Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo. Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas. Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarsebajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La. Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media.(George R.R.Martin)
'Cuando temo que pueda dejar de existir', de John Keats (1795 - 1821)
Cuando temo que pueda dejar de existir
antes de que mi pluma haya espigado la fecunda mente,
antes de que grandes pilas de libros impresos
guarden como ricos graneros la semilla ya madura;
cuando contemplo el rostro estrellado de la noche,
grandes símbolos velados de una ilustre ficción,
y pienso que nunca pueda vivir para esbozar
sus sombras con la mágica mano del azar;
y cuando siento, hermosa criatura de una hora,
que nunca volveré a verte otra vez,
que nunca saborearé el poder feérico
del amor irreflexivo, entonces a la orilla
del ancho mundo me quedo solo y pienso,
hasta que amor y fama se hundan en la nada.
Soneto escrito por John Keats a la edad de 23 años. Murió de tuberculosis en la ciudad de Roma a los 26 años. En su epitafio reza la siguiente inscripción: "Aquí descansa un hombre cuyo nombre fue escrito con agua".
"Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribrir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer", dijo Salinger en la única entrevista concedida al New York Times (además, telefónica).
Ha muerto J.D.Salinger (1919-2010). Jerome David Salinger siempre ha mantenido un halo misterioso de escritor misántropo (retirado de la vida social en Cornish, New Hampshire), de "iluminado entregado a sí mismo", tal y como lo describe su hija Margaret en El guardián de sueños, una biografía-desquite.
Como autor, su obra más destacada es El guardián entre el centeno (1951), donde encontramos la figura de un adolescente problemático que narra desde un psiquiátrico sus peripecias tras abandonar el instituto. Una obra de culto en la que Mark David Chapman encontró la justificación al hecho de asesinar a John Lennon (al parecer, llevaba el libro encima cuando lo hizo).
Otras obras del autor son: Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad, carpinteros, la viga maestra y Seymour: una introducción (1963). No es una producción muy extensa (no publica desde hace 40 años), aunque con El guardián... ya ha vendido todo lo que tenía que vender, pues se reedita constantemente en todo el mundo.
En la biografía que escribió su hija Margaret, encontramos esta descripción del autor y de su mundo.
En la página 431, escribe: 'Para mi padre, tener algún fallo es motivo de repulsión, tener un defecto es ser un desertor, un traidor, o una traidora. No me extraña en absoluto que su mundo esté tan vacío de personas reales ni que sus personajes de ficción se suiciden tan a menudo'.
Decimos adiós a un escritor que dejó escritas estas dos sentencias:
-Sólo te inmiscuirás en asuntos de arte si piensas dedicarte monásticamente,
y
-Usarás siempre la palabra más sencilla.
Escena de la película "El coleccionista" de William Wyler donde se habla de "El guardián entre el centeno".
Luis Mateo Díez sostiene que los bestsellers adelgazan el lenguaje, y comparto su opinión. En los tiempos que corren se valora más la comercialidad y la cultura de masas; no hay demasiada cabida para florituras literarias ni grandes pensamientos filosóficos: éstos se dejan para pequeños círculos culturales.
Se pregona el consumo rápido, y para ello se necesitan lecturas ligeras de formas, que son las que más venden.
En esta entrada hablaremos de las antologías que cobran a un autor que quiere ser incluído en ellas. Es bien sabido que a todo escritor que se precie le gusta participar en libros colectivos, pues es una buena manera de iniciarse en el medio además de ver un poco satisfecho su ego.
Normalmente, se contacta con un editor que recopila relatos en torno a un tema. Hace una selección y compone el volúmen. Una vez publicado, el autor recibe de forma gratuita uno o dos ejemplares de la antología. Esto es lo normal.
Pero ahora, con la profusión de editorial de co-edición y de autoedición, surgen convocatorias a participar en antologías en las que has de pagar por participar, y no precisamente poco dinero si tu pluma te ha llevado a escribir más de dos páginas de una historia, pues a menudo podemos movernos en estos precios: de 1 a 2 páginas: 30 euros; de 3 a 4 páginas: 60 euros; de 5 a 6 páginas: 100 euros; y así en progresión.
¿Es de recibo pagar por verse publicado entre las páginas de una antología colectiva cuando es posible participar en alguna sin tener que hacer ese desembolso? ¿Es conveniente?
Pongamos por caso que la antología se publica y por lo menos, el autor tiene la satisfacción de verse publicado (cornudo pero no apaleado), pero existen numerosas editoriales que una vez hecho el desembolso, desaparecen (feo, muy feo).
Si quieres aparecer en una antología, será el editor quien asuma el costo de esa publicación. Puede ser que no cobres por tu escrito (eso aquí en España ya sería pedir demasiado) pero al menos, no pagarás por querer participar y seguirás teniendo la satisfacción de ver tu texto publicado. Aún cuando al novel a veces le pierden las ganas por comenzar a moverse en el mundillo, hay que saber esperar, buscar información sobre antologías serias. ¿Acaso es tan malo tu relato? ¿No crees que puede tener una oportunidad mejor? Cuando llegue tu momento, la satisfacción será mayor: Te habrán querido por tu texto, no por tu dinero.
Os recomiendo la lectura de este artículo de la revista Letralia donde se hace un seguimiento pormenorizado de varias de estas "estafas editoriales". Mapamundi de bolsillo de la estafa literaria
Poema perteneciente a Les fleurs du mal
(traducción al español por Antonio Martínez Sarrión y a continuación la versión original)
Al lector
Afanan nuestras almas, nuestros cuerpos socavan
la mezquindad, la culpa, la estulticia, el error,
y, como los mendigos alimentan sus piojos,
nuestros remordimientos, complacientes nutrimos.
Tercos en los pecados, laxos en los propósitos,
con creces nos hacemos pagar lo confesado
y tornamos alegres al lodoso camino
creyendo, en viles lágrimas, enjugar nuestras faltas.
En la almohada del mal, es Satán Trimegisto
quien con paciencia acuna nuestro arrobado espíritu
y el precioso metal de nuestra voluntad,
íntegro se evapora por obra de ese alquímico.
¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!
A los objetos sórdidos les hallamos encanto
e, impávidos, rodeados de tinieblas hediondas,
bajamos hacia el Orco un diario escalón.
Igual al disoluto que besa y mordisquea
el lacerado seno de una vieja ramera,
si una ocasión se ofrece de placer clandestino
la exprimimos a fondo como seca naranja.
Denso y hormigueante, como a un millón de helmintos,
un pueblo de demonios danza en nuestras cabezas
y, cuando respiramos, la Muerte, en los pulmones
desciende, río invisible, con apagado llanto.
Si el veneno, el puñal, el incendio, el estupro,
no adornaron aún con sus raros dibujos
el banal cañamazo de nuestra pobre suerte,
es porque nuestro espíritu no fue bastante osado.
Mas, entre los chacales, las panteras, los linces,
los simios, las serpientes, escorpiones y buitres,
los aulladores monstruos, silbantes y rampantes,
en la, de nuestros vicios, infernal mezcolanza
¡Hay uno más malvado, más lóbrego e inmundo!
Sin que haga feas muecas ni lance toscos gritos
convertiría, con gusto, a la tierra en escombro
y, en medio de un bostezo, devoraría al Orbe;
¡Es el tedio! —Anegado de un llanto involuntario,
imagina cadalsos, mientras fuma su yerba.
Lector, tu bien conoces al delicado monstruo,
-¡hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano!
Au lecteur
La sottise, l’erreur, le peché, la lésine,
Occupent nos esprits et travaillent nos corps,
Et nous alimentons nos aimables remords,
Comme les mendiants nourrissent leur vermine.
Nos péchés sont tétus, nos repentirs sont lâches;
Nous nos faisons payer grassement nos aveux,
Et nous rentrons gaiement dans le chemin bourbeux
Croyant par de vils pleurs laver toutes nos taches.
Sur l’oreiller du mal c’est Satan Trismégiste
Qui berce longuement notre esprit enchanté,
Et le riche métal de notre volonté
Est tout vaporisé par ce savant chimiste.
Cest le Diable qui tient les fils que nous remuent!
Aux objets répugnants nous trouvons des appas;
Chaque jour vers l’Enfer nous descendons d’un pas,
Sans horreur, à travers des ténèbres qui puent.
Ainsi qu’un debauché pauvre qui baise et mange
Le sein martyrisé d’une antique catin,
Nous volons au passage un plaisir clandestin
Que nous pressons bien fort comme une vieille orange.
Serré, fourmillant, comme un million d’helminthes
Dans nos cerveaux ribote un peuple de Démons,
Et, quand nous respirons, la Mort dans nos poumons
Descend, flauve invisible, avec de sourdes plaintes.
Si le viol, le poison, le poignard, l’incendie,
N’ont pas encor brodé de leurs plaisant dessins
Le canevas banal de nos piteux destins,
C’est que notre âme, hélas! n’est pas assez hardie.
Mais parmi les chacals, les panthères, les lices,
Les singes, les scorpions, les vautours, les serpents,
Les monstres glapissants, hurlants, grognants, rampants,
Dans la ménagerie infâme de nos vices,
Il en est un plus laid, plus méchant, plus immonde!
Quoiqu’il ne pousse ni grands gestes ni grands cris,
Il ferait volontiers de la terre un débris
Et dans un bâillement avalerait le monde;
C’est l’Ennui! —l’oeil chargé d’un pleur involontaire,
Il rêve d’échafauds en fumant son houka.
Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
—Hypocrite lecteur, —mon semblable, —mon frère!
Durante casi treinta años el escritor se preparó para escribir su obra maestra. Al cabo de ese tiempo -y al cumplir los setenta- había tomado millones de apuntes en miles de cuadernos y libretas. Su casa estaba repleta de aquella portentosa materia prima para su novela. Allí había anotado cuidadosamente anécdotas, observaciones, diálogos, monólogos internos, descripciones y toda clase de datos para el libro. Con ese bagaje superaría a Cervantes, a Scott, a Dumas, a Balzac, a Proust...
Era, en efecto, un día especial. Como pudo, entre aquellas colosales montañas de papel, sólo contenidas por el techo y en precario equilibrio, llegó hasta su escritorio. Tomó asiento frente a la máquina, y el teclear con pasión y entusiasmo, hizo que aquellas pilas de cuadernos y libretas se derrumbaran aplastando el frágil cuerpo: la muerte fue instantánea, sepultado por sus notas literarias.
Una reseña es básicamente una presentación (oral o escrita) de la opinión que se formula sobre otra pieza escrita; justificada con hechos e incidentes específicos de la obra en cuestión.
Su propósito principal es dejar saber si vale la pena leer la obra que está en discusión. Independientemente si el lector ha leído la obra, el autor de la reseña debe incluir alguna información sobre el contenido, sin olvidar nunca que el objetivo de la reseña es una presentación de la opinión del crítico literario.
PASOS ANTES DE REALIZAR LA RESEÑA
Preparación para una reseña literaria:
Todo crítico debe seguir los siguientes pasos antes de hacer una reseña literaria sobre un hecho o trabajo específico:
- Evitar leer resúmenes, comentarios o propaganda anterior a la lectura de la obra.
- Leer solamente cuando se está alerta y dispuesto.
- Leer con luz apropiada y con un mínimo de distracciones e interrupciones.
- Razonar cuidadosamente el título de la obra y el significado e implicación.
- Leer el prólogo (si existiera) para familiarizarse con la intención del autor.
- Mirar sobre la tabla de contenido ( si existiera) para enterarse de la organización básica de la obra.
- Conocer el género en el cual está la obra para poder juzgar de acuerdo a ésta.
- Tener una copia personal de la obra, si es posible, para así poder hacer anotaciones directamente según se va leyendo.
- Si la copia no es personal, mantener hojas de papel disponibles para anotar las reacciones e insertarlas.
- Leer la obra en su totalidad para tener una impresión general. Sobre esta impresión inicial, hacer un bosquejo mental de como se va a trabajar en la reseña.
- Leer por segunda vez, en esta ocasión para darle énfasis a aquellos detalles que puedan fortalecer la impresión inicial o modificarla.
- Completar y percibir la lectura para poder ser justo con la crítica al autor.
CÓMO REALIZAR LA RESEÑA
I. Puntos a juzgar
· A. Punto de vista (¿quién narra?)
1. ¿Quién narra o interpreta?
2. ¿Hay uno o son varios?
3. ¿Está escrita en primera o tercera persona?
· B. Título y prólogo
1. ¿Cuán preciso y efectivo es el título?
2. ¿Siente que el título crea un ambiente adecuado?
3. ¿El título viene hacer lo suficientemente significativo para estimular la lectura?
4. ¿Fue el título lo que llamó la atención del lector?
5. Si el autor establece su propósito en el prólogo,
6. ¿Cuán efectivo es el prólogo?
7. ¿Es necesario leer el prólogo para entender la obra?
· C. Organización
1. ¿Cómo está organizado el trabajo?
2. Si es ficción, ¿Está la historia contada cronológicamente o en retrospectiva?
3. Si no es ficción, ¿Están los capítulos ordenados lógicamente?
4. Son claros y concisos los títulos de los capítulos?
· D. Estilo
1. ¿Qué estilo utiliza el autor? ¿Formal o informal?
2. ¿Qué hay acerca de la dicción?
3. ¿Es muy difícil para el lector promedio?
4. ¿Va dirigido el estilo a una audiencia especial?
· F. Tema
1. ¿Cual es el tema del trabajo u obra?
2. ¿De qué se esta escribiendo?
3. ¿Cuán evidente es el tema?
¿Es ficción?
¿Es teatro?
¿Es poema?
4. ¿Emplea el autor el simbolismo?
5.¿Es detectable este simbolismo para un lector astuto?
6. ¿Cuán convincente es el autor?
· G. Final
1. ¿Hay una lógica entre el final y el punto culminante?
2. ¿Fue el autor hábil en la construcción del final?
3. ¿ Resuelve el personaje principal el conflicto satisfactoriamente, aunque no necesariamente tenga un final feliz?
4. Después de terminada la lectura, ¿Cómo se siente el lector con relación al final?
5. ¿La trama se olvida fácilmente o permanece en la memoria?
· H. Precisión de la información
Asumiendo que el crítico está calificado para juzgar,
1. ¿Cuán precisa es la información ofrecida en el libro?
2. ¿Están los hechos distorcionados de alguna forma?
3. ¿Hay presente prejuicios del autor?
4. ¿Se omitieron eventos significativos que afectarán la veracidad?
5. ¿Son confiables las fuentes utilizadas ?
6. Si el trabajo es ficción, ¿provee el autor hechos lo suficientemente creíbles y lógicos?
· I. Artificios literarios y descripción física
1. ¿Utiliza el autor la alusión o el lenguaje figurativo?
2. ¿Qué esquema utiliza el libro?
3. Si las fotografías y/o ilustraciones son utilizadas, ¿Son un complemento del trabajo o son rellenos del libro?
4. ¿Son las ilustraciones y gráficas claras y fáciles de entender?
5. ¿Contiene el trabajo una sobreabundancia de notas alcalce?
6. ¿Son las notas aclaratorias presentadas de manera consistente, en la misma página, al final del capítulo o del libro?
7. ¿El esquema es atractivo en general?
8. ¿Cuán relevante es la cubierta del libro con relación al contenido?
II. Factores intrínsecos
1. Datos bibliográficos del autor
2. Periódo literario a la cuál pertenece la obra
3. Intenciones del autor y calificaciones de éste con relación a la materia tratada
4. audiencia a la cual el autor escribe la obra
5. audiencia a la cual se escribe la reseña
III. Recomendaciones
· A. Se pueden leer otras reseñas o críticas que se hayan hecho del libro, siempre y cuando se haya concluido la lectura, para formar una opinión propia. Las opiniones no originales deben estar acreditadas.
· B . Es imprescindible intercalar información del contenido de la obra reseñada con observaciones críticas y evaluativas, porque es muy probable que el lector de la reseña no haya leído la obra.
IV. Organización y redacción
· A. Revisar cuidadosamente todas las notas marginales incluidas durante la lectura.
· B. Reflexionar profundamente sobre éstas y las ideas formuladas hasta que se llegue a una sola y única impresión.
· C. Formular una hipótesis y redactarla.
· D. Comenzar a bosquejar las ideas, dejándose llevar por las anotaciones ya hechas.
· E. Hacer una lista de aquellas notas que apoyen la hipótesis formulada en tarjetas 4x6 y eliminar el resto.
· F. Empezar a usar divisiones y subdivisiones de ideas.
· G. Cotejar cada componente del bosquejo contra la hipótesis, separando aquellos que sean relevantes y que apoyen la idea principal.
· H. Al comenzar a redactar el ensayo, seguir el bosquejo sin hacer cambios.
· I. Proveer atención y énfasis a la introducción del escrito. Debe incluir: la esencia de la hipótesis, una implicación de cómo se propone desarrollarla, el matiz del trabajo, el título del libro o reseñado y el nombre del autor y los mejores argumentos que emplearán para defender la hipótesis.
· J. Intercalar los comentarios del contenido del libro con observaciones críticas sin separarlas.
· K. Escribir una conclusión la cual sea fuerte y dinámica, sin términos inciertos y con mucha lógica. Nunca usar frases Cómo “en conclusión” o “en suma” para iniciar el párrafo final ni tampoco “el fin” o “final” para terminar la redacción.
· L. Al escribir el borrador debe dejarse tres líneas por medio y márgenes amplios para revisiones futuras.
· M. Es esencial tener a mano herramientas de referencia Cómo diccionarios y usarlos para la redacción del ensayo.
· N. Antes de revisar por primera vez el borrador se debe dejar un día por medio para poder hacer correciones y cambios objetivamente.
· O. Leer lo redactado, por lo menos una vez en voz alta. Hacer todas las correciones necesarias y pasar en limpio de nuevo si fuera necesario.
· P. Si hay abundancia de correcciones, no dudar en volver a pasar en limpio y escribir un segundo borrador.
· Q. Una vez se hayan hecho todas las revisiones y correcciones y se esté convencido que es la mejor versión, se procede a escribir o mecanografiar la copia final, evitando errores ortográficos. Una vez verificado todo el contenido se debe duplicar la reseña para mantener copias adicionales de éste.
Referencia:
Teitelbaum, Harry, How to Write Book Reports, New York : ARCO, 1989.
-------------------------------------------------------------------------------Revista Oxigen
En 1937 apareció el libro “El hobbit”, una novela fantástica de John Ronald Reuel Tolkien que no tardó en cautivar al público. Gracias a su buen recibimiento, esta obra motivó la creación de una segunda parte que se llamó “El señor de los anillos” y fue aún más exitosa que su antecesora (aunque argumentalmente proviene de El Silmarillion, obra que relata los acontecimientos de los Días Antiguos y en la que se construye toda la trama del legendarium que creó J. R. R. Tolkien.) . Este libro, que apareció por primera vez en Reino Unido entre 1954 y 1955, consiguió hechizar a todo tipo de público y despertó un gran interés tanto en la crítica como en diversos realizadores y figuras del ambiente artístico.
El Señor de los Anillos (título original en inglés: The Lord of the Rings) es una novela de fantasía épica.
Su historia se desarrolla en la Tercera Edad del Sol de la Tierra Media, un lugar ficticio poblado por hombres y otras razas antropomorfas como los hobbits, los elfos o los enanos, así como por muchas otras criaturas reales y fantásticas. La novela narra el viaje del protagonista principal, el hobbit Frodo Bolsón (Frodo Baggins), para destruir el Anillo Único mientras el Señor Oscuro, Sauron, lleva a cabo una guerra para destruir los reinos de los hombres de la Tierra Media. Sauron quiere recuperar el anillo, ya que sobrevive gracias al poder que depositó en él. «Tres anillos para los reyes elfos bajo el cielo. Siete para los señores enanos en casas de piedra. Nueve para los hombres mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro en la tierra de Mordor donde se extienden las Sombras. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la tierra de Mordor donde se extienden las sombras».
J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos
Una vez que esta historia estuvo a disposición de los amantes de las historias fantásticas, nada pudo frenar el fenómeno que Tolkien había creado. Como curiosidad, su editor aceptó publicar la novela aceptando que perdería en el proceso unas 1000 libras... Pero se equivocaba. Desde ese entonces, “El señor de los anillos” generó ventas superiores a los cincuenta millones de ejemplares, fue traducido a multitud de idiomas, resultó elegido como el mejor libro del siglo XX en el marco de una encuesta realizada años atrás por la cadena de librerías Waterstone, tuvo varias adaptaciones radiofónicas, inspiró la creación de una historieta, sumó fanáticos mediante una versión teatral y terminó por consolidarse como una propuesta exitosa al ser llevada al cine, ámbito en el cual cosechó numerosos triunfos y batió récords de espectadores.
Aunque el relato ha sido dividido en tres partes (“La comunidad del anillo”, “Las dos torres” y “El retorno del rey”) e incluye, además, un libro de apéndices, “El señor de los anillos” no es una trilogía, sino que se dividió un solo libro por motivos de extensión.
La pieza inicial, subdividida a su vez en dos fragmentos precedidos de un prólogo, fue utilizada por Tolkien para enumerar las supuestas fuentes utilizadas para narrar la historia y para describir las características de los hobbits. Ya en la segunda parte, las aventuras y las batallas se hacen más intensas pero éstas, como es de esperarse, alcanzan su máximo nivel en el tercero de los volúmenes, donde el relato llega a su punto cumbre con la decisión de Frodo Bolsón de destruir el anillo que le daba poder al malvado Sauron.
A continuación, los trailers de las tres películas basadas en el libro magistralmente dirigidas por Peter Jackson, un director fiel al espíritu de los personajes y a una historia poderosa repleta de valores humanos como la amistad, la lealtad y la lucha por un ideal en medio del eterno enfrentamiento del bien y el mal.
Escribid con amor, con corazón, lo que os alcance, lo que os antoje. Que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector, aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie; pero; bueno o malo, será vuestro, nadie os lo disputará; entonces habrá prosa, habrá poesía, habrá defectos, habrá belleza.
Roland Barthes
Decía el otro día a un amigo que, a pesar de no creer ya en la escritura, no querría sin embargo renunciar a ella, que trabajar es una ilusión defendible y que tras haber emborronado una página o simplemente escrito una frase me entran siempre ganas de silbar.
Domingo F. Sarmiento
Yo escribo un poco como hablo y hablo sin técnica. Hablo con mucha emoción, eso sí. (...) pero un día me dí cuenta de que también se podía escribir como a uno le daba la gana y cuando escribí "Un mundo para Julius" partí de "la nada técnica" (...). Corrijo poquísimo, pues creo que la mejor frase es la que se encuentra en la emoción de la lucha.
E. M. Cioran
Mi microrrelato "Una noche en la casa Usher" ha sido seleccionado como Finalista del I Certamen de Microrrelatos de Terror Artgerust. Homenaje a Poe.
Los 100 relatos finalistas compondrán la antología (remunerada para los autores) "100 microrrelatos de Terror. Homenaje a Edgar Allan Poe" de Artgerust Ediciones. (Fueron un total de 3.873 participantes en el concurso y compartiré páginas con Fail, del blog Pétalos de noche, también finalista.)
Como curiosidad, os diré que eran un máximo de 160 palabras por microrrelato participante, y el mío tiene exactamente esas 160 palabras para condensar una breve historia de terror.
¡Es un honor participar en un homenaje de uno de mis autores favoritos: Edgar Allan Poe!
Mañana comienzo un curso de Corrector Profesional y no he podido evitar esta nueva entrada acerca de los errores ortográficos que pueblan nuestras calles y carteles. ¿Para reír o para llorar?
Bienbenidos a un nuebo post de herrores hortografikos
Paseando por el campo, además de flores, podemos encontrarnos perlas como ésta:
El que s (se lo piensa) salte estavalla y llo lo pille en dentro (¡en dentro!) seba arepentir de abernacio (ains)yjo de puta el que salte esta balla (y no contento, añade:) y maricona. Madre del amor hermoso....
Necesitamos un hábito lector para escribir bien, pero si no se escribe tampoco se lee, y si no se lee, no se escribe correctamente. La visualización de la palabra correcta es el mejor método de aprendizaje. ¿Alguna sugerencia? ¿Cómo se podría mejorar la enseñanza de la ortografía?
En la fotografía siguiente vemos que aún cuando el cliente les entregue un texto mal escrito, los de la empresa de rotulación de furgonetas no pasan los textos por el corrector del word, al parecer, pero no sería mala idea que lo hicieran:
Espero que los de la furgoneta no tengan que ir a trabajar a "picar alboles y votar escombros" al terreno del señor de las vallas disuasorias, porque está de nuevo al ataque:
Después de "botar los escombros" los operarios tenían que desatascar éstos lavabos públicos:
De nada...
De compras, nos podemos encontrar con perlas como ésta. Por lo menos, "benden varato", que ya es algo...
Éste venderá baratos sus "cocoz", pero es un poco desconfiado y no le "fiya a naiden"
En fin, os dejo hasta la próxima entrada (que la habrá) de herrores ortográfikos. Espero que viendo el cartel que sigue a continuación, pueda conseguir un trabajillo como correctora después de mi curso. Creo que hay demanda de "empreados"...:)
En la web más importante de Relatos en catalán, han destacado uno mío, Katie Whitman, que fue finalista en 2001 en el Concurso de Narrativa Literària Mercè Rodoreda.
Quienes entendáis el catalán lo podéis leer en la misma web Relats en català o pasaros por mi blog de relatos, donde si pincháis en la barra traductora Google, sale un texto bastante bien traducido.
(De "Consejos para escribir una novela", por Fragmentos en negro)
Una novela comercial tiene habitualmente entre 80.000 y 120.000 palabras.
Sí, son muchas palabras. Y es un gran pedazo para manejarlo completo. Y puede suceder, en los escritores emergentes, que allá por la página 210 no sepan cómo continuar.
Un recurso es fragmentar la novela. Rómpela en pequeños fragmentos que puedas manipular dentro de una estructura equilibrada (Recuerda: inicio 25%, medio 50% y final 25).
Primero piensa cuantos acontecimientos significativos quieres que ocurran. Llámalos escenas, si quieres. Pongamos por ejemplo unos 100. Para mantener las proporciones tradicionales de una historia, el inicio y el final tendrán 25 y la parte media contendrá 50.
Luego trabaja lo que quieras que ocurra durante estos acontecimientos. Puedes hacerlo de muchas maneras: Escríbelo en fichas, en una hoja de base de datos o en cualquier otro elemento con el que te sientas cómodo. Yo uso un software de mapas mentales que luego enlazo a archivos de texto del sencillo bloc de notas de windows.
Finalmente revisa tus elementos clave sub-categorizando (fragmentando) el argumento, los sub-argumentos y los cambios en el punto de vista. Puedes colorear tus tarjetas o base de datos para ver si tienes un argumento o personaje que domina más que otros elementos.
Aviso: No esperes que esto sea instantáneo. Puedes pasar semanas cambiando cosas de sitio hasta que te sientas completamente cómodo y puedas empezar el primer borrador. Puede parecer agotador pero es mejor pensar ahora tu historia que cuando lleves 50.000 palabras y no sepas por donde continuar. ¿No?
El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde, un clásico de la literatura inglesa, nos lleva a enfrentarnos a la dualidad existente en el ser humano, a la moral que lucha contra los instintos animales.
En este libro publicado por primera vez en 1886, conocemos la figura del abogado Mr. Utterson, quien ve con recelo la aparición en la vida de su amigo el Dr. Jekyll, de Mr. Hyde, un ser extraño y beneficiario de toda su fortuna en caso de muerte o desaparición del Dr. Jekyll.
Cuando aparece muerto un parlamentario y Hyde aparece como el principal sospechoso, Utterson ve cómo su amigo se encierra en su casa y hace gala de un comportamiento que le lleva a pensar que trata de encubrir a Hyde. Otro de los amigos de Jekyll, -también de Utterson-, el doctor Lanyon, muere presa de un shock que deja confuso a Utterson. Lanyon deja un sobre con instrucciones de abrirse a la muerte o desaparición del Dr. Jekyll, quien lleva días encerrado en su gabinete con un proceder extraño que días después lleva a su mayordomo, el señor Poole, a pedir ayuda a Utterson, pues cree que su amo ha sido asesinado por Hyde. Pero el cadáver que encuentran es el de Hyde, que se ha suicidado: Jekyll ha desaparecido.
En el despacho hay una carta del doctor para Utterson, que se retira a su casa para leer tanto la confesión de Jekyll como la de Lanyon.
Lanyon relata su testimonio como testigo presencial de la transformación de Hyde en Jekyll y de ahí su consiguiente shock. Por su parte, Jekyll relata en su carta la confesión de su deseo de transformar mediante una pócima de su invención a una persona dando salida a su parte maléfica. Para ello no duda en experimentar consigo mismo, y como fuera que en su caso ésta parte maléfica no estaba muy desarrollada, Hyde aparecía más bajo y joven que Hyde, aunque poseía una gran fuerza. Esa transformación ayudaba a Jekyll a lanzarse a placeres prohibidos para un miembro de la sociedad como lo era él, aunque éstos nunca son relatados. A medida que pasa el tiempo, Hyde va desarrollándose hasta el extremo de llegar al asesinato de un parlamentario. Esto conlleva la decisión de Jekyll de no volver a tomar la pócima, pero Hyde ya es más fuerte y aparece a voluntad, apenas el doctor se duerme.
Al agotarse uno de los ingredientes de la poción, Jekyll sabe que Hyde permanecerá libre para siempre, y que él desaparecerá irremediablemente, por lo que decide poner fin a su vida.
En esta novela vemos muy claramente el empleo de los diferentes puntos de vista y focalizadores.
En principio tenemos a un narrador externo a la trama, heterodiegético, (el autor) que regula la información y nos cuenta los hechos empezando por los primeros encuentros de Utterson con Mr. Hyde (La aventura de la puerta y En busca de Mr. Hyde). La narración está realizada en tercera persona siendo el narrador omnisciente. Sigue así con los siguientes capítulos hasta los dos últimos, El relato del doctor Lanyon y La confesión de Henry Jekyll, donde el autor-narrador “delega” su función y toman la voz sus respectivos protagonistas, siendo así narradores intradiegéticos, narratarios implícitos que se sitúan al mismo nivel diegético que el narrador. Se enfoca de forma múltiple para dar una versión más amplia de los hechos sucedidos al haber abandonado el narrador su omnisciencia.
Al parecer, Stevenson escribió esta obra bajo la influencia del hongo del cornezuelo del centeno (hongo del que se extrae el LSD) y su muerte tiempo después sufrió inquietantes similitudes con las transformaciones de su protagonista. Esto podría llevar a confundir al autor de El extraño caso… con el narrador implícito. Tal vez esas experimentaciones (como las del Dr. Jekyll) le llevaron a escribir sus impresiones al perder el control. Lo cierto es que utiliza de forma magistral el efecto de la dualidad en el ser humano, el espacio londinense oscuro, lleno de niebla y frío como debía aparecer el alma atormentada de Jekyll tras dejarse llevar por sus bajos instintos (¿tal vez alcoholismo, tal vez sexualidad exacerbada?) y ver cómo el liberar a la bestia la hacía cada vez más fuerte. ¿Significa esto que el mal siempre vence al bien? Tal vez Stevenson quiso decirnos que sólo la razón puede vencer al mal (de ahí el suicidio de su protagonista).
Quizás sus alucinaciones con el hongo del centeno se mezclaron con ese ser que vive dentro de nosotros, el que a veces está dormido, ese monstruo agazapado.
Manual del perfecto cuentista, por Horacio Quiroga
Una larga frecuentación de personas dedicadas entre nosotros a escribir cuentos, y alguna experiencia personal al respecto, me han sugerido más de una vez la sospecha de si no hay, en el arte de escribir cuentos, algunos trucos de oficio, algunas recetas de cómodo uso y efecto seguro, y si no podrían ellos ser formulados para pasatiempo de las muchas personas cuyas ocupaciones serias no les permiten perfeccionarse en una profesión mal retribuida por lo general y no siempre bien vista.
Esta frecuentación de los cuentistas, los comentarios oídos, el haber sido confidente de sus luchas, inquietudes y desesperanzas, han traído a mi ánimo la convicción de que, salvo contadas excepciones en que un cuento sale bien sin recurso alguno, todos los restantes se realizan por medio de recetas o trucos de procedimiento al alcance de todos, siempre, claro está, que se conozcan su ubicación y su fin.
Varios amigos me han alentado a emprender este trabajo, que podríamos llamar de divulgación literaria, si lo de literario no fuera un término muy avanzado para una anagnosia elemental.
Un día, pues, emprenderé esta obra altruista, por cualquiera de sus lados, y piadosa, desde otros puntos de vista.
Hoy apuntaré algunos de los trucos que me han parecido hallarse más a flor de ojo. Hubiera sido mi deseo citar los cuentos nacionales cuyos párrafos extracto más adelante. Otra vez será. Contentémonos por ahora con exponer tres o cuatro recetas de las más usuales y seguras, convencidos de que ellas facilitarán la práctica cómoda y casera de lo que se ha venido a llamar el más difícil de los géneros literarios.
Comenzaremos por el final. Me he convencido de que, del mismo modo que en el soneto, el cuento empieza por el fin. Nada en el mundo parecería más fácil que hallar la frase final para una historia que, precisamente, acaba de concluir. Nada, sin embargo, es más difícil.
Encontré una vez a un amigo mío, excelente cuentista, llorando, de codos sobre un cuento que no podía terminar. Faltábale sólo la frase final. Pero no la veía, sollozaba, sin lograr verla así tampoco.
He observado que el llanto sirve por lo general en literatura para vivir el cuento, al modo ruso; pero no para escribirlo. Podría asegurarse a ojos cerrados que toda historia que hace sollozar a su autor al escribirla, admite matemáticamente esta frase final:
"¡Estaba muerta!"
Por no recordarla a tiempo su autor, hemos visto fracasar más de un cuento de gran fuerza. El artista muy sensible debe tener siempre listos, cómo lágrimas en la punta de su lápiz, los admirativos.
Las frases breves son indispensables para finalizar los cuentos de emoción recóndita o contenida. Una de ellas es:
"Nunca volvieron a verse".
Puede ser más contenida aun:
"Sólo ella volvió el rostro".
Y cuando la amargura y un cierto desdén superior priman en el autor, cabe esta sencilla frase:
"Y así continuaron viviendo".
Otra frase de espíritu semejante a la anterior, aunque más cortante de estilo:
"Fue lo que hicieron".
Y ésta, por fin, que por demostrar gran dominio de sí e irónica suficiencia en el género, no recomendaría a los principiantes:
"El cuento concluye aquí. Lo demás, apenas si tiene importancia para los personajes".
Esto no obstante, existe un truco para finalizar un cuento, que no es precisamente final, de gran efecto siempre y muy grato a los prosistas que escriben también en verso. Es este el truco del "leitmotiv".
Final: "Allá a lo lejos, tras el negro páramo calcinado, el fuego apagaba sus últimas llamas..."
Comienzo del cuento: "Silbando entre las pajas, el fuego invadía el campo, levantando grandes llamaradas. La criatura dormía..."
De mis muchas y prolijas observaciones, he deducido que el comienzo del cuento no es, como muchos desean creerlo, una tarea elemental. "Todo es comenzar". Nada más cierto, pero hay que hacerlo. Para comenzar se necesita, en el noventa y nueve por ciento de los casos, saber a dónde se va. "La primera palabra de un cuento -se ha dicho- debe ya estar escrita con miras al final".
De acuerdo con este canon, he notado que el comienzo exabrupto, como si ya el lector conociera parte de la historia que le vamos a narrar, proporciona al cuento insólito vigor. Y he notado asimismo que la iniciación con oraciones complementarias favorece grandemente estos comienzos. Un ejemplo:
"Como Elena no estaba dispuesta a concederlo, él, después de observarla fríamente, fue a coger su sombrero. Ella, por todo comentario, se encogió de hombros".
Yo tuve siempre la impresión de que un cuento comenzado así tiene grandes posibilidades de triunfar. ¿Quién era Elena? Y él, ¿cómo se llamaba? ¿Qué cosa no le concedió Elena? ¿Qué motivos tenía él para pedírselo? ¿Y por qué observó fríamente a Elena, en vez de hacerlo furiosamente, como era lógico de esperar?
Véase todo lo que del cuento se ignora. Nadie lo sabe. Pero la atención del lector ya ha sido cogida por sorpresa, y esto constituye un desiderátum, en el arte de contar.
He anotado algunas variantes a este truco de las frases secundarias. De óptimo efecto suele ser el comienzo condicional:
"De haberla conocido a tiempo, el diputado hubiera ganado un saludo, y la reelección. Pero perdió ambas cosas".
A semejanza del ejemplo anterior, nada sabemos de estos personajes presentados como ya conocidos nuestros, ni de quién fuera tan influyente dama a quien el diputado no reconoció. El truco del interés está, precisamente, en ello.
"Como acababa de llover, el agua goteaba aún por los cristales. Y el seguir las líneas con el dedo fue la diversión mayor que desde su matrimonio hubiera tenido la recién casada".
Nadie supone que la luna de miel pueda mostrarse tan parca de dulzura al punto de hallarla por fin a lo largo de un vidrio en una tarde de lluvia.
De estas pequeñas diabluras está constituido el arte de contar. En un tiempo se acudió a menudo, como a un procedimiento eficacísimo, al comienzo del cuento en diálogo. Hoy el misterio del diálogo se ha desvanecido del todo. Tal vez dos o tres frases agudas arrastren todavía; pero si pasan de cuatro el lector salta en seguida. "No cansar". Tal es, a mi modo de ver, el apotegma inicial del perfecto cuentista. El tiempo es demasiado breve en esta miserable vida para perdérselo de un modo más miserable aún.
De acuerdo con mis impresiones tomadas aquí y allá, deduzco que el truco más eficaz (o eficiente, como se dice en la Escuela Normal), se lo halla en el uso de dos viejas fórmulas abandonadas, y a las que en un tiempo, sin embargo, se entregaron con toda su buena fe los viejos cuentistas. Ellas son:
"Era una hermosa noche de primavera" y "Había una vez..."
¿Qué intriga nos anuncian estos comienzos? ¿Qué evocaciones más insípidas, a fuerza de ingenuas, que las que despiertan estas dos sencillas y calmas frases? Nada en nuestro interior se violenta con ellas. Nada prometen ni nada sugieren a nuestro instinto adivinatorio. Puédese, sin embargo, confiar en su éxito... si el resto vale. Después de meditarlo mucho, no he hallado a ambas recetas más que un inconveniente: el de despertar terriblemente la malicia de los cultores del cuento. Esta malicia profesional es la misma con que se acogería el anuncio de un hombre al que se dispusiera a revelar la belleza de una dama vulgarmente encubierta: "¡Cuidado! ¡Es hermosísima!"
Existe un truco singular, poco practicado, y, sin embargo, lleno de frescura cuando se lo usa con mala fe.
Este truco es el del lugar común. Nadie ignora lo que es en literatura el lugar común. "Pálido como la muerte" y "Dar la mano derecha por obtener algo" son dos bien característicos.
Llamamos lugar común de buena fe al que se comete arrastrado inconscientemente por el más puro sentimiento artístico; esta pureza de arte que nos lleva a loar en verso el encanto de las grietas de los ladrillos del andén de la estación del pueblecito de Cucullú, y la impresión sufrida por estos mismos ladrillos el día que la novia de nuestro amigo, a la que sólo conocíamos de vista, por casualidad los pisó.
Esta es la buena fe. La mala fe se reconoce en la falta de correlación entre la frase hecha y el sentimiento o circunstancia que la inspiran.
Ponerse pálido como la muerte ante el cadáver de la novia es un lugar común. Deja de serlo cuando al ver perfectamente viva a la novia de nuestro amigo, palidecemos hasta la muerte.
"Yo insistía en quitarle el lodo de los zapatos. Ella, riendo, se negaba. Y, con un breve saludo, saltó al tren, enfangada hasta el tobillo. Era la primera vez que yo la veía; no me había seducido, ni interesado, ni he vuelto más a verla. Pero lo que ella ignora es que, en aquel momento, yo hubiera dado con gusto la mano derecha por quitarle el barro de los zapatos".
Es natural y propio de un varón perder su mano por un amor, una vida o un beso. No lo es ya tanto darla por ver de cerca los zapatos de una desconocida. Sorprende la frase fuera de su ubicación psicológica habitual; y aquí está la mala fe.
El tiempo es breve. No son pocos los trucos que quedan por examinar. Creo firmemente que si añadimos a los ya estudiados el truco de la contraposición de adjetivos, el del color local, el truco de las ciencias técnicas, el del estilista sobrio, el del folklore, y algunos más que no escapan a la malicia de los colegas, facilitarán todos ellos en gran medida la confección casera, rápida y sin fallas, de nuestros mejores cuentos nacionales...
…Para que un libro exista no es preciso ni siquiera editarlo, ni aún escribirlo. Basta haberlo pensado verdaderamente. Hay placas de resonancia y de registro en el universo que tienen más valor que los oídos o las miradas del oyente y del lector, aunque éste no sea jamás desdeñable.
Recuerdo que en noviembre del año pasado, Risto Mejide llevó a su programa a Belén Esteban. En la entrevista, mantuvieron este pequeño diálogo:
- Risto: Último libro que leíste:
- Belén: Todavía me lo estoy leyendo, Los hombres que no amaban a las mujeres
-Risto: Vaya, has caído en Larrson. ¿Y qué te parece?.
-Belén: Pues me está costando, me han dicho que lo voy a empezar a entender cuando vaya por la página cien.
-Risto: ¿Por qué página vas?
-Belén: Por la treinta, me parece. (Risas del público y sonrisa de Belén).
Por lo que tengo entendido, Belén no era una gran lectora. Creo que hace tiempo se jactaba de no haber leído un libro en su vida -no es la única, conozco y conocéis a más como ella- así que es de aplaudir que se inicie de una vez. ¿Pero hacerlo con Larsson y su refamosa trilogía cuyos libros llenaban playa, parques y metros de los últimos meses? Tal vez una persona mediática como ella necesite un libro mediático...No sabemos si le ha funcionado la iniciación, pero quizás le haya gustado la filosofía feminista (denostada por muchos) y ahora sueña con "una cerilla y un bidón de gasolina" también...Su personaje televisivo parece tan fascinante para algunos como Lisbeth Salander, la protagonista de Larsson, así que tal vez podría reinvindicar el feminismo desde su atalaya televisiva (si acaba el libro).
Un protagonista de "Los hombres que no amaban a las mujeres" bien podría ser el escultural Rafa Mora (del programa Mujeres, Hombres y Viceversa), un ejemplar que dice que no se puede salir con una chica si es fea, por no decir de las "hermosas" frases y calificativos que dedica a muchas de sus pretendientas y de su enorme ego que glosa su portentoso vigor sexual en una sola noche (10 veces; sí, 10). Se define como "no soy persona de leer libros", pero confiesa sin pudores que ha leído El alquimista de Paulo Coelho y Quién se ha llevado mi queso (Entonces...(¿éstos no son libros?)
Tal vez, Belén podría dejarle a Rafa "Los hombres que no amaban a las mujeres", para que reflexionara acerca de la violencia contra las mujeres (en especial la psicológica) y acerca del desequlibrio mental de algunos hombres.
¿Gracias a Larsson, lograría amar Rafa Mora (alias Nací pa hombre pero me quedé en mono) a las mujeres?
Una lección de teoría literaria, por el gran autor dublinés:
Prefacio de El retrato de Dorian Gray
por Oscar Wilde
El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte.
El crítico es el que puede traducir de un modo distinto o con un nuevo procedimiento su impresión ante las cosas bellas.
La más elevada, así como la más baja de las formas de crítica, son una manera de autobiografía. Los que encuentran intenciones feas en cosas bellas, están corrompidos sin ser encantadores. Esto es un defecto.
Los que encuentran bellas intenciones en cosas bellas, son cultos. A éstos les queda la esperanza.
Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza.
Un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.
La aversión del siglo XIX por el Realismo es la rabia de Calibán viendo su cara en el espejo.
La aversión del siglo XIX por el Romanticismo es la rabia de Calibán no viendo su propia cara en el espejo.
La vida moral del hombre forma parte del tema para el artista; pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Hasta las cosas ciertas pueden ser probadas.
Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo.
Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son, para el artista, instrumentos de un arte.
Vicio y virtud son, para el artista, materiales de un arte.
Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, la profesión de actor.
Todo arte es, a la vez, superficie y símbolo.
Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo.
Los que intentan descifrar el símbolo, lo hacen también a su propio riesgo.
Es al espectador, y no la vida, a quien refleja realmente el arte.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, compleja y vital. Cuando los críticos difieren, el artista está de acuerdo consigo mismo.
Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil, en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.
John Ronald Reuel Tolkien nació en Bloemfontain, Orange, Sudáfrica, el 3 de enero de 1892 y su hermano Arthur Hillary dos años después. Después de la muerte en 1896 de su padre, Arthur Tolkien, se trasladaron junto a su madre a Inglaterra.
Al morir en 1904 su madre a causa de la diabetes los hermanos se van a vivir a casa de una tía en Birmingham, pero es al cura Francis Morgan a quién se le encomienda el cuidado y educación de los dos hermanos. A partir de ese momento el padre Morgan se convertiría en su tutor y mentor.
En 1908 comenzó su primer curso en el Exeter College de Oxford, donde conoció a Edith Bratt y con quien se comprometió en el año que estalla la primera guerra mundial (1914). Dos años después contraen matrimonio pero Tolkien es enviado a la guerra en Francia. A fines de 1916 es devuelto a Inglaterra con "la fiebre de las trincheras" además de heridas causadas por una granada.
En 1917 incursiona por primera vez en un relato serio El Silmarillion, que dejaría inconcluso y no se publicaría hasta 1977. Durante ese año nace su primer hijo, John.
Al finalizar la guerra regresó con su familia a Oxford, en donde se une al grupo que elabora el Nuevo Diccionario de Inglés. En 1920 nace su segundo hijo, Michael, en 1924 nace su tercer hijo, Christopher y en 1929 su hija menor, Priscila.
Desde temprana edad se interesó por el lenguaje, especialmente por los del norte de Europa y de ahí surgió uno de sus hobbies: inventar idiomas. Su principal interés profesional fue el estudio de la lengua Anglosajona y su relación con otros idiomas del mismo origen. Era un experto en la literatura que fue escrita en estos idiomas. Profesor de literatura inglesa medieval en las universidades de Leeds y Oxford y experto en mitología nórdica, escribe ensayos resultado de sus investigaciones filológicas. Los conocimientos que sobre esta materia poseía resultan evidentes en sus obras de carácter épico, que se desarrollan en un mundo fantástico creado por él mismo llamado Tierra Media.
Tolkien y E. V. Gordon publican Sir Gawain y el Caballero Verde en 1925. Durante el año 1926 conoce a C.S. Lewis con quien establece una estrecha amistad, que cultivaba el mismo género y hasta los mismos temas, aunque la amistad decayó por los celos que sentía Lewis del éxito literario de El Señor de los anillos, frente a sus Historias de Narnia.
En El Hobbit (1937), que escribió para sus hijos, muestra la realidad del ser humano a través de personajes mitológicos y fantásticos que representan una parte de la naturaleza humana. Su continuación, la trilogía titulada El señor de los anillos (1954-1955), es un cuento imaginativo y profundo acerca de la lucha entre las fuerzas del bien y del mal por la posesión de un anillo mágico en un mundo de elfos, hadas y dragones, que terminaría de escribir en 1948, luego de once años de trabajo, aunque las dos primeras partes no se publicarían hasta seis años después, y la tercera al año siguiente.
En el ensayo Cuentos de hadas (1938) expone su teoría sobre el género fantástico, del que se convirtió en uno de los representantes principales en el siglo XX. Afirma que la fantasía debe partir de la realidad, para que el lector se involucre en la narración y la asuma como verdadera.
Otras obras suyas son Hoja de Niggle (1939), Las Aventuras de Tom Bombadil (1962), Árbol y hoja (1964), Egidio el granjero de Ham (1967) y El Herrero de Wootton Mayor (1967).
En 1971 muere su esposa, a los 82 años de edad y Tolkien casi 2 años después, el 2 de Septiembre de 1973 en una clínica, a los 81 años de edad. Ambos fueron enterrados en el cementerio de Wolvercote en Oxford.
Su hijo Christopher se hizo cargo de publicar las obras que su padre no pudo publicar en vida, como El Silmarillion en 1977, que relata los comienzos mitológicos de la Tierra Media, o Cuentos inconclusos de Númenor y la tierra Media, en 1980.
El 10 de abril de 2007 se publica la última novela inédita de Tolkien: Los hijos de Húrin, uno de los grandes relatos que fundamentan la historia de la Tierra Media y se sitúa en la Primera Edad, cuando elfos, hombres y enanos llevaban unos pocos siglos sobre la tierra. Junto con las historia de Beren y Lúthien, es la historia más mencionada en El Señor de los Anillos y en El Silmarillion como referente del heroísmo y la tragedia en la lucha contra el Mal.
Este escritor, cuyas obras son objeto de culto de muchos grupos desde hace algunos años, se encargó de revitalizar el género de epopeya medieval. Con un poder de narración incomparable, el mundo creado por él es una obra de arte digna de leer.
fuente: booksfactory.com
Para saber más: http://www.sociedadtolkien.org/texto.php?id=13
La tradición siempre nos presenta a tres reyes magos, y tal vez del número de regalos se deduce que así era. Otras teorías dicen que eran cuatro, pero ese cuarto, Artabán, se perdió en el camino, y algunos hablan de 12 reyes. En hebreo, sus nombres serían Magalath, Serakin y Galgalath.
Los "Magos" eran astrólogos persas, probablemente sacerdotes de la religión que adoraba a Zaratustra. Descubrieron una nueva y extraña estrella de larga cola(¿tal vez el cometa Halley?)y la siguieron...
En la biblioteca Nacional de París se encuentra un documento del siglo séptimo que nos dice que Melchor era árabe, Gaspar persa y Baltasar etíope, pero en Puerto Rico siempre se ha presentado a Melchor como el Rey Negro. En Cuba, por su parte, creen que Gaspar era el Rey Negro. El texto de la Biblioteca Nacional de París dice así: "Melchor era un anciano de Arabia y éste tenía una barba larga y abundante". "Gaspar era un joven persa, lampiño y rubio. Baltasar era etíope, negro y de barba espesa".
En el relato que veremos a continuación, "La visión de los Reyes Magos", Emilia Pardo Bazán, trata a Gaspar como el rey negro.
Pero, ¿eran reyes?
En textos del Antiguo Testamento se dice: "Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos; todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones", (Salmos, 10-11, 15) y "Un sinfín de camellos te cubrirán, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de Sabá vienen portadores de oro y de incienso y pregonando alabanzas a Yahvéh" , (Isaías, 60, 6).
Así, la tradición aceptará mejor a esos "reyes", magos (a regañadientes, por las connotaciones adversas que puedan tener) y paganos, que posteriormente serán bautizados.
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La visión de los Reyes Magos
Emilia Pardo Bazán
(Los Reyes Magos regresan a su patria por distinto camino del que vinieron, a fin de burlar al sanguinario Herodes. Es de noche: la estrella no los guía ya; pero la luna, brillando con intensa y argentada luz, alumbra espléndidamente la planicie del desierto. La sombra de los dromedarios se agiganta sobre el suelo blanco y liso, y a lo lejos resuena el cavernoso rugir de un león.)
BALTASAR.- (Acariciándose la nevada y luenga barba y moviendo la anciana cabeza a estilo del que vaticina.) No sé lo que me sucede desde que me puse de rodillas en el establo de Belén y saludé al hijo de la Doncella, que me agita un espíritu profético, y siento descorrerse el velo que cubre los tiempos futuros. Este tributo de oro que ofrecía al Niño para reconocerle Rey, ¡cuántas y cuántas generaciones se lo han de rendir! Tributos percibirá, no como nosotros, días, meses y años, sino siglos, decenas de siglos, generación tras generación, y los percibirá de todo el Universo, de toda raza y lengua, de nuevas tierras que se descubrirán para aclamar su nombre. El oro que le he presentado era poco: apenas llenaba el cofre de cedro en que lo traje; y ahora se me figura que se ha convertido en un mar de oro, y veo que al Niño se le erigen templos de oro, altares de oro labrado y cincelado, tronos de oro, en torno de los cuales oscilan blancos flabelos de plumas con mangos de oro, y que ciñe su cabeza una triple corona de oro macizo, también, incrustada de diamantes y gemas preciosas. Olas de oro, fluyendo de los veneros de la tierra corren a los pies del Niño; y lo más extraño es que el Niño los contempla con entristecida cara, y al fin esconde el rostro en el seno de su Madre. ¿Habré obrado mal, ¡oh sabios!, en presentarle oro? ¿No le agradará a la criatura celeste el símbolo de la autoridad real? Temo que mis dones no hayan sido aceptos y mi obsequio pareciese sacrílego. GASPAR.- (Enderezándose sobre su montura, requiriendo la espada, frunciendo las cejas y echando chispas por los ojos.) Patriarca de los Magos, bien te lo pronostiqué. El nacido Rey de los judíos no es el vil mercader que quiere atesorar riquezas sin cuento en los subterráneos de su morada. La codicia rebaja el alma y la hace pegajosa y grosera como la arcilla que, despreciándola, pisamos. Mi don es el único que pudo complacer al Primogénito de la Virgen. Tú le trajiste oro, por monarca; yo, mirra, por hombre. Hombre ha querido nacer, y el llamarse hombre será su mejor título. La mirra amarga como el vivir, y como el vivir, sana y fortificante; he ahí lo que conviene a quien ha de realizar obra viril, obra de vigor y salud. ¿Creéis que se puede ser grande, noble y fuerte sin gustar el cáliz amargo? Aquí me tenéis a mí, ¡oh sabios!: he combatido, he sufrido, he vencido monstruos, he lidiado con tentaciones horribles, me he visto mil veces en mano de mis enemigos, y el soplo del martirio ha rozado mi sien. Pues sólo un día he llorado, y una gota de mi llanto, cayendo en el ánfora de la mirra, le prestó su tónica y sabrosa amargura y quizá su balsámico perfume. Yo también veo al Niño, Baltasar; pero le veo combatiendo, arrollando, venciendo, aplastando dragones, sometiendo a su yugo a la Humanidad, sufriendo y regando con sangre una palma. Bien hice en traerle mirra. MELCHOR.- (Tímidamente, con humildad profunda.) Yo no sé si habré acertado y, sin embargo, por la alegría que me inunda presumo que el Niño no rechaza mi don. Tú, venerable y doctísimo Baltasar, le obsequiaste con oro considerándole Rey. Tú, indomable y valeroso Gaspar, le trajiste mirra, teniéndole por hombre. Yo, el último de vosotros, el más ignorante, el etíope de negra tez, le ofrecí unos granos de incienso, pues mi corazón le presentía Dios. BALTASAR y GASPAR.- (Atónitos.) ¡Dios! MELCHOR.- (Con fe y persuasión ardiente.) Sí, Dios. Ahora mismo, en medio de esta serena noche, sobre el limpio azul del cielo, he visto resplandecer su divinidad. Ahí están las naciones postradas a sus pies y redimidas por Él, y por Él igualados todos los hombres. Mi progenie, la oscura raza de Cam, ya no se diferencia de los blancos hijos de Jafet. Las antiguas maldiciones las ha borrado el sacro dedo del Niño. No le reconocéis así al pronto, porque es un Dios diferente de los dioses que van a morir: no condena, ni odia, ni extermina; ama, reconcilia, perdona y sólo con acercarme a Él noto en mi corazón una frescura inexplicable y en mi espíritu una paz que glorifica. Así que llegue a mi reino abriré las prisiones, licenciaré los ejércitos, condenaré los tributos, daré libertad a mis concubinas y me pondré desarmado en medio de la plaza pública a confesar mis yerros y a que mis enemigos, si lo desean, tomen venganza de mí. BALTASAR.- Me dejas confuso, Melchor. Tu creencia se asemeja a la locura. GASPAR.- No te entiendo bien, Melchor. Tu creencia me parece afeminada, impropia de un rey. MELCHOR.- No sé defenderla con razones. Hago lo que siento. BALTASAR.- Mi dádiva era preciosa. GASPAR.- La mía era digna y noble. MELCHOR.- La mía expresa mi pequeñez, y sólo significa adoración. BALTASAR.- Reuniendo las tres en una, quizá obtendríamos algo que hiciese sonreír al prodigioso Niño. GASPAR.- No puede ser. ¿Dónde habrá un don que convenga al Rey, al Hombre y al Dios juntamente?
(La luna brilla con claridad más suave, más misteriosamente dulce y soñadora. El desierto parece un lago de plata. Sobre el horizonte se destaca una figura de mujer bizarramente engalanada y ricamente vestida, hermosa, llorosa, con larga cabellera rubia que baja hasta la orla del traje. Lleva en las manos un vaso mirrino lleno de ungüento de nardo, cuya fragancia se esparce e impregna la ropa de los Magos, y sube hasta su cerebro en delicados y penetrantes efluvios. Y los tres Reyes, apeándose y prosternados sobre el polvo del desierto, envidian, con envidia santa, el don de la pecadora Magdalena.)
.La Audiencia de Sevilla ha impuesto un año y tres meses de cárcel a un editor que estafó 3.437 euros a una escritora novel, a la que prometió publicar su primera obra, así como presentarla y promocionarla entre la crítica.
El acusado S.R.P., de 50 años, como único propietario de la Editorial Jamais con sede social en Villanueva del Ariscal (Sevilla), firmó en septiembre de 2002 un contrato de publicación con la escritora novel M.J.M.O., según la sentencia a la que ha tenido acceso Efe.
El contrato se refería a dos obras de la escritora, que el acusado se comprometía a incluir en una colección de "Nuevos narradores de relatos en castellano", así como a realizar su presentación, promoción, entrega de copias a la crítica y a editar 1.500 ejemplares.
El acusado, que no tenía "intención alguna de cumplir sus obligaciones", según el fallo, solo imprimió 500 ejemplares del primer libro, de los que entregó 40 a la escritora.
Precisa la sentencia que al desentenderse S.R.P. de sus obligaciones, fue la propia escritora la que vendió parte de los libros recibidos en la Feria del Libro de Barcelona con motivo del Día de Sant Jordi.
No obstante, al entender que era su obligación contractual, ingresó los 161 euros que obtuvo por ellos en una cuenta bancaria del acusado, precisa la sentencia.
El editor devolvió años después a la perjudicada 168 euros, correspondientes a los gastos de impresión de un segundo contrato, pero los jueces rechazan aplicar la atenuante de reparación del daño por lo "exiguo del importe" y porque lo devolvió el 4 de julio de 2006, al año de interpuesta la querella.
El fiscal, además, pidió en el juicio descontar de la cantidad entregada por la perjudicada los 1.200 euros aproximadamente de la impresión de los primeros 500 libros, a lo que se oponen los jueces porque la afectada no llegó siquiera a recibirlos.
Los jueces consideran que el acusado "actuó desde el principio movido por el ánimo de engañar" a la escritora y "con la deliberada intención de no cumplir sus obligaciones".
Junto al año y tres meses de prisión por un delito continuado de estafa, el acusado ha sido condenado a devolver 3.437 euros, incrementados en el interés legal desde la fecha de interposición de la querella.
La votación queda abierta hasta el día 1 de Febrero a las 24:00 hora Española.
(Podéis leer y votar -si lo merece- mi relato "Casa oscura". Tiene el número 203 de participación. Link directo al relato aquí. Os recuerdo que hay que votar por correo, no solamente en la barra de votaciones que está en la página del relato.)
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Mecanismo de votación:
Se votara por correo electrónico a admin@arteliteratura.net
En el asunto de debe poner: VOTACIÓN
Y en el cuerpo del mensaje el numero del relato al que das el voto. Puedes votar a un maximo de 3 relatos.
Semanalmente se informará de los relatos más votados.
Una vez finalizada la votación popular, entrara el jurado.
Los tres relatos mas votados entran directamente en la final y el jurado dispondrá de 10 días para escoger el 2º finalista, el 1º finalista y el relato ganador de entre todos los relatos finalistas. La decisión será tomada por mayoría. El jurado esta compuesto por cinco personas.
El día 15 de Febrero se anunciaran los ganadores y los 25 relatos que compondrán la antología.
Sobre los cuentos de hadas es un ensayo del escritor británico J.R.R.Tolkien publicado en 1947. Habla sobre los cuentos de hadas como género literario. Ésta es una versión abreviada, pues la original contiene 60 páginas y habla en su conjunto de la filosofía del autor sobre el género fantástico y sus creencias acerca de los mitos.
Sobre el cuento de hadas
por J.R.R. Tolkien
(Versión abreviada)
Mi propósito es hablar de los cuentos de hadas, aunque bien sé que ésta es una empresa arriesgada. Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios. Y de temerario se me puede tildar, porque, aunque he sido un aficionado a tales cuentos desde que aprendí a leer y en ocasiones les he dedicado mis lucubraciones, no los he estudiado, en cambio, como profesional. Apenas si en esa tierra he sido algo más que un explorador sin rumbo (o un intruso), lleno de asombro, pero no de preparación. Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre presente; la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas. Tal vez un hombre pueda sentirse dichoso de haber vagado por ese reino, pero su misma plenitud y condición arcana atan la lengua del viajero que desee describirlo. Y mientras está en él le resulta peligroso hacer demasiadas preguntas, no vaya a ser que las puertas se cierren y desaparezcan las llaves.
Hay, con todo, algunos interrogantes que quien ha de hablar de cuentos de hadas espera por fuerza resolver, intenta hacerlo cuando menos, piensen lo que piensen de su impertinencia los habitantes de Fantasía. Por ejemplo: ¿qué son los cuentos de hadas?, ¿cuál es su origen?, ¿para qué sirven? Trataré de dar contestación a estas preguntas, u ofrecer al menos las pistas que yo he espigado..., fundamentalmente en los propios cuentos, los pocos que yo conozco de entre tantos como hay.
¿Qué es un cuento de hadas? En vano acudirán en este caso al Oxford English Dictionary. No contiene alusión ninguna a la combinación cuento-hada, y de nada sirve en el tema de las hadas en general. En el Suplemento, cuento de hadas presenta una primera cita del año 1750, y se constata que su acepción básica es: a) un cuento sobre hadas o, de forma más general, una leyenda fantástica; b) un relato irreal e increíble, y c) una falsedad.
Las dos últimas acepciones, como es lógico, harían mi tema desesperadamente extenso. Pero la primera se queda demasiado corta. No demasiado corta para un ensayo, pues su amplitud ocuparía varios libros, sino para cubrir el uso real de la palabra. Y lo es en particular si aceptamos la definición de las hadas que da el lexicógrafo: «Seres sobrenaturales de tamaño diminuto, que la creencia popular supone poseedores de poderes mágicos y con gran influencia para el bien o para el mal sobre asuntos humanos».
"Sobrenatural" es una palabra peligrosa y ardua en cualquiera de sus sentidos, los más amplios o los más reducidos, y es difícil aplicarla a las hadas, a menos que "sobre" se tome meramente como prefijo superlativo. Porque es el hombre, en contraste, quien es sobrenatural (y a menudo de talla reducida), mientras que ellas son naturales, muchísimos más naturales que él. Tal es su sino. El camino que lleva a la tierra de las hadas no es el del Cielo; ni siquiera, imagino, el del Infierno, a pesar de que algunos han sostenido que puede llevar indirectamente a él, como diezmo que se paga al Diablo.
EL CUENTO DE HADAS Y FANTASÍA
...La mayor parte de los buenos cuentos de hadas trataban de las aventuras de los hombres en el País Peligroso o en sus oscuras fronteras. Y es natural que así sea; pues si los elfos son reales y de verdad existen con independencia de nuestros cuentos sobre ellos, entonces también resulta cierto que los elfos no se preocupan básicamente de nosotros, ni nosotros de ellos. Nuestros destinos discurren por sendas distintas y rara vez se cruzan. Incluso en las fronteras mismas de Fantasía sólo los encontraremos en alguna casual encrucijada de caminos.
La definición de un cuento de hadas -qué es o qué debiera ser- no depende, pues, de ninguna definición ni de ningún relato histórico de elfos o de hadas, sino de la naturaleza de Fantasía: el Reino Peligroso mismo y que sopla en ese país. No intentaré definir tal cosa, ni describirla por vía directa. No hay forma de hacerlo. Fantasía no puede quedar atrapada en una red de palabras; porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible, aunque no imperceptible. Consta de muchos elementos diferentes, pero el análisis no lleva necesariamente a descubrir el secreto del conjunto. Confío, sin embargo, que lo que después he de decir sobre los otros interrogantes suministrará algunos atisbos de la visión imperfecta que yo tengo de Fantasía. Por ahora, sólo diré que un cuento de hadas es aquel que alude o hace uso de Fantasía, cualquiera que sea su finalidad primera: la sátira, la aventura, la enseñanza moral, la ilusión. La misma Fantasía puede tal vez traducirse, con mucho tino, por Magia, pero es una magia de talante y poder peculiares, en el polo opuesto a los vulgares recursos del mago laborioso y técnico.
Hay una salvedad: lo único de lo que no hay que burlarse, si alguna burla hay en el cuento, es la misma magia. Se la ha de tomar en serio en el relato, y no se la ha de poner en solfa ni se la ha de justificar. El poema medieval Sir Gawain y el Caballero Verde es un ejemplo admirable de ello.
LA MÁGICA INVENCIÓN DEL ADJETIVO
...La mente humana, dotada de los poderes de generalización y abstracción, no sólo ve hierba verde, diferenciándola de otras cosas (y hallándola agradable a la vista), sino que ve que es verde, además de verla como hierba. Qué poderosa, qué estimulante para la misma facultad que lo produjo fue la invención del adjetivo: no hay en fantasía hechizo ni encantamiento más poderoso. Y no ha de sorprendernos: podría ciertamente decirse que tales hechizos sólo son una perspectiva diferente del adjetivo, una parte de la oración en una gramática mítica. La mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz también concibió la noción de la magia que haría ligeras y aptas para el vuelo las cosas pesadas, que convertiría el plomo gris en oro amarillo y la roca inmóvil en veloz arroyo. Si pudo hacer una cosa, también la otra; e hizo las dos, inevitablemente. Si de la hierba podemos abstraer lo verde, del cielo lo azul y de la sangre lo rojo, es que disponemos ya del poder del encantador. A cierto nivel. Y nace el deseo de esgrimir ese poder en el mundo exterior a nuestras mentes. De aquí no se deduce que vayamos a usar bien de ese poder en un nivel determinado; podemos poner un Verde horrendo en el rostro de un hombre y obtener un monstruo; podemos hacer que brille una extraña y temible luna azul; o podemos hacer que los bosques se pueblen de hojas de plata y que los carneros se cubran de vellocinos de oro; y podemos poner ardiente fuego en el vientre del helado saurio. Y con tal "fantasía" que así se la denomina, se crean nuevas formas. Es el inicio de Fantasía. El Hombre se convierte en subcreador.
Así, el poder esencial de Fantasía es hacer inmediatamente efectivas a voluntad las visiones "fantásticas". No todas son hermosas, ni incluso ejemplares; no al menos las fantasías del Hombre caído. Y con su propia mancha ha mancillado a los elfos, que sí tienen ese poder real o imaginario. En mi opinión, se tiene muy poco en cuenta este aspecto de la "mitología": subcreación más que representación o que interpretación simbólica de las bellezas y los terrores del mundo.
EN EL MUNDO SECUNDARIO
...Naturalmente que los niños son capaces de una fe literaria cuando el arte del escritor de cuentos es lo bastante bueno como para producirla. A esa condición de la mente se la ha denominado "voluntaria suspensión de la incredulidad". Más no parece que ésa sea una buena definición de lo que ocurre. Lo que en verdad sucede es que el inventor de cuentos demuestra ser un atinado "subcreador". Construye un Mundo Secundario en el que tu mente puede entrar. Dentro de él, lo que se relata es "verdad": está en consonancia con las leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras estás, por así decirlo, dentro de él. Cuando surge la incredulidad, el hechizo se quiebra; ha fallado la magia, o más bien el arte. Y vuelve a situarte en el Mundo Primario, contemplando desde fuera el pequeño Mundo Secundario que no cuajó. Si por benevolencia o por las circunstancias te ves obligado a seguir en él, entonces habrás de dejar suspensa la incredulidad (o sofocarla); porque si no, ni tus ojos ni tus oídos lo soportarán. Pero esta interrupción de la incredulidad sólo es un sucedáneo de la actitud auténtica, un subterfugio del que echamos mano cuando condescendemos con juegos e imaginaciones, o cuando (con mayor o menor buena gana) tratamos de hallar posibles valores en la manifestación de un arte a nuestro juicio fallido.
LA FANTASÍA Y LA SUBCREACIÓN
...La mente del hombre tiene capacidad para formar imágenes de cosas que no están de hecho presentes. La facultad de concebir imágenes recibe o recibió el nombre lógico de Imaginación. Pero en los últimos tiempos y en el lenguaje especializado, no en el de todos los días, se ha venido considerando a la Imaginación como algo superior a la mera formación de imágenes, adscrito al campo operacional de lo Fantasioso, forma reducida y peyorativa del viejo término Fantasía; se está haciendo, pues, un intento para reducir, yo diría que de forma inadecuada, la Imaginación al "poder de otorgar a las criaturas de ficción la consistencia interna de la realidad".
...El logro de la expresión que proporciona (o al menos así lo parece) "la consistencia interna de la realidad" es ciertamente otra cosa, otro aspecto, que necesita un nombre distinto: el de Arte, el eslabón operacional entre la Imaginación y el resultado final, la Subcreación. Para el fin que ahora me propongo preciso de un término que sea capaz de abarcar a la vez el mismísimo Arte Subcreativo y la cualidad de sorpresa y asombro expositivos que se derivan de la imagen: una cualidad esencial en los cuentos de hadas.
Me propongo, pues, arrogarme los poderes de Humpty-Dumpty y usar de la Fantasía con ese propósito; es decir, con la intención de combinar su uso más tradicional y elevado (equivalente a Imaginación) con las nociones derivadas de "irrealidad" (o sea, disimilitud con el Mundo Primario) y liberación de la esclavitud del "hecho" observado; la noción, en pocas palabras, de lo fantástico. Soy consciente, y con gozo, de los nexos etimológicos y semánticos entre la fantasía y las imágenes de cosas que no sólo "no están realmente presentes", sino que con toda certeza no vamos a poder encontrar en nuestro mundo primario, o que en términos generales creemos imposibles de encontrar. Pero, aun admitiendo esto, no puedo aceptar un tono peyorativo. Que sean imágenes de cosas que no pertenecen al mundo primario (si tal es posible) resulta una virtud, no un defecto. En este sentido, la fantasía no es, creo yo, una manifestación menor sino más elevada, del Arte, casi su forma más pura, y por ello -cuando se alcanza- la más poderosa.
La fantasía, claro, arranca con una ventaja: la de domeñar lo inusitado. Pero esta ventaja se ha vuelto en su contra y ha contribuido a su descrédito. A mucha gente le desagrada que la «dominen». Les desagrada cualquier manipulación del Mundo Primario o de los escasos reflejos del mismo que les resultan familiares. Confunde, por tanto, estúpida y a veces malintencionadamente, la Fantasía con los Sueños, en los que el Arte no existe, con los desórdenes mentales, donde ni siquiera se da un control, y con las visiones y alucinaciones.
...Crear un Mundo Secundario en el que un sol verde resulte admisible, imponiendo una Creencia Secundaria, ha de requerir con toda certeza esfuerzo e intelecto, y ha de exigir una habilidad especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se atreven con tareas tan arriesgadas. Pero cuando se intentan y alcanzan, nos encontramos ante un raro logro del Arte: auténtico arte narrativo, fabulación en su estadio primario y más puro.
FANTASÍA Y RENOVACIÓN
...La Renovación, que incluye una mejoría y el retorno de la salud, es un volver a ganar: volver a ganar la visión prístina. No digo "ver las cosas tal cual son" para no enzarzarme con los filósofos, si bien podría aventurarme a decir "ver las cosas como se supone o se suponía que debíamos hacerlo", como objetos ajenos a nosotros. En cualquier caso, necesitamos limpiar los cristales de nuestras ventanas para que las cosas que alcanzamos a ver queden libres de la monotonía del empañado cotidiano o familiar; y de nuestro afán de posesión.
...Los cuentos de hadas, naturalmente, no son el único medio de renovación o de profilaxis contra el extravío. Basta con la humildad. Y para ellos en especial, para los humildes, está Mooreeffoc, es decir la Fantasía de Chesterton. Mooreeffoc es una palabra imaginada, aunque se la pueda ver escrita en todas la ciudades de este país. Se trata del rótulo "Coffee-room", pero visto en una puerta de cristal y desde el interior, como Dickens lo viera un oscuro día londinense. Chesterton lo usó para destacar la originalidad de las cosas cotidianas cuando se nos ocurre contemplarlas desde un punto de vista diferente del habitual. La mayoría estaría de acuerdo en que este tipo de fantasía es ya suficiente; y en que siempre abundarán materiales que la nutran. Pero sólo tiene, creo yo, un poder limitado, por cuanto su única virtud es la de renovar la frescura de nuestra visión. La palabra Mooreeffoc puede hacernos comprender de repente que Inglaterra es un país harto extraño, perdido en cualquier remota edad apenas contemplada por la historia o bien en un futuro oscuro que sólo con la máquina del tiempo podemos alcanzar; puede hacernos ver la sorprendente rareza e interés de sus gentes, y sus costumbres y hábitos alimentarios. Pero no puede lograr más que eso: actuar como un telescopio del tiempo enfocado sobre un solo punto. La fantasía creativa, por cuanto trata de forma fundamental de hacer algo más -de recrear algo nuevo-, es capaz de abrir nuestras arcas y dejar volar como a pájaros enjaulados los objetos allí encerrados. Las gemas todas se tornarán en flores o llamas, y será un aviso de que todo lo que poseían (o conocían) era peligroso y fuerte, y que no estará en realidad verdaderamente encadenado, sino libre e indómito; sólo de ustedes en cuanto que era ustedes mismos.