Sácate de la cabeza eso de ser un escritor maldito. Olvídate de la vida de Hemingway, arranca ese póster que tienes pegado en tu pieza y sólo lee sus libros. Te recomiendo los cuentos de Nick Adams. Descansa del invento de Bukowski. Alguien lo elevó a la categoría de maestro sólo para justificar su vida llena de excesos. Nadie puede tener tanto sexo pasando todo el tiempo borracho. No creas que siendo maldito vas a escribir mejor.
No creas que te llegará la fama haciéndote el malo. Harás el ridículo por montones (en realidad, seguirás haciéndolo) y perderás a los pocos amigos que aún tienes. Bota todas tus botellas de alcohol que guardas en la despensa. También las drogas. Y deja de andar haciéndote el ebrio. Ya nadie te cree. Duerme harto, come bien, da largas caminatas. Aprovecha la oportunidad de ser una de las pocas personas en el mundo que no tiene que trabajar para vivir. Toma el sol, patea una pelota, respira profundo. Y luego de que te sientas bien y hayas recuperado la decena de kilos que has perdido, piensa algo en que escribir. Y si escribes, hazlo en pleno estado de lucidez. Tu libros anteriores son buenos, pero puedes hacer uno mucho mejor.
¿Quieres el reconocimiento de tus pares? Trabaja en tus textos. La escritura automática no existe. La inspiración tampoco. Si quieres puedes seguir escribiendo sobre zombis, psicópatas y drogadictos, pero hazlo con pasión. Que los personajes den sombra, como dice Vargas Llosa, aunque sean muertos vivientes. Y por sobre todo, manda al diablo a esos viejos poetas amigos tuyos. Ellos están perdidos. Ni siquiera están escribiendo. Deja de alimentarles el ego. La esquizofrenia de ellos no tiene por qué ser la tuya. Tú eres joven. Estás a tiempo. Hazle caso a tu psiquiatra, a tu familia, a tus amigos.
¿Odias que te llamen loco? Entonces no te comportes como tal. Deja de pelearte con todo el mundo. Destruir librerías no es un acto poético. Muchos te han metido ideas equivocadas en la cabeza. Te repito, no empuñes más tus manos. Te he visto la cara hinchada demasiadas veces. Lávate el pelo, cámbiate ropa y sale a dar una vuelta a algún parque. Tiempo tienes de sobra. Observa a la gente. Deja la literatura de lado por un momento. No vayas a cafés a encontrarte con cualquiera que se crea poeta. Descansa de ir a lanzamientos de libros de autores que ni siquiera has leído. No busques que la gente sólo hable maravillas sobre tus textos. Acepta las críticas negativas. A veces esas críticas son acertadas y ayudan a mejorar tu trabajo. Conversa de otros temas que sean de ti mismo. Insisto, observa a la gente. A las parejas, a los ancianos, a los niños. Hazte amigo de un perro callejero y cuéntale tus planes. Dile que quieres ser un gran escritor, un escritor de fuste. Cuéntale que tienes un talento enorme, pero que ese talento no sirve de nada si un día amaneces acuchillado en un callejón. El perro te entenderá. Él sabe mejor que tú lo que es la vida. Discúlpate con todas las personas a las que has dañado. Tu vida ha sido dura, lo sé. La muerte ha merodeado exageradamente en tu familia. La pena es grande. Bueno, y la pena provoca angustia y la vida se vuelve una locura. Debes huir del hoyo y reconstruirte. No conozco a nadie que haya tenido tantas oportunidades como para enderezar el rumbo como tú.
Búscate una pega. El exceso de ocio es tu peor aliado. ¿Sabías que Bolaño, uno de tus escritores favoritos, trabajó en innumerables oficios antes de poder vivir de la literatura? Conserje y guardia nocturno, por ejemplo. Hemingway fue corresponsal de guerra. Bukowski cartero. Estudia inglés. Entra a un taller de bonsái. Teje a crochet. Pero haz algo.
La literatura es todo, gritas a los cuatro vientos. Ok. Como tú digas. Pero ojo, la literatura salva, no condena. La literatura es un salvavidas, no es un ancla que te lleva hacia el fondo. Por un momento visualiza que, a lo mejor, quién sabe, en una de ésas, la literatura no es todo. De repente es bueno sacar la cabeza por la ventana, ver una mala película, vibrar con un partido de fútbol, enamorar sutilmente a una linda chica. Luego puedes, si quieres, escribir algo sobre eso.
Fuente: Página en blanco
Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)
29/08/2010
25/08/2010
Un poema del Che para 33 mineros
En Chile, en la mina San José, 33 hombres resisten un día más después de permanecer 17 días sepultados entre la incertidumbre y el polvo, a 700 metros de profundidad. Resistieron con algo de comida y el agua que descendía por un canalón del techo del refugio.
Lograron enviar un mensaje a través del tubo de una perforadora y vieron la salvación en sus manos. Pero no saben que su rescate puede durar hasta tres meses. Se les espera en casa por Navidad, pero mientras tanto, han de vivir en dos kilómetros de galerías, rodeados de oro y cobre, recibiendo alimentos y medicinas por un tubo que les comunica con el exterior mientras sus horas están llenas de calor y polvo que asciende por el hueco de la perforadora hasta mezclarse con el aliento que les insuflan sus familiares que esperan en el "Campamento Esperanza". Un aliento que es el de todo el mundo.
Hoy no está de más publicar el poema del "CHE" Guevara dedicado a los mineros:
Salen de una caverna
colgada en la montaña.
Son enjambres de topos
que llegan a morir
sin miedo a la metralla.
Morir, tal la palabra
que es norte de sus días;
morir despedazado,
morir de silicosis,
morir lenta agonía
en la cueva derrumbada………
Pero como siempre hay espacio para la esperanza, os dejo con el Canto al Minero Nortino:
Inés Fernández Montero-16 Mayo 1957Canto del Minero Nortino Y hay que ver como se baten |
23/08/2010
Escritores malditos: Yukio Mishima
Iniciamos una nueva serie de biografías de escritores. En esta ocasión nos centraremos en los "escritores malditos", aquellos cuya firma es inmortal. Pasen y lean...
Yukio Mishima, por Javier Memba
Prácticamente reducido al ecuador de los años 80, cuando el estrenó de la película de Paul Schrader -«Mishima» (1984)- y la reedición de la traducción de Juan Marsé de «El pabellón de oro» (Seix Barral, 1963, 1985) llamaron la atención de los medios de comunicación sobre él, el interés del lector español medio por la obra de Yukio Mishima puede calificarse de tibio. Según parece, el novelista y dramaturgo nipón viajó por nuestro país meses antes de quitarse la vida. Es más, incluso se cuenta que llegó a tratar en repetidas ocasiones al doctor Vallejo Nájera, quien aparentemente se nos antoja tan alejado a su torturado colega oriental. Pero, en honor a la verdad, hay que apuntar la obra del escritor, que durante años fue el novelista japonés más conocido en Occidente, en líneas generales, en España ha inspirado la misma indiferencia que el resto de las manifestaciones culturales niponas.
La primera, de las no pocas contradicciones que presenta su biografía, es que, siendo la principal preocupación de su vida y de su obra la preservación de los valores del Japón tradicional, anterior a la occidentalización, Mishima sintiera a la vez la mismo interés por Occidente que Occidente por él. De hecho, los estudiosos de la literatura japonesa, enmarcan su obra dentro de la influida por la impronta occidental.
¿Descendiente de samurais?
El 14 de enero de 1921, cuando Hiraoka Kimitake –Yukio Mishima es un seudónimo– nace, la literatura socialista y pacifista, que ha florecido en el país del Sol naciente desde comienzos de siglo, ha sido atajada violentamente. De los autores que en la estela de Émile Zola no han dudado en escribir contra la guerra ruso japonesa (1905), KotoKu Shusui, el principal de ellos, ha sido condenado a muerte y ejecutado en 1911. Kobayashi Takiji, militante comunista que años después intentará tomar el relevo a Shusui en la novela comprometida, morirá en 1933, al ser torturado por la policía en un interrogatorio. Mientras tanto, el pequeño Mishima, quien pese a pertenecer a la burguesía media se hace pasar por descendiente de una familia de samurais -los samurais serían una de sus principales referencias hasta el final de sus días- se educa en Gakushüin, la escuela por excelencia de la nobleza.
Estudiante universitario aún, cuando el escritor publica sus primeros relatos, la literatura japonesa asiste a una explosión de romántica exaltación nacional, que va preparando el camino de la Segunda Guerra Mundial. Antes de que esta confrontación acabe; Mishima publicará su primer relato «El bosque en flor» (1941) y el ejército le destinará a una misión suicida, de la que finalmente será relevado. No cabe duda, es en esta imposibilidad de autoinmolarse por la patria donde hemos de buscar otra de las claves de su vida.
Homosexualidad
Publicada en 1949, «Confesiones de una máscara», donde el protagonista proclama abiertamente su homosexualidad tras recordarnos toda su existencia, será la novela que le catapulte a la cima de las letras japonesas. A ella le seguirán, entre otras, «La muerte en mitad del verano» (1953), «El tumulto de las olas» (1954) y «El pabellón de oro» (1956). Esta última, su obra más conocida, narra la historia del joven Mizoguchi, un aprendiz de bonzo obsesionado por sus complejos, «Cinco no modernos» y comienza a llevar una vida filocastrense que tiene su primera manifestación en una obsesiva práctica del culturismo. La fuerza, junto con la violencia, la belleza, la muerte y el erotismo, son las principales preocupaciones de sus páginas.
Aclamado en Oriente y Occidente, viaja por primera vez a Estados Unidos en 1958. Tal vez fuera entonces, en el país vencedor del imperio del sol naciente, donde comenzará a gestar el exacerbado nacionalismo que le inspirara durante todos los años 60. Aguijoneado ante el nuevo Japón occidentalizado, anhelante de unos tiempos que no van a volver, en 1968 escribe «Por el camino del samurai» y «En defensa de la cultura». Una y otra son sus obras más nacionalistas. Cuando esos mismos planteamientos le llevan a pronunciar conferencias en la universidad, es abucheado por los estudiantes. No obstante, consigue fundar entre algunos de ellos una organización de extrema derecha llamada Asociación de los Escudos.
Finalmente, obedeciendo a los seculares códigos nipones del honor, en 1970 decide hacerse el harakiri delante del jefe del estado mayor del ejército para protestar por la desmilitarización de su país.
Yukio Mishima, por Javier Memba
Prácticamente reducido al ecuador de los años 80, cuando el estrenó de la película de Paul Schrader -«Mishima» (1984)- y la reedición de la traducción de Juan Marsé de «El pabellón de oro» (Seix Barral, 1963, 1985) llamaron la atención de los medios de comunicación sobre él, el interés del lector español medio por la obra de Yukio Mishima puede calificarse de tibio. Según parece, el novelista y dramaturgo nipón viajó por nuestro país meses antes de quitarse la vida. Es más, incluso se cuenta que llegó a tratar en repetidas ocasiones al doctor Vallejo Nájera, quien aparentemente se nos antoja tan alejado a su torturado colega oriental. Pero, en honor a la verdad, hay que apuntar la obra del escritor, que durante años fue el novelista japonés más conocido en Occidente, en líneas generales, en España ha inspirado la misma indiferencia que el resto de las manifestaciones culturales niponas.
La primera, de las no pocas contradicciones que presenta su biografía, es que, siendo la principal preocupación de su vida y de su obra la preservación de los valores del Japón tradicional, anterior a la occidentalización, Mishima sintiera a la vez la mismo interés por Occidente que Occidente por él. De hecho, los estudiosos de la literatura japonesa, enmarcan su obra dentro de la influida por la impronta occidental.
¿Descendiente de samurais?
El 14 de enero de 1921, cuando Hiraoka Kimitake –Yukio Mishima es un seudónimo– nace, la literatura socialista y pacifista, que ha florecido en el país del Sol naciente desde comienzos de siglo, ha sido atajada violentamente. De los autores que en la estela de Émile Zola no han dudado en escribir contra la guerra ruso japonesa (1905), KotoKu Shusui, el principal de ellos, ha sido condenado a muerte y ejecutado en 1911. Kobayashi Takiji, militante comunista que años después intentará tomar el relevo a Shusui en la novela comprometida, morirá en 1933, al ser torturado por la policía en un interrogatorio. Mientras tanto, el pequeño Mishima, quien pese a pertenecer a la burguesía media se hace pasar por descendiente de una familia de samurais -los samurais serían una de sus principales referencias hasta el final de sus días- se educa en Gakushüin, la escuela por excelencia de la nobleza.
Estudiante universitario aún, cuando el escritor publica sus primeros relatos, la literatura japonesa asiste a una explosión de romántica exaltación nacional, que va preparando el camino de la Segunda Guerra Mundial. Antes de que esta confrontación acabe; Mishima publicará su primer relato «El bosque en flor» (1941) y el ejército le destinará a una misión suicida, de la que finalmente será relevado. No cabe duda, es en esta imposibilidad de autoinmolarse por la patria donde hemos de buscar otra de las claves de su vida.
Homosexualidad
Publicada en 1949, «Confesiones de una máscara», donde el protagonista proclama abiertamente su homosexualidad tras recordarnos toda su existencia, será la novela que le catapulte a la cima de las letras japonesas. A ella le seguirán, entre otras, «La muerte en mitad del verano» (1953), «El tumulto de las olas» (1954) y «El pabellón de oro» (1956). Esta última, su obra más conocida, narra la historia del joven Mizoguchi, un aprendiz de bonzo obsesionado por sus complejos, «Cinco no modernos» y comienza a llevar una vida filocastrense que tiene su primera manifestación en una obsesiva práctica del culturismo. La fuerza, junto con la violencia, la belleza, la muerte y el erotismo, son las principales preocupaciones de sus páginas.
Aclamado en Oriente y Occidente, viaja por primera vez a Estados Unidos en 1958. Tal vez fuera entonces, en el país vencedor del imperio del sol naciente, donde comenzará a gestar el exacerbado nacionalismo que le inspirara durante todos los años 60. Aguijoneado ante el nuevo Japón occidentalizado, anhelante de unos tiempos que no van a volver, en 1968 escribe «Por el camino del samurai» y «En defensa de la cultura». Una y otra son sus obras más nacionalistas. Cuando esos mismos planteamientos le llevan a pronunciar conferencias en la universidad, es abucheado por los estudiantes. No obstante, consigue fundar entre algunos de ellos una organización de extrema derecha llamada Asociación de los Escudos.
Finalmente, obedeciendo a los seculares códigos nipones del honor, en 1970 decide hacerse el harakiri delante del jefe del estado mayor del ejército para protestar por la desmilitarización de su país.
15/08/2010
Cómo dibujar un cuadro (o cómo escribir una buena historia) por Stephen King
En Duma Key, Stephen King nos lleva de la mano hacia la historia de Edgar Freemantle, un constructor que sufre un accidente que le llevará a residir por un tiempo en una zona del Golfo de México, Duma Key.
Entre capítulos, encontramos unos pequeños incisos titulados "Cómo dibujar un cuadro" que pueden aplicarse también a "Cómo escribir una historia", seguidos de parte de la trama paralela que afectará al protagonista.
La novela (724 páginas) es excelente y la leí durante mis ocho días de vacaciones en Ibiza, incapaz de desengancharme de los avatares de Edgar, que trata de sobrevivir a las graves heridas de su accidente mientras recupera una afición perdida: dibujar, que le lleva a pintar cuadros que poco a poco adquieren un poder sobrenatural.
A continuación, transcribiré las partes de "Cómo dibujar un cuadro" que pueden aplicarse a la práctica de la escritura, pues constituyen una buena clase magistral complementaria al libro de King, Mientras Escribo:
-Comienza con una superficie en blanco. No ha de ser un papel o un lienzo, aunque tengo la sensación de que debería ser blanco. Lo llamamos blanco porque necesitamos una palabra, pero su verdadero nombre es nada.
-Recuerda que la verdad está en los detalles. Sin importar cómo veas el mundo o el estilo que impongas a tu obra como artista, la verdad está en los detalles. Naturalmente, el diablo también se encuentra ahí (todo el mundo dice eso) pero quizá verdad y diablo sean palabras que expresan la misma cosa.
-Debes tener hambre. Le funcionó a Miguel Ángel, le funcionó a Picasso, y le funciona a cientos de miles de artistas que no lo hacen por amor (aunque eso puede jugar su parte), sino para poner un plato de comida en la mesa. Si quieres interpretar el mundo, has de utilizar tus propios apetitos. ¿Esto te sorprende? No debería. No existe nada tan humano como el hambre. No existe la creación sin talento, eso te lo concedo, pero el talento es barato. El talento no se mendiga. El hambre es el pistón del arte.
-Empieza con lo que conoces, y después reinvéntalo. El arte es magia, no hay discusión aquí, pero todo arte, no importa lo raro que sea, comienza cada día en la humildad. Simplemente no te sorprendas cuando flores extrañas broten de tierra común.
-No tengas miedo de experimentar; encuentra a tu musa y permite que te guíe.
-Mantén el enfoque. Es la diferencia entre un buen cuadro y una simple imagen más recargando un mundo rebosante de ellas.
-Recuerda que "ver es creer" implica poner el carro delante del caballo. El arte es el artefacto concreto de la fe y la expectación, la comprensión de un mundo que de otra forma sería poco más que un velo de consciencia sin sentido extendido sobre un golfo de misterio. Y además, si tú no crees lo que ves, ¿quién creerá en tu arte?
-Sé valiente. No tengas miedo de dibujar cosas secretas. Nadie dijo que el arte fuera siempre un céfiro; a veces es un huracán. Incluso entonces no debes dudar ni cambiar de rumbo. Porque si te cuentas a ti mismo la gran mentira del arte malo (que tú estás al mando), tu oportunidad de encontrar la verdad se perderá. La verdad no siempre es bonita.
-Busca el cuadro dentro del cuadro. No siempre es fácil de ver, pero siempre está ahí. Y si se te escapa, puedes perder el mundo.
-Préparate para verlo todo. Si quieres crear (que Dios te ayude en ese caso, que Dios te ayude si posees la capacidad) no te atrevas a cometer la inmoralidad de quedarte en la superficie. Sumérgete y toma tu derecho de salvamento. Hazlo, independientemente del dolor.
-No abandones hasta completar el cuadro. No puedo decirte si esa és la regla cardinal del arte o no, no soy profesor, pero creo que esas seis palabras resumen todo lo que he intentado explicarte. El talento es algo maravilloso, pero no le gustan los rajados. Y, si la obra es sincera, si procede de ese lugar mágico donde el pensamiento, la memoria y las emociones se funden, siempre llegará un momento en que querrás abandonar, en que pensarás que si sueltas el lápiz tu ojo se opacará, tu memoria decaerá, y el dolor terminará.
-Debes reconocer cuándo has terminado, y en ese momento, suelta tu lápiz o tu pincel. Todo lo demás es la vida.
Gracias Maestro, por sus sabios consejos.
Entre capítulos, encontramos unos pequeños incisos titulados "Cómo dibujar un cuadro" que pueden aplicarse también a "Cómo escribir una historia", seguidos de parte de la trama paralela que afectará al protagonista.
La novela (724 páginas) es excelente y la leí durante mis ocho días de vacaciones en Ibiza, incapaz de desengancharme de los avatares de Edgar, que trata de sobrevivir a las graves heridas de su accidente mientras recupera una afición perdida: dibujar, que le lleva a pintar cuadros que poco a poco adquieren un poder sobrenatural.
A continuación, transcribiré las partes de "Cómo dibujar un cuadro" que pueden aplicarse a la práctica de la escritura, pues constituyen una buena clase magistral complementaria al libro de King, Mientras Escribo:
-Comienza con una superficie en blanco. No ha de ser un papel o un lienzo, aunque tengo la sensación de que debería ser blanco. Lo llamamos blanco porque necesitamos una palabra, pero su verdadero nombre es nada.
-Recuerda que la verdad está en los detalles. Sin importar cómo veas el mundo o el estilo que impongas a tu obra como artista, la verdad está en los detalles. Naturalmente, el diablo también se encuentra ahí (todo el mundo dice eso) pero quizá verdad y diablo sean palabras que expresan la misma cosa.
-Debes tener hambre. Le funcionó a Miguel Ángel, le funcionó a Picasso, y le funciona a cientos de miles de artistas que no lo hacen por amor (aunque eso puede jugar su parte), sino para poner un plato de comida en la mesa. Si quieres interpretar el mundo, has de utilizar tus propios apetitos. ¿Esto te sorprende? No debería. No existe nada tan humano como el hambre. No existe la creación sin talento, eso te lo concedo, pero el talento es barato. El talento no se mendiga. El hambre es el pistón del arte.
-Empieza con lo que conoces, y después reinvéntalo. El arte es magia, no hay discusión aquí, pero todo arte, no importa lo raro que sea, comienza cada día en la humildad. Simplemente no te sorprendas cuando flores extrañas broten de tierra común.
-No tengas miedo de experimentar; encuentra a tu musa y permite que te guíe.
-Mantén el enfoque. Es la diferencia entre un buen cuadro y una simple imagen más recargando un mundo rebosante de ellas.
-Recuerda que "ver es creer" implica poner el carro delante del caballo. El arte es el artefacto concreto de la fe y la expectación, la comprensión de un mundo que de otra forma sería poco más que un velo de consciencia sin sentido extendido sobre un golfo de misterio. Y además, si tú no crees lo que ves, ¿quién creerá en tu arte?
-Sé valiente. No tengas miedo de dibujar cosas secretas. Nadie dijo que el arte fuera siempre un céfiro; a veces es un huracán. Incluso entonces no debes dudar ni cambiar de rumbo. Porque si te cuentas a ti mismo la gran mentira del arte malo (que tú estás al mando), tu oportunidad de encontrar la verdad se perderá. La verdad no siempre es bonita.
-Busca el cuadro dentro del cuadro. No siempre es fácil de ver, pero siempre está ahí. Y si se te escapa, puedes perder el mundo.
-Préparate para verlo todo. Si quieres crear (que Dios te ayude en ese caso, que Dios te ayude si posees la capacidad) no te atrevas a cometer la inmoralidad de quedarte en la superficie. Sumérgete y toma tu derecho de salvamento. Hazlo, independientemente del dolor.
-No abandones hasta completar el cuadro. No puedo decirte si esa és la regla cardinal del arte o no, no soy profesor, pero creo que esas seis palabras resumen todo lo que he intentado explicarte. El talento es algo maravilloso, pero no le gustan los rajados. Y, si la obra es sincera, si procede de ese lugar mágico donde el pensamiento, la memoria y las emociones se funden, siempre llegará un momento en que querrás abandonar, en que pensarás que si sueltas el lápiz tu ojo se opacará, tu memoria decaerá, y el dolor terminará.
-Debes reconocer cuándo has terminado, y en ese momento, suelta tu lápiz o tu pincel. Todo lo demás es la vida.
Gracias Maestro, por sus sabios consejos.
11/08/2010
Consejo amistoso a un montón de jóvenes, por Charles Bukowsi
Id al Tibet.
Montad en camello.
Leed la Biblia.
Teñid vuestros zapatos de azul.
Dejaos la barba.
Dad la vuelta al mundo en una canoa de papel.
Suscribíos al Saturday Evening Post.
Masticad sólo por el lado izquierdo de la boca.
Casaos con una mujer que tenga una sola pierna y afeitaos con navaja.
Y grabad vuestro nombre en el brazo de ella.
Lavaos los dientes con gasolina.
Dormid todo el día y trepad a los árboles por la noche.
Sed monjes y bebed perdigones y cerveza.
Mantened la cabeza bajo el agua y tocad el violín.
Bailad la danza del vientre delante de velas rosas.
Matad a vuestro perro.
Presentaos al Alcalde.
Vivid en un barril.
Partíos la cabeza con un hacha.
Plantad tulipanes bajo la lluvia.
Pero no escribáis poesía.
De Peleando a la contra (7a. edición). Anagrama.
09/08/2010
5 pasos para un comienzo seductor
Extraído de The Writerly Life (traducción de Google y mía)
He oído una y otra vez de los agentes, editores, editores y lectores literarios cuán absolutamente crucial es dar un buen comienzo a su historia. Si las primeras páginas son grandes, los lectores a menudo estarán dispuestos a sudar tinta a través de una parte media más lenta; y serán mucho más probable que lo recomienden a otras personas. Sólo tienes una oportunidad para una primera impresión, así que asegúrate de hacer frente a su comienzo con todas tus armas.
Aquí tienes cinco cosas que un comienzo seductor necesita:
ACCIÓN
Demasiadas historias mediocres comienzan con una mañana de tiempo serpenteante, o una seca reflexión sobre lo que significa la historia o cómo es la personalidad de sus personajes. En su lugar, necesitamos un momento fuerte de acción para meternos en la historia. No tiene por qué ser un chico saltando desde un helicóptero cuando éste explota, pero debe ser algo visual, fuerte y sorprendente — un personaje que toma una decisión sorprendente, o un momento de violencia sutil (cortarse mientras pelas vegetales, o tener un accidente automovilístico). Cualquier acción que obtiene la atención del lector es bienvenida en el comienzo de una historia, mientras que coincide con el tenor del resto de la historia.
PERSONAJE
Esto es probablemente el elemento más crucial de una historia, y por lo tanto debería estar surgiendo firmemente al principio. Demasiados escritores empiezan describiendo un escenario vacío, como la casa sin una mención de quien vive allí, o el aspecto de una playa con ninguna mención de que será curtido en él. En realidad, estos ajustes podrían describirse bellamente, pero no leemos para el ajuste — leemos para la interacción de una persona con el escenario.
Tras el salto: tres cosas más. ¡Tu principio necesita ser el más seductor!
VOZ
El comienzo tiene que ofrecer al lector la pista de qué tipo de historia está leyendo. Utiliza tu inicio para establecer lo que será la voz a lo largo de la pieza. La voz actúa como el director de un circo. Establece el tono, da la bienvenida y le da un sabor de lo que está en la tienda. Sin ese cuidado, la historia se siente en blanco y sin vida. La voz te inicia; utiliza tu comienzo para establecer qué tipo de bienvenida darás al lector.
PROBLEMA
Esta es una de las cosas que escritores a menudo se olvidan de incluir en sus inicios. A menudo los nervios traicionan al principio, probando las aguas con un dedo del pie, probando esto y aquello. Los escritores quieren explorar el mundo y aprender acerca de él un poco antes de la introducción de un problema, pero esto es un gran error. Está bien para el primer borrador, pero en su segundo proyecto debería ser motivo para que el lector pasar la página, algo que le provoque ansiedad por el bienestar de los personajes. Esta ansiedad no es sólo suspense— también hace que los lectores se vean un personaje más y deseen animar a sus pares.
OTRO PERSONAJE CON EL QUE INTERACTUAR
Esto es algo que los escritores a menudo olvidan. Pueden introducir un personaje atractivo que tiene un problema, pero lo dejan en el vacío con nadie para hablar con o con quien interactuar. No vemos cómo actúa alrededor de otras personas o cómo es su vida social. A fin de obtener información acerca de un personaje, tenemos que ver cómo actúa con al menos otra persona. Si tiene un carácter demasiado atrapado en su propia cabeza, la historia no parece dinámica. Así que da tu personaje un compañero o un enemigo o incluso un cartero para interacturar, pensar y hablar.
Cada comienzo exitoso hace uso de estos cinco elementos. Asegúrate de que tu historia no es dejada en la pila amontonada de editores o agentes y dale lo que necesita ¡para impresionar al lector!
He oído una y otra vez de los agentes, editores, editores y lectores literarios cuán absolutamente crucial es dar un buen comienzo a su historia. Si las primeras páginas son grandes, los lectores a menudo estarán dispuestos a sudar tinta a través de una parte media más lenta; y serán mucho más probable que lo recomienden a otras personas. Sólo tienes una oportunidad para una primera impresión, así que asegúrate de hacer frente a su comienzo con todas tus armas.
Aquí tienes cinco cosas que un comienzo seductor necesita:
ACCIÓN
Demasiadas historias mediocres comienzan con una mañana de tiempo serpenteante, o una seca reflexión sobre lo que significa la historia o cómo es la personalidad de sus personajes. En su lugar, necesitamos un momento fuerte de acción para meternos en la historia. No tiene por qué ser un chico saltando desde un helicóptero cuando éste explota, pero debe ser algo visual, fuerte y sorprendente — un personaje que toma una decisión sorprendente, o un momento de violencia sutil (cortarse mientras pelas vegetales, o tener un accidente automovilístico). Cualquier acción que obtiene la atención del lector es bienvenida en el comienzo de una historia, mientras que coincide con el tenor del resto de la historia.
PERSONAJE
Esto es probablemente el elemento más crucial de una historia, y por lo tanto debería estar surgiendo firmemente al principio. Demasiados escritores empiezan describiendo un escenario vacío, como la casa sin una mención de quien vive allí, o el aspecto de una playa con ninguna mención de que será curtido en él. En realidad, estos ajustes podrían describirse bellamente, pero no leemos para el ajuste — leemos para la interacción de una persona con el escenario.
Tras el salto: tres cosas más. ¡Tu principio necesita ser el más seductor!
VOZ
El comienzo tiene que ofrecer al lector la pista de qué tipo de historia está leyendo. Utiliza tu inicio para establecer lo que será la voz a lo largo de la pieza. La voz actúa como el director de un circo. Establece el tono, da la bienvenida y le da un sabor de lo que está en la tienda. Sin ese cuidado, la historia se siente en blanco y sin vida. La voz te inicia; utiliza tu comienzo para establecer qué tipo de bienvenida darás al lector.
PROBLEMA
Esta es una de las cosas que escritores a menudo se olvidan de incluir en sus inicios. A menudo los nervios traicionan al principio, probando las aguas con un dedo del pie, probando esto y aquello. Los escritores quieren explorar el mundo y aprender acerca de él un poco antes de la introducción de un problema, pero esto es un gran error. Está bien para el primer borrador, pero en su segundo proyecto debería ser motivo para que el lector pasar la página, algo que le provoque ansiedad por el bienestar de los personajes. Esta ansiedad no es sólo suspense— también hace que los lectores se vean un personaje más y deseen animar a sus pares.
OTRO PERSONAJE CON EL QUE INTERACTUAR
Esto es algo que los escritores a menudo olvidan. Pueden introducir un personaje atractivo que tiene un problema, pero lo dejan en el vacío con nadie para hablar con o con quien interactuar. No vemos cómo actúa alrededor de otras personas o cómo es su vida social. A fin de obtener información acerca de un personaje, tenemos que ver cómo actúa con al menos otra persona. Si tiene un carácter demasiado atrapado en su propia cabeza, la historia no parece dinámica. Así que da tu personaje un compañero o un enemigo o incluso un cartero para interacturar, pensar y hablar.
Cada comienzo exitoso hace uso de estos cinco elementos. Asegúrate de que tu historia no es dejada en la pila amontonada de editores o agentes y dale lo que necesita ¡para impresionar al lector!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





