Buceando por la web he topado con una novela de Juan de Dios Garduño, ambientada en Maine, en un escenario de 3ª guerra mundial y un tanto apocalíptico... Apuntado queda en mi lista de pendientes.
Y pese a todo...
Juan de Dios Garduño
Durante el mandato del presidente Obama, Estados Unidos tiene constancia de que Irán va a cometer un ataque contra sus bases en territorio aliado. Ante la estupefacción del mundo entero le declara la guerra. Rusia y China se alían con Irán; Gran Bretaña e Israel con los americanos y, así, país por país, todos toman parte en la 3ª Guerra Mundial.
En pleno enfrentamiento, y ante la devastación que producen las armas nucleares, los rivales deciden utilizar las armas químicas, más baratas y más fáciles de fabricar. Se crean nuevas cepas de virus ya existentes, utilizando el ADN recombinante y extinguiendo así a casi toda la población mundial.
En la ciudad de Bangor, Maine, sólo han sobrevivido tres personas. Peter, su pequeña hija y Patrick Sthendall, su odiado vecino. En una población totalmente nevada, gobernada por temperaturas que bajan de los diez grados bajo cero, los dos hombres se enfrentarán a algo más que al odio que sienten el uno hacia el otro. Unos visitantes con los que no contaban…
Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)
26/03/2011
17/03/2011
A los héroes de Fukujima
Terremoto. Tsunami. Desolación y muerte.
Y en la central nuclear de Fukujima algunos levantan la mano: Hiroshi, bombero; Raito, obrero de la construcción; y Toshio, científico, están entre las varias decenas de voluntarios que van a quedarse, que saben que van a morir por intentar reparar las fugas de los reactores que desatan aire malsano, aire que envenena.
Las horas son semanas completas en la central, donde apagan incendios mientras surgen otros y las temperaturas dentro del reactor alcanzan los 2000 grados que detienen, en parte, siempre en parte, sus trajes especiales.
Las linternas alumbran su tarea en medio de una oscuridad sin silencios, llena de los chasquidos del agua que bombean continuamente.
Hiroshi se aparta en un rincón y vomita; Raito está cansado, los ojos enrojecidos, pero sus manos se afanan en su tarea: tiene que funcionar, tiene que funcionar... maldita sea. Les rodean los pitidos constantes de los sistemas de seguridad, alterados, mientras siguen trabajando para que baje la temperatura de la vasija, para que la estructura de contención resista.
Raito ve a algunos de sus compañeros mareados, a alguno que se apoya un instante en la pared rezando en voz baja. Las náuseas aumentan pero hay mucho trabajo que hacer todavía.
Está el honor, ante todo. Están sus compatriotas, sobre todo. Está el resto del mundo, también, expectante.
La muerte tendrá que esperar.
Empieza a nevar y sus nombres no serán recordados.
*Hiroshi significa Generosidad; Raito significa Luz, y Toshio significa Héroe.
--------------------------------------------
Este hombre
va a resistir el embate
de la desilusión y la miseria
Va a sobrevivir
al desastre de ser
humano y hombre
Saldrá en dichoso caballo blanco
y no defraudará nuestros sueños
Este héroe
el último
no se nos morirá entre las manos
Johanna Godoy
------------------------
Extracto del film Cuando el viento sopla from dec on Vimeo.
Y en la central nuclear de Fukujima algunos levantan la mano: Hiroshi, bombero; Raito, obrero de la construcción; y Toshio, científico, están entre las varias decenas de voluntarios que van a quedarse, que saben que van a morir por intentar reparar las fugas de los reactores que desatan aire malsano, aire que envenena.
Las horas son semanas completas en la central, donde apagan incendios mientras surgen otros y las temperaturas dentro del reactor alcanzan los 2000 grados que detienen, en parte, siempre en parte, sus trajes especiales.
Las linternas alumbran su tarea en medio de una oscuridad sin silencios, llena de los chasquidos del agua que bombean continuamente.
Hiroshi se aparta en un rincón y vomita; Raito está cansado, los ojos enrojecidos, pero sus manos se afanan en su tarea: tiene que funcionar, tiene que funcionar... maldita sea. Les rodean los pitidos constantes de los sistemas de seguridad, alterados, mientras siguen trabajando para que baje la temperatura de la vasija, para que la estructura de contención resista.
Raito ve a algunos de sus compañeros mareados, a alguno que se apoya un instante en la pared rezando en voz baja. Las náuseas aumentan pero hay mucho trabajo que hacer todavía.
Está el honor, ante todo. Están sus compatriotas, sobre todo. Está el resto del mundo, también, expectante.
La muerte tendrá que esperar.
Empieza a nevar y sus nombres no serán recordados.
*Hiroshi significa Generosidad; Raito significa Luz, y Toshio significa Héroe.
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Este hombre
va a resistir el embate
de la desilusión y la miseria
Va a sobrevivir
al desastre de ser
humano y hombre
Saldrá en dichoso caballo blanco
y no defraudará nuestros sueños
Este héroe
el último
no se nos morirá entre las manos
Johanna Godoy
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Extracto del film Cuando el viento sopla from dec on Vimeo.
10/03/2011
Escritores raros, por Sergio Pitol
Los raros, por Sergio Pitol (escritor mexicano)
También los raros. Los "raros", como los nombró Darío, o "excéntricos", como son ahora conocidos, aparecen en la literatura como una planta resplandeciente en las tierras baldías o un discurso provocador, disparatado y rebosante de alegría en medio de una cena desabrida y una conversación desganada. Los libros de los "raros" son imprescindibles, gracias a ellos, a su valentía de acometer retos difíciles que los escritores normales nunca se atreverían. Son los pocos autores que hacen de la escritura una celebración.
Sus colegas, los más ceñudos, los más virulentos, los que conciben que el mayor prestigio de una obra se mide por las tantas medallas que los poderosos hayan puesto en sus pechos, jamás podrán verlos con buenos ojos. Es más, los detestan. Cuando en alguna ocasión oyen o leen un elogio sobre ellos se descomponen, utilizan un lenguaje cuartelario, injurioso y procaz que no se concilia con su ordinaria dignidad. Los ademanes, gestos y sonrisas con que por lo general administran cuando se mueven en sus salones se transforman en muecas monstruosas. Al grado que algunos hayan sido transportados a un hospital, o a una clínica psiquiátrica, y aun allí, atados en un lecho, con voz sofocada, se las componen para informarle al doctor o a las enfermeras de que aquellos que pasan por escritores y a quienes califican de excéntricos eran sólo unos seres chapuceros, simuladores y embusteros, hasta que, agotados, hacen una tregua procurada por unas pastillas de varios colores o una inyección intravenosa, y al despertar del sedante, con voz baja, fatigada, mortecina, continúan su diatriba, justificando que su cólera no la dirigía tanto a esos mamarrachos petulantes y farsantes, que no son nada, como a los editores que publicaban esa escoria, o a los críticos de los suplementos y revistas culturales que los rodeaban de una publicidad nefasta y, sobre todo, a los lectores que se dejaban manipular por los anteriores como meras marionetas.
El tiempo, como siempre, se encarga de ordenarlo todo. Seguramente debe de haber existido excéntricos que creyeran ser escritores geniales cuando sólo fueron pobres grafómanos sin cultura, imaginación, intuición lingüística, o simplemente mentecatos y hasta dementes. No pasarían a la historia, y nadie los reivindicaría. En cambio los sobrevivientes se convertían en clásicos, sin enemigos, se transformaban en personas respetables. Pero los que están vivos y comienzan a ser conocidos chocarán con un pelotón de fiscales e inquisidores.
Yo adoro a los excéntricos. Los he detectado desde la adolescencia y desde entonces son mis compañeros. Hay algunas literaturas en donde abundan: la inglesa, la irlandesa, la rusa, la polaca, también la hispanoamericana. En sus novelas todos los protagonistas son excéntricos como lo son sus autores. Laurence Sterne, William Beckford, Jonathan Swift, Nicolai Gogol, Tomasso Landolfi, Carlo Emilio Gadda, Witold Gombrowicz, Bruno Schulz, Stanislaw Witkiewicz, Franz Kafka, Ronald Firbank, Samuel Beckett, Ramón del Valle-Inclán, Virgilio Piñera, Thomas Bernhard, Augusto Monterroso, Flann OņBrien, Raymond Roussel, Marcel Schwob, Mario Bellatin, César Aira, Enrique Vila-Matas son excéntricos ejemplares, como todos y cada uno de los personajes que habitan sus libros, y por ende las historias son diferentes de las de los demás. Hay autores que sin ser del todo "raros" enriquecieron su obra por la participación de un abundante elenco de personajes excéntricos: bufonescos o trágicos, demoníacos o angelicales, geniales o imbéciles, al fin y al cabo casi siempre todos "inocentes".
Los "raros" y familias anexas terminan por liberarse de las inconveniencias del entorno. La vulgaridad, la torpeza, los caprichos de la moda, las exigencias del Poder y las masas no los tocan, o al menos no demasiado y de cualquier manera no les importa. La visión del mundo es diferente a la de todos; la parodia es por lo general su forma de escritura. La especie no se caracteriza sólo por actitudes de negación, sino que sus miembros han desarrollado cualidades notables, conocen amplísimas zonas del saber y las organizan de manera extremadamente original. Hay un abismo entre el escritor excéntrico y el vanguardista. Existe una diferencia notable entre la obra de Tristan Tzara, Filippo Marinetti y André Breton y los relatos de Gogol, Bruno Schulz y César Aira, por ejemplo. Las primeras tres son de vanguardia, las segundas corresponden a una literatura muy novedosa en su tiempo por su rareza. El vanguardista forma grupo, lucha por desbancar del canon a los escritores que le precedieron por considerar que sus procedimientos literarios y el manejo del lenguaje son ya obsoletos, y que su obra, la de ellos, dadaístas, futuristas, expresionistas, surrealistas, es la única y verdaderamente válida. Consideran que el paso adelante ha iluminado la escritura de su idioma, o aun fuera de las fronteras, depurando al canon de los autores que ellos desdeñan. Racionalizan, discrepan, crean teorías, firman manifiestos, emprenden combates con la literatura del pasado y también con la contemporánea que no se acerque a la suya. Por lo general eso no les sucede a los excéntricos. Ellos no se proponen programas ni estrategias, y en cambio son reacios a formar grupúsculos. Están dispersos en el universo casi siempre sin siquiera conocerse. Es de nuevo un grupo sin grupo. Escriben de la única manera que les exige su instinto. El canon no les estorba ni tratan de transformarlo. Su mundo es único, y de ahí que la forma y el tema sean diferentes. Las vanguardias tienden a ser ásperas, severas, moralistas; pueden proclamar el desorden, pero al mismo tiempo convierten ese desorden en algo programático. Les encantan los juicios; son fiscales; expulsar de cuando en cuando a un miembro es considerado como un triunfo. Excluyen el placer. Al combatir contra el pasado o a un presente que repelen su escritura se carga de pésimos humores. En cambio, la escritura de un excéntrico casi siempre está bendecida por el humor, aunque sea negro.
Algunos de los raros han conocido en vida fama, gloria, homenajes, premios, todas las variantes del prestigio, al final de sus vidas; otros no conocieron nada de eso, pero aun después de morir han dejado una pequeña grey disuelta en el mundo, que le seguirá siendo fiel y que tal vez sea feliz de saberse tan pocos para reverenciar a aquella deidad casi desconocida. En fin, un escritor excéntrico es capaz de marcarle la vida de varias maneras a los lectores para quienes, casi sin darse cuenta, definitivamente escribía.
De El mago de Viena, Editorial Pre-textos,
col. Narrativa contemporánea núm. 33, España.
04/03/2011
El lago, por Edgar Allan Poe
Para el fin de semana, una canción basada en el
poema El lago de Edgar Allan Poe (V.Española + V.Inglés)
De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
de un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
negra cinta rocallosa
y copudos altos pinos que las auras estremecen.
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
y el místico y gemebundo viento de su melodía,
entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
del terror del lago triste, despertar el alma mía.
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
y en un Edén transformado
el salvaje lago ignoto, lago triste y escondido.
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In spring of youth it was my lot
To haunt of the wide world a spot
The which I could not love the less-
So lovely was the loneliness
Of a wild lake, with black rock bound,
And the tall pines that towered around.
But when the Night had thrown her pall
Upon that spot, as upon all,
And the mystic wind went by
Murmuring in melody-
Then-ah then I would awake
To the terror of the lone lake.
Yet that terror was not fright,
But a tremulous delight-
A feeling not the jewelled mine
Could teach or bribe me to define-
Nor Love-although the Love were thine.
Death was in that poisonous wave,
And in its gulf a fitting grave
For him who thence could solace bring
To his lone imagining-
Whose solitary soul could make
An Eden of that dim lake.
02/03/2011
Epitafios literarios (III)
"I am Providence". H.P.Lovecraft. (Providence era su ciudad natal)
"Los soles se ocultan y pueden aparecer de nuevo pero cuando nuestra efímera luz se esconde, la noche es para siempre y el sueño, eterno." Cayo Valerio Cátulo
"Qué mudos pasos traes, ¡oh! muerte fría, pues con callados pies todo lo igualas”. Quevedo.
"..y cuando me vaya quedarán los pájaros cantando..." Juan Ramón Jiménez
Epitafio de Don Quijote
"Quien resiste, gana" Camilo José Cela
"Busco el oro del tiempo" André Bretón.
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