Tras darme de alta el año pasado, este año me han correspondido 47,70 euros de derechos, y a partir del año próximo puedo solicitar subvenciones extraordinarias (entre 300 y 600 euros) para la compra de gafas, lentillas, material ortopédico o dental. Según los ingresos también se pueden solicitar ayudas a domicilio o teleasistencia par autores mayores de 70 años. Hay descuentos en productos culturales y muchas otras cosas más.
Si tienes un libro publicado (valen también las antologías de varios autores) sólo tienes que entrar en la web, solicitar la inscripción y mandar el listado correspondiente de tus obras. En mi caso, mandé el listado de 8 antologías en las que participé hasta el año 2008 (me di de alta en 2009). El año próximo mandaré el listado de lo que tenga en 2009 y 2010.
Pero, ¿qué es exactamento CEDRO?
De la web:
El Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) es la asociación sin ánimo de lucro de autores y editores de libros, revistas y otras publicaciones, editadas en cualquier medio y soporte, que se encarga de defender y gestionar de forma colectiva sus derechos de propiedad intelectual de tipo patrimonial (reproducción, transformación, comunicación pública y distribución). Fue autorizado para ello en 1988 por el Ministerio de Cultura, al amparo de la Ley de Propiedad Intelectual.
La misión de CEDRO es representar y defender los legítimos intereses de autores y editores de libros y publicaciones periódicas, facilitando y promoviendo el uso legal de sus obras.
Las principales funciones y servicios de CEDRO son:
el reparto entre autores y editores de los derechos económicos que les corresponden por la utilización de sus obras
la función social: el desarrollo de actividades y servicios de formación, promoción y asistencia para autores y editores
la gestión colectiva de la compensación equitativa por copia privada.
la gestión colectiva del derecho de remuneración por el préstamo público en bibliotecas e instituciones similares
la concesión de autorizaciones o licencias para la utilización de las obras de su repertorio
la defensa de los intereses de sus socios ante los tribunales de justicia y otras instituciones nacionales e internacionales
la difusión y la concienciación social acerca de los principios del Derecho de Autor
Además, CEDRO ofrece el servicio de localización de titulares de derechos de autor (escritores, traductores y editoriales) a los usuarios que lo soliciten con fines distintos,
CEDRO gestiona colectivamente los derechos de sus socios en otros países y forma parte de la Federación Internacional de Entidades de Gestión de Derechos de Reproducción (IFRRO).
¿Qué es la compensación equitativa por copia privada?
La Ley de Propiedad Intelectual establece una compensación a los titulares de derechos por las reproducciones que se realizan de sus obras para uso privado, reproducciones que, según establece la legislación vigente, no requieren la autorización de los titulares para ser efectuadas.
Esta compensación debe ser abonada por los fabricantes, importadores y distribuidores de las máquinas que permiten hacer las copias. CEDRO se encarga de recaudar esta compensación para posteriormente distribuirla entre sus legítimos titulares.
Y para terminar, un enlace al artículo en el blog de CEDRO de Lorenzo Silva, Apuntes para una lógica de lo gratuito.
¿Qué opinas ahora de CEDRO?
Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)
29/06/2010
27/06/2010
Yo quiero ser escritor de libros de bolsillo
Yo quiero ser escritor de libros de bolsillo (Paper Back Writer) by The Beatles
Estimado Señor o Señora, ¿querrá usted leer mi libro?
Me ha costado años escribirlo, ¿querrá echarle un vistazo?
Está basado en la novela de un hombre llamado Lear
Y necesito trabajo porque quiero ser
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo
Es la sórdida historia de un sórdido hombre
Cuya pegajosa esposa no le entiende
Su hijo trabaja para el Daily Mail
Es un trabajo estable pero él quiere ser
Un escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo, escritor, escritor
Tiene unas mil páginas, más o menos
Y escribiré más en un par de semanas
Puedo alargarlo si le gusta el estilo
Puedo cambiarlo de arriba a abajo, porque quiero ser
Un escritor de libros de bolsillo
Un escritor de libros de bolsillo
Si de veras le gusta, puede quedarse con los derechos
Podría ganar un millón de la noche a la mañana
Si tienen que devolverlo, pueden enviármelo aquí
Pero necesito una oportunidad, porque quiero ser
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo, escritor, escritor
Escritor de libros de bolsillo, escritor
Escritor de libros de bolsillo, escritor
Escritor de libros de bolsillo, escritor
Fuente: musica.com
Estimado Señor o Señora, ¿querrá usted leer mi libro?
Me ha costado años escribirlo, ¿querrá echarle un vistazo?
Está basado en la novela de un hombre llamado Lear
Y necesito trabajo porque quiero ser
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo
Es la sórdida historia de un sórdido hombre
Cuya pegajosa esposa no le entiende
Su hijo trabaja para el Daily Mail
Es un trabajo estable pero él quiere ser
Un escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo, escritor, escritor
Tiene unas mil páginas, más o menos
Y escribiré más en un par de semanas
Puedo alargarlo si le gusta el estilo
Puedo cambiarlo de arriba a abajo, porque quiero ser
Un escritor de libros de bolsillo
Un escritor de libros de bolsillo
Si de veras le gusta, puede quedarse con los derechos
Podría ganar un millón de la noche a la mañana
Si tienen que devolverlo, pueden enviármelo aquí
Pero necesito una oportunidad, porque quiero ser
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo
Escritor de libros de bolsillo, escritor, escritor
Escritor de libros de bolsillo, escritor
Escritor de libros de bolsillo, escritor
Escritor de libros de bolsillo, escritor
Fuente: musica.com
24/06/2010
Agatha Christie, una aproximación
Habiendo terminado de leer la autobiografía de Agatha Christie, escrita a los setenta y cinco años, me admiro de la humildad de esta gran escritora. Los grandes siempre son humildes. Valga decir que nunca se ha considerado escritora, ni siquiera cuando ya llevaba una decena de novelas publicadas. Tardó muchos años en tener un lugar o habitación propios para escribir, pues no lo consideraba necesario: aprovechaba un rincón de la cocina o incluso del lavabo para teclear su máquina. Eso sí, siempre contó con la ayuda de una cocinera y de una nurse para su hija Rosalind, en un tiempo en que la guerra y su clase social quizás no era lo más apropiado. Ella prefería el servicio a un coche, que pudo tener gracias a los beneficios de su primera novela (un Morris descapotable de los años 20).
"Me había acostumbrado a escribir en lugar de bordar fundas de cojines", dice. "Se comienza inflamada por una idea, llena de esperanza y seguridad (son las únicas ocasiones en que me he sentido llena de confianza). Si fuéramos lo bastante modestos, nunca escribiríamos. Hay un momento estupendo en que se concibe la idea, se piensa cómo se va a escribir y se comienza la tarea en un cuaderno, presa de exaltación. Entonces se presentan las dificultades, no se ve cómo seguir adelante; al final, realizamos, más o menos, lo que nos habíamos propuesto, pero cada vez más desanimados. Acabamos con el convencimiento de que no sirve para nada. Después de un par de meses, comenzaremos a preguntarnos si, después de todo, no resultará que está bien."
En el transcurso del tiempo, fue cediendo derechos de publicación a sus parientes, pero el que más beneficiado salió fue su nieto Matthew, pues los derechos de representación de la obra teatral La ratonera lo convertirán en el más beneficiado (esta obra lleva representándose 50 años ininterrumpidos en Londres).
Divorciada de su primer marido, Archie, emprende sola un viaje en el Orient Expres hacia Irak, donde conoce al que será su segundo marido, Max, un arqueólogo varios años más joven que ella pero que comprenderá su trabajo y la acercará al apasionante mundo de las ruinas donde trabaja: Nimrud, Ur, Nínive, nombres mágicos de la antigüedad que reaparecen cuando surgen objetos enterrados bajo las arenas de ese tiempo olvidado.
Agatha ejerció de hija, de esposa, de madre, de enfermera, de ayudante de farmacia y además, de escritora en sus ratos libres, los que robaba al vuelo mientras pasaba la vida. Aficionada a comprar casas, decorarlas y venderlas, siempre tiene en su corazón a su adorado Ashfield, la casa familiar donde nació y fue feliz.
Tuvo la fortuna de poder dar la vuelta al mundo viajando con su primer marido, lo que dio perspectiva y alas a su imaginación.
A sus setenta y cinco años, puesta la vista atrás para relatarnos su vida, también nos hace partícipe de su miedo a no poder escribir más. Cree que quizás el tope esté en los ochenta años, aunque quizás no exista siempre que pueda seguir soñando.
Huye de las fiestas, de las reuniones multitudinarias; como buena escritora, es tímida. Y sigue sintiéndose una extraña a pesar de los reconocimientos y los éxitos: "Creo que estoy fingiendo algo que no soy, porque, incluso hoy día, no me veo a mí misma como a una escritora. Tengo aún el sentimiento de culpa de ser una impostora." Aún así, su fama le llevó a cumplir el sueño de su querida Nursie: Cenar con la reina de Inglaterra.
Comenzó a escribir su autobiografía en 1950, en su casa de Bagdad, y la terminó quince años más tarde, en Wallingford, dando gracias por una afortunada vida.
"Me había acostumbrado a escribir en lugar de bordar fundas de cojines", dice. "Se comienza inflamada por una idea, llena de esperanza y seguridad (son las únicas ocasiones en que me he sentido llena de confianza). Si fuéramos lo bastante modestos, nunca escribiríamos. Hay un momento estupendo en que se concibe la idea, se piensa cómo se va a escribir y se comienza la tarea en un cuaderno, presa de exaltación. Entonces se presentan las dificultades, no se ve cómo seguir adelante; al final, realizamos, más o menos, lo que nos habíamos propuesto, pero cada vez más desanimados. Acabamos con el convencimiento de que no sirve para nada. Después de un par de meses, comenzaremos a preguntarnos si, después de todo, no resultará que está bien."
En el transcurso del tiempo, fue cediendo derechos de publicación a sus parientes, pero el que más beneficiado salió fue su nieto Matthew, pues los derechos de representación de la obra teatral La ratonera lo convertirán en el más beneficiado (esta obra lleva representándose 50 años ininterrumpidos en Londres).
Divorciada de su primer marido, Archie, emprende sola un viaje en el Orient Expres hacia Irak, donde conoce al que será su segundo marido, Max, un arqueólogo varios años más joven que ella pero que comprenderá su trabajo y la acercará al apasionante mundo de las ruinas donde trabaja: Nimrud, Ur, Nínive, nombres mágicos de la antigüedad que reaparecen cuando surgen objetos enterrados bajo las arenas de ese tiempo olvidado.
Agatha ejerció de hija, de esposa, de madre, de enfermera, de ayudante de farmacia y además, de escritora en sus ratos libres, los que robaba al vuelo mientras pasaba la vida. Aficionada a comprar casas, decorarlas y venderlas, siempre tiene en su corazón a su adorado Ashfield, la casa familiar donde nació y fue feliz.
Tuvo la fortuna de poder dar la vuelta al mundo viajando con su primer marido, lo que dio perspectiva y alas a su imaginación.
A sus setenta y cinco años, puesta la vista atrás para relatarnos su vida, también nos hace partícipe de su miedo a no poder escribir más. Cree que quizás el tope esté en los ochenta años, aunque quizás no exista siempre que pueda seguir soñando.
Huye de las fiestas, de las reuniones multitudinarias; como buena escritora, es tímida. Y sigue sintiéndose una extraña a pesar de los reconocimientos y los éxitos: "Creo que estoy fingiendo algo que no soy, porque, incluso hoy día, no me veo a mí misma como a una escritora. Tengo aún el sentimiento de culpa de ser una impostora." Aún así, su fama le llevó a cumplir el sueño de su querida Nursie: Cenar con la reina de Inglaterra.
Comenzó a escribir su autobiografía en 1950, en su casa de Bagdad, y la terminó quince años más tarde, en Wallingford, dando gracias por una afortunada vida.
21/06/2010
Sobre las fuentes de información
Fuentes de información o cómo obtener los datos necesarios para la creación
Honoré de Balzac fue un escritor sumamente prolífico. Su Comedia humana era un proyecto en el que se proponía fotografiar todas las facetas de la especie en novelas ejemplares. Escribió decenas de novelas para este fin, en cada una de las cuales existía una temática particular, unos personajes desenvolviéndose en medios muy específicos.
Normalmente un escritor no crea una obra literaria en base a algo que desconoce. Aun en el caso de una historia futurista, el escritor genera una especulación sobre lo que piensa ocurrirá en un tiempo que aún no ha llegado, valiéndose de una proyección hecha en base a sus propios conocimientos sobre lo especulado.
Es así como se hace indispensable que el escritor aprenda a manejar diversas fuentes de información. Una obra literaria debe reflejar hechos reales o ficciones basadas aunque sea tangencialmente en lo real para conservar un grado de credibilidad que mantenga en el lector el interés por continuar siguiendo el curso de la lectura. Si dentro de la obra literaria participan personajes que deben corresponder a ciertas tipologías humanas, el escritor debe conocer estas tipologías al menos en los aspectos en que las mismas aparecerán en la obra.
La fuente básica de información para un escritor es su propia experiencia vital. Con mirada acuciosa, el escritor escarba en la realidad que lo circunda, analizándolo todo, concluyendo sus propios perfiles de esa realidad. Mientras más atención preste el escritor a su entorno, y mientras más capaz sea de combinar sobre ese entorno su poder de análisis y su propia creatividad, sus obras serán más efectivas en el espíritu del lector.
En alguna oportunidad, una mujer le dijo a Somerset Maugham que su hijo quería ser escritor, y le pidió la receta para llegar a serlo algún día. Maugham le respondió que subiera a su hijo en un tren sin decirle el destino del mismo, y le pusiera en los bolsillos sólo diez centavos. La «receta» de Maugham era verdaderamente muy simple: el escritor debe vivir, y si en el decurso de su vida se le presentan serias dificultades, su visión del mundo será más aguda y esto deberá desembocar, si la personalidad del individuo es realmente la de un artista, en una profusa y creativa obra literaria.
Por supuesto, hay creaciones que no requieren de mayores esfuerzos para el escritor. Con conocimientos básicos de la naturaleza humana ya se pueden crear fábulas y cuentos ejemplarizantes. Pero en el caso de una novela en la que deban ser plasmados realísticamente diversos personajes y escenarios, el escritor tiene que contar con la información necesaria para que sus afirmaciones no puedan ser desmentidas por alguien más experimentado que él en las áreas específicas que desee reseñar.
No queremos decir con esto que sea necesario que un escritor se vuelva experto en un tema para poder incluirlo como parte de su texto. Si el escritor no conoce suficientemente bien un aspecto que desee reflejar en su obra, dispone de diversas fuentes de información que lo orienten al respecto. Es absurdo suponer que Balzac conocía de primera mano, presencialmente, todos los oficios y escenarios que participan en su vasta obra literaria.
Estas fuentes de información son las mismas que utiliza cualquier investigador: desde la entrevista personal con quienes sí conocen de los temas hasta la búsqueda de datos en libros, publicaciones periódicas o registros oficiales. A la manera del periodista, quien debe documentarse sobre las informaciones que procesa utilizando para ello diversas fuentes, el escritor iniciará su búsqueda en lo que tenga más a mano, e irá profundizando en la investigación en la medida en que la complejidad de la obra lo haga necesario.
Los escritores más reconocidos han sido los que han aprovechado mejor sus fuentes de información. En algunos casos, ciertos escritores basan sus obras estrictamente en su experiencia personal. Por ejemplo, Henry Miller plasmó en todas sus obras los sucesos que dieron riqueza a su vida. Sus vicisitudes como escritor principiante, su relación con las personas que lo rodeaban, sus ocasionales trabajos como corrector de pruebas o empleado en una compañía de telégrafos, son algunas de las experiencias que decidió plasmar en su obra. Prácticamente nunca escribió algo que no se basara en sucesos vividos por él.
Jorge Luis Borges obtuvo de los libros la información para la mayoría de sus obras. Tuvo desde su infancia contacto directo con los libros y ya a los doce años era capaz de traducir del inglés. Empleado, en su juventud, en la Biblioteca Nacional de Argentina, adquirió una destreza sinigual para llenar con sus ficciones los vacíos que existían en las narraciones que consiguió en las obras ajenas.
En Venezuela es bastante significativo el caso de Francisco Herrera Luque, cuya obra fue principalmente de corte histórico. Para recrear escenarios y personalidades del devenir de nuestro país entre la época de la conquista y nuestros días —y hasta de nuestro futuro, como lo ejemplifica su obra póstuma 1998—, Herrera Luque tenía tres fuentes principales de información: la primera, su propio bagaje intelectual, brindado por su profesión de psiquiatra, que le fue útil para armar las personalidades de los personajes históricos en base al análisis de sus textos y lo que se narra de sus conductas; la segunda, los libros escritos por historiadores en torno a los temas que después se ocuparía él mismo de escribir; la tercera, y la más productiva, su propia investigación en archivos históricos y en la tradición oral de su entorno. De estos elementos construyó obras magistrales como Los amos del Valle, que narra la historia de Venezuela entre la llegada de los conquistadores y el bautizo de Simón Bolívar en la Catedral de Caracas, todo visto a través del cristal provisto por una familia mantuana de su invención; o como La luna de Fausto, una genial ficción acerca del viaje de un conquistador alemán a tierras americanas en búsqueda de la tierra millonaria de Eldorado.
Entre los escritores que han fundamentado su obra en el contacto personal con los protagonistas de los hechos o los conocedores de los escenarios, destaca García Márquez, quien como periodista que es ha pasado gran parte de su vida entrevistando tanto a grandes personalidades como a protagonistas de hechos locales de limitado alcance informativo. Ha utilizado tanto los hechos que ha conocido en su experiencia periodística, como su propia experiencia personal, para elaborar obras de renombre mundial como Cien años de soledad, en cuyas páginas se suele reconocer hechos de la historia latinoamericana del último siglo que el escritor recogió de investigaciones personales, de entrevistas con quienes vivieron algunos de esos hechos y de la tradición oral de su pueblo; o Crónica de una muerte anunciada, donde se narra el asesinato por venganza del presunto autor de una deshonra prematrimonial, y para cuya redacción se entrevistó inclusive con los asesinos.
En la actualidad, el escritor cuenta con una herramienta de singulares posibilidades informativas: Internet. Además de que en esta red electrónica está disponible virtualmente toda la información que se produce diariamente en cada rincón del mundo, la posibilidad de entrevistar a través del correo electrónico a una persona que se encuentre en un país lejano brinda al escritor un filón invaluable. Tal como se ha desarrollado hoy en día, Internet puede facilitar a un escritor la descripción de escenarios y hechos que nunca ha visto o vivido. Sólo es necesario que el escritor establezca contacto, por correo electrónico, con personas que puedan brindarle esa información de primera mano.
fuente: Dreamers
Honoré de Balzac fue un escritor sumamente prolífico. Su Comedia humana era un proyecto en el que se proponía fotografiar todas las facetas de la especie en novelas ejemplares. Escribió decenas de novelas para este fin, en cada una de las cuales existía una temática particular, unos personajes desenvolviéndose en medios muy específicos.
Normalmente un escritor no crea una obra literaria en base a algo que desconoce. Aun en el caso de una historia futurista, el escritor genera una especulación sobre lo que piensa ocurrirá en un tiempo que aún no ha llegado, valiéndose de una proyección hecha en base a sus propios conocimientos sobre lo especulado.
Es así como se hace indispensable que el escritor aprenda a manejar diversas fuentes de información. Una obra literaria debe reflejar hechos reales o ficciones basadas aunque sea tangencialmente en lo real para conservar un grado de credibilidad que mantenga en el lector el interés por continuar siguiendo el curso de la lectura. Si dentro de la obra literaria participan personajes que deben corresponder a ciertas tipologías humanas, el escritor debe conocer estas tipologías al menos en los aspectos en que las mismas aparecerán en la obra.
La fuente básica de información para un escritor es su propia experiencia vital. Con mirada acuciosa, el escritor escarba en la realidad que lo circunda, analizándolo todo, concluyendo sus propios perfiles de esa realidad. Mientras más atención preste el escritor a su entorno, y mientras más capaz sea de combinar sobre ese entorno su poder de análisis y su propia creatividad, sus obras serán más efectivas en el espíritu del lector.
En alguna oportunidad, una mujer le dijo a Somerset Maugham que su hijo quería ser escritor, y le pidió la receta para llegar a serlo algún día. Maugham le respondió que subiera a su hijo en un tren sin decirle el destino del mismo, y le pusiera en los bolsillos sólo diez centavos. La «receta» de Maugham era verdaderamente muy simple: el escritor debe vivir, y si en el decurso de su vida se le presentan serias dificultades, su visión del mundo será más aguda y esto deberá desembocar, si la personalidad del individuo es realmente la de un artista, en una profusa y creativa obra literaria.
Por supuesto, hay creaciones que no requieren de mayores esfuerzos para el escritor. Con conocimientos básicos de la naturaleza humana ya se pueden crear fábulas y cuentos ejemplarizantes. Pero en el caso de una novela en la que deban ser plasmados realísticamente diversos personajes y escenarios, el escritor tiene que contar con la información necesaria para que sus afirmaciones no puedan ser desmentidas por alguien más experimentado que él en las áreas específicas que desee reseñar.
No queremos decir con esto que sea necesario que un escritor se vuelva experto en un tema para poder incluirlo como parte de su texto. Si el escritor no conoce suficientemente bien un aspecto que desee reflejar en su obra, dispone de diversas fuentes de información que lo orienten al respecto. Es absurdo suponer que Balzac conocía de primera mano, presencialmente, todos los oficios y escenarios que participan en su vasta obra literaria.
Estas fuentes de información son las mismas que utiliza cualquier investigador: desde la entrevista personal con quienes sí conocen de los temas hasta la búsqueda de datos en libros, publicaciones periódicas o registros oficiales. A la manera del periodista, quien debe documentarse sobre las informaciones que procesa utilizando para ello diversas fuentes, el escritor iniciará su búsqueda en lo que tenga más a mano, e irá profundizando en la investigación en la medida en que la complejidad de la obra lo haga necesario.
Los escritores más reconocidos han sido los que han aprovechado mejor sus fuentes de información. En algunos casos, ciertos escritores basan sus obras estrictamente en su experiencia personal. Por ejemplo, Henry Miller plasmó en todas sus obras los sucesos que dieron riqueza a su vida. Sus vicisitudes como escritor principiante, su relación con las personas que lo rodeaban, sus ocasionales trabajos como corrector de pruebas o empleado en una compañía de telégrafos, son algunas de las experiencias que decidió plasmar en su obra. Prácticamente nunca escribió algo que no se basara en sucesos vividos por él.
Jorge Luis Borges obtuvo de los libros la información para la mayoría de sus obras. Tuvo desde su infancia contacto directo con los libros y ya a los doce años era capaz de traducir del inglés. Empleado, en su juventud, en la Biblioteca Nacional de Argentina, adquirió una destreza sinigual para llenar con sus ficciones los vacíos que existían en las narraciones que consiguió en las obras ajenas.
En Venezuela es bastante significativo el caso de Francisco Herrera Luque, cuya obra fue principalmente de corte histórico. Para recrear escenarios y personalidades del devenir de nuestro país entre la época de la conquista y nuestros días —y hasta de nuestro futuro, como lo ejemplifica su obra póstuma 1998—, Herrera Luque tenía tres fuentes principales de información: la primera, su propio bagaje intelectual, brindado por su profesión de psiquiatra, que le fue útil para armar las personalidades de los personajes históricos en base al análisis de sus textos y lo que se narra de sus conductas; la segunda, los libros escritos por historiadores en torno a los temas que después se ocuparía él mismo de escribir; la tercera, y la más productiva, su propia investigación en archivos históricos y en la tradición oral de su entorno. De estos elementos construyó obras magistrales como Los amos del Valle, que narra la historia de Venezuela entre la llegada de los conquistadores y el bautizo de Simón Bolívar en la Catedral de Caracas, todo visto a través del cristal provisto por una familia mantuana de su invención; o como La luna de Fausto, una genial ficción acerca del viaje de un conquistador alemán a tierras americanas en búsqueda de la tierra millonaria de Eldorado.
Entre los escritores que han fundamentado su obra en el contacto personal con los protagonistas de los hechos o los conocedores de los escenarios, destaca García Márquez, quien como periodista que es ha pasado gran parte de su vida entrevistando tanto a grandes personalidades como a protagonistas de hechos locales de limitado alcance informativo. Ha utilizado tanto los hechos que ha conocido en su experiencia periodística, como su propia experiencia personal, para elaborar obras de renombre mundial como Cien años de soledad, en cuyas páginas se suele reconocer hechos de la historia latinoamericana del último siglo que el escritor recogió de investigaciones personales, de entrevistas con quienes vivieron algunos de esos hechos y de la tradición oral de su pueblo; o Crónica de una muerte anunciada, donde se narra el asesinato por venganza del presunto autor de una deshonra prematrimonial, y para cuya redacción se entrevistó inclusive con los asesinos.
En la actualidad, el escritor cuenta con una herramienta de singulares posibilidades informativas: Internet. Además de que en esta red electrónica está disponible virtualmente toda la información que se produce diariamente en cada rincón del mundo, la posibilidad de entrevistar a través del correo electrónico a una persona que se encuentre en un país lejano brinda al escritor un filón invaluable. Tal como se ha desarrollado hoy en día, Internet puede facilitar a un escritor la descripción de escenarios y hechos que nunca ha visto o vivido. Sólo es necesario que el escritor establezca contacto, por correo electrónico, con personas que puedan brindarle esa información de primera mano.
fuente: Dreamers
19/06/2010
Hasta la vista, Saramago.
Saramago parte y nos deja su obra y su gran humanidad. Como homenaje a este escritor autodidacta que comenzó el grueso de su obra a los 50 años, en el blog lo despedimos con el relato "La flor más grande del mundo" escrito y narrado por él.
Addenda 20-6-10: Link al cuento "El factor Dios".
Addenda 20-6-10: Link al cuento "El factor Dios".
17/06/2010
Lectores de editorial: Los primeros críticos
Hace un tiempo la revista Interviú publicó este artículo en que se relata el trabajo de los lectores editoriales. Incluye buenos consejos acerca del tema tan espinoso de la publicación.
"Cobran poco, ganan enemigos diariamente, trabajan en el anonimato y, sin embargo, son los primeros responsables de cargar de buenos textos los anaqueles de las librerías. Los lectores de las editoriales son la cruz de la moneda, cuya cara son los críticos literarios."
Tras analizar un manuscrito, el lector realiza un breve informe donde resume el argumento del libro, valora su calidad literaria, lo engloba en un género, puntúa su originalidad y lo sitia dentro de la línea editorial de la empresa. Este último punto es clave: antes de enviar un texto, el aspirante a escritor debe conocer las colecciones y el mercado al que se dirige la editorial. Si el informe es positivo, se entrará en un proceso de lecturas cruzadas para contrastar opiniones y, al final, el editor decidirá si lee él mismo el texto. "A mi me puede interesar un lector que lea mal porque me orienta", dice C.B. editor de Debate, para quién la sintonía editor-lector es la clave. Pese a todo, muchos manuscritos son desechados tras una lectura sesgada. Con veinte o treinta páginas se puede percibir perfectamente la calidad del texto que ha llegado a la editorial.
Pero R., nuestro escritor bisoño, desconfía de las editoriales. Muchas son las anécdotas capaces de desacreditar el ingrato trabajo de los lectores. Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, fue rechazado varias veces antes de alcanzar su merecida fama. Y ni que hablar del camino recorrido por Cien años de soledad.
Porque, aparte de lectores, estos profesionales son humanos y, como tales, pueden cometer errores. Es más morboso, y más fácil, contar los fallos que los aciertos. "Cuando era más ingenuo, entregaba una copia de los informes a los escritores -afirma J.H., editor de Lengua de Trapo-, pero los lectores lo sabían y los escribían con menos frescura".
Maneras de decir "no"
Hacia los años setenta, la escritora Marguerite Durás mandó a su editor francés una novela que él mismo había publicado años atrás. Durás había cambiado el título y firmaba con seudónimo. La novela fué rechazada. También a Doris Lessing le fue devuelta una novela con seudónimo. Inmediatamente después de reconocer su autoría, el libro salió a la venta. Aunque la mayoría de editores reconocen mirar los datos del escritor, tanto por cazar talentos como por asegurar ventas, los lectores evitan hacerlo.
Los manuscritos enviados siempre van acompañados de una carta donde el escritor, en cuatro líneas debe presentarse. Ahora está de moda enviar una foto junto al manuscrito y también firmar con seudónimo. "Hay escritores que presentan manuscritos con las portadas llenas de dibujitos y esas cosas. Sólo con la presentación ya sabes si contiene tonterías o literatura", afirma C.B. E.Q., lectora de cinco editoriales, recuerda una carta en la que la madre del aspirante detallaba la depresión en la que estaba sumido su hijo por culpa de la novela. Para evitar este tipo de presiones, así como amiguismos o represalias -que las ha habido-, los cribadores editoriales suelen trabajar desde el anonimato.
Aproximadamente un mes después de recibir la obra, el editor responderá al impaciente escritor. Pueden ocurrir tres cosas: la primera es que la novela sea cortésmente rechazada. R.R., que aparte de ser lector acaba de publicar su tercera novela, La fórmula Omega, dice: "Odio las cartas de rechazo que comienzan: «Independientemente de la calidad de la obra...» He recibido muchas y siempre he pensado: ¡Coño!, entonces, ¿de qué se trata, si no es precisamente de la calidad de la obra?". Los editores saben que están rechazando proyectos cargados de ilusión, por lo que tratan de ser sutiles. La segunda posibilidad, algo más complicada, es que se decida no publicar esa novela, pero se muestre un sincero interés por un autor aún verde que promete madurar. La tercera, lejana y casi onírica, es que un montón de meses después se publique la obra. es posible, además, que el editor recomiende hacer algunos cambios en la novela, aunque la última palabra siempre la tiene el escritor. Por otro lado, existen editoriales que promueven la autoedición y afirman que también poseen un comité de lectores. por lo general es falso, pero el escritor que paga prefiere creérselo.
España está a la cabeza mundial en cuanto a la producción de libros. Unos cincuenta mil nuevos títulos aparecen en nuestras librerías anualmente. De esa cantidad, diez mil son literarias. No es que cada editorial publique muchos libros, sino que en España hay muchas editoriales y es difícil que una buena obra pase desapercibida. Quién crea que los cuatro grandes nombres del sector acaparan el grueso de la publicación peninsular es un error. Ciertamente, todo proyecto de escritor debe apuntar a las editoriales más importantes, pero, descartadas éstas, hay que bajar el listón. Muchos de los llamados autores revelación fueron primero rechazados por los popes de la edición, pero respaldados por pequeños empresarios del mundillo. Valgan como ejemplo Juan Manuel de Prada, Antonio Álamo o Juan Bonilla.
La cantidad de libros publicados nos da una idea de los libros rechazados. Por ejemplo, de unas cuatrocientas novelas recibidas anualmente por una editorial, se publican unas cincuenta. Para seleccionar las obras que han de ver la luz, las pestañas de los lectores están más que quemadas. En la actualidad, M. A-L., traductor, crítico y lector, ha abandonado los manuscritos porque "creo que hay que descansar para no perder los propios referentes". E.Q. se recicla de otra manera: "se lee mucha porquería. Para no perder el criterio, releo mis clásicos de vez en cuando".
Una anécdota escalofriante para los noveles es el rumor que afirma que Patrick Süskind escribió su propia novela basándose en la idea del escritor rechazado: así nació El perfume. Desconfiar del resto de escritores y demás monstruos relacionados con la literatura es algo usual entre los aspirantes. Para evitarlo muchos envían su manuscrito con el copyright e, incluso, con el mismísimo contrato listo para ser firmado. Para la mayoría de lectores eso es una fantasía propia del escritor frustrado. Las palabras de R.R. son contundentes: "Odio la perversión del razonamiento que conduce a pensar: como no me hacen caso, señal inequívoca de que soy un genio".
Nada más alejado de la realidad.
Algunos consejos a los escritores
1) Visitar una librería y hacer un cuadro que recoja la línea de cada editorial y de sus diferentes colecciones. Seleccionar cuidadosamente dónde podría encajar el libro. no perder tiempo, dinero y esperanzas con las otras.
2) Redactar una carta de presentación escueta: los datos personales y un breve currículum son suficiente. No explicar la vida y milagros ni defender o ensalzar la obra y, sobre todo, no hacer la pelota. La carta de presentación no es otra novela.
3) Cuidar la presentación del manuscrito, facilitar la lectura y tener en cuenta que se valora el contenido, no el continente.
4) Enviar el texto a las editoriales importantes y, si no hay suerte, ir bajando el listón. Contando las editoriales pequeñas, España ofrece muchísimas posibilidades.
5) Esperar. La respuesta suele tardar entre quince días y un mes. Si se retrasa llamar.
6) Solicitar una copia del informe. Seguramente le será denegada, pero inténtelo.
7) Seguir enviando la novela. Algún editor recomienda cambiar el título y el nombre (un seudónimo sirve) y enviarla de nuevo a la editorial que la rechazó, porque el factor suerte juega un papel importante.
Fuente: Dreamers.com. Artículo de Álvaro Colomer
"Cobran poco, ganan enemigos diariamente, trabajan en el anonimato y, sin embargo, son los primeros responsables de cargar de buenos textos los anaqueles de las librerías. Los lectores de las editoriales son la cruz de la moneda, cuya cara son los críticos literarios."
R.R.O. es un chaval de 24 años que ha enviado el manuscrito de su novela a varias editoriales. Ha sido un año de trabajo duro y solitario en el que ha volcado su ilusión y su dinero en el proyecto. Se ha devanado los sesos para encontrar la palabra exacta, expresar las ideas correctamente...La semana pasada recibió respuesta de dos editoriales: no les interesa. "No hay derecho-dice-. Mi novela es mejor que muchas de las ya publicadas, pero como no soy nadie...Estoy seguro de que ni se la han leído". Aunque creerse un genio maltratado le consuele, se equivoca. Actualmente, se puede afirmar que todos los manuscritos enviados a editoriales medianamente serias son leídos. Otro asunto es saber por quién.
Cada editorial cuenta con un comité de lectura encargado de hacer una primera criba del material recibido. Por una siete mil pesetas el libro, los lectores deben valorar la calidad literaria y comercial del producto que tienen delante. Son profesores, críticos, filólogos o profesionales amantes de las letras. Necesitan ser intuitivos, objetivos, severos, confiar en su propio criterio y, como sentencia R.R:, lector de la editorial Lengua de Trapo y de Plaza y Janés, "tener muchísima paciencia, sillones cómodos, poca vida social y unas necesidades económicas mínimas. Además, mucha modestia. Un lector no tiene que expresarse a sí mismo en un informe, sino que debe explicar un libro a alguien que no lo ha leído".R.H., lectora de Debate, añade: "Y saber leer, que no es tan fácil".Tras analizar un manuscrito, el lector realiza un breve informe donde resume el argumento del libro, valora su calidad literaria, lo engloba en un género, puntúa su originalidad y lo sitia dentro de la línea editorial de la empresa. Este último punto es clave: antes de enviar un texto, el aspirante a escritor debe conocer las colecciones y el mercado al que se dirige la editorial. Si el informe es positivo, se entrará en un proceso de lecturas cruzadas para contrastar opiniones y, al final, el editor decidirá si lee él mismo el texto. "A mi me puede interesar un lector que lea mal porque me orienta", dice C.B. editor de Debate, para quién la sintonía editor-lector es la clave. Pese a todo, muchos manuscritos son desechados tras una lectura sesgada. Con veinte o treinta páginas se puede percibir perfectamente la calidad del texto que ha llegado a la editorial.
Pero R., nuestro escritor bisoño, desconfía de las editoriales. Muchas son las anécdotas capaces de desacreditar el ingrato trabajo de los lectores. Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, fue rechazado varias veces antes de alcanzar su merecida fama. Y ni que hablar del camino recorrido por Cien años de soledad.
Porque, aparte de lectores, estos profesionales son humanos y, como tales, pueden cometer errores. Es más morboso, y más fácil, contar los fallos que los aciertos. "Cuando era más ingenuo, entregaba una copia de los informes a los escritores -afirma J.H., editor de Lengua de Trapo-, pero los lectores lo sabían y los escribían con menos frescura".
Maneras de decir "no"
Hacia los años setenta, la escritora Marguerite Durás mandó a su editor francés una novela que él mismo había publicado años atrás. Durás había cambiado el título y firmaba con seudónimo. La novela fué rechazada. También a Doris Lessing le fue devuelta una novela con seudónimo. Inmediatamente después de reconocer su autoría, el libro salió a la venta. Aunque la mayoría de editores reconocen mirar los datos del escritor, tanto por cazar talentos como por asegurar ventas, los lectores evitan hacerlo.
Los manuscritos enviados siempre van acompañados de una carta donde el escritor, en cuatro líneas debe presentarse. Ahora está de moda enviar una foto junto al manuscrito y también firmar con seudónimo. "Hay escritores que presentan manuscritos con las portadas llenas de dibujitos y esas cosas. Sólo con la presentación ya sabes si contiene tonterías o literatura", afirma C.B. E.Q., lectora de cinco editoriales, recuerda una carta en la que la madre del aspirante detallaba la depresión en la que estaba sumido su hijo por culpa de la novela. Para evitar este tipo de presiones, así como amiguismos o represalias -que las ha habido-, los cribadores editoriales suelen trabajar desde el anonimato.
Aproximadamente un mes después de recibir la obra, el editor responderá al impaciente escritor. Pueden ocurrir tres cosas: la primera es que la novela sea cortésmente rechazada. R.R., que aparte de ser lector acaba de publicar su tercera novela, La fórmula Omega, dice: "Odio las cartas de rechazo que comienzan: «Independientemente de la calidad de la obra...» He recibido muchas y siempre he pensado: ¡Coño!, entonces, ¿de qué se trata, si no es precisamente de la calidad de la obra?". Los editores saben que están rechazando proyectos cargados de ilusión, por lo que tratan de ser sutiles. La segunda posibilidad, algo más complicada, es que se decida no publicar esa novela, pero se muestre un sincero interés por un autor aún verde que promete madurar. La tercera, lejana y casi onírica, es que un montón de meses después se publique la obra. es posible, además, que el editor recomiende hacer algunos cambios en la novela, aunque la última palabra siempre la tiene el escritor. Por otro lado, existen editoriales que promueven la autoedición y afirman que también poseen un comité de lectores. por lo general es falso, pero el escritor que paga prefiere creérselo.
España está a la cabeza mundial en cuanto a la producción de libros. Unos cincuenta mil nuevos títulos aparecen en nuestras librerías anualmente. De esa cantidad, diez mil son literarias. No es que cada editorial publique muchos libros, sino que en España hay muchas editoriales y es difícil que una buena obra pase desapercibida. Quién crea que los cuatro grandes nombres del sector acaparan el grueso de la publicación peninsular es un error. Ciertamente, todo proyecto de escritor debe apuntar a las editoriales más importantes, pero, descartadas éstas, hay que bajar el listón. Muchos de los llamados autores revelación fueron primero rechazados por los popes de la edición, pero respaldados por pequeños empresarios del mundillo. Valgan como ejemplo Juan Manuel de Prada, Antonio Álamo o Juan Bonilla.
La cantidad de libros publicados nos da una idea de los libros rechazados. Por ejemplo, de unas cuatrocientas novelas recibidas anualmente por una editorial, se publican unas cincuenta. Para seleccionar las obras que han de ver la luz, las pestañas de los lectores están más que quemadas. En la actualidad, M. A-L., traductor, crítico y lector, ha abandonado los manuscritos porque "creo que hay que descansar para no perder los propios referentes". E.Q. se recicla de otra manera: "se lee mucha porquería. Para no perder el criterio, releo mis clásicos de vez en cuando".
Una anécdota escalofriante para los noveles es el rumor que afirma que Patrick Süskind escribió su propia novela basándose en la idea del escritor rechazado: así nació El perfume. Desconfiar del resto de escritores y demás monstruos relacionados con la literatura es algo usual entre los aspirantes. Para evitarlo muchos envían su manuscrito con el copyright e, incluso, con el mismísimo contrato listo para ser firmado. Para la mayoría de lectores eso es una fantasía propia del escritor frustrado. Las palabras de R.R. son contundentes: "Odio la perversión del razonamiento que conduce a pensar: como no me hacen caso, señal inequívoca de que soy un genio".
Nada más alejado de la realidad.
Algunos consejos a los escritores
1) Visitar una librería y hacer un cuadro que recoja la línea de cada editorial y de sus diferentes colecciones. Seleccionar cuidadosamente dónde podría encajar el libro. no perder tiempo, dinero y esperanzas con las otras.
2) Redactar una carta de presentación escueta: los datos personales y un breve currículum son suficiente. No explicar la vida y milagros ni defender o ensalzar la obra y, sobre todo, no hacer la pelota. La carta de presentación no es otra novela.
3) Cuidar la presentación del manuscrito, facilitar la lectura y tener en cuenta que se valora el contenido, no el continente.
4) Enviar el texto a las editoriales importantes y, si no hay suerte, ir bajando el listón. Contando las editoriales pequeñas, España ofrece muchísimas posibilidades.
5) Esperar. La respuesta suele tardar entre quince días y un mes. Si se retrasa llamar.
6) Solicitar una copia del informe. Seguramente le será denegada, pero inténtelo.
7) Seguir enviando la novela. Algún editor recomienda cambiar el título y el nombre (un seudónimo sirve) y enviarla de nuevo a la editorial que la rechazó, porque el factor suerte juega un papel importante.
Fuente: Dreamers.com. Artículo de Álvaro Colomer
15/06/2010
De voces narrativas y voces reivindicativas
De voces narrativas:
Como muchos sabéis estoy trabajando en una obra de encargo que comprende una serie de años de un político local que se enfrenta a la lucha contra una multinacional por la defensa del medio ambiente.
El caso es que inicié la redacción en primera persona porque consideré que sería la que mejor reflejaría las memorias y recuerdos, pero me topé con un problema: El cliente quiere darle más "aire de novela". Pensé que no habría problema en usar la primera persona como voz narrativa, pero con el paso del tiempo (casi 100 páginas redactadas) me he dado cuenta de que esa voz me dificulta la interacción con historias paralelas (no me ha sucedido antes, pero con esta historia, sí).
Así pues, retomé la reescritura en tercera persona, cosa que me ha facilitado darle aire fresco a la narración, pues corría el riesgo de asemejarse a alguno de esos libros de políticos que glosan su trayectoria y nada más.
Así que en realidad lo que estoy haciendo es una novela "basada en hechos reales", en la que algunos hechos serán literales, otros ficticios y otros basados en la realidad, acercándome más al deseo principal de mi cliente.
De voces reivindicativas:
Para evitar que mis ánimos reivindicativos afecten a este blog, he creado uno paralelo: Papeles volanderos, donde encontraréis imágenes, noticias, canciones, poemas, relatos o expresiones que me gusten, me inspiren, me eleven o me impulsen. Encontrados aquí o allá, se irán apilando hasta formar un legajo de buenas intenciones.
En este nuevo blog encontraréis además una papelera virtual donde iré colocando los papeles volanderos que contengan cosas que me indignan, me sublevan o me entristecen.
De este modo, Los Manuscritos del Caos se limitará a su función literaria, que es por lo que fue creado.
Gracias por estar ahí.
Como muchos sabéis estoy trabajando en una obra de encargo que comprende una serie de años de un político local que se enfrenta a la lucha contra una multinacional por la defensa del medio ambiente.
El caso es que inicié la redacción en primera persona porque consideré que sería la que mejor reflejaría las memorias y recuerdos, pero me topé con un problema: El cliente quiere darle más "aire de novela". Pensé que no habría problema en usar la primera persona como voz narrativa, pero con el paso del tiempo (casi 100 páginas redactadas) me he dado cuenta de que esa voz me dificulta la interacción con historias paralelas (no me ha sucedido antes, pero con esta historia, sí).
Así pues, retomé la reescritura en tercera persona, cosa que me ha facilitado darle aire fresco a la narración, pues corría el riesgo de asemejarse a alguno de esos libros de políticos que glosan su trayectoria y nada más.
Así que en realidad lo que estoy haciendo es una novela "basada en hechos reales", en la que algunos hechos serán literales, otros ficticios y otros basados en la realidad, acercándome más al deseo principal de mi cliente.
De voces reivindicativas:
Para evitar que mis ánimos reivindicativos afecten a este blog, he creado uno paralelo: Papeles volanderos, donde encontraréis imágenes, noticias, canciones, poemas, relatos o expresiones que me gusten, me inspiren, me eleven o me impulsen. Encontrados aquí o allá, se irán apilando hasta formar un legajo de buenas intenciones.
En este nuevo blog encontraréis además una papelera virtual donde iré colocando los papeles volanderos que contengan cosas que me indignan, me sublevan o me entristecen.
De este modo, Los Manuscritos del Caos se limitará a su función literaria, que es por lo que fue creado.
Gracias por estar ahí.
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