarea y preocuparse por ella, perjudica el trabajo y fatiga el cerebro. Una vez que se está enfrascado en una novela no debe preocuparle si podrá continuarla al día siguiente o no. Es lo mismo que preocuparse cobardemente por tener que participar en un combate inevitable. Sencillamente hay que hacerlo. Es absurdo preocuparse por gusto. Tiene que aprenderse eso antes de escribir una novela; la parte más difícil es terminarla.
MAESTRO. ¿Qué hacer para no preocuparse?
CRONISTA. Deje de pensar en ella. El mejor procedimiento es procurar distraer la atención en otras cosas.
MAESTRO. ¿Cuánto relee usted cada día de la obra antes de ponerse a escribir?
CRONISTA. Lo mejor es releerla toda desde el comienzo al paso que se corrige; luego, continuar escribiendo. Cuando se tiene escrito mucho, y no se puede leer desde un principio, releo diariamente los dos o tres capítulos anteriores y le doy semanalmente una lectura general; así la obra tiene homegeneidad. Y no hay que olvidar interrumpir el trabajo en el momento en que aún no se ha tropezado con dificultades; eso mantiene la buena marcha y evita el desmoronamiento; si no, se encuentra uno con que no puede continuar escribiendo al día siguiente.
MAESTRO. ¿Hace usted lo mismo cuando escribe relatos?
CRONISTA. Sí, sólo que, a veces, un relato se puede escribir en un día.
MAESTRO. ¿Sabe usted de antemano lo que va a suceder cuando lo escribe?
CRONISTA. Casi nunca. Empiezo a escribirlo y las escenas se van sucediendo a medida que escribo.
MAESTRO. Eso no es lo que enseña en una clase de literatura.
CRONISTA. No tengo idea de ello, pues nunca asistí a tales clases. Un profesor de literatura no tendría necesidad de enseñar esta disciplina en un centro docente si supiera escribir una obra.
MAESTRO. Pero usted me está enseñando a mí.
CRONISTA. Estoy chiflado. Por lo demás, estamos en una embarcación y no en un centro docente.
MAESTRO. ¿Qué libros ha de leer un escritor?
CRONISTA. Ha de leerlo todo para saber cómo ha de superarlo.
MAESTRO. Pero no puede leerlo todo.
CRONISTA. No he dicho que pueda hacerlo, sino que debería. Por supuesto que no puede.
MAESTRO. ¿Qué libros le son más necesarios a un escritor?
CRONISTA. La guerra y la paz y Ana Karenina, de Tolstoi; Midshirpman Easy, Frank Mildnay y Peter Simple, del capitán Marryart; Madame Bovary y la Educación sentimental de Flaubert; Los Buddenbroock, de Thomas Mann; Dublineses, Retrato de un artista adolescente y Ulises, de Joyce; Tom Jones y Joseph Andrews, de Fielding; El rojo y el negro y La cartuja de Parma, de Stendhal; Los hermanos Karamazov y otras obras de Dostoievski; Las aventuras de Huckleberry fin, de Mark Twain; El bote abierto y El hotel azul, de Stephen Crane; Salutación y despedida, de George Moore; Autobiografías, de Yeats; todas las buenas obras de Maupassant, Kipling y Turgueniev; Far Away and Long Ago, de W. H. Hudson y los relatos de Henry James, especialmente Madame Mawes, Otra vuelta de tuerca, Retrato de una dama, El americano…
MAESTRO. No me da tiempo a tomar nota de todos. ¿Hay más?
CRONISTA. Tres veces otro tanto. Se los enumeraré otro día.
MAESTRO. ¿Tiene un escritor que leerlos todos?
CRONISTA. Y mucho más. De otro modo, no sabrá lo que tiene que superar.
MAESTRO. ¿De qué modo debe entenderse “lo que tiene que superar”?
CRONISTA. Verá: no vale la pena escribir nada de lo que ya esté escrito si no puede usted superarlo. Un escritor en una época debe escribir sobre cosas que nadie ha abordado o escribir mejor los temas ya tratados. Y la única forma de saber si lo hace mejor es compitiendo con los literatos desaparecidos. La mayor parte de los escritores vivos no existen; su fama ha sido creada por los críticos, los cuales siempre necesitan un genio cada temporada, alguien al que ellos comprendan perfectamente y les sea fácil alabar; pero esos genios fabricados dejan de existir para siempre en cuanto desaparecen. Todo escritor serio ha de emular con los desaparecidos que han dejado una huella perdurable. Es como un corredor de fondo que compite contra el cronómetro más que contra los participantes de carrera. A menos que compita contra el cronómetro nunca sabrá hasta donde es capaz de llegar.
MAESTRO. Pero leer a todos los buenos escritores podría desanimarlo a uno.
CRONISTA. En tal caso, usted merece ser desanimado.
MAESTRO. ¿Cuál es el mejor entrenamiento para un escritor?
CRONISTA. Una infancia desventurada.
MAESTRO. ¿Cree usted que Thomas Mann es un gran escritor?
CRONISTA. Lo es y continuaría siéndolo aun cuando no hubiese escrito más que Los Buddenbrook.
MAESTRO. ¿Cómo se puede entrenar un escritor?
CRONISTA. Ha de observar con atención todo lo que sucede alrededor de él. Si enganchamos un pez es necesario mirar atentamente qué hace cada uno de los circunstantes; si usted se emociona mientras el animal de saltos procure retener en la mente cuáles fueron las acciones que le causaron la emoción; si fue el sedal al surgir del agua, ponerse tenso como una cuerda de violín, mientras lanzaba salpicaduras, o el modo en que le pez rompió la superficie, soltando agua mientras saltaba; es necesario recordar el sonido que ha producido y los comentarios que se hicieron al respecto. Hay que hallar la causa de la emoción que se experimenta, las acciones provocan la excitación. Entonces se toma nota de ello sin olvidar ningún detalle con el fin de que el lector lo viva y le cause la misma emoción que le causó a usted. Esto es un ejercicio primordial.
MAESTRO. De acuerdo.
CRONISTA. Entonces para variar, trate de meterse en la cabeza de otra gente. Si yo chillo, usted ha de intentar imaginarse qué estoy pensando en ese momento y al propio tiempo definir cuáles son sus sentimientos respecto a esa situación. Si Carlos echa pestes de Juan, reflexione acerca de los puntos de vista que ambos tienen; no se limite a tratar de establecer quién tiene la razón. Las cosas son como son y no como deben ser. Por ello, como persona, usted sabe quién tiene razón y quién no la tiene, ha de tomar una determinación e imponerla; como escritor no debe censurar, sino comprender.
MAESTRO. Conforme.
CRONISTA. Otra cosa: cuando las personas hablen, escuche atentamente. No piense en lo que usted va a decir; la mayor parte de nosotros no escuchamos nunca; ni tampoco observamos. Usted ha de ser capaz de retener con precisión en la mente todo lo que ha visto en una habitación después de haber salido de ella; y no sólo eso: si algo le ha causado emoción allí dentro, debe saber exactamente cuál ha sido la causa. Practique hacer eso. Cuando se halle en la ciudad, sitúese ante el teatro y observe cómo se distingue la gente en el modo de apearse de un taxi o automóvil particular. Hay mil maneras de ejercitarse. Y piense continuamente en los demás.
MAESTRO. ¿Cree que llegaré a ser escritor?
CRONISTA. ¡Qué sé yo! Tal vez carezca de talento para ello o acaso no tenga la sensibilidad suficiente para penetrar en los sentimientos de las otras personas. Pero usted tiene cosas interesantes que contar; intente trasladarlas al papel.
MAESTRO. ¿Cómo puedo saber si sirvo o no?
CRONISTA. Escriba. Si trabaja en ello cinco años, y trascurridos los cuales averigua que no sirve, entonces puede pegarse un tiro lo mismo que ahora.
MAESTRO. Descuide que no me lo pegaré.
CRONISTA. Siendo así, venga a verme y se lo pegaré yo.
MAESTRO. Muchas gracias.
CRONISTA. Será un placer Maestro. ¿Qué le parece si hablamos de otra cosa?
MAESTRO. ¿De qué?
CRONISTA. Pues… de cualquier cosa, Maestro.
MAESTRO. Está bien, pero…
CRONISTA. No hay peros que valgan. Demos por concluido este tema. Se acabó por hoy. El bodeguero cerró la tienda y quiere irse para su casa.
MAESTRO. Bueno; pero mañana le haré unas preguntas.
CRONISTA. Apostaría a que usted se divertirá escribiendo después de haber aprendido como se hace.
MAESTRO. ¿A qué se refiere?
CRONISTA. Usted me entiende. Que se divertirá, pasará un buen rato… tecleando descansadamente una obra maestra.
MAESTRO. Dígame…
CRONISTA. Basta.
MAESTRO. Está bien; pero mañana…
CRONISTA. Mañana será otro día.

23/10/2009

Diálogo con el maestro (I)

DIALOGO CON EL MAESTRO
Crónica de alta mar
(De Esquire, octubre de 1953)
Ernest Hemingway

Hará año y medio que se presentó un joven en la puerta de mi casa en Cayo Hueso y dijo que había viajado desde el norte de Minnesota hasta allí pidiéndoles a los automovilistas que lo llevaran, con objeto de formular unas preguntas sobre literatura a este corresponsal, que había regresado de Cuba aquel mismo día y tenía que despedirse de sus amigos que se iban en tren dentro de una hora, y mientras tanto escribir algunas cartas. Tan lisonjeado como alterado por el interrogatorio, le dijo al visitante que volviese al día siguiente por la tarde. Era un hombre joven, de gran estatura, aspecto serio, pelo hirsuto y manos y pies grandes.

Se veía que su única aspiración era dedicarse a la literatura. Había pasado su infancia en una granja; luego, cursó la segunda enseñanza e ingresó en la Universidad de Minnesota. Más tarde, trabajó de periodista, carpintero, segador y obrero, Además de recorrer dos veces los Estados Unidos como vagabundo. Quería ser escritor y tenía buenas historias que contar, historias que narró pésimamente, no obstante lo cual se notaba que poseía viviendas, valiosas si lograba darles expresión. Tomaba su inclinación a las letras con tanta seriedad que parecía que esto vencería todos los obstáculos. Se había pasado un año escribiendo en una cabaña que se había construido en Dakcta del Norte. No me mostró ninguna composición suya, porque, según él, carecía de valor literario.

Supuse que lo diría por modestia; luego, me dio a leer un relato publicado en un periódico de Minnesota; estaba muy mal escrito “Al comienzo –pensé- casi todos escriben mal; pero este muchacho es tan serio que debe tener algunas cualidades, ya que la seriedad es uno de los dos requerimientos esenciales en la dedicación a la literatura. El otro es el talento, desafortunadamente."
Además de su inclinación a la literatura, el joven quería conocer el mar. Por lo que, y para abreviar este relato, le ofrecimos el empleo de sereno en la embarcación, con lo cual le proporcionamos un sitio para dormir y trabajar; también empleaba dos o tres horas diarias en la limpieza del barco, de modo que le quedaba medio día para dedicarse a las letras. Para colmar su deseo de navegar, le prometimos que lo llevaríamos con nosotros cuando hiciéramos una travesía a Cuba.

Era un excelente sereno y trabajaba firmemente en la limpieza de la embarcación y en la literatura; sin embargo, resultó ser una verdadera calamidad en alta mar: era lento cuando una tarea exigía agilidad; a veces parecía tener cuatro pies en lugar de dos y de dos manos; se ponía nervioso cuando se emocionaba; tenía una irremediable propensión al mareo y pasiva renuencia a cumplir órdenes. Pero era muy dispuesto y esforzado en su trabajo si el tiempo no era un factor determinante.
Como tocaba el violín lo llamamos Maestro. Su nombre de pila era Michael. El viento fuerte y fresco solía retardar tanto la coordinación de sus movimientos, que quien escribe esta crónica le dijo: “Maestro usted indudablemente llegará a ser un bien literato, pues, al parecer, no sirve para otra cosa”.

Por lo demás, su estilo mejoraba; a lo mejor llega a ser escritor. Pero este corresponsal, que tiene que a veces muy mal genio, nunca más admitirá a bordo a un tripulante que aspire a ser literato ni se pasará otro verano en la costa cubana o en cualquiera otra entre preguntas y respuestas sobre el ejercicio de las letras. Si a bordo del “Pilar” han de medrar más aspirantes a literato, que sean mujeres hermosas y que traigan champán.
Este corresponsal entiende que el oficio de escritor es mucho más serio que escribir estas crónicas mensuales, pero le desagrada hablar de ello con casi todos los mortales. Pero ya que se vio forzado a tratar sobre varios aspectos de este asunto con el Maestro en el transcurso de ciento diez días, en la mayor parte de los cuales tuvo que reprimir el deseo de arrear un botellazo a su interlocutor cada vez que éste abría la boca y pronunciaba la palabra escribir, le ofrece varias preguntas y respuestas que se sucedieron sobre el arte literario.

Si desaniman a alguien de dedicarse a la literatura. éste merece ser desanimado, si pueden ser útiles a alguien, este corresponsal se complacerá por ello y, si fastidian al lector, éste puede pasarlas por alto y dedicar su atención a las innumerables imagines de la revista.
Al ofrecerlas el que escribe esta crónica alega que parte de la información que contiene, le hubiera sido provechosa al escritor si alguien se la hubiera brindado cuando contaba veintiún años.

MAESTRO. ¿En que consiste la diferencia entre buena literatura y mala literatura?
CRONISTA. Buena literatura es lo que se escribe con veracidad. Si un hombre inventa una historia, ésta será verdadera en la medida en que él aporte su conocimiento real y la honestidad con que lo haga, de suerte que al inventar su historia ésta sea como podría existir en la realidad. Si desconoce qué es lo que mueve los sentimientos de los hombres y sus acciones, acaso lo salve la suerte o la fantasía durante algún tiempo. Más si continúa escribiendo acerca de lo que no conoce, no hará sino faltar a la verdad y autenticidad. Tras cierto tiempo de hacerlo, no será capaz de escribir con honestidad.

MAESTRO. ¿Qué es la imaginación?
CRONISTA. Nadie sabe acerca de ella, excepto que se obtiene gratuitamente. Acaso debida a la experiencia que el individuo hereda, lo cual creo probable, la imaginación es una cualidad que todo escritor debe tener, además de honestidad. Cuanto más aprenda con la experiencia que adquiere, más verídicamente crea con la imaginación. Si puede imaginar con suficiente veracidad, la gente crecerá que lo que relata ha sucedido en la vida real y que él no hace sino contarlo.

MAESTRO. ¿En qué se diferencia del periodismo?
CRONISTA. Si fuera periodismo, la gente no lo recordaría. Cuando uno relata algo que acaba de suceder, la actualidad de los hechos hace que la gente lo perciba con la mente. Un mes después, el factor tiempo pierde vigencia, por lo que el relato resulta insulso y la gente no lo percibe con la mente ni lo recuerda. Pero si se inventan los hechos en vez de relatarlos, puede uno darle forma, integridad, solidez y vida. En ese caso se crea la obra, buena o mala. Uno no ha descrito nada, lo ha inventado. Y la obra será tanto más real cuanto mayor sea la habilidad que se tenga para inventarla y los conocimientos que se pongan en ella ¿Me comprendes?
MAESTRO. No del todo.
CRONISTA. (Con aspereza) Bueno, por Dios, ¡entonces hablemos de otra cosa!
MAESTRO. (Con determinación) Cuénteme más acerca de los instrumentos de trabajo del escritor.
CRONISTA. ¿Cómo, se refiere usted al lápiz o la máquina de escribir?
MAESTRO. En efecto.
CRONISTA. Mira, cuando se empieza a escribir la satisfacción la recibe uno y el lector, nada. Es mejor usar máquina de escribir porque facilita el trabajo y uno lo disfruta más todavía. Después que se aprende a escribir, el escritor ha de proponerse transmitir los sentimientos, pasiones, ámbitos y situaciones, todo, en definitiva, al lector. Para lograrlo es necesario reelaborar minuciosamente lo que se escribe; escribir con lápiz ofrece tres posibilidades de que el lector entienda lo que se le quiere decir: primero, se puede ir corrigiendo cuando se da al escrito una lectura de principio a fin; segundo, al pasarlo a máquina se vuelve a corregir, y, por último, se hacen las correspondientes correcciones en las pruebas. Usar primeramente el lápiz ofrece un 0.33 por ciento más de oportunidad para mejorar el trabajo; lo mantiene en un estado de mayor fluidez para moldearlo mejor, por así decirlo.


Diálogo con el maestro (II)

20/10/2009

I concurso de relatos cortos de terror de La Vanguardia

La Vanguardia.es pone en marcha por primera vez un concurso de relatos cortos de terror. Los lectores pueden participar enviando sus textos a participacion@lavanguardia.es con el asunto ‘RELATOS DE TERROR’.

Los relatos sólo tienen que cumplir dos condiciones. En primer lugar, deben ser capaces de aterrorizar con menos de 300 palabras.

Los escritos que sobrepasen esta extensión serán automáticamente descartados. Y en segundo lugar, los lectores que envíen sus textos deben incluir en el e-mail sus datos de contacto (nombre y apellidos, correo electrónico y teléfono de contacto). Los datos sólo se utilizarán para la gestión de este concurso. No existe ningún límite de edad para participar, los relatos podrán estar escritos tanto en catalán como en castellano y deberán llevar un título. Sólo se admitirá un relato por concursante. Todos los relatos se irán publicando en La Vanguardia.es.

El premio consiste en un tratamiento de vitalidad Smartbox para dos personas para quitarse el susto, a elegir entre 100 tratamientos de 60 centros de España.

La fecha límite para enviar sus relatos cortos de terror es hasta el próximo 1 de noviembre, día de Todos los Santos, a las 23.59. El nombre del ganador se dará a conocer el viernes 6 de noviembre, y saldrá de una votación realizada por un jurado especializado tras una selección previa de los 10 mejores relatos.

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He participado con el relato "Antes del amanecer". Podéis dejar vuestros comentarios al relato si queréis aquí.

19/10/2009

El entierro de Edgar Allan Poe (160 años después)

El escritor estadounidense Edgar Allan Poe, considerado el maestro del relato corto y de la literatura fantástica, descansa por fin en paz, después de que la ciudad de Baltimore, en el estado de Maryland, le ofreciera 160 años después de su muerte el funeral que nunca tuvo.

Cuando Allan Poe (1809-1849) murió hace más de un siglo, su entierro pasó desapercibido y apenas asistió una decena de personas.

La ciudad ha instalado una capilla ardiente con una réplica del cuerpo del escritor Pero este domingo, Baltimore convirtió el segundo funeral del genial escritor en un homenaje multitudinario, dado que ofreció no uno sino dos servicios a los cientos de ciudadanos que querían darle su 'último adiós.

Desde el miércoles, cientos de personas han pasado por el Museo dedicado al maestro del terror, donde la ciudad ha instalado una capilla ardiente con una réplica del cuerpo de Allan Poe.



Cuando Edgar Allan Poe murió en 1849, a los 40 años de edad, su fallecimiento no se hizo público. Pero a su segundo funeral han asistido incluso replicas de los mismísimos Alfred Hitchcock, H.P. Lovecraft y Arthur Conan Doyle, que le hicieron panegíricos.

Los amigos de Allan Poe, admiradores y artistas de la época, interpretados por actores, también asistieron a los dos funerales, que se celebraron en el marco de las celebraciones del bicentenario del nacimiento del escritor.


fuente: 20 minutos

17/10/2009

Paco Umbral y su libro

Recordemos un momento estelar de la televisión en el que Paco Umbral se queja de que no se está hablando de su libro.

16/10/2009

Clase online de mapas mentales creativos

Valentín Fernández-Tubau impartirá una clase online en directo 100% gratuita.


Introducción a los Mapas Mentales
aplicables a la creatividad y organización
de guiones y relatos.




Con el aval de abcguionistas y Ars-Media, el cofundador de las dos entidades impartirá una teleconferencia online o webinario, donde hablará de las claves de los Mapas Mentales como técnica creativa y organizativa que aumenta la velocidad a la hora de diseñar historias, tramas, personajes... y demás variables de guión.

La clase tendrá lugar vía online el miércoles día 21 de octubre y hay un cupo máximo de 200 plazas que serán ocupadas por riguroso orden de inscripción en la Plataforma Internacional de Emisión en Directo, sita en EE.UU (2000 plazas via web)

También se hará posible su descarga posterior en formato MP3, para los inscritos que no puedan asistir en vivo por razón de cupo lleno o cualquier otro.

LOS MAPAS MENTALES Y EL GUIÓN

Duración aproximada: 60 minutos

La charla se podrá escuchar en directo vía web a las 19 hora universal (las 21:00 en España) del miércoles 21 de octubre 2009.

Web para inscribirse y recibir instrucciones de conexión a la Plataforma Internacional de Emisión en Directo:

http://www.mercadoguion.com/Webinars/MapasMentales

Código de gratuidad a introducir en el formulario: ABCMAPAS

15/10/2009

Confesión encontrada en una prisión

Del escritor del mes, Charles Dickens. Aunque Dickens es más conocido como novelista, no debemos obviar sus relatos. Éste, uno de los mejores, se encuentra en la recopilación titulada "El guardavías y otros cuentos de fantasmas".


Confesión encontrada en una
prisión de la época de Carlos II
[Cuento. Texto completo]
Charles Dickens

Tenía el grado de teniente en el ejército de Su Majestad y serví en el extranjero en las campañas de 1677 y 1678. Concluido el tratado de Nimega, regresé a casa y, abandonando el servicio militar, me retiré a una pequeña propiedad situada a escasos kilómetros al este de Londres, que había adquirido recientemente por derechos de mi esposa.
Ésta será la última noche de mi vida, por lo que expresaré toda la verdad sin disfraz alguno. Nunca fui un hombre valiente, y siempre, desde mi niñez, tuve una naturaleza desconfiada, reservada y hosca. Hablo de mí mismo como si no estuviera ya en el mundo, pues mientras escribo esto están cavando mi tumba y escribiendo mi nombre en el libro negro de la muerte.

Poco después de mi regreso a Inglaterra mi único hermano contrajo una enfermedad mortal. Esta circunstancia apenas me produjo dolor alguno, pues casi no nos habíamos relacionado desde que nos hicimos adultos. Él era un hombre generoso y de corazón abierto, de mejor aspecto físico que yo, más satisfecho de la vida y en general amado. Los que por ser amigos suyos quisieron conocerme en el extranjero o en nuestro país, raras veces seguían viéndome mucho tiempo, y solían decir en nuestra primera conversación que se sorprendían de encontrar dos hermanos que fueran tan distintos en sus maneras y aspecto. Acostumbraba yo a provocar esa declaración, pues sabía las comparaciones que iban a hacer entre ambos y, como sentía en mi corazón una enconada envidia, trataba de justificarla ante mí mismo.

Nos habíamos casado con dos hermanas. Este vínculo adicional entre nosotros, tal como lo considerarían algunos, en realidad sirvió sólo para apartarnos más. Su esposa me conocía bien. Nunca, estando ella presente, mostré mis celos o rencores secretos, pero aquella mujer los conocía tan bien como yo. Nunca, en aquellos momentos, levanté mi vista sin encontrar la suya fija en mí; nunca miré al suelo o hacia otra parte sin tener la sensación de que seguía vigilándome. Para mí era un alivio inexpresable cuando disputábamos, y fue un alivio todavía mayor cuando, encontrándome en el extranjero, me enteré de que había muerto. Tengo ahora la sensación de que era como si se hallara suspendida sobre nosotros una extraña y terrible prefiguración de lo que ha sucedido desde entonces. Tenía miedo de ella, me obsesionaba; su mirada fija vuelve ahora hacia mí como el recuerdo de un sueño oscuro, haciendo que se enfríe mi sangre.

Ella murió poco después de dar a luz a un hijo, un niño. Cuando mi hermano supo que había perdido toda esperanza de recuperación en su propia enfermedad, llamó a mi esposa junto a su lecho y confió el huérfano a su protección, un niño de cuatro años. Legó al niño todas las propiedades que tenía y escribió en el testamento que, en caso de que muriera su hijo, las propiedades pasaran a mi esposa como único reconocimiento que podía hacerle de sus cuidados y amor. Cambió conmigo unas cuantas palabras fraternales, deplorando nuestra prolongada separación y, hallándose agotado, se hundió en un sueño del que nunca despertó.

Nosotros no teníamos hijos, y como entre las hermanas había existido un afecto profundo, y mi esposa había ocupado casi el lugar de una madre para aquel muchacho, lo amaba como si ella misma lo hubiera tenido. El niño estaba muy unido a ella, pero era la imagen de su madre tanto en el rostro como en el espíritu, y desconfió siempre de mí.

No puedo precisar la fecha en la que tuve por primera vez aquella sensación, pero sé que muy poco después empecé a sentirme inquieto cuando estaba junto a aquel niño. Siempre que salía de mis melancólicos pensamientos, lo encontraba mirándome con fijeza, pero no con esa simple curiosidad infantil, sino con algo que contenía el propósito y el significado que con tanta frecuencia había observado yo en su madre. No se trataba de un resultado de mi fantasía, basado en el gran parecido que tenía con ella en los rasgos y la expresión. Jamás lo sorprendí con la mirada baja. Me tenía miedo, pero al mismo tiempo parecía despreciarme instintivamente; y aunque retrocediera ante mi mirada, tal como solía hacer cuando estábamos a solas, aproximándose a la puerta seguía manteniendo fijos en mí sus ojos brillantes.

Es posible que me esté ocultando a mí mismo la verdad, pero no creo que cuando comenzó todo aquello hubiera pensado yo en hacerle mal alguno. Quizá considerara lo bien que nos vendría su herencia, y hasta puede que deseara su muerte, pero creo que jamás pensé en lograrla por mis propios medios. La idea no me llegó de repente, sino poco a poco, presentándose al principio con una forma difusa, como a gran distancia, de la misma manera que los hombres pueden pensar en un terremoto, o en el último día de su vida, que luego se va acercando más y más, perdiendo con ello parte de su horror e improbabilidad, y luego toma carne y hueso; o mejor dicho, se convierte en la sustancia y la suma total de todos mis pensamientos diarios y en una cuestión de medios y de seguridad; ya no existe el planteamiento de cometer o no el hecho.

Mientras todo aquello sucedía en mi interior, no podía soportar que el niño me viera mientras yo lo miraba, pero una fascinación me arrastraba a contemplar su cuerpo ligero y frágil pensando en lo fácil que me resultaría hacerlo. A veces me deslizaba escaleras arriba y lo observaba mientras dormía, pero lo más habitual era que rondara por el jardín cerca de la ventana de la habitación en la que se hallaba inclinado realizando sus tareas, y allí, mientras él permanecía sentado en una silla baja al lado de mi esposa, yo lo miraba durante horas escondido detrás de un árbol: escondiéndome y sorprendiéndome, como el infeliz culpable que era, ante el menor ruido provocado por una hoja, pero volviendo a mirar de nuevo.

Muy próxima a nuestra casa, pero lejos de nuestra vista, y también de nuestro oído en cuanto el viento se agitara mínimamente, había una extensión profunda de agua. Empleé varios días en dar forma con mi navaja a un tosco modelo de bote, que por fin terminé y dejé donde el niño pudiera encontrarlo. Me oculté entonces en un lugar secreto por el que tendría que pasar si se escapaba a solas para hacer navegar el juguetito, y aguardé allí su llegada. No llegó ni ese día ni al siguiente, aunque esperé desde el mediodía hasta la caída de la noche. Estaba convencido de haberlo apresado en mi red, pues lo oí hablar del juguete, y sé que, en su placer infantil, lo guardaba a su lado en la cama. No sentía cansancio ni fatiga, sino que esperaba pacientemente, y al tercer día pasó junto a mí corriendo gozosamente con sus cabellos sedosos al viento y cantando, que Dios se apiade de mí, cantando una alegre balada cuyas palabras apenas podía cecear.

Me deslicé tras él ocultándome en unos matorrales que crecían allí y sólo el diablo sabe con qué terror yo, un hombre hecho y derecho, seguía los pasos de aquel niño que se aproximaba a la orilla de agua. Estaba ya junto a él, había agachado una rodilla y levantado una mano para empujarlo, cuando vi una sombra en la corriente y me di la vuelta.

El fantasma de su madre me miraba desde los ojos del niño. El sol salió de detrás de una nube: brillaba en el cielo, en la tierra, en el agua clara y en las gotas centelleantes de lluvia que había sobre las hojas. Había ojos por todas partes. El inmenso universo completo de luz estaba allí para presenciar el asesinato. No sé lo que dijo; procedía de una sangre valiente y varonil, y a pesar de ser un niño no se acobardó ni trató de halagarme. No le oí decir entre lloros que trataría de amarme, ni le vi corriendo de vuelta a casa. Lo siguiente que recuerdo fue la espada en mi mano y al muerto a mis pies con manchas de sangre de las cuchilladas aquí y allá, pero en nada diferente del cuerpo que había contemplado mientras dormía... estaba, además, en la misma actitud, con la mejilla apoyada sobre su manecita.

Lo tomé en los brazos, con gran suavidad ahora que estaba muerto, y lo llevé hasta una espesura. Aquel día mi esposa había salido de casa y no regresaría hasta el día siguiente. La ventana de nuestro dormitorio, el único que había en ese lado de la casa, estaba sólo a escasos metros del suelo, por lo que decidí bajar por ella durante la noche y enterrarlo en el jardín. No pensé que había fracasado en mi propósito, ni que dragarían el agua sin encontrar nada, ni que el dinero debería aguardar ahora por cuanto yo tenía que dar a entender que el niño se había perdido, o lo habían raptado. Todos mis pensamientos se concentraban en la necesidad absorbente de ocultar lo que había hecho.

No existe lengua humana capaz de expresar, ni mente de hombre capaz de concebir, cómo me sentí cuando vinieron a decirme que el niño se había perdido, cuando ordené buscarlo en todas las direcciones, cuando me aferraba tembloroso a cada uno de los que se acercaban. Lo enterré aquella noche. Cuando separé los matorrales y miré en la oscura espesura vi sobre el niño asesinado una luciérnaga, que brillaba come el espíritu visible de Dios. Miré a su tumba cuando lo coloqué allí y seguía brillando sobre su pecho: un ojo de fuego que miraba hacia el cielo suplicando a las estrellas que observaran mi trabajo.

Tuve que ir a recibir a mi esposa y darle la noticia, dándole también la esperanza de que el niño fuera encontrado pronto. Supongo que todo aquello lo hice con apariencia de sinceridad, pues nadie sospechó de mí. Hecho aquello, me senté junto a la ventana del dormitorio el día entero observando el lugar en el que se ocultaba el terrible secreto.

Era un trozo de terreno que había cavado para replantarlo con hierba, y que había elegido porque resultaba menos probable que los rastros del azadón llamaran la atención. Los trabajadores que sembraban la hierba debieron pensar que estaba loco. Continuamente les decía que aceleraran el trabajo, salía fuera y trabajaba con ellos, pisaba la hierba con los pies y les metía prisa con gestos frenéticos. Terminaron la tarea antes de la noche y entonces me consideré relativamente a salvo.

Dormí no como los hombres que despiertan alegres y físicamente recuperados, pero dormí, pasando de unos sueños vagos y sombríos en los que era perseguido a visiones de una parcela de hierba, a través de la cual brotaba ahora una mano, luego un pie, y luego la cabeza. En esos momentos siempre despertaba y me acercaba a la ventana para asegurarme de que aquello no fuera cierto. Después, volvía a meterme en la cama; y así pasé la noche entre sobresaltos, levantándome y acostándome más de veinte veces, y teniendo el mismo sueño una y otra vez, lo que era mucho peor que estar despierto, pues cada sueño significaba una noche entera de sufrimiento. Una vez pensé que el niño estaba vivo y que nunca había tratado de asesinarlo. Despertar de ese sueño significó el mayor dolor de todos.

Volví a sentarme junto a la ventana al día siguiente, sin apartar nunca la mirada del lugar que, aunque cubierto por la hierba, resultaba tan evidente para mí, en su forma, su tamaño, su profundidad y sus bordes mellados, como si hubiera estado abierto a la luz del día. Cuando un criado pasó por encima creí que podría hundirse. Una vez que hubo pasado miré para comprobar que sus pies no hubieran deshecho los bordes. Si un pájaro se posaba allí me aterraba pensar que por alguna intervención extraña fuera decisivo para provocar el descubrimiento; si una brisa de aire soplaba por encima, a mí me susurraba la palabra asesinato. No había nada que viera o escuchara, por ordinario o poco importante que fuera, que no me aterrara. Y en ese estado de vigilancia incesante pasé tres días.

Al cuarto día llegó hasta mi puerta un hombre que había servido conmigo en el extranjero, acompañado por un hermano suyo, oficial, a quien nunca había visto. Sentí que no podría soportar dejar de contemplar la parcela. Era una tarde de verano y pedí a los criados que sacaran al jardín una mesa y una botella de vino. Me senté entonces, colocando la silla sobre la tumba, y tranquilo, con la seguridad que nadie podría turbarla ahora sin mi conocimiento, intenté beber y charlar.

Ellos me desearon que mi esposa se encontrara bien, que no se viera obligada a guardar cama; esperaban no haberla asustado. ¿Qué podía decirles, con lengua titubeante, acerca del niño? El oficial al que no conocía era un hombre tímido que mantenía la vista en el suelo mientras yo hablaba ¡Incluso eso me aterraba! No podía apartar de mí idea de que había visto allí algo que le hacía sospechar la verdad. Precipitadamente le pregunté si suponía que... pero me detuve.

-¿Que el niño ha sido asesinado? -contestó mirándome amablemente-. ¡Oh, no! ¿Qué puede ganar un hombre asesinando a un pobre niño?

Yo podía contestarle mejor que nadie lo que podía ganar un hombre con tal hecho, pero mantuve la tranquilidad, aunque me recorrió un escalofrío.

Entendiendo equivocadamente mi emoción, ambos se esforzaron por darme ánimos con la esperanza de que con toda seguridad encontrarían niño -¡qué gran alegría significaba eso para mí!- cuando de pronto oímos un aullido bajo y profundo, y saltaron sobre el muro dos enormes perros que, dando botes por el jardín, repitieron los ladridos que ya habíamos oído.

-¡Son sabuesos! -gritaron mis visitantes.

¡No era necesario que me lo dijeran! Aunque en toda mi vida hubiera visto un perro de esa raza, supe lo que eran y para qué habían venido. Aferré los codos sobre la silla y ninguno de nosotros habló o se movió.

-Son de pura raza -comentó el hombre al que había conocido en el extranjero-. Sin duda no habían hecho suficiente ejercicio y se han escapado.

Tanto él como su amigo se dieron la vuelta para contemplar a los perros, que se movían incesantemente con el hocico pegado al suelo, corriendo de aquí para allá, de arriba abajo, dando vueltas en círculo, lanzándose en frenéticas carreras, sin prestarnos la menor atención en todo el tiempo, pero repitiendo una y otra vez el aullido que ya habíamos oído, y acercando el hocico al suelo para rastrear ansiosamente aquí y allá. Empezaron de pronto a olisquear la tierra con mayor ansiedad que nunca, y aunque seguían igual de inquietos, ya no hacían recorridos tan amplios como al principio, sino que se mantenían cerca de un lugar y constantemente disminuían la distancia que había entre ellos y yo.

Llegaron finalmente junto al sillón en el que yo me hallaba y lanzaron una vez más su terrorífico aullido, tratando de desgarrar las patas de la silla que les impedía excavar el suelo. Pude ver mi aspecto en el rostro de los dos hombres que me acompañaban.

-Han olido alguna presa -dijeron los dos al unísono.

-¡No han olido nada! -grité yo.

-¡Por Dios, apártese! -dijo el conocido mío con gran preocupación-. Si no, van a despedazarle.

-¡Aunque me despedacen miembro a miembro no me apartaré de aquí! -grité yo-. ¿Acaso los perros van a precipitar a los hombres a una muerte vergonzosa? Ataquémosles con hachas, despedacémoslos

-¡Aquí hay algún misterio extraño! -dijo el oficial al que yo no conocía, sacando la espada-. En el nombre del Rey Carlos, ayúdame a detener a este hombre.

Ambos saltaron sobre mí y me apartaron, aunque yo luché, mordiéndolos y golpeándolos como un loco. Al poco rato ambos me inmovilizaron, y vi a los coléricos perros abriendo la tierra y lanzándola al aire con las patas como si fuera agua.

¿He de contar algo más? Que caí de rodillas, y con un castañeteo de dientes confesé la verdad y rogué que me perdonaran. Me han negado el perdón, y vuelvo a confesar la verdad. He sido juzgado por el crimen, me han encontrado culpable y sentenciado. No tengo valor para anticipar mi destino, o para enfrentarme varonilmente a él. No tengo compasión, ni consuelo, ni esperanza, ni amigo alguno. Felizmente, mi esposa ha perdido las facultades que le permitirían ser consciente de mi desgracia o de la suya. ¡Estoy solo en este calabozo de piedra con mi espíritu maligno, y moriré mañana!

13/10/2009

Parodiando a Antonio Gala

Frases memorables de esta parodia:


Ser escritor es un destino modesto y molesto...
Pintamos poco, aunque vendamos 200.000 libros...
Ser escritor es un destino doloroso...
Ni ún sólo día he "dudao" de lo mío de escritor...


Herta Müller, premio Nobel de Literatura 2009


Herta Müller (nacida en 1953), es poeta y novelista. Su obra narra la vida en Rumania bajo la tirania del dictador Ceaucescu. El galardón, dotado con cerca de un millón de euros, reconoce en Müller su capacidad para describir "el paisaje de los desposeídos". En España están editadas varias de sus obras, entre otras En tierras bajas y El hombre es un gran faisán en el mundo (ambas en Siruela), La bestia del corazón (Mondadori) y La piel del zorro (Plaza&Janés).

Su trabajo encarna en buena parte el destino de las minorías alemana en los países del centro de Europa que, tras el fin de la II Guerra Mundial, en muchas ocasiones tuvieron que pagar por partida doble las culpas del nacionalsocialismo.

La escritora, que vive en Berlín desde 1987, nació en Nytzkydorf (Rumanía) en 1953 y en una familia de la minoría bávara en ese país -a la que pertenecieron otros escritores emblemáticos germanos como Paul Celan u Oskar Pastior- y desde muy pronto trató de tender puentes entre las dos culturas a las que pertenecía.


Su primer libro, Niederungen (En tierras bajas), también fue motivo de conflicto. El manuscrito reposó durante cuatro años en la editorial antes de que finalmente pudiese publicarse, en 1982, con recortes impuestos por la censura rumana. Dos años después, la versión original del libro apareció en Alemania, ante lo que las autoridades rumanas reaccionaron imponiéndole a Herta Müller la prohibición de publicar.

En Alemania, en cambio, Niederungen le valió un reconocimiento literario inmediato y la novela recibió el premio Aspekte, al mejor debut en lengua alemana del año. En ese libro, compuesto de una larga narración de unas ochenta páginas y de otras narraciones breves, Müller enfoca, con mirada infantil, la vida de un pueblo alemán perdido en Rumanía.

"En tierras bajas" reúne quince relatos de Herta Müller. Localizados en su mayoría en un mundo rural inclemente, cerrado y opresivo, nos hacen recorrer, tras la mirada viviseccionadora de una niña, escenas cotidianas en la vida de una pequeña comunidad de ascendencia suaba. El núcleo familiar, la muerte, los juegos infantiles, el sexo, la iglesia y la escuela, el baile, los animales y el huerto se van plasmando con una engañosa ingenuidad que convierte la realidad en brutal pesadilla. Por encima de la anécdota la naturaleza se impone, incluso en las breves escenas de la vida urbana, en cada una de las páginas del libro, destilando una intensa calidad poética con la fuerza de sus imágenes casi oníricas.

Es en buena parte un relato de represión permanente y de incomunicación que empieza por la vida familiar y sigue con las relaciones de los individuos con el estado.
Las descripciones cotidianas se mezclan con historias tomadas de supersticiones populares y con leyendas lo que hizo que en su momento la forma de hacer literatura recordará al crítico Friedrich Christian Delius los recursos utilizados por el mexicano Juan Rulfo en Pedro Páramo.


fuente: periodistadigital.com y casa del libro

11/10/2009

Clase magistral de Truman Capote


Mi vida, al menos como artista, puede proyectarse exactamente igual que la gráfica de la temperatura: las altas y bajas, los ciclos claramente definidos.

Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que sólo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar claqué y hacer dibujos. Entonces, un día comencé a escribir, sin saber qué me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse.

Pero, por supuesto, yo no lo sabía. Escribí relatos de aventuras, novelas de crímenes, comedias satíricas, cuentos que me habían referido antiguos esclavos y veteranos de la Guerra civil. Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigué la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal. ¡Y entonces cayó el látigo!

Así como algunos jóvenes practican el piano o el violín cuatro o cinco horas diarias, igual me ejercitaba yo con mis plumas y papeles. Sin embargo, nunca hablé con nadie de lo que escribía; si alguien me preguntaba lo que tramaba durante todas aquellas horas, yo le contestaba que hacía los deberes. En realidad, jamás hice los ejercicios del colegio. Mis tareas literarias me tenían enteramente ocupado: el aprendizaje en el altar de la técnica, de la destreza; las diabólicas complejidades de construir los párrafos, la puntuación, el empleo del diálogo. Por no mencionar el plan general del conjunto, el amplio y exigente arco que va del comienzo al medio y al fin. Hay que aprender tanto, y de tantas fuentes: no sólo de los libros, sino de la música, de la pintura y hasta de la simple observación de todos los días.
Truman Capote, 1975

07/10/2009

Fin, The end, Ce'st fini, Finito



FIN es lo que se suele poner al acabar una novela, aunque yo nunca lo hago. Pongo punto y final y ya está.
Hoy 7 de octubre de 2009 he puesto el punto y final a mi novela LHDE, con el subtítulo ELDT que comencé hará casi 4 años.
Consta de tres partes. La primera tiene 166 páginas, la 2ª 256 y la 3ª 200. En total hacen 622 páginas en mi versión con algunas ilustraciones. Ahora tengo que releerla toda de nuevo en su conjunto y hacer una copia sin ilustraciones (ni algunos saltos de página que ellas implican) que es la que llevaré a registrar.

El final me ha costado bastante porque empezaba a estar saturada con la historia, pero a la vez me costaba desprenderme de ella y de mis personajes. Como tengo previsto una secuela y una precuela, llevo tiempo tomando notas e imaginándome episodios y apuntando detalles para ellas; de ahí que me costara involucrarme (e idear) los capítulos finales. La dispersión, eso sí, me ha llevado a escribir unos cuántos relatos de temática diversa (no pierdo el tiempo, no creáis). Esa dispersión y dificultad para alcanzar el final la achaco a que llevo mucho tiempo trabajando en esta historia ambientada en el siglo XI. Manejo muchos personajes y situaciones; además de viajar por tierras, mares y desiertos.
Además, mi manera de escribir implica contínuas revisiones (esto a veces resta ímpetu, ya lo sé), por lo que cuando acabo, el manuscrito está prácticamente terminado sólo a expensas de releerlo y revisar de nuevo algún error, alguna construcción sinctáctica que pueda mejorar, un adjetivo que sobra; buscar sinónimos que mejoren el sentido...
Ya conocéis este trabajo, por eso también sabéis la satisfacción de haber terminado algo que ha llevado tantos días, tantas ideas, tantos sueños. Tengo una extraña sensación: ¿De verdad he acabado? ¿He escrito la última escena?
Hay escritores que cuando terminan brindan. Yo no. Pongo punto y a por otra historia. Ahora toca releerla con la distancia, pues hace meses que no releo las dos primeras partes ni media parte de la tercera, así que eso es bueno para la evaluación con distancia y desapego.


Pero hoy quiero brindar virtualmente con vosotros por vuestro apoyo en este último año. Brindemos por el término de esta historia (que acaba, pero no) y por la magia de la escritura. Dejo por aquí unos chocolatitos para los golosos que vienen con hambre a la celebración...!

06/10/2009

Escritor del mes: Charles Dickens




El gran novelista Inglés Charles Dickens nació el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth. Pasó su infancia en Londres y en Kent. Su padre ocupa un lugar muy importante durante su juventud. Cuando sólo tiene doce años éste es arrestado por deudas y él se ve obligado a trabajar en una fábrica de calzados, por lo que tiene que abandonar los estudios. Allí conoció las duras condiciones de vida de las clases más humildes, a cuya denuncia dedicó gran parte de su obra. La mayor parte de su formación la hizo de forma autodidacta.

En 1827 consigue empleo como pasante de abogado, pero aspiraba ya a ser dramaturgo y periodista. Aprendió taquigrafía y, poco a poco, Dickens logró ganarse
la vida con lo que escribía; empezó redactando crónicas de tribunales para acceder, más tarde, a un puesto de periodista parlamentario y, finalmente, bajo el seudónimo de Boz, publicó una serie de artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres (Esbozos por Boz).

En 1835 Charles propuso en matrimonio a Catherine Hogarth, hija de George Hogarth, quien había sido consejero de Sir Walter Scott. Se casaron en abril de 1836. Ese mismo año Charles empezó a escribir The Pickwick Papers, y se hizo famoso repentinamente. Aparecieron imitaciones de Pickwick por todas partes.

En estos años, evolucionó desde un estilo ligero a la actitud socialmente comprometida de "Oliver Twist". Estas primeras novelas le proporcionaron un enorme éxito popular y le dieron cierto renombre entre las clases altas y cultas. Admirador de Carlyle e influenciado por él, en 1841 escribe la novela histórica "Barnaby Rudge".

En 1842 viajo a Estados Unidos donde fue recibido con grandes honores en Estados Unidos, debido al éxito de su obra. Conoce la sociedad norteamericana y se desengañó de ella, al percibir todos los vicios del Viejo Mundo. Sus críticas, reflejadas en una publica sus Notes américaines (1842) y la novela "Martin Chuzzlewit", indignaron en Estados Unidos, y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el Reino Unido.

Entre 1843 y 1845 aparecen los Cuentos de Navidad, El Carillón (The Chimes), y El Grillo del Hogar (The Cricket of the Heard ) que calaron profundamente en la sociedad anglosajona. Después de unos viajes a Italia, Suiza y Francia, realizó algunas incursiones en el campo teatral y fundó el Daily News, periódico que tendría una corta existencia. Su etapa de madurez se inauguró con "Dombey e hijo" (1848), novela en la que alcanzó un control casi perfecto de los recursos novelísticos y cuyo argumento planificó hasta el último detalle.

En 1849 Charles Dickens fundó el Houseold Words, semanario en el que, además de difundir textos de autores poco conocidos, como su amigo Wilkie Collins. El tema de la infancia reaparece en "David Copperfield" (1849-1850) y el de los falsos valores en "La casa desierta" (Bleak House, 1852-1853). El capitalismo explotador es denunciado de nuevo "Tiempos difíciles" ( Hard Times, 1854). Tras separarse de su esposa en 1858, Charles Dickens, desilusionado, escribe "Grandes esperanzas" (1861) y "Nuestro amigo común" (1864-1865). Su última obra completa donde, al igual que en "La Pequeña Dorrit" (1857) el autor arremete contra los fundamentos de la civilización de las ganancias. En 1861, Dickens vuelve a publicar Grandes Esperanzas , incluyendo ahora la figura del huérfano Pip, recogido por un presidiario.
Aunque la salud de Charles era pobre, continuó, hasta casi su muerte, haciendo series tras series de lecturas de su trabajo, lo que le propició grandes sumas de dinero a la vez que satisfacía la urgencia que había tenido durante muchos años de actuar sobre el escenario. Su última lectura tuvo lugar el 15 de marzo de 1870, y Charles murió, probablemente de un severo ataque al corazón, el 9 de Junio de 1870.


fuente:valvanera.com

Relato EL GUARDAVÍA.

Relato CONFESIÓN ENCONTRADA EN UNA PRISIÓN.

Relato "Confesión encontrada en una prisión"

04/10/2009

Sam Savage y su debut literario a los 66 años


En una entrevista con EFE, a la que respondió a través del correo electrónico desde EEUU, el escritor, a punto de cumplir 69 años, pone de manifiesto que, en su caso, la escritura tiene un poder redentor, y recuerda que aunque publicó 'Firmin' en 2006, cuando ya era muy mayor, 'me he pasado la vida escribiendo, o intentando escribir'.

'No es que empezara a escribir tarde; digamos que empecé a terminar lo que escribía en vez de abandonar antes de acabarlo', subraya Savage, quien asegura que quizás fue determinante en el hecho de concluir sus novelas, después de llevar treinta años escribiendo, tomar conciencia de que 'el tiempo se estaba acabando'.

Savage, que acaba de publicar su segunda novela, 'El lamento del perezoso', una novela tragicómica que retrata a Andrew Whittaker, un entrañable y singular visionario, un Don Quijote del siglo XXI empeñado en ser feliz a toda costa, considera que hoy día 'hemos perdido capacidad para la tragedia'.

'Ahora somos demasiado sentimentales para la tragedia', subraya, para añadir que si un escritor desea contar una historia triste sin caer en lo lacrimógeno, 'casi mejor que intentes hacer reír', y como ejemplo pone los ataques del 11-S y 'las espantosas novelas que se han escrito sobre ello. Y así seguirá siendo hasta que ese acontecimiento encuentre su Kurt Vonnegut'.

Savage reconoce que temas como la soledad, la escritura y el poder de la imaginación son los que mejor domina, 'los que mejor comprendo y sobre los que sé escribir', lo que se aprecia claramente tanto en 'Firmin' como en 'El lamento del perezoso'.

Asegura que cuando intenta escribir sobre otras cosas 'los resultados me suenan a impostura, a falso', y considera que quizás ha influido en ello el hecho 'de haber tenido una infancia solitaria y haberme pasado los días soñando despierto'.

El autor norteamericano, que antes de escribir y de ejercer como profesor de Filosofía fue mecánico de bicicletas, carpintero, pescador y tipógrafo, admite que no tiene respuesta para el éxito que obtuvo 'Firmin', algo que aún le mantiene 'desconcertado' y que le ha servido para darle 'confianza en mí mismo'.

'Aunque externamente mi vida no ha cambiado en absoluto, ahora cuando me siento a escribir estoy prácticamente seguro de que las palabras que escribo algún día serán leídas por alguien', lo que le provoca una 'sensación increíble', y ha hecho que ahora 'escriba con más felicidad y menos desesperación'.

Reconoce que aunque él es el autor de 'Firmin', su 'hada madrina' fue Elena Ramírez, editora de Seix Barral, editorial responsable también de 'El lamento del perezoso', quien 'por accidente dio con el libro y le gustó lo suficiente como para adquirir los derechos mundiales', a lo que se añadió 'el boca-oreja, responsable absoluto del éxito en EEUU'.

Sobre el futuro de su segunda novela, subraya que el protagonista de 'El lamento del perezoso' a priori puede ser tan atractivo como la rata lectora e intelectual de 'Firmin', aunque añade que aquellos lectores que sólo disfrutan una novela cuando se identifican con su protagonista 'igual lo tienen más difícil. Aunque bien pensado, Firmin es una rata, así que... quien sabe'.

Según Savage, la publicación de sus dos libros le ha enseñado a no pensar a largo plazo, a no planear cómo irá la novela, 'a no hacer borradores. He aprendido a quitarme de en medio en mi proceso de escritura y a que el libro vaya por el camino que quiera, no por el que yo quisiera'.

El autor, que está concluyendo otra novela que se titulará 'Edna at Sea', contada en primera persona por una mujer de avanzada edad, señala que como ha estado 'bastante enfermo' durante largo tiempo, escribir es 'una de las pocas cosas que aún puedo seguir haciendo', aunque admite que le gustaría probar a escribir otras cosas 'que no fueran novelas'.

Concha Carrón






Enlace a la noticia de su próxima publicación aquí.

02/10/2009

After dark, de Haruki Murakami



AFTER DARK
Haruki Murakami
Empúries

After dark de Haruki Murakami es la historia de dos hermanas muy diferentes, Mari y Eri. En palabras del autor, una es una Blancanieves enclenque y la otra una campesina fuerte como un roble; una bella y la otra acomplejada. Mari decide pasar la noche sentada en un bar, leyendo, pero su encuentro con un joven, Takahashi, llena su noche de acontecimientos mientras su hermana Eri duerme.

Es una novela de sueño, de vida nocturna y de insomnio, muy en la línea del universo simbolista de Murakami: unos personajes no duermen cuando deberían de hacerlo mientras la hermana de la protagonista, Eri, duerme de hace dos meses (en una referencia quizás a esa especie de tribu japonesa de jóvenes que nunca salen de su habitación, los hikikomori ; quizás al mito de la bella durmiente). Éste hecho y la relación con Mari, la protagonista, planea por toda la novela como la cámara que Haruki nos muestra siempre planea por la ciudad, por los bares, por el love hotel donde transcurre parte de la historia. La cámara es casi un personaje más que te lleva arriba y abajo, te muestra lo que tienes que ver, desenfoca... durante la noche en que todo transcurre, aunque ésta es una historia en la que realmente no pasa mucho. Todo es imagen, eso sí, en un alarde de postmodernidad que lo envuelve todo, desde la ciudad –el espacio vertebrador- a los hábitos de los personajes, pasando por ese juego entre realidad y ficción que es esta historia que nos presenta Murakami.

Haruki Murakami escribe con un estilo sencillo, a veces casi telegráfico, muy cinematográfico (en ocasiones, parece que estemos leyendo un guión) lejos de artificios (el hecho de que el japonés no sea una lengua fácil de traducir también debe influir) y siempre lo hace con banda sonora incluida. Incluso el título proviene de la afición del autor al jazz y lo toma de Five Spot after Dark, de Curtis Fuller. El autor crea un mix o collage entre el guión, la partitura y la novela, que queda envuelta en el espacio que representa el Japón natal del autor, pero al que no recurre en exceso, así como tampoco lo hace con referencias literarias a pesar de ser hijo de dos profesores de literatura japonesa.

Esta es la obra menos aplaudida del autor de Kafka en la orilla o Tokyo Blues, quizás debido al ritmo que mueve a los personajes en la historia, quizás a su planteamiento y tratamiento demasiado simple. Su lectura es rápida y sencilla, pero adolece de profundidad en su trama y en su tratamiento, coronado con un final abierto y poco placentero.

Dice Murakami: “Cuando escribo, abro una puerta semejante y me traslado a otro mundo, conecto con mi lado oscuro... pero luego vuelvo, porque soy un profesional. Es como un bosque, un lugar poblado de criaturas extrañas en el que uno penetra buscando algo especial, aun con el riesgo de perderse". Es en ese bosque de criaturas extrañas donde podemos colocar esta historia postmoderna que en su segundo hilo narrativo nos habla de una nueva bella durmiente que nos deja la misma sensación de vacío que su sempiterno televisor encendido bajo esa noche de neón en una ciudad que nunca duerme; una noche en la que todo parece ser y no es o tal vez es.


Murakami nació en Kyoto, Japón, en 1949. Ha recibido el premio literario Yomiuri, prestigioso galardón que también consiguieron Yukio Mishima, Kenzaburo Oé y Kobo Abe. Sus influencias literarias van desde Dostoyevski a Capote. Su trabajo se ha traducido a catorce idiomas. Actualmente vive cerca de Tokio.


Así comienza:

Lo que vemos es la imagen de una ciudad. Observamos el paisaje desde el cielo, a través del ojo de un pájaro nocturno que vuela muy alto. En este campo de visión tan amplio, la ciudad parece un enorme ser vivo.

Cómo escribe Haruki Murakami

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