Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)

30/03/2010

Cómo escribir un cuento policial, por G.K.Chesterton

"Los escritores tienen la extraña idea de que su trabajo consiste en confundir a sus lectores
y que, mientras los mantengan confundidos, no importa si los decepcionan.
Pero no hace falta sólo esconder un secreto,
también hace falta un secreto digno de ocultar."



Que quede claro que escribo este artículo siendo totalmente consciente de que he fracasado en escribir un cuento policíaco. Pero he fracasado muchas veces.
Mi autoridad es por lo tanto de naturaleza práctica y científica, como la de un estudioso de lo social que se ocupe del desempleo o del problema de la vivienda.
No tengo la pretensión de haber cumplido el ideal que aquí propongo al joven estudiante; soy, si les place, ante todo el terrible ejemplo que debe evitar.
Sin embargo creo que existen ideales para la narrativa policíaca, como existen para cualquier actividad digna de ser llevada a cabo. Y me pregunto porqué no se exponen con más frecuencia en la literatura didáctica popular que nos enseña a hacer tantas otras cosas menos dignas de efectuarse.

Como, por ejemplo, la manera de triunfar en la vida. Se publican panfletos de todo tipo para enseñar a la gente las cosas que no pueden ser aprendidas como tener personalidad, tener muchos amigos, poesía y encanto personal. Incluso aquellas facetas del periodismo y la literatura de las que resulta más evidente
que no pueden ser aprendidas, son enseñadas con asiduidad. Pero he aquí una muestra clara de sencilla artesanía literaria, más constructiva que creativa, que podría ser enseñada hasta cierto punto e incluso aprendida en algunos casos muy afortunados. Más pronto o más tarde, creo que esta demanda será satisfecha, en este sistema comercial en que la oferta responde inmediatamente a la demanda y en el que todo el mundo esta frustrado al no poder conseguir nada de lo que desea. Más pronto o más tarde, creo que habrá no sólo libros de texto explicando los métodos de la investigación criminal sino también libros de
texto para formar criminales. Apenas será un pequeño cambio de la ética financiera vigente y, cuando la vigorosa y astuta mentalidad comercial se deshaga de los últimos vestigios de los dogmas inventados por los sacerdotes, el periodismo y la publicidad demostrarán la misma indiferencia hacia los tabúes actuales que hoy en día demostramos hacia los tabúes de la Edad Media. El robo se justificará al igual que la usura y nos andaremos con los mismos tapujos al hablar de cortar cuellos que hoy tenemos para monopolizar mercados.

Los quioscos se adornaran con títulos como La falsificación en quince lecciones o ¿Por qué aguantar las miserias del matrimonio?, con una divulgación del envenenamiento que será tan científica como la divulgación del divorcio o los anticonceptivos.
Pero, como a menudo se nos recuerda, no debemos impacientarnos por la llegada de una humanidad feliz y, mientras tanto, parece que es tan fácil conseguir buenos consejos sobre la manera de cometer un crimen como sobre la manera de investigarlos o sobre la manera de describir la manera en que podrían investigarse.

Me imagino que la razón es que el crimen, su investigación, su descripción y la descripción de la descripción requieren, todas ellas, algo de inteligencia. Mientras que triunfar en la vida y escribir un libro sobre ello, no.

Primero

Lo primero y principal es que el objetivo del cuento de misterio, como el de cualquier otro cuento o cualquier otro misterio, no es la oscuridad sino la luz. El cuento se escribe para el momento en el que el lector comprende por fin el acontecimiento misterioso, no simplemente por los múltiples preliminares en que no. El error sólo es la oscura silueta de una nube que descubre el brillo de ese instante en que se entiende la trama. Y la mayoría de los malos cuentos policíacos son malos porque fracasan en esto. Los escritores tienen la extraña idea de que su trabajo consiste en confundir a sus lectores y que, mientras los mantengan confundidos, no importa si los decepcionan. Pero no hace falta sólo esconder un secreto, también hace falta un secreto digno de ocultar. El clímax no debe ser anticlimático. No puede consistir en invitar al lector a un baile para abandonarle en una zanja. Más que reventar una burbuja debe ser el primer albor de un amanecer en el que el alba se ve acentuada por las tinieblas. Cualquier forma artística, por trivial que sea, se apoya en algunas verdades valiosas. Y por más que nos ocupemos de nada más importante que una multitud de Watsons dando vueltas con desorbitados ojos de búho, considero aceptable insistir en que es la gente que ha estado sentada en la oscuridad la que llega a ver una gran luz; y que la oscuridad sólo es valiosa en tanto acentúa dicha gran luz en la mente.

Siempre he considerado una coincidencia simpática que el mejor cuento de Sherlock Holmes tiene un titulo que, a pesar de haber sido concebido y empleado en un sentido completamente diferente, podría haber sido compuesto para expresar este esencial clarear: el título es "Resplandor plateado".


Segundo

El segundo gran principio es que el alma de los cuentos de detectives no es la complejidad sino la sencillez. El secreto puede ser complicado pero debe ser simple. Esto también señala las historias de más calidad. El escritor esta ahí para explicar el misterio pero no debería tener que explicar la propia explicación. Ésta debe hablar por sí misma. Debería ser algo que pueda decirse con voz silbante (por el malo, por supuesto) en unas pocas palabras susurradas o gritado por la heroína antes de desmayarse por la impresión de descubrir que dos y dos son cuatro. Ahora bien, algunos detectives literarios complican más la solución que el misterio y hacen el crimen más complejo aun que su solución.


Tercero
En tercer lugar, de lo anterior deducimos que el hecho o el personaje que lo explican todo, deben resultar familiares al lector. El criminal debe estar en primer plano pero no como criminal; tiene que tener alguna otra cosa que hacer que, sin embargo, le otorgue el derecho de permanecer en el proscenio.
Tomaré como ejemplo el que ya he mencionado, "Resplandor plateado". Sherlock Holmes es tan conocido como Shakespeare. Por lo tanto, no hay nada de malo en desvelar, a estas alturas, el secreto de uno de estos famosos cuentos. A Sherlock Holmes le dan la noticia de que un valioso caballo de carreras ha sido robado y el entrenador que lo vigilaba asesinado por el ladrón. Se sospecha, justificadamente, de varias personas y todo el mundo se concentra en el grave problema policial de descubrir la identidad del asesino del entrenador. La pura verdad es que el caballo lo asesinó.

Pues bien, considero el cuento modélico por la extrema sencillez de la verdad. La verdad termina resultando algo muy evidente. El caballo da título al cuento, trata del caballo en todo momento, el caballo está siempre en primer plano, pero siempre haciendo otra cosa. Como objeto de gran valor, para los lectores, va siempre en cabeza. Verlo como el criminal es lo que nos sorprende. Es un cuento en el que el caballo hace el papel de joya hasta que olvidamos que una joya puede ser un arma.

Si tuviese que crear reglas para este tipo de composiciones, esta es la primera que sugeriría: en términos generales, el motor de la acción debe ser una figura familiar actuando de una manera poco frecuente. Debería ser algo conocido previamente y que esté muy a la vista. De otra manera no hay auténtica sorpresa sino simple originalidad. Es inútil que algo sea inesperado no siendo digno de espera. Pero debería ser visible por alguna razón y culpable por otra. Una gran parte de la tramoya, o el truco, de escribir cuentos de misterio es encontrar una razón convincente, que al mismo tiempo despiste al lector, que justifique la visibilidad del criminal, más allá de su propio trabajo de cometer el crimen. Muchas obras de misterio fracasan al dejarlo como un cabo suelto en la historia, sin otra cosa que hacer que delinquir. Por suerte suele tener dinero o nuestro sistema legal, tan justo y equitativo, le habría aplicado la ley de vagos y maleantes mucho antes de que lo detengan por asesinato. Llegamos al punto en que sospechamos de estos personajes gracias a un proceso inconsciente de eliminación muy rápido. Por lo general, sospechamos de él simplemente porque nadie lo hace. El arte de contar consiste en convencer, durante un momento, al lector no sólo de que el personaje no ha llegado al lugar del crimen sin intención de delinquir si no de que el autor no lo ha puesto allí con alguna segunda intención. Porque el cuento de detectives no es más que un juego. Y el lector no juega contra el criminal sino contra el autor.

El escritor debe recordar que en este juego el lector no preguntará, como a veces hace en una obra seria o realista: "¿Por qué el agrimensor de gafas verdes trepa al árbol para vigilar el jardín del médico?" Sin sentirlo ni dudarlo, se preguntará: "¿Por qué el autor hizo que el agrimensor trepase al árbol o cuál es la razón que le hizo presentarnos a un agrimensor?". El lector puede admitir que cualquier ciudad necesita un agrimensor sin reconocer que el cuento pueda necesitarlo. Es necesario justificar su presencia en el cuento (y en el árbol) no sólo sugiriendo que lo envía el Ayuntamiento sino explicando por qué lo envía el autor. Más allá de las faltas que planea cometer en el interior de la historia debe tener alguna otra justificación como personaje de la misma, no como una miserable persona de carne y hueso en la vida real. El lector, mientras juega al escondite con su auténtico rival el autor, tiende a decir: Sí soy consciente de que un agrimensor puede trepar a un árbol, y sé que existen árboles y agrimensores. ¿Pero qué esta haciendo con ellos? ¿Por qué hace usted que este agrimensor en concreto trepase a este árbol en particular, hombre astuto y malvado?


Cuarto
Esto nos conduce al cuarto principio que debemos recordar. La gente no lo reconocerá como práctico ya que, como en los otros casos, los pilares en que se apoya lo hacen parecer teórico. Descansa en el hecho que, entre las artes, los asesinatos misteriosos pertenecen a la gran y alegre compañía de las cosas llamadas chistes. La historia es un vuelo de la imaginación. Es conscientemente una ficción ficticia. Podemos decir que es una forma artística muy artificial pero prefiero decir que es claramente un juguete, algo a lo que los niños juegan. De donde se deduce que el lector que es un niño, y por lo tanto muy despierto, es consciente no sólo del juguete, también de su amigo invisible que fabricó el juguete y tramó el engaño. Los niños inocentes son muy inteligentes y algo desconfiados. E insisto en que una de las principales reglas que debe tener en mente el hacedor de cuentos engañosos es que el asesino enmascarado debe tener un derecho artístico a estar en escena y no un simple derecho realista a vivir en el mundo. No debe venir de visita sólo por motivos de negocios, deben ser los negocios de la trama. No se trata de los motivos por los que el personaje viene de visita, se trata de los motivos que tiene el autor para que la visita ocurra. El cuento de misterio ideal es aquel en que es un personaje tal y como el autor habría creado por placer, o por impulsar la historia en otras áreas necesarias y después descubriremos que está presente no por la razón obvia y suficiente sino por las segunda y secreta. Añadiré que por este motivo, a pesar de las burlas hacia los noviazgos estereotipados, hay mucho que decir a favor de la tradición sentimental de estilo más lector o más victoriano. Habrá quien lo llame un aburrimiento pero puede servir para taparle los ojos al lector.


Quinto


Por último, el principio de que los cuentos de detectives, como cualquier otra forma literaria, empiezan con una idea. Lo que se aplica también a sus facetas más mecánicas y a los detalles. Cuando la historia trata de investigaciones, aunque el detective entre desde fuera el escritor debe empezar desde dentro.

Cada buen problema de este tipo empieza con una buena idea, una idea simple. Algún hecho de la vida diaria que el escritor es capaz de recordar y el lector puede olvidar. Pero en cualquier caso la historia debe basarse en una verdad y, por más que se le pueda añadir, no puede ser simplemente una alucinación.



*Gilbert K. Chesterton (Inglaterra, 1874-1936) escribió ensayos teológicos y literarios, polémicas y libros de poesía. Su paso a la posteridad, sin embargo, se debe a la incursión en el género policial, y, en especial por la creación de un personaje: el detective Padre Brown. El hombre que fue jueves es su título más célebre.



(Extraído de: Boletín de LibrosEnRed Nº 38.)
--------------------------------------------------------------------------------

26/03/2010

De la muerte de Miguel Hernández, Garzón y otros demonios

Este año 2010 se cumple el centenario de Miguel Hernández.
Pastor de cabras en su infancia y con formación autodidacta, el poeta militó en el bando republicano como Comisario de Cultura. Al terminar la guerra fue encarcelado y condenado a muerte por izquierdista y escritor. Tras publicar su "Cancionero y romancero de ausencias" y conmutada la pena de muerte por la cadena perpetua, murió de tuberculosis en el penal de Alicante en 1942.

A petición de la nuera del poeta a través de dos iniciativas de la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alicante, se pidió al Ministerio de Justicia (a finales de octubre de 2009)"la reparación y reconocimiento de la condena injusta" del poeta.La segunda petición inluye la revisión y anulación de su condena a muerte. En 1940 se le acusaba de "chivato traidor", de "izquierdista" y "dedicarse a actividades literarias". Al parecer, Franco no quería otro Lorca, así que conmutó la pena de muerte.

Ahora vivimos en democracia. Ningún escritor o alguien que se dedique a las sospechosas "actividades literarias" será condenado a muerte, pero en cambio, un juez que trata de investigar los crímenes del franquismo (¡qué gran delito!)recibe la acusación de prevaricación para ser apartado del tema. Desde entidades ultraderechistas (Manos Limpias y Falange) se promueve condenar a un juez que ha luchado contra el terrorismo, el narcotráfico y contra el mismo Pinochet para sentarlo en el banquillo y ser, por fin, juzgado. Estando libres mafiosos, chupadores de bote, corruptos y algunos pederastas que salen y entran sin demasiados problemas, se tiene que juzgar a Garzón.

Señores del Supremo: Adelante, juzguen al Sr.Garzón y sigan dejando libres a todos los políticos corruptos que se llenan los bolsillos mientras se ríen de nosotros; contínuen dando permisos de fin de semana a los violadores. Enloden y enmarañen sus casos de corrupción mientras el señor Garzón pretende poner claridad en los crímenes causados por la derecha franquista; pretende abrir y encontrar las fosas donde aún yacen enterrados los ejecutados por el régimen. ¿Acaso sus familiares no tienen derecho a encontrar a sus abuelos y a enterrarlos como Dios manda?
Al parecer, en el Supremo muchos "salen del armario" y revelan su verdadera cara, la de la ideología que ahora sacan a relucir castigando a un juez por buscar la verdad.

El Supremo impuso una multa de 1000 euros al juez que dejó en libertad a Santiago del Valle. Una libertad que causó la muerte de Mari Luz Cortés. Gran sentencia, gran castigo para un juez. Y ahora, ¿se va a mandar al banquillo de los acusados a Garzón? ¿Por trabajar por la justicia?
El Supremo ensucia la memoria de los que trabajaron y trabajan para la libertad, para la verdad; ensucia la memoria de los muertos en las cunetas que aún no han sido desenterrados. Ensucia a la vez, la memoria de esos "izquierdas-poetas-sospechosos" que escribían versos para combatir la represión y sanar las heridas.
Pero en un país donde hacer apología del franquismo no es delito (cuando sí lo es en Alemania hacerlo del nazismo) todo puede pasar...¿Acaso los crímenes de lesa humanidad han de quedar impunes para siempre?

Juan Manuel Serrat ha sido uno de los cantautores que más ha trabajado para dar a conocer la obra de Miguel Hernández, musicándola de forma magistral.
A continuación, la maravillosa "Para la libertad", dedicada a los que aún tienen la vida:





Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz! Pablo Neruda

Jueces persiguiendo Jueces, por Guillem López Arnal
La portavoz del CGPJ: "Si hay juicio, Garzón estará en el banquillo, como cualquiera"

Addenda 14-4-10:
Concentración de apoyo al juez Garzón
Demanda en Argentina para investigar los crímenes del franquismo

Addenda 15-5-10:
Garzón, suspendido de funciones por investigar las causas del franquismo.

25/03/2010

De cómo se contruye un rumor o de cómo un cuento puede destruir un pueblo

Algo muy grave va a suceder en este pueblo
por Gabriel García Márquez


Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

24/03/2010

Diez razones para escribir, por Roland Barthes

No siendo escribir una actividad normativa ni científica, no puedo decir por qué ni para qué se escribe. Solamente puedo enumerar las razones por las cuales creo que escribo:
1) por una necesidad de placer que, como es sabido, guarda relación con el encanto erótico;

2) porque la escritura descentra el habla, el individuo, la persona, realiza un trabajo cuyo origen es indiscernible;

3) para poner en práctica un "don", satisfacer una actividad distintiva, producir una diferencia;

4) para ser reconocido, gratificado, amado, discutido, confirmado;

5) para cumplir cometidos ideológicos o contra-ideológicos;

6) para obedecer las órdenes terminantes de una tipología secreta, de una distribución combatiente, de una evaluación permanente;

7) para satisfacer a amigos e irritar a enemigos;

8) para contribuir a agrietar el sistema simbólico de nuestra sociedad;

9) para producir sentidos nuevos, es decir, fuerzas nuevas, apoderarse de las cosas de una manera nueva, socavar y cambiar la subyugación de los sentidos;

10) finalmente, y tal como resulta de la multiplicidad y la contradicción deliberadas de estas razones, para desbaratar la idea, el ídolo, el fetiche de la Determinación Única, de la Causa (causalidad y "causa noble"), y acreditar así el valor superior de una actividad pluralista, sin causalidad, finalidad ni generalidad, como lo es el texto mismo.



Roland Barthes, "Diez razones para escribir" En: Variaciones sobre la escritura. Trad.: Erique Folsch González. (Buenos Aires: Paidós, 2002) 41-42.

22/03/2010

Los finales de la historia

La dificultad de hallar un buen final o simplemente de hallarlo es un escollo importante a tratar, pues a muchos les/nos ocurre el quedar atrapados pocos metros antes de la meta; empezar historias y dejarlas inconclusas; dar vueltas y más vueltas. Con este artículo de Ariel Rivadeneira se arroja un poco de luz al respecto. Espero que os sea útil.




El festín de los textos inconclusos
(o la dispersión a la hora de escribir)

por Ariel Rivadeneira


¿Cuál es la razón de que tantos textos queden inacabados?
¿Por qué motivo se acumulan, entre los principiantes, inicios de cuentos y novelas?
Escribir pone en marcha la alegría. Sin embargo, no son pocos los autores que me comentan su intenso deseo de superar un conflicto "escriturario":

"Empiezo muchos textos y no los termino. Me pregunto por qué esta constante detención, esta pereza que me domina, pasan los días y apenas garabateo unas líneas, cuando hay una idea latente que me llama..." "No consigo acabar ningún relato. Tengo ideas que anoto para que no se me escapen, pero no consigo desarrollarlas adecuadamente, darles un acabado, un pulido"."Tengo varios proyectos iniciados, algunos muy apetecibles y no todos inabordables, pero algo me impide desarrollarlos".

De un modo u otro, son muchos los que empiezan a narrar una historia y la abandonan por la mitad. A los pocos días (o a las pocas horas) del primer proyecto empiezan una segunda historia y así sucesivamente. Cuando intentan acabar una u otra, algo estalla en su interior, los instala en el vacío e inmediatamente cambian de dirección.
Se dispersan entre los numerosos relatos que a uno se le ocurren a diario indica un alto grado de creatividad, sin duda, pero no se consigue completar el sentido del relato, aparece la frustración. Perturba al autor no poder acabar un relato. Muchas renuncias al placer de escribir provienen de esa frustración.


Explorar las soluciones

Para acabar la novela, se requiere paciencia y constancia. Es decir, dejar madurar la idea hasta que se sepa hacia adonde se dirige. Una posibilidad de llegar victorioso al final será tratar de contactar con los fantasmas personales que provocan la detención. En lugar de acallarlos o de huir de ellos cambiando de relato, prestarles atención. Así, serán ellos mismos los que completen lo interrumpido. Es decir, convertir a los fantasmas en ayudantes es la meta.

No interferir el camino de los personajes es una buena solución para descubrir qué camino van a tomar. Escucharlos en lugar de forzar ese final con nuestra propia historia, ajena a ellos. Aceptar que es la historia de los personajes, no la del autor. Una vez que uno coloca a unos personajes en acción hay que dejarlos avanzar su camino, sea cual sea el rumbo que escojan. Es decir, dejar que nos cuenten su historia en lugar de querer deslizar la nuestra.

Concentrar información contundente al principio del relato, para poder retomarla transformada en un buen final. La información principal debería estar contenida en las primeras páginas. El final es simplemente (y no tan simplemente) una lámpara que ilumina lo anterior y, a la vez, una consecuencia del planteamiento inicial.

También el entorno que rodea al escritor puede provocar la dispersión. Conocer las mejores condiciones para el cuerpo y para la mente es recomendable. Pueden ser escribir a mano o directamente en el ordenador, en la cama o en un tren, en medio del ruido o en absoluto silencio. Entre cientos de opciones más. Así de sencillo y así de complicado.


Cómo lo han hecho otros


Aquí no acaban las razones y hay una que es determinante. La dirección se conoce cuando se sabe qué queremos decir. Ni más ni menos. He aquí el meollo de la cuestión.
Apelo a Hemingway. Podría ser que uno empiece escribiendo esta frase:

Un anciano con anteojos de armazón de acero y ropa llena de polvo estaba sentado a un lado del camino.

Podría ser que fuera un inicio que nos surgiera de pronto y nos enamorara. ¿Cómo seguir? ¿Por qué seguir? Hemingway supo cómo y por qué. Es el inicio de El anciano del puente, un brevísimo y excelente cuento que sugiere más de lo que cuenta y que pone de manifiesto que ese anciano representa muchos temas que el autor pone así sobre el tapete. En consecuencia, lo atractiva que nos resulte una frase no alcanza. Nuevamente, habrá que averiguar qué contiene, qué quiero contar (o que tengo para decir) mediante ese personaje colocado en esa situación. También puede suceder que no se sepa qué quiere uno decir y acabe el cuento y el cuento lo diga. En ese caso, se escribe por intuición, bienvenida sea, aquí no hay conflicto.
¡Oh, querido Proust! Dinos cómo se hace para no cejar durante siete volúmenes. ¿El secreto habrá sido bucear en el tiempo que ya no se ha de vivir? ¿O el tintero de cristal que le regaló su amada madre? Él estableció una comparación entra la elaboración de su libro y la construcción de una catedral: una obra cuyos planos iniciales no son definitivos, sino que cambia y muta sujeta a múltiples designios. En El tiempo recobrado (el último de los volúmenes) él admite fijarse como meta reflejar la realidad humana a través de una observación minuciosa. Analiza, examina, compara, con digresiones, con olvidos y con inconstancias, introduce su propia conciencia en la novela (anticipándose a Joyce, Woolf o Faulkner).

En suma, evitar la tendencia a la revisión compulsiva que lleva a la inacción. Conocerse a sí mismo. Respetar las inclinaciones subjetivas y los medios más apropiados para nuestra peculiar forma de hacer, son algunas de las vías para llegar triunfantes al desenlace.

21/03/2010

Mutabilidad, por Percy B.Shelley

Hoy día mundial de la poesía recibimos en el blog a Percy Bysshe Shelley, gran poeta romántico(esposo de Mary Wollstoncraft, autora de Frankestein) y a Thomas Stearn Eliott, premio Nobel de Literatura (1948) autor de Las Tierras Baldías.


Mutabilidad
por Percy B.Shelley (1792-1822)



Somos como las nubes que enmascaran la luna,

que huyen sin descanso, relampaguean, tiemblan,
rasgando con destellos lo oscuro, mas, de pronto,
la noche las rodea y se pierden para siempre;
o arrinconadas liras de cuerdas disonantes
que a cada son diverso responden diferente,
y en cuya hechura frágil ninguna melodía
resuena semejante al volver a tocarla.

Dormidos, pesadillas turban nuestro reposo;
despiertos, vagos sueños contaminan el día;
ya con risa o con llanto, fantasía o razón,
ya abracemos las penas o ya las desechemos
¡da lo mismo! Pues, sea alegre o sea triste,
la senda de su marcha final está ya abierta:
tal vez no sea el pasado del hombre su mañana;
tal vez sólo perdure la Mutabilidad.



MUTABILITY


We are as clouds that veil the midnight moon;
How restlessly they speed, and gleam, and quiver,
Streaking the darkness radiantly! -yet soon
Night closes round, and they are lost for ever:
Or like forgotten lyres, whose dissonant strings
Give various response to each varying blast,
To whose frail frame no second motion brings
One mood or modulation like the last.
We rest. -A dream has power to poison sleep;
We rise. -One wandering thought pollutes the day;
We feel, conceive or reason, laugh or weep;
Embrace fond woe, or cast our cares away:
It is the same! -For, be it joy or sorrow,
The path of its departure still is free:
Man's yesterday may ne'er be like his morrow;
Nought may endure but Mutablilty.


 
El primer coro de la roca

por Thomas Stearn Eliott (1880-1965)


Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
el cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
conocimiento del habla, pero no del silencio;
conocimiento de las palabras e ignorancia de la palabra.

Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

Versión de Jorge Luis Borges

17/03/2010

Libros ante la guerra

Se escribe en Beirut, se edita en El Cairo y se lee en Bagdad. Este es un dicho árabe que da cuenta del amor por la cultura y los libros que existe en los países de la media luna.
En mi última novela (LHDE-EldT), me detengo un tiempo en el Bagdad del siglo XI, y desde que escribía sobre ella, desde que la tengo en mi mente como lo que fue, siento como míos los desgarros de sus gentes, el polvo en sus calles, las bombas que destruyen y resquebrajan almas sin sentido. Querría volver a ver Bagdad como yo la recreé en mi historia, donde uno de mis personajes, astrónomo, acude a la Bayt al-Hikma, la Casa de la Sabiduría, la Gran Biblioteca, y pasea por sus calles repletas, por la Nueva York del siglo XI donde todo era posible y todo era moderno y todo existía sin muerte ni destrucción. Cien bibliotecas públicas surtían de cultura a las gentes, alejándolas de la incultura y la ignorancia.

Abu Taib al Mutanabbi fue un poeta iraquí del siglo X. Está considerado el mayor poeta árabe de todos los tiempos, y en su honor se dio nombre a una calle bagdadí donde se concentran numerosos puestos de venta de libros.
En el 2007, un coche bomba explotó en el barrio donde se encuentra la calle Al Mutanabbi, mató a 30 personas y destruyó numerosas librerías que aún resistían a la guerra. Tras esa masacre, muchos poetas de la ciudad comenzaron a declamar versos y poemas en medio de la sangre y la destrucción que asolaba el centro cultural de la ciudad, allí donde se reúnen las gentes para hablar de literatura, para comprar y perderse entre cientos de libros y letras e historias.

Con un canasto de madera sobre la cabeza, Jabbar Muhaibs, profesor en la Academia de Bellas Artes de Bagdad, subió al techo de un vehículo calcinado y arengó a los presentes: ¿Qué ha ocurrido con la poesía y los poemas, cubiertos de sangre y reposando con las almas dispersas y los cuerpos bajo los escombros?". Luego tomó la palabra el célebre poeta Abdel Zahra Zaki en las ruinas del café Al Shabander. En su poema ‘Palabras, palabras, palabras’ parecía describir la desolación del paisaje que le rodeaba: "No hay nada aquí, no hay más nada que palabras que queman". El poeta Tawfik Timemi dio un paso adelante y animó con sus palabras a los espectadores y participantes. "No debemos renunciar aunque los criminales ataquen nuestra cultura. No cederemos a la represión. Debemos reconstruir la calle Mutanabi para que nuestra cultura pueda florecer de nuevo", clamó.

La han reconstruido, y la calle vive de nuevo.

Tomás Alcoverro, corresponsal de La Vanguardia, nos describe ahora en su crónica una calle Al-Mutanabi recuperada, con vida y cultura que se impone sobre la desgracia y la sangre.


Revive la feria de libros de Bagdad
Agradecimientos: WebIslam.com

15/03/2010

¿Qué es un titulo?

¿QUE ES UN TITULO?
(de la Introducción a la semiótica por Robert Marthy)


"Un aperitivo" según Barthes, insistiendo de este modo en su papel de apertura al texto. Una restricción interpretante y en consecuencia un índice que dirige la atención sobre el objeto del texto dando mayor o menor información acerca del objeto. Hay títulos dicentes y títulos más "misteriosos", más remáticos, a veces, inclusive, de naturaleza simbólica.
Roland Barthes

--------------------------------------------------------------------------------

PARA SABER MAS...

R. Barthes (1985) al abordar el estudio de una novela de E. Poe titulada "La verdad sobre el caso de M. Valdemar" evalúa la función del título. El título "es un operador de marca", "tiene como función marcar el comienzo del texto, es decir constituir el texto en mercancía", "el relato es una mercancía, cuya proposición está precedida por una "perorata", por un "appetizer".

En el análisis del título de Poe, muestra cómo la investigación, a propósito del objeto del relato, comienza con la del objeto del título (verdad supone enigma, caso sugiere un hecho excepcional, la, artículo definido impone que hay más que una verdad, -la de los hechos exactos, pero también la de su sentido- finalmente el análisis del nombre es rico en significaciones ya que es "el príncipe de los significantes"). Barthes subraya una vez más la utilidad del nombre propio (y los títulos los tienen muy a menudo). "Un nombre propio debe examinarse cuidadosamente"

Diremos que el título es el comienzo de la semiosis de interpretación del texto. Desde su lectura incita a los interpretantes a los que, en adelante explotará. Constituye un signo-acción que desencadena la interpretación y el objeto del título se vuelve en el signo del objeto de la novela con el que está en relación.

Es evidente que esta actividad del lector supone un habitus, que ese lector sabe que se trata de una "mercancía" cuál es la función del título y que sabe, en principio, apreciar su valor o interés. Algunos escritores o artistas se ven inducidos a dar explicaciones acerca de sus títulos. y U. Eco lo hizo respecto de "El nombre de la Rosa", título voluntariamente enigmático y por esto icónico de su novela. Algunos creadores, hay que destacarlo, al negarse a hacer el juego habitual del título y querer burlar la espera del lector o del espectador en ese campo, inventan un título que a primera vista no tiene nada que ver con la obra. U. Eco apuntaba por otra parte que el título debe guardar un poco de misterio, no proporcionar demasiados indicios al lector.

El título es en consecuencia una toma de posición del autor que lleva a analizar y que da cuenta de sus principales intenciones, ya que focaliza la atención sobre aquello que parece ser para el creador el objeto esencial de la novela. (La película sobre la novela de Zola "L' Assommoir" lleva el título de "Gervaise": el interés se desplaza y el título ya dice lo bastante acerca de la diferencia que puede existir entre la obra literaria y la historia de la película).

Si el análisis del título previo al análisis de la novela ofrece el interés de investigar, la retrolectura del título, luego de haber tomado conocimiento del texto es también interesante y complementaria ("Vipère au poing" de Hervé Bazin, es un lindo título que se dilucida completamente, didácticamente inclusive, en el último capítulo, pero su sentido comienza a horadar desde el primer capítulo).

Es posible una tipología de los títulos en tanto que signos lingüísticos (el título de la novela de Poe es una proposición, por tanto un símbolo dicente). Pero quedaría por hacer la de las relaciones entre el objeto del título y el del texto.

11/03/2010

Sobre el punto de vista en la narración

Punto de vista
por Janet Burroway


El punto de vista es el elemento más complicado de la narración. Si bien es posible analizarlo, definirlo, esquematizarlo, se trata en última instancia de una relación entre escritor, personajes y lector que, como toda relación, tiene sus sutilezas. Podemos discutir sobre el narrador, la omnisciencia, el tono, la distancia o la credibilidad en determinado cuento, pero ninguna conclusión que saquemos lo ubicará en el mismo casillero con otro cuento.

En primer lugar debemos desechar la acepción común de la frase "punto de vista" como sinónimo de opinión, como cuando decimos por ejemplo "desde mi punto de vista debe haber pena de muerte". La visión del autor acerca de lo que es o debería ser el mundo se nos revelará al final, según el uso que haga del punto de vista; y no al revés: identificar las creencias del narrador no sirve para describir el punto de vista en el relato. En lugar de pensar que el punto de vista consiste en la opinión o las creencias del autor, hay que tomarlo de un modo más literal, como "el punto desde donde se mira mejor".

¿Quién se ubica dónde para mirar la escena?

O, mejor, como estamos hablando de lenguaje, las preguntas deben ser: ¿Quién habla, a quién, cómo, a qué distancia de la acción, con qué limitaciones?: aspectos todos relacionados con la elección del punto de vista. Dado que el autor quiere hacernos compartir su perspectiva, las respuestas nos ayudarán a descubrir su opinión, sus juicios, su actitud o su mensaje.

¿QUIÉN HABLA?

La primera decisión que debe tomar un autor respeto al punto de vista tiene que ver con el narrador. He aquí la clasificación más simple que se puede hacer acerca de quién habla: un cuento puede ser narrado en tercera persona (Ella pasea bajo la luz de la luna), en segunda persona (Paseas bajo la luz de la luna) o en primera persona (Paseo bajo la luz de la luna). Los relatos en segunda y tercera persona los cuenta un narrador, los relatos en primera persona, un personaje.

Tercera persona

La tercera persona, desde la cual el narrador cuenta el relato, se puede subdividir según el grado de conocimiento u omnisciencia que asume el narrador. Advierta que, como estamos hablando de grados, las subdivisiones son sólo aproximadas. Como autor está usted en condiciones de decidir cuánto sabe. Puede conocer la verdad plena y eterna; puede saber qué hay en la mente de uno de los personajes pero no qué piensa el otro; o puede saber únicamente lo que se ve desde fuera. Usted decide. Al comienzo del cuento deberá indicar al lector qué grado de omnisciencia ha elegido; una vez hecha esta señal, se abre un "contrato" entre el autor y el lector, contrato delicado de romper. Si se ha limitado a la mente de James Lordly durante cinco páginas mientras James mira lo que hacen la señora Grumms y sus gatos, rompe usted la convención si se mete de pronto en la mente de la señora Grumms. Igualmente, nos sentiríamos tratados mal y dispuestos a romper gustosos el contrato si nos da usted los pensamientos de los gatos.

El narrador omnisciente -llamado a veces narrador editor omnisciente porque dice de frente lo que se supone que debemos pensar- tiene un conocimiento total. Cuando es usted autor omnisciente es un dios; puede:

1. Informar objetivamente lo que está pasando.
2. Meterse dentro de la mente de los personajes.
3. Interpretar por los lectores la apariencia de los personajes, lo que dicen, sus actos o sus ideas, aun si los propios personajes no pueden hacerlo.
4. Moverse libremente en el tiempo y en el espacio para brindarnos vistas panorámicas o telescópicas o microscópicas, o históricas; puede decirnos lo que sucede en cualquier parte, o lo que sucedió en el pasado, o lo que sucederá en el futuro.
5. Hacer reflexiones generales, juicios, proporcionar verdades.

Los lectores aceptarán que el narrador omnisciente hable así. Si el narrador nos dice que Ruth es una mujer buena, que Jeremy no comprende sus verdaderas motivaciones, que la luna va a estallar dentro de cuatro horas y con eso todo se pondrá mejor, le creemos. Aquí tenemos un párrafo que muestra los cinco campos de conocimiento señalados:

(1) Juan le dio una feroz mirada al bebé que lloraba. (2) Asustado por el gesto el bebé tragó saliva, y lloró más fuerte aun. Odio esto, pensó Juan; (3) pero lo que sentía no era odio. (4) Hace solo dos años él había llorado de esa manera. (5) Los chicos no saben diferenciar entre el odio y el miedo.

Este es un ejemplo burdo, pero el autor que domine su oficio puede pasar de un campo de conocimiento a otro. En la primera escena de La guerra y la paz, Tolstoi describe a Anna Scherer así:

Ser entusiasta se había vuelto su vocación social, y, a veces, aunque no sintiera entusiasmo se entusiasmaba con el propósito de no desilusionar a quienes la conocían. La tenue sonrisa que, aunque no le iba a sus suaves rasgos, llevaba siempre en los labios, expresaba, como en los niños mimados, una continua consciencia de su meloso defecto, que ella ni deseaba ni podía ni consideraba correcto corregir.

Aquí en dos oraciones Tolstoi nos dice lo que pasa por la mente de Anna y sus expectativas, cómo se ve ella a sí misma, qué le conviene, qué puede y no puede hacer, y además ofrece un comentario general sobre los niños mimados.

La voz omnisciente es la voz de la épica clásica (Y Meleanger, distante, no sabía nada de aquello, pero sentía que sus partes vitales ardían en fiebre), de la Biblia (Así el Señor envió la peste sobre Israel; y cayeron 70,000 hombres), y de la mayoría de novelas del siglo XIX (Tito estiró la mano para ayudarlo, y es tan extrañamente rápida el alma de los hombres que en ese instante, cuando empezó a sentir que su expiación era aceptada, tuvo el fugaz pensamiento de las molestias que lo aguardaban). Pero una de las tendencia actuales de la literatura es su movimiento hacia abajo: de los héroes a los personajes comunes; y hacia adentro: de la acción a la mente; por lo tanto, los escritores del siglo XX evitan sobre todo la posición de dioses omniscientes y prefieren restringirse a unos pocos campos de conocimiento.

El punto de vista de narrador omnisciente limitado es aquel en el cual el narrador puede moverse con cierta libertad, pero no toda la libertad del narrador omnisciente. Se puede conceder a sí mismo, por ejemplo, el conocimiento de lo que están pensando los actores en escena, y el de sus actos, pero a los demás personajes conocerlos solo exteriormente. Puede ver microscópicamente todo, pero no presumir de dueño de la verdad eterna. La forma de omnisciencia limitada que se usa más a menudo es aquella en que el narrador puede ver los hechos objetivamente, y además acceder a la mente de uno de los personajes, pero no a las del resto, ni se otorga a sí mismo ningún poder explícito de juzgar. Es el punto de vista particularmente útil para el cuento porque establece rápidamente quién es el que lleva el punto de vista o tiene los medios de percepción. El cuento es una forma tan apretada que apenas hay tiempo o espacio para desarrollar una sola consciencia. Quedarse con la visión externa de las cosas y con el pensamiento de uno de los personajes ayuda a mantener el control del foco del relato, y evita los cambios torpes de punto de vista.
Pero también la novela utiliza frecuentemente este método, como en The Odd Woman, de Gail Godwin:

Eran las diez de la noche del mismo día, y los residentes del condominio en la montaña iban regresando a su rutina y su sobriedad. Jane, en cambio, sentada en la cocina con un vaso de escocés sobre la mesa limpia ante ella, iba cayendo más y más en un sentimiento que sólo identificaba como algo poco familiar. No podía describirlo: era a la vez temible y agradable. Era como dejarse llevar y traer de algún lugar. Trató de recordar, ¿cuándo había comenzado exactamente?

Se nota que aquí la autora ha limitado su omnisciencia. No nos dirá la verdad final sobre el alma de Jane, ni definirá para nosotros ese sentimiento "poco familiar" que la propia mujer no puede definir. El narrador tiene a su disposición los hechos y los pensamientos de Jane, pero eso es todo.

La ventaja de la omnisciencia limitada respecto a la omnisciencia total reside en la inmediatez. En el ejemplo que hemos visto, como no nos está permitido saber lo que no sabe Jane de sus propios sentimientos, buscamos a tientas con ella el entendimiento. En este proceso se crea un convenio entre autor y lector, un convenio que no se puede romper. Si al llegar a ese punto la autora se detiene y responde a la pregunta de Jane "¿cuándo había comenzado exactamente?" diciendo "Jane no lo recordaría jamás, pero lo cierto es que empezó una tarde cuando tenía dos años", sentiremos que hay una imprevista y no solicitada intrusión del autor.

Dentro de las limitaciones que la escritora se ha impuesto hay no obstante fluidez y una gama de posibilidades. Note que el pasaje comienza con una observación panorámica (Las diez, residentes, rutina) y pasa luego a un enfoque más cerrado, con una visión todavía exterior de Jane (sentada en la cocina), antes de introducirse en su mente. La frase "Trató de recordar" da cuenta de manera relativamente factual de sus procesos mentales; en cambio con la siguiente oración "¿Cuándo había empezado, exactamente?" ya estamos dentro de la mente de Jane, oyendo la pregunta que se hace a sí misma.

Aunque parece restringida esta forma usual de omnisciencia limitada (información objetiva, más una consciencia), dadas todas las posibilidades de la omnisciencia dispone no obstante de una libertad que ningún ser humano posee. En la vida cotidiana uno tiene acceso total a una sola mente, la propia, y al mismo tiempo uno es la única persona a la que no se puede observar desde el exterior. Como escritor puede usted hacer lo que ningún ser humano puede: estar simultáneamente dentro y fuera de un personaje determinado. A esto se refiere E.M. Forster en Aspectos de la novela como "la diferencia fundamental entre la gente común y los personajes de las novelas":

En la vida diaria nunca nos comprendemos uno al otro, ni existe la clarividencia plena ni la confesión total. Sabemos del otro por aproximación, por tanteos, por signos externos, y eso basta para la vida social e incluso para la vida íntima. Pero la gente en las novelas puede ser comprendida totalmente por el lector, si así lo desea el novelista; su intimidad puede ser exhibida lo mismo que su vida interior. Y por esa razón a menudo nos parecen mejor definidos que los personajes de la Historia, nos parecen incluso conocidos nuestros.

El narrador objetivo. A veces el novelista o el cuentista no desea mostrar más que los signos externos. El narrador objetivo no es omnisciente sino impersonal. Cuando escribe como narrador objetivo restringe usted su conocimiento a los hechos que cualquier persona puede observar, a los sentidos de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. En el cuento "Colinas como elefantes blancos" Ernest Hemingway nos informa lo que dice y hace una pareja que disputa, sin revelar directamente sus pensamientos y, al mismo tiempo, sin hacer ningún comentario:

El norteamericano y la muchacha que lo acompañaba ocupaban una mesa en la sombra. Hacía mucha calor y el expreso de Barcelona tardaría cuarenta minutos en llegar. Se detenía dos minutos en el empalme, y seguía hacia Madrid.

-¿Qué vamos a tomar? -preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero para dejarlo sobre la mesa.
-Hace mucha calor -dijo el hombre.
-Bebamos cerveza.
-Dos cervezas -dijo él, mirando la cortina.
-¿Dobles? -preguntó una mujer desde el umbral
-Sí, dobles.

La mujer desapareció con dos vasos de cerveza y dos redondeles de fieltro que colocó sobre la mesa para poner encima los vasos llenos. Luego quedó mirando al hombre y a su compañera. La muchacha no apartaba la vista de la línea de colinas. Brillaban blancas bajo el sol y el terreno era oscuro y reseco.

En el transcurso de este cuento sabremos, íntegramente por deducción, que la chica está encinta y que se siente coaccionada por el hombre para hacer un aborto. Ni la preñez ni el aborto son mencionados en ningún momento. La narración se mantiene recortada, austera y externa. ¿Qué gana Hemingway con su propósito de objetividad?
Guía al lector al descubrimiento de lo que realmente ha pasado. Los personajes evitan el tema, buscan evasivas, disimulan, pero sus verdaderas intenciones y sus pensamientos son traicionados pos sus gestos, sus reiteraciones y los deslices de su lenguaje. El lector, guiado por el autor, saca sus conclusiones, como en la vida cotidiana; así es como tenemos la satisfacción de conocer a los personajes incluso más de lo que ellos mismos se conocen.


Hemos dividido con propósitos de claridad las posibilidades de la narración en omnisciencia editorial, omnisciencia limitada y narración objetiva, pero entre los extremos de la omnisciencia editorial (conocimiento total) y la narración objetiva (sólo observación externa) las posibilidades de la omnisciencia limitada son infinitas. Como es usted quien va a escoger su voz narrativa dentro de ese rango, necesita saber que al hacerlo impone sus reglas propias y que, después de fijarlas, tiene que ceñirse a ellas. Como narrador está usted en situación parecida a la de los poetas que tienen que escoger entre el verso libre y la rima. Si el poeta escoge el soneto está obligado a rimar. Los escritores que recién empiezan muchas veces se sienten tentados de cambiar el punto de vista, cuando es innecesario y, al mismo tiempo, un fastidio.

El cuello de Leo era raspado por la tela áspera de su uniforme. Se concentró en los botones y trató de no mirar a la cara al director de la banda, quien, sin embargo, estaba más divertido que enojado.

Este es un torpe cambio de punto de vista, porque tras haber sentido el embarazo de Leo, de pronto se nos pide saltar dentro de los sentimientos del director de la banda. Puede mejorar si se pasa de la mente de Leo a su observación:

El cuello de Leo era raspado por la tela áspera de su uniforme. Se concentró en los botones y trató de no mirar a la cara al director de la banda, el cual, sin embargo, sorprendentemente estaba sonriendo.

La nueva versión es más fácil de aceptar porque nos mantiene dentro de la mente de Leo mientras observa que el director de la banda no está enojado. De paso sirve al propósito de sugerir que Leo fracasa en su intento de concentrarse en los botones, y así la confusión se destaca.


Segunda persona

Primera y tercera persona son las más comunes en la narración; la segunda persona es experimental e idiosincrásica. Pero mejor mencionarla, porque varios autores del siglo XX se han interesado en sus posibilidades.

El concepto de narrador se refiere a los modos básicos de la narración. En tercera persona todos los personajes son llamados él, ella o ellos. En primera persona el personaje que cuenta la historia se refiere a sí mismo como yo, y a los demás personajes como él, ella o ellos. La segunda persona es un modo básico del relato sólo cuando un personaje es llamado tú o usted. Si un autor omnisciente se dirige al lector como tú o usted (Recuerda que fulano estaba en tal situación al comienzo...), esto no cambia el modo básico de la narración en primera o tercera persona. Sólo cuando "tú" se convierte en personaje, en actor del drama, la novela o el cuento está en segunda persona.

En Even Cowgirls get the Blues Tom Robbins muestra ambos usos de la segunda persona:

Si puede usted abrochar su reloj pulsera a un rayo de luz su reloj seguirá caminando, pero las manecillas ya no se moverán.

Pero cuando el narrador se dirige al personaje central, Sissy Hankshaw, la narración está básicamente en segunda persona:

Tira dedo. Al comienzo tímidamente, mostrando apenas el puño, inclinándote levemente en dirección a tu soñado destino. Una ardilla corre por una rama. Le tiras dedo a la ardilla. Un arrendajo pasa volando. Tu señal va hacia abajo.

Esta narración en segunda persona tiene un efecto extraño y original: el narrador observa a Sissy, y las órdenes que le da aun así implican una relación íntima y afectiva, que nos hace más fácil introducirnos en su mente.

Tu pulgar hace la diferencia con los demás seres humanos. Empieza a sentir la presencia alrededor de tu dedo. Te sorprendería que no haya magia allí.

En este ejemplo el tú del texto se refiere a un personaje nítidamente delimitado, distinto al lector. Pero también se puede usar la segunda persona como medio de convertir al que lee en personaje, como en el cuento "Panel Game" de Robert Coover.

Te retuerces, enviciado en Lady (que te excita) y en Norteamérica (que no, pero la bendices de todos modos); sin embargo tus contorciones serán mal interpretadas: Lady amorosa levanta sus pestañas, cierra los ojos y su respiración se acelera con la excitación... El público aúlla feliz mientras tanto. ¿Y quién puede maldecirlo? Tú resígnate a pasar la prueba en paz y saluda con una sonrisa tímida, no te muevas.

Una vez más el efecto de la segunda persona es inusual y complejo.
El autor atribuye al lector características y reacciones específicas; y así -presumiendo que uno le sigue la corriente- lo va empujando más adentro y en mayor intimidad con el relato.
Es poco probable que la segunda persona se vuelva un modo mayor en la literatura, como la primera y la tercera personas; pero precisamente por eso puede usted encontrarla interesante para la experimentación. Es sorprendente y relativamente poco ensayada aun.


Primera persona

Un relato está en primera persona cuando el que habla es un personaje. El término narrador se refiere a menudo al que narra el cuento, pero, hablando estrictamente, un cuento tiene narrador sólo cuando es contado en primera persona por uno de los personajes. Puede ser el protagonista, yo que cuento mi historia, en cuyo caso se trata de un personaje narrador central. O puede ser alguien que cuenta la historia de otro, en cuyo caso es un narrador periférico.
En cualquier forma, es importante indicar desde el comienzo qué tipo de narrador usamos, de manera que se sepa quién es el protagonista del relato. Como en el primer párrafo de La soledad del corredor de fondo, de Allan Sillitoe:

En cuanto llegué a Borstal, me destinaron a corredor de fondo de cross-country. Supongo que pensarían que tenía la complexión adecuada para ello, porque era alto y flaco para mi edad (y lo sigo siendo), pero, fuese como fuere, a mí no me contrarió nada, si debo decirles la verdad, porque en mi familia siempre le hemos dado mucha importancia al correr, especialmente al correr huyendo de la policía.

La atención se entra inmediatamente aquí sobre el yo del relato, y esperamos que ese yo sea el personaje central, cuyos deseos y decisiones llevan adelante la acción. En cambio desde las primeras líneas de La declinación y caída de Daphne Finn, de Bruce Moody, es Daphne la que adquiere vida por la atención y el detalle, mientras que el narrador se establece como observador e informante del asunto:

-¿Eres realmente tú?
Alta y melodiosa, la voz descendió hacia mí desde atrás y arriba -como parece que lo haría siempre, según parece- indistinta, igual que campanadas de otro pueblo.
Incapaz de contestar negativamente, me volví en el escritorio, alcé la vista, y sonreí amargamente.
-Sí -dije sorprendido por el rostro que se asomaba sobre mi hombro, un rostro cuya belleza era evidente, sin concesiones a lo convencional.


El narrador central siempre está, como lo indica su nombre, en el centro de la acción; el narrador periférico puede estar en virtualmente cualquier otra posición que no sea el centro. Puede ser el segundo en importancia en el cuento, o no estar involucrado en la acción para nada, sino ocupar simplemente la posición de un observador. El narrador puede describirse a sí mismo con detalle, o puede ser alguien difícilmente identificable, e imparcial. Es posible incluso un narrador en primera persona del plural, como el que usa Faulkner en "Una rosa para Emily", relato que es contado por un narrador que se identifica solo como nosotros, gente del pueblo en el que tiene lugar la acción.

Es cosa aceptada, y lógica, que el narrador puede ser central o periférico, personaje que cuenta su propia historia o alguien que cuenta la de algún otro. Sin embargo, el crítico y editor norteamericano Rust Hill, en su libro Writing in general and the Short Story in particular, plantea interesantes observaciones al respecto. Según Hill, el punto de vista falla cada vez que nuestra percepción de lo que sucede en el curso de la historia es diferente de la del personaje que cambió con la historia, o soporta la acción. Incluso si el narrador parece un observador periférico y la historia se refiere a otro, es realmente el narrador el que ha cambiado, y debe serlo, para que nos sintamos satisfechos en nuestra identificación emotiva con él.

Creo que siempre pasa esto en los relatos de mayor éxito; o bien el personaje que sufre los cambios con la acción es el que lleva el punto de vista, o, quienquiera que sea, el personaje que lleva el punto de vista se convierte en el personaje que cambia con las acciones. Llámenlo la ley de Hill.
Por supuesto, esta opinión nos obliga a deshacernos del valioso concepto de narrador periférico. Hill usa los conocidos caos de El gran Gatsby y Corazón de las tinieblas para ejemplificar lo que sostiene. En el primer caso Nick Carraway es un personaje testigo que nos cuenta la historia de Jay Gatsby, pero, al final de la historia, es la vida de Nick la que cambia con todo aquello que ha observado.

En el segundo ejemplo Marlow nos cuenta la historia de Kurtz, el buscador de marfil; incluso nos advierte: "No quiero aburrirlos con lo que a mí personalmente me sucedió". Al final de la novela Kurtz (al igual que Gatsby) es asesinado, pero no es la muerte de Kurtz la que más nos afecta, sino lo que ha aprendido Marlow personalmente de Kurtz y de su muerte. Lo mismo se puede decir de La declinación y caída de Daphne Finn: el foco de la acción está en Daphne, pero el dolor, la pasión y el fracaso los pone su biógrafo. Incluso en "Una rosa para Emily", donde el narrador es un nosotros colectivo, es el impacto implícito de Miss Emily sobre la población el que nosotros compartimos. Como tendemos a identificarnos con aquel a través del cual percibimos la historia, nos conmueve su percepción, incluso si la acción más fuerte de la historia está en otro lugar; a menudo es el mismo acto de observar el que produce la epifanía.

Hay que reconocer que un narrador en primera persona tiene todas las limitaciones de un ser humano, y que no puede por tanto ser omnisciente. Está obligado a informar sólo lo que sabe. E incluso aunque el narrador interprete efectivamente las acciones, haga sentencias o prevea el futuro, siguen siendo opiniones de un ser humano falible; no estamos obligados a aceptarlas, como lo estamos en el caso de las interpretaciones, verdades y predicciones del narrador omnisciente. Si quiere usted que aceptemos el mundo del narrador lo más difícil, la piedra de toque de la narración, consiste en convencernos a los lectores que confiemos y creamos en su narrador. Por lo contrario si su propósito fundamental consiste en que rechacemos las opiniones del narrador y nos formemos unas propias, se trata de un narrador no fiable.

¿A QUIÉN?

La mayoría de relatos están dirigidos a esa convención literaria que llamamos el lector. Cuando abrimos un libro estamos aceptando tácitamente el rol de miembros de un auditorio impreciso de lectores. Si el relato comienza diciendo "Mis padres fueron un borracho y una analfabeta; nací en las ciénagas de turba de Galwall durante la Gran Hambruna de la Papa", no nos alarmamos en absoluto. No nos colocamos al frente de ese desfalleciente irlandés que ha cruzado el Atlántico para hacernos sus confesiones, ni le increpamos ¿Por qué me viene a mí con todo esto?

Note que el concepto tradicional del lector presume la universalidad del público. La mayor parte de los cuentos no se dirige a determinado sector o periodo de la humanidad, ni permiten diferenciar entre lector y autor; se presupone que quien quiera lea el cuento puede llegar más o menos a la misma idea que su autor tiene del lector. De hecho la mayoría de escritores, aunque no lo reconozcan en el texto ni lo admitan, se dirigen a alguien que podría ser más o menos del mismo nivel de inteligencia que ellos. El autor de una novela romántica gótica se dirige a un lector genérico, pero sabiendo que su público ya está acostumbrado a la repetición de una fórmula, y que espera ciertos hechos: una amante rica, una heroína virtuosa, una casa amenazadora, vestuario colorido. La noción de cuento de New Yorker es ligeramente menos convencional: se podría decir que es lo que el autor nota que los editores notan que es lo que quieren los lectores del New Yorker. Cualquier persona que escribe algo que parece literatura asume el hecho de que sus lectores acostumbran leer, lo cual sólo es cierto para la mitad del género humano. Mi madre, fastidiada con las dificultades de mi estilo, acostumbraba recomendarme que escribiera para las masas, refiriéndose a los lectores del Selecciones que según ella necesitan afecto y distracción. Yo solía considerar su meta demasiado estrecha, hasta que me di cuenta de que mi propia meta, ser universal, era incluso más limitante: miraba a mis lectores como la gente que no leerá jamás el Selecciones.

No obstante, el supuesto más común de quien narra el relato, sea autor omnisciente o personaje-narrador, es que el lector es alguien tan convencible y entretenible como cualquier otro, y que el relato no necesita una justificación.
Pero hay varias excepciones a esta tendencia, que se pueden usar para implicar dentro del drama al narratario de la historia. El narrador puede dirigirse al lector, pero señalándole ciertos rasgos específicos que nosotros, los lectores reales, debemos aceptar para poder compartir la ficción. Los novelistas del siglo XIX acostumbraban dirigirse "A ti, amable lector, querido lector", etc., y esta pequeñísima caracterización era la manera de comprometer la comprensión mutua. En La soledad del corredor de fondo de Allan Sillitoe, el narrador divide el mundo en nosotros y ustedes. Nosotros, el narrador y los de su clase, son los marginales, los que viven por medios ilegales; mientras que ustedes son, por lo contrario, los que respetan la ley, los prósperos, los educados pero aburridos. Citemos nuevamente La soledad...

Supongo que esto les hará reír a ustedes, que yo digo que el gobernador es un canalla estúpido, cuando se da el caso de que yo apenas sé escribir y él sabe leer y escribir y sumar como un profesor. Pero lo que yo digo es la pura verdad. Él es estúpido, y yo no, porque yo sé ver mejor lo que hay dentro de los de su clase que lo que él ve que hay dentro de la mía.

La alusión más clara en este párrafo es que el narrador puede ver mejor dentro de nosotros los lectores que lo que nosotros vemos en quienes son como él; y gran parte de la ironía que se desprende del cuento se basa en el hecho de que mientras más simpatizamos y nos identificamos con el narrador, más aceptamos su condena de nosotros.


A otro personaje

Más específicamente, la historia puede estar contada a otro u otros personajes, en cuyo caso los lectores somos una especie de mirones; el que cuenta no nos reconoce ni por suposición. Así como narrador-autor que cuenta la historia en tercera persona es teóricamente más impersonal que el personaje que cuenta mi historia en primera persona, el lector es teóricamente un receptor más impersonal que cualquiera de los personajes del cuento. He dicho teóricamente porque, sobre todo tratándose del Punto de vista, más que de ningún otro elemento de la estructura narrativa, cualquier regla que se trate de imponer parece más la invitación a violarla hecha a un autor creativo.

En la novela o cuento epistolar, la narración consiste íntegramente de cartas escritas por un personaje para otro.

Yo, Mukhail Ivanokov, maestro del mesón de la aldea de Ilba en la República Soviética de Ucrania, le saludo y pido clemencia, Charles Ashland, comerciante petrolero de Titusville, Estados Unidos. Estrecho su mano.


O la convención puede ser un monólogo, dicho en voz alta por un personaje, para otro personaje:

¿Me permitiría, Monsieur, ofrecerle mis servicios? Si no le molesto, naturalmente. Mucho temo que ni pueda usted hacerse entender por ese estimable gorila que maneja este bar. No habla más que holandés. Y si usted no me permite ayudarle, nunca comprenderá que desea usted un gin.
(Albert Camus, La caída)


Una vez más las posibilidades son infinitas; el narrador puede hacer una confesión íntima a un amigo, a una amante, o puede presentar el caso ante los tribunales o ante un grupo de personas; puede estar escribiendo un informe muy técnico sobre la situación asistencial, adecuado para ocultar sus propios sentimientos; puede estar exprimiendo su corazón en una carta que él sabe que nunca enviará.

En cualquier caso, la convención adoptada siempre será contraria que cuando se cuenta la historia al lector. El oyente, al igual que el narrador, está inmerso en la acción; la convención no dice lo que son los lectores, sino lo que no son: somos espías, con toda la ambigua intimidad que esto supone.

09/03/2010

De bienes de interés cultural y otros desastres

Esperanza Aguirre pretende (para contarrestrar, supongo, el hilo del debate en Cataluña) declarar "bien de interés cultural" la fiesta de los toros.
No es éste mi primer post contra esa "fiesta" y quizás no sea el último, pues al oír declaraciones como éstas, las teclas se me sublevan, abandono las creaciones del mundo fantástico y vuelvo a la tierra para expresar mi opinión.

Obviaré el tema de la "fiesta" y me centraré en lo que significa "bien cultural". Un bién cultural, según la ley, es cualquier inmueble y objeto mueble de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico, que haya sido declarado como tal por la administración competente. También puede ser declarado como BIC, el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques, que tengan valor artístico, histórico o antropológico.

Entiendo que habrá que modificar la ley si la propuesta llega a término, pues la "fiesta" no es ni mueble ni inmueble. No ha lugar, pues.
Pero veamos la justificación de la declaración de valores para que un bien sea declarado como tal (obviando el tema mueble-inmueble):

1.Valores históricos-artísticos. (Se refiere al patrimonio tradicional, marcado valor de la Antigüedad. )

2.Valor artístico. Lo estético, es lo que define el estilo.

3.Valor tipológico. Por ejemplo, iglesias, viviendas tradicionales cristiana o mudéjar, etc.
4.Valor urbanístico. Influencia del lugar donde se sitúe, cerro, plaza, entre calles estrechas, etc. asociado al valor de imagen.

5.Valor de imagen o paisajístico.

6.Valor de identidad. Es un valor que ha sido añadido recientemente, se relaciona con la importancia que tiene un inmueble para una sociedad como elemento significativo e identificatorio.

Siendo generosos, el toreo cumpliría con los puntos 1 y 6, pero son insuficientes para esa legitimación de la tortura  (ay no, perdón, la fiesta) y el desprecio a la vida de un animal como Bien de Interés Cultural. Muchos defensores aducen también la fuente de ingresos que proviene del mundo del toro, pero se obvia que se reciben muchas ayudas públicas. ¿Sin dinero público -dinero que no se utiliza para más bibliotecas, más museos o actividades realmente culturales- podría seguir manteniéndose este "bien de interés cultural"?

Pero afinemos un poco más: ¿Qué es cultura?
La Unesco, en 1982, declaró:

...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

No veo que la definición se ajuste mucho al toreo. Es más, lo coloca en el lado opuesto.
De mi visita por primera vez (y única) a una plaza de toros (acompañé a un amigo extranjero) recuerdo el nudo en la garganta y unas continuas ganas de llorar. Después, te vas acostumbrando, como sucede con todo (léase noticias y muertos diarios) pero de pasármelo bien: Nada. De espectáculo cultural: Nada. De fiesta: Nada. De arte: ¿Arte? ¿Bien cultural, como dice E.Aguirre? No lo encontré.
No me vale de nada que Hemingway o que Picasso fueran aficionados. El primero también lo era a la bebida y acabó pegándose un tiro; el segundo, era aficionado a maltratar a las mujeres, además de a los toros. Dejemos a un lado sus aficiones, no las legitimemos.

Para ver arte, para recibir cultura, visito una ciudad y sus monumentos, un museo, una biblioteca. No voy a una plaza de toros para ver en directo cómo matan a un animal por diversión y por dinero.

Como colofón, no puedo menos que citar a algunos grandes hombres. Que sean ellos los que digan la última palabra.

Pero ¿qué placer puede causar a un hombre de cultura... el que una espléndida bestia sea atravesada con una lanza de caza?
- Marcus Tillius Cicero (orador y filósofo)

Ama a los animales: Dios les ha dado los rudimentos del pensamiento y gozo sin problemas. No disturben su gozo, no los hostiguen, no los priven de su felicidad, ¡no trabajen contra las intenciones de Dios! Hombre, no te vanaglories de tu superioridad ante los animales; ellos son sin pecado, y tú, con tu grandeza corrompes la tierra con tu aparición en ella, y dejas el rastro de tu estupidez tras de ti. ¡Ah! Es la verdad de casi todos nosotros.
- Fyodor Dostoyevsky (novelista)

La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales.
- Mahatma Gandhi (hombre de estado y filósofo)

Ver también: Conversaciones con eruditos y sabios
Los toros, prohibidos por el Concilio de Trento y san Pio V.
El papa no irá a los toros con Esperzana Aguirre


Agradecimientos: Wikipedia

08/03/2010

Decálogo del buen crítico

El decálogo del buen crítico
por Guillermo Belcore






1. Serás independiente, competente y sincero. El amiguismo y los compromisos son las lacras de tu oficio.

­­2. Serás el hombre (o la mujer) más culto de tu era.­­

3. Confiarás en tus instintos. Si te sedujo por algo fue.­­

4. Oirás a Nietzsche. Optarás por la soledad de los lobos en lugar del calor de los rebaños. Recuerda que las empresas de comunicación tienen su propia agenda.­­

5. Ignorarás el canto de las sirenas ideológicas. Arderás por siempre en el averno si osas condenar a un escritor por esgrimir ideas diferentes a las tuyas.­­

6. Cultivarás tu propio jardín. El estilo es la única herramienta de que dispone el crítico para persuadir. ``Si resulta mediocre o incompetente en este aspecto, su eficacia será nula'', destaca el gran Ignacio Echevarría.­­

7. Dedícale a la obra tiempo de reflexión.­­

8. Investiga el contexto. Conocer al autor (y a la era del autor) mejora la comprensión de la obra. No leas otras críticas hasta después de haber concluido la tuya.­­

9. Da razones. Aplica algún parámetro objetivo. Harold Bloom postula que la fuerza estética es la combinación de cinco valores: originalidad, poder congnitivo, sabiduría, exuberancia en la dicción, manejo de la metáfora.­­

10. No te dejes intimidar. Hasta los más grandes tienen sus días malos.­

06/03/2010

If, por Rudyard Kipling

Versión en español y versión original del poema If, de Rudyard Kipling (1865-1936):




Si...

Si sabes mantenerte tranquilo
Cuando a tu alrededor todos pierdan
La cordura y te acusen;
Si crees en ti mismo cuando todos
Duden, pero sabes comprender su duda;
Si sabes esperar sin cansarte en la espera;
Si no respondes con calumnia a la
Calumnia ni con odio al odio;
Y aun así no pareces
Ni demasiado bueno ni demasiado sabio.
Si sabes soñar y no convertir tus sueños en tus amos;
Si sabes pensar sin hacer del pensamiento
Tu único objetivo;
Si puedes conocer el Triunfo y el Desastre
Y tratar del mismo modo a los dos impostores.
Si sabes soportar que todo lo que de bueno has dicho
Sea alterado para convertirlo en una trampa;
Si sabes asistir a la destrucción
De aquello a lo que has consagrado tu vida,
Y volver a empezar humildemente;
Si sabes juntar todas tus victorias
Y jugártelas a cara o cruz y perder,
Y empezar de nuevo desde el principio
Y nunca decir nada sobre lo que has perdido.
Si sabes obligar a tu corazón,
Tus nervios y tendones a obedecerte
Incluso cuando estén agotados;
Y resistir cuando no te quede nada
Salvo la Voluntad que les dice: ¡Resistid!.
Si sabes hablar a las multitudes
Y mantener tu virtud,
O pasear con los reyes
Y seguir siendo modesto;
Si ni tus adversarios ni tus amigos
Pueden herirte;
Si todos cuentan contigo,
Pero ninguno demasiado;
Si sabes llenar un minuto que no perdona
Con los sesenta segundos que lo recorren.
Si sabes hacer todo esto,
Será tuyo el Mundo
y sus riquezas,
y, lo que es más importante,
serás por fin un Hombre, hijo mío.

RUDYARD KIPLING.


V.O.

IF...
IF you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies,
Or being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise:
If you can dream - and not make dreams your master;
If you can think - and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build 'em up with worn-out tools:
If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: 'Hold on!'
If you can talk with crowds and keep your virtue,
' Or walk with Kings - nor lose the common touch,
if neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that's in it,
And - which is more - you'll be a Man, my son!

05/03/2010

Castle, un novelista criminólogo

Castle es el título de la nueva serie de los jueves de la cadena Cuatro.
Su protagonista es un escritor de best-sellers un tanto peculiar que ve cómo un asesino copia alguno de los crímenes que él ha relatado en varias de sus novelas de misterio (en tres de las peores). Es entonces cuando empieza a colaborar con una detective de policía para la resolución de los crímenes. Pero la insistencia de su editora y ex-mujer para que entregue de una vez la última novela que le han encargado -y de la que ya ha cobrado el anticipio- le impele a volver a la comisaría con la intención de documentarse para su próxima historia. La tensión sexual existente entre la detective y él proporcionarán momentos divertidos en línea con Luz de Luna.

Ayer emitieron los dos primeros capítulos y he de decir que me gustó bastante. Me sorprendió, eso sí, esa figura de escritor estrella muy pagado de sí mismo pero a la vez encantador. Muy recomendable para los amantes de las series de misterios y crímenes y para quienes nos agrada ver de vez en cuando la figura de un escritor en las series de ficción.

04/03/2010

Sobre el oficio de escritor, por Charles Bukowski

Siguiendo con el post Charles Bukowsi, un genio de la multitud, reproduzco dos cartas del autor sobre el oficio de escritor:


A John William Corrington
Enero 17, 1961


Hola, Sr. Corrington:

Bien, a veces ayuda recibir cartas como la tuya. Ya son dos. Un joven de San Francisco escribió diciéndome que algún día habrá quien escriba libros acerca de mi, si esto podrá ayydar en algo. Bueno, no estoy en busca de ayuda, y no estoy tratando de ser pesado. Pero yo solía jugar un juego conmigo mismo, un juego llamado isla desierta, y mientras estaba tirado en la carcel, en la clase de arte o caminando hacia la ventanilla de diez dolares en las carreras, me preguntaba, Bukowsky, si tú estuvieras en una isla desierta, tú solo, y nunca fueras encontrado excepto por pájaros y gusanos, ¿tomarías una vara y rascarías palabras sobre la arena? Yo tenía que decir no, y por un rato esto resolvía un montón de cosas, y me dejaba seguir adelante y hacer un montón de cosas que yo no quería hacer,y me alejaba de la máquina de escribir y me ponía en el pabellón de caridad del hospital municipal, la sangre corriendo fuera de mis oidos, de mi boca y de mi culo, y ellos ahí esperando a que yo muriese, pero nada pasaba. Y cuando salía me preguntaba otra vez, Bukowsky, ¿si estuviertas en una isla desierta? y etc; y sabes, pienso que era que la sangre había abandonado mi cerebro, o algo, y yo decía sí, sí, yo tomaría una vara y rascaría palabras sobre la arena. Bueno, esto solucionaba un montón de cosas porque me permitía seguir adelante y hacer las cosas, todas las cosas que no quería hacer,y me dejaba tener la máquina de escribir también; y desde que ellos me dijeron que un trago más me mataría, ahora le he bajado a dos galones de cerveza al día.

Pero la escritura, por supuesto, cómo el matrimonio, la caída de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. Tú puedes ir a la cama el miércoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la mañana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el miécoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la mañana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores... Muchos de ellos mueren. Claro. Por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar más. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo tú dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no será porque trate demasiado duro o muy poco, será porque me quedado o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: Tengo mi vara y tengo mi arena.

Charles Bukowski



A Jon Webb

4 de Septiembre de 1962


Con respecto a la muerte de mi mujer el 22 de enero último, no hay mucho que decir, excepto que yo ya no seré el mismo. Quizá intente escribir sobre eso, pero está todavía demasiado cerca. Puede que siempre esté demasiado cerca. Pero aquella vez en el pabellón de caridad, años atrás, una chica mejicana que cambiaba las sábanas me dijo que se iba a acostar conmigo si yo mejoraba, e inmediatamente empecé a sentirme bien.
Tenía una sola visita: la mujer borracha de cara redonda y roja, una amante del pasado que a veces se bamboleaba contra la cama, y se iba sin decir nada. Seis días despues yo estaba manejando un camión, levantando paquetes de 20 kilos y preguntándome si la sangre vendría otra vez. Un par de días más tarde tomé el primer trago, ése que dijeron me mataría. Una semana más tarde conseguí una máquina de escribir y, despues de una pausa de diez años y de haberle vendido mis cosas a la revista "Story" y a otras, mis dedos se pusieron a construir un poema. O mejor dicho, una charla de bar. Esa cosa que no es lírica, que no canta. Los rechazos llegaron bastante pronto. Pero no me afectaron, porque yo sentía que en cada línea estaba diciendo algo. No para ellos, sino para mí mismo. ahora puedo leer muy poca poesía o muy poco de cualquier otra cosa. Bueno, la dama borracha que se bamboleaba contra mi cama la enterré el último 22 de enero. Y nunca vi a mi chica mejicana. Vi a otras, pero ella hubiera estado bien. Hoy estoy solo, casi afuera de todas ellas: de los glúteos, los pechos, los vestidos limpios como trapos nuevos en la cocina. No me tomes a mal, todavía tengo 1,80 y 90 kilos de posibilidad, pero yo podía mejor con la que ya no está.

Charles Bukowski

03/03/2010

Un prólogo para Víctor Morata

Ya está lista la segunda edición del Universo Mágico. Crónica de Seres Extraordinarios de Víctor Morata que incluye cuatro libros de relatos: Aire, Agua, Tierra y Crepúsculo.

En esta ocasión, Crepúsculo cuenta con prólogo de Lorea Otsoa Honorato e introducción y epílogo por Francisco Brotons; Tierra cuenta con el prólogo a cargo de Blanca Miosi y Javier Pellicer Moscardó; Aire cuenta con prólogo de Darío Vilas y Agua cuenta con un prólogo a mi cargo.


En este mi primer prólogo, he tratado de aportar aspectos complementarios del mundo fantástico que Víctor recrea en Agua remontándome a los orígenes mitológicos de criaturas como las sirenas,el kraken y el monstruo del lago Ness.
Agradezco desde aquí a Víctor la oportunidad que me ha dado de prolograr su libro y agradecer su confianza en el resultado.

Los libros de Víctor Morata están disponibles en el siguiente enlace tanto en descarga gratuita en PDF como en su edición en papel. ¿Te los vas a perder?

02/03/2010

Entrevista en Párrafos Perturbados

Hace poco llegó a mi correo un mensaje que decía: "¡Párrafos Perturbados quiere entrevistarte!". Así, pues, Rafael González, autor del blog así como de la novela El secreto de los dioses olvidados,  me ha entrevistado como hace poco lo hizo con Guillem López, Esteban González y Montse de Paz, entre otros. Es un honor participar en su apartado "Otros autores", por eso os invito a leer tanto mi entrevista como las otras, así como conocer un poco más el espacio de este autor que está cosechando bastantes éxitos con su ópera prima.

Párrafos Perturbados. Otros autores: Marta Abelló

Concursos literarios