Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)

24/07/2010

Verano



En las tardes azules de verano
iré por los senderos,
picoteado por el trigo,
pisando la hierba menuda:
soñador,
sentiré su frescura en mis pies.
Dejaré que el viento
bañe mi cabeza desnuda.

Ya no hablaré
ni pensaré nada,
pero el amor infinito
ascenderá en mi alma,
e iré lejos,
muy lejos,
igual que un bohemio,
por la Naturaleza,
feliz como junto a una mujer

Arthur Rimbaud (Sensación, 1870)

Summer of '69


Oda al verano, por Pablo Neruda:

Verano, violín rojo,
nube clara,
un zumbido
de sierra
o de cigarra
te precede,
el cielo
abovedado,
liso, luciente como
un ojo,
y bajo su mirada,
verano,
pez del cielo
infinito,
élitro lisonjero,
perezoso
letargo
barriguita
de abeja,
sol endiablado,
sol terrible y paterno,
sudoroso
como un buey trabajando,
sol seco
en la cabeza
como un inesperado
garrotoazo,
sol de la sed
andando
por la arena,
verano,
mar desierto,
el minero
de azufre
se llena
se llena
de sudor amarillo,
el aviador
recorre
rayo a rayo
el sol celeste,
sudor
negro
resbala
de la frente
a los ojos
en la mina
de Lota,
el minero
se restriega
la frente
negra,
arden
las sementeras,
cruje
el trigo,
insectos
azules
buscan
sombra,
tocan
la frescura,
sumergen
la cabeza
en un diamante.

Oh verano
abundante,
carro
de
manzanas
maduras,
boca
de fresa
en la verdura, labios
de ciruela salvaje,
caminos
de suave polvo
encima del polvo,
mediodía,
tambor
de cobre rojo,
y en la tarde
descansa
el fuego,
el aire
hace bailar
el trébol, entra
en la usina desierta,
sube
una estrella
fresca
por el cielo
sombrío,
crepita
sin quemarse
la noche
del verano.

Y para terminar, la canción de este verano:
The Triangles (videoclip grabado en Menorca, mi verano del año pasado)



Dentro de unos días mi verano se llamará Ibiza:




¡Hasta la vuelta!

22/07/2010

Gloria Fuertes -Autobiografía en poema

Quién no recuerda con cariño a esta niña grande...




AUTOBIOGRAFÍA por Gloria Fuertes

Gloria Fuertes nació en Madrid
A los dos días de edad,
Pues fue muy laborioso el parto de mi madre
Que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
Y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
Alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
Y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
Y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
Pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salí una oficina,
Donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
Y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
Y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
Escribo en un periódico de niños,
Y quiero comprarme a plazos una flor natural
Como las que le dan a Pemán algunas veces.


Y en clave de humor, como le gustaba a nuestra querida poetisa: Jesús Hermida entrevista a Gloria Fuertes (by Martes y Trece):

20/07/2010

Consejos a un joven novelista

Consejos de Mario Vargas Llosa:


Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda.

No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción.

La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio.

En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario.

La ficción es, por definición, una impostura -una realidad que no es y sin embargo finge serlo- y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros.

En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas.

El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos novelistas).

La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos cuenta.

La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.

La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético.

La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata.

Para contar por escrito una historia, todo novelista inventa a un narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa novela.

El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del novelista da apariencia de objetividad, consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y diferencie del mundo real.

Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela.

Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin.

16/07/2010

España, 2025 ¿Un futuro posible?

Año 2025. El tribunal de selección del premio Nobel de Literatura anuncia la concesión a un español. Asímismo concede también a otro español el premio Nobel de Medicina y uno más, el de Economía.
Tres premios Nobel para tres españoles en un mismo año (la nueva Ley de Educación ha funcionado, ¡finalmente!)

Tele-Film&Co retransmite la ceremonia de entrega, los especiales pre-acto, las tertulias posteriores. Se llenan las cadenas con las declaraciones de los premiados: las gentes comienzan a saturar las calles de Estocolmo para asistir a la ceremonia pagando sustanciosas sumas en vuelos que les permitirán pasar unas horas celebrando y honrando a los tres premiados que acaban de aportar grandes cosas para la humanidad. Jorge Javier Vázquez realiza un especial Sálvame de Luxe donde recibirá a los premiados (Belén Esteban, que acaba de finalizar su Grado de Humanidades, va preparando sus preguntas.)

Cuando los tres premios Nobel vuelven de Estocolmo, una gran masa de gente enfervorizada sale a las calles para recibir el autobús donde la organización los pasea para que reciban los vítores y los aplausos. Siguen los especiales en Tele-Film&Co y en los bares no se habla de otra cosa que de las novelas de la premio Nobel de Literatura (¿no lo había dicho antes? Sí, es mujer.); de los avances que supondrán los últimos estudios sobre el Alzheimer del reciente premio Nobel español de Medicina y de las mejoras económicas que supondrán un cambio en la sociedad de nuestro laureado premio Nobel de Economía.

Todo el mundo se felicita. Todo el mundo se compra camisetas con el número del carnet de la biblioteca de los 3 Magníficos como ya han sido llamados. España progresa en la cultura. España y el mundo, avanzan.
.......
Ay...que lo soñé. Ay...que los vítores de estos días pasados eran para once millonarios con una camiseta roja dedicados a dar patadas a un balón para que entre en una portería. Ay...que estamos en el año 2010...

Los 7 Premios Nobel Españoles (Cinco de Literatura)

15/07/2010

Test literario de autoconocimiento

Este es un test literario que te permitirá averiguar tendencias que te caractericen y que podrían orientarte en tu autoconocimiento e incidir a la hora de seleccionar mejor tus lecturas o afirmarte en el campo de la escritura.

Imagen: Estudio de Rudyard Kipling

• ¿ Cuál de estos comienzos eliges?
Elige uno y continúa.

1. De Felisberto Hernández, El cocodrilo.

En una noche de otoño hacía un calor húmedo y yo fui a una
ciudad que me era casi desconocida; la poca luz de las calles
estaba atenuada por la humedad y por algunas hojas de los
árboles. Entré a un café que estaba cerca de una iglesia, me
senté a una mesa del fondo y pensé en mi vida.


2. De Patricia Highsmith, Pájaros a punto de volar:

Todas las mañanas, Don miraba el buzón, pero nunca había
carta de ella.
No habrá tenido tiempo, se decía.


3. De Samuel Butler, El destino de la carne.

Uno de los recuerdos que conservo de cuando era pequeño, a
comienzos de siglo, es el de un anciano que llevaba pantalones
hasta la rodilla y medias de estambre, y que solía andar co-
jeando por las calles de nuestro pueblo con ayuda de un bastón.


4. De José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reís.

Aquí acaba el mar y empieza la tierra. Llueve sobre la ciudad
pálida, las aguas del río corren turbias de barro, están inun-
dadas las arboledas de la orilla. Un barco oscuro asciende entre
ejlujo soturno, es el Highland Brigade que va a atracar en el
muelle de Alcántara.


5. De Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio

Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No
me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho «Amador».
Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono.
¿Algún otro comienzo no especificado aquí? ¿Cuál?


• ¿ Cuál de estos argumentos prefieres?

1. Uno que gira alrededor de las sospechas que suscita el protagonista desde que entra a una fiesta con un oscuro portafolio en el que nadie sabe muy bien lo que se esconde.
2. Uno que se centra en dos mujeres muy parecidas que nunca se conocen, pero las conoce el lector.
3. Uno que cuenta la historia de un hombre que ante el desamor de una mujer parte hacia tierras lejanas.
4. Uno que habla de la injusticia cometida en torno a un pueblo milenario cuyos habitantes son pacíficos y solidarios.
5. Uno en el que la protagonista consigue pasar de la sombra al reconocimiento social.
6. ¿Algún otro tipo de argumento no especificado aquí? ¿Cuál?


• ¿ Cuál de estos diálogos eliges?

l.
-¿ Tienes repuestos para esta Pluma?
Eso fue lo que le pregunté, sacando de mi bolsillo una Pluma
alemana que había comprado en Bruselas y que me gusta
mucho porque la Plumilla es negra y mate.
-A ver -dijo ella, y abrió la pluma y miró el cartucho casi
vacío-. Me parece que no, pero espera, voy a mirar en las cajas
de arriba.
JAVIER MARÍAS, Corazón tan blanco

2.
-Pero ¿ cuánta cinta tienes aquí? -preguntó el vampiro y se dio
vuelta para que el muchacho pudiera verle el perfil-o
¿ Suficiente para la historia de una vida?
-Desde luego, si es una buena vida. A veces entrevisto
hasta tres o cuatro personas en una noche si tengo suerte.
Pero tiene que ser una buena historia. Eso es justo, ¿ no le
parece?
-Sumamente justo -contestó el oampiro-. Me gustaría con-
tarte la historia de mi vida. Me gustaría mucho.
ANNE RICE, Confesiones de un vampiro

3.
-El punto de cruz hecho con hilo marrón sobre la tela de hilo
color crudo, por eso te quedó tan lindo el mantel.
-Me dio más trabajo este mantel que el juego de carpetas, que
son ocho pares... si pagaran mejor las labores me convendría
tomar una sirvienta con cama y dedicar más tiempo a labores,
una vez hecha la clientela ¿ no te parece?
-Las labores parece que no cansaran pero después de unas
horas se siente la espalda que está un poco dolorida.
MANUEL PUIG, La traición de Rita Hayworth

4.
¿Algún otro tipo de diálogo no especificado aquí? ¿Cuál?



• ¿ Con cuál de las siguientes manifestaciones de dis-
tintos escritores te identificas y con cuáles discrepas?

«La creación se da cuando coincide la circunstancia
exterior con la circunstancia del corazón.»
PAUL ÉLUARD

«El no saber sabiendo es la característica de la poesía, el
poeta muchas veces se sorprende de lo que escribe y se
entera de lo que le pasa leyendo lo que escribió.»
JUAN GELMAN

«Escribir es un ocio muy trabajoso.»
GOETHE

«Repetir cosas ya dichas y hacer creer a la gente que las
lee por primera vez; en eso consiste el arte de escribir»
REMY DE GOURMONT

«Amo, odio, vivo, muero, sueño ... y con todo eso hay
que hacer una literatura infinita,.
ROLAND BARTHES

«El hombre que escribe sobre sí mismo y sobre su tiem-
po, es el único que escribe sobre todo el mundo y sobre
todas las épocas.»
G.B. SHAW

«La papelera es el primer mueble en el estudio del escri-
tor»
ERNEST HEMINGWAY

«En literatura no hay temas buenos ni malos, hay tan
sólo temas bien o mal tratados.»
JULIO CORTÁZAR

«La literatura está llena de cosas inútiles absolutamente
necesarias. »
ROSA MONTERO

«La literatura es mentir bien la verdad..
JUAN CARLOS ONETTI

«Tiemblo por no haber escrito más que un suspiro,
cuando creí haber descubierto una verdad..
STENDHAL

«A veces, difuminar las fronteras entre historia y ficción,
y terminar no pudiendo diferenciar bien lo real de lo
imaginado, resulta fuente de especial placer»
ARTURO PÉREZ REVERTE

«La creacion se da cuando coincide la circunstancia
exterior con la circunstancia del corazón..
PAUL ÉLUARD



Las conclusiones a este test deberás sacarlas a partir de tus respuestas. Analiza cada respuesta elegida desde el punto de vista temático y apunta tu análisis. Con el conjunto de análisis realizados tendrás una especie de artículo en el que habrá seguramente un común denominador que te define.
Por lo tanto:

Define cómo es tu elección en cuanto a argumento, tipo de situación, lenguaje y todo aquello que te sugiera datos para tu análisis.

¿Encuentras algún tipo de coincidencias entre los materiales que has escogido?
¿Cuáles?

Explica exactamente qué han desencadenado en ti estas elecciones y si encuentras alguna relación con lo que te han provocado algunos apartados de este libro.

Relee esos apartados y trata de entender con qué aspecto tuyo personal se vincula ese interés percibido.

¡Feliz escritura!

12/07/2010

Porqué escribo, por George Orwell

Por qué escribo
George Orwell



Desde muy corta edad, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor. Entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros.

Era yo el segundo de tres hermanos, pero me separaban de cada uno de los dos cinco años, y apenas vi a mi padre hasta que tuve ocho. Por ésta y otras razones me hallaba solitario, y pronto fui adquiriendo desagradables hábitos que me hicieron impopular en mis años escolares. Tenía la costumbre de chiquillo solitario de inventar historias y sostener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio se mezclaron mis ambiciones literarias con la sensación de estar aislado y de ser menospreciado. Sabía que las palabras se me daban bien, así como que podía enfrentarme con hechos desagradables creándome una especie de mundo privado en el que podía obtener ventajas a cambio de mi fracaso en la vida cotidiana. Sin embargo, el volumen de escritos serios, es decir, realizados con intención seria, que produje en toda mi niñez y en mis años adolescentes, no llegó a una docena de páginas. Escribí mi primer poema a la edad de cuatro o cinco años (se lo dicté a mi madre). Tan sólo recuerdo de esa "creación" que trataba de un tigre y que el tigre tenía "dientes como de carne", frase bastante buena, aunque imagino que el poema sería un plagio de "Tigre, tigre", de Blake. A mis once años, cuando estalló la guerra de 1914-1918, escribí un poema patriótico que publicó el periódico local, lo mismo que otro, de dos años después, sobre la muerte de Kitchener. De vez en cuando, cuando ya era un poco mayor, escribí malos e inacabados "poemas de la naturaleza" en estilo georgiano. También, unas dos veces, intenté escribir una novela corta que fue un impresionante fracaso. Ésa fue toda la obra con aspiraciones que pasé al papel durante todos aquellos años.

Sin embargo, en ese tiempo me lancé de algún modo a las actividades literarias. Por lo pronto, con material de encargo que produje con facilidad, rapidez y sin que me gustara mucho. Aparte de los ejercicios escolares, escribí vers d'occasion, poemas semicómicos que me salían en lo que me parece ahora una asombrosa velocidad -a los catorce escribí toda una obra teatral rimada, una imitación de Aristófanes, en una semana aproximadamente- y ayudé en la redacción de revistas escolares, tanto en los manuscritos como en la impresión. Esas revistas eran de lo más lamentablemente burlesco que pueda imaginarse, y me molestaba menos en ellas de lo que ahora haría en el más barato periodismo. Pero junto a todo esto, durante quince años o más, llevé a cabo un ejercicio literario: ir imaginando una "historia" continua de mí mismo, una especie de diario que sólo existía en la mente. Creo que ésta es una costumbre en los niños y adolescentes. Siendo todavía muy pequeño, me figuraba que era, por ejemplo, Robin Hood, y me representaba a mí mismo como héroe de emocionantes aventuras, pero pronto dejó mi "narración" de ser groseramente narcisista y se hizo cada vez más la descripción de lo que yo estaba haciendo y de las cosas que veía. Durante algunos minutos fluían por mi cabeza cosas como estas: "Empujo la puerta y entró en la habitación. Un rayo amarillo de luz solar, filtrándose por las cortinas de muselina, caía sobre la mesa, donde una caja de fósforos, medio abierta, estaba junto al tintero. Con la mano derecha en el bolsillo, avanzó hacia la ventana. Abajo, en la calle, un gato con piel de concha perseguía una hoja seca", etc., etc. Este hábito continuó hasta que tuve unos veinticinco años, cuando ya entré en mis años no literarios. Aunque tenía que buscar, y buscaba las palabras adecuadas, daba la impresión de estar haciendo contra mi voluntad ese esfuerzo descriptivo bajo una especie de coacción que me llegaba del exterior. Supongo que la "narración" reflejaría los estilos de los varios escritores que admiré en diferentes edades, pero recuerdo que siempre tuve la misma meticulosa calidad descriptiva.

Cuando tuve unos dieciséis años descubrí de repente la alegría de las palabras; por ejemplo, los sonidos v las asociaciones de palabras. Unos versos de Paraíso perdido, que ahora no me parecen tan maravillosos, me producían escalofríos. En cuanto a la necesidad de describir cosas, ya sabía a qué atenerme. Así, está claro qué clase de libros quería yo escribir, si puede decirse que entonces deseara yo escribir libros. Lo que más me apetecía era escribir enormes novelas naturalistas con final desgraciado, llenas de detalladas descripciones y símiles impresionantes, y también llenas de trozos brillantes en los cuales serían utilizadas las Palabras, en parte, por su sonido. Y la verdad es que la primera novela que llegué a terminar, Días de Birmania, escrita a mis treinta años pero que había proyectado mucho antes, es más bien esa clase de libro.


Doy toda esta información de fondo porque no creo que se puedan captar los motivos de un escritor sin saber antes su desarrollo al principio. Sus temas estarán determinados por la época en que vive -por lo menos esto es cierto en tiempos tumultuosos y revolucionarios como el nuestro-, pero antes de empezar a escribir habrá adquirido una actitud emotiva de la que nunca se librará por completo. Su tarea, sin duda, consistirá en disciplinar su temperamento y evitar atascarse en una edad inmadura, o en algún perverso estado de ánimo: pero si escapa de todas sus primeras influencias, habrá matado su impulso de escribir. Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concretamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:


1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.

Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.

2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.

3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.

4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.


Puede verse ahora cómo estos varios impulsos luchan unos contra otros y cómo fluctúan de una persona a otra y de una a otra época. Por naturaleza -tomando "naturaleza" como el estado al que se llega cuando se empieza a ser adulto- soy una persona en la que los tres primeros motivos pesan más que el cuarto. En una época pacífica podría haber escrito libros ornamentales o simplemente descriptivos y casi no habría tenido en cuenta mis lealtades políticas. Pero me he visto obligado a convertirme en una especie de panfletista. Primero estuve cinco años en una profesión que no me sentaba bien (la Policía Imperial India, en Birmania), y luego pasé pobreza y tuve la impresión de haber fracasado. Esto aumentó mi aversión natural contra la autoridad y me hizo darme cuenta por primera vez de la existencia de las clases trabajadoras, así como mi tarea en Birmania me había hecho entender algo de la naturaleza del imperialismo: pero estas experiencias no fueron suficientes para proporcionarme una orientación política exacta. Luego llegaron Hitler, la guerra civil española, etc.

Éstos y otros acontecimientos de 1936-1937 habían de hacerme ver claramente dónde estaba. Cada línea seria que he escrito desde 1936 lo ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo. Me parece una tontería, en un periodo como el nuestro, creer que puede uno evitar escribir sobre esos temas. Todos escriben sobre ellos de un modo u otro. Es sencillamente cuestión del bando que uno toma y de cómo se entra en él. Y cuanto más consciente es uno de su propia tendencia política, más probabilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar la propia integridad estética e intelectual.

Lo que más he querido hacer durante los diez años pasados es convertir los escritos políticos en un arte. Mi punto de partida siempre es de partidismo contra la injusticia. Cuando me siento a escribir un libro no me digo: "Voy a hacer un libro de arte". Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es lograr que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética. El que repase mi obra verá que aunque es propaganda directa contiene mucho de lo que un político profesional consideraría inmaterial. No soy capaz, ni me apetece, de abandonar por completo la visión del mundo que adquirí en mi infancia. Mientras siga vivo y con buena salud seguiré concediéndole mucha importancia al estilo en prosa, amando la superficie de la Tierra. Y complaciéndome en objetos sólidos y trozos de información inútil. De nada me serviría intentar suprimir ese aspecto mío. Mi tarea consiste en reconciliar mis arraigados gustos y aversiones con las actividades públicas, no individuales, que esta época nos obliga a todos a realizar.

No es fácil. Suscita problemas de construcción y de lenguaje e implica de un modo nuevo el problema de la veracidad. He aquí un ejemplo de la clase de dificultad que surge. Mi libro sobre la guerra civil española, Homenaje a Cataluña, es, desde luego, un libro decididamente político, pero está escrito en su mayor parte con cierta atención a la forma y bastante objetividad. Procuré decir en él toda la verdad sin violentar mi instinto literario. Pero entre otras cosas contiene un largo capítulo lleno de citas de periódicos y cosas así, defendiendo a los trotskistas acusados de conspirar con Franco. Indudablemente, ese capítulo, que después de un año o dos perdería su interés para cualquier lector corriente, tenía que estropear el libro. Un crítico al que respeto me reprendió por esas páginas: "¿Por qué ha metido usted todo eso?", me dijo. "Ha convertido lo que podía haber sido un buen libro en periodismo." Lo que decía era verdad, pero tuve que hacerlo. Yo sabía que muy poca gente en Inglaterra había podido enterarse de que hombres inocentes estaban siendo falsamente acusados. Y si esto no me hubiera irritado, nunca habría escrito el libro.

De una u otra forma este problema vuelve a presentarse. El problema del lenguaje es más sutil y llevaría más tiempo discutirlo. Sólo diré que en los últimos años he tratado de escribir menos pintorescamente y con más exactitud. En todo caso, descubro que cuando ha perfeccionado uno su estilo, ya ha entrado en otra fase estilística. Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, de fundir el propósito político y el artístico. No he escrito una novela desde hace siete años, aunque espero escribir otra enseguida.

Seguramente será un fracaso -todo libro lo es-, pero sé con cierta claridad qué clase de libro quiero escribir.

Mirando la última página, o las dos últimas, veo que he hecho parecer que mis motivos al escribir han estado inspirados sólo por el espíritu público. No quiero dejar que esa impresión sea la última. Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el mismo fondo de sus motivos hay un misterio. Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender. Por lo que uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un bebé lloriquear para llamar la atención. Y, sin embargo, es también cierto que nada legible puede escribir uno si no lucha constantemente por borrar la propia personalidad. La buena prosa es como un cristal de ventana. No puedo decir con certeza cuál de mis motivos es el más fuerte, pero sé cuáles de ellos merecen ser seguidos. Y volviendo la vista a lo que llevo escrito hasta ahora, veo que cuando me ha faltado un propósito político es invariablemente cuando he escrito libros sin vida y me he visto traicionado al escribir trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías.


Agradecimientos a Ciudad Seva

05/07/2010

Sustantivo + adjetivo= Pitillo

En una entrevista a Josep Pla, el periodista le hablaba de su maestría juntando sustantivos y adjetivos.
Pla respondió a eso:
-Por eso fumo.

No era una salida por la tangente tan habitual en el escritor, sino que creo que se refería a que el trabajo que le costaba unir sustantivos con los adjetivos adecuados le provocaba fumar; es decir, necesitaba el pitillo para conseguir la concentración necesaria.

Otros escritores tiene a su lado una copa de whisky, otros apuran taza tras taza de té o café, otros mascan chicle, otros escuchan música.

¿Qué haces tú para conseguir unir sustantivos y adjetivos con el mejor acierto?

03/07/2010

El orden de las palabras

Sgeún un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la úicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la útlima ltera estén ecsritas en la psioción cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aún pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por sí msima snio la paalbra cmoo un tdoo. Pesornamelnte me preace icrneílbe...


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