Leemos fantasía para volver a encontrar los colores, creo.
Para saborear especias fuertes y escuchar los cánticos que cantaron las sirenas.
Hay algo antiguo y verdadero en la fantasía que habla a algo profundo en nuestro interior, al niño que soñaba con cazar algún día en los bosques de la noche, y atiborrarse bajo la colina hueca, y encontrar un amor que durara para siempre al sur de Oz y al norte de Shangri-La.
Pueden quedarse con su Cielo. Cuando muera, me iría antes a la Tierra Media. (George R.R.Martin)

28/12/2011

Semillas de futuro

Un año más acaba...y es hora de balances.

En el ámbito literario, que es el que ocupa este blog, mi actividad ha sido muy escasa. Este año entre el trabajo y el estudio no he dado para mucho más.

Así que a principios de año participé en el II Certamen literario de Terror de la editorial Círculo Rojo y quedé finalista. En el libro "32 motivos para no dormir" de la misma editorial Círculo Rojo se publicó mi relato El inframundo y no he tenido más actividad literaria excepto la de enviar algún que otro mail (escasos) a algunas editoriales para intentar publicar Los hijos de Enoc.

Y ha sido en este mes de diciembre cuando todo se ha precipitado, pues tengo sobre mi mesa dos propuestas que han de facilitar la salida a la luz de Los hijos de Enoc (El libro de Thoth).
Cuando tenga más noticias de cómo va el tema hablaré oportunamente de ello, pero de momento os digo que no hay que desesperar, que las negativas, que las calladas por respuesta, a veces se acaban y que vuestro momento ha llegado.

Por otro lado, la novela de encargo que terminé el año pasado y que firmo como co-autora, saldrá a la venta (si todo va bien) allá por Sant Jordi (abril).

Y además, me propusieron otro proyecto con Como un dios y con Tilak el Sabio que en estos momentos se está llevando a cabo (tengo un contrato de confidencialidad firmado) y os lo contaré un poco más adelante.

Las semillas plantadas hace meses han dado ahora sus pequeños frutos. Sólo necesitaban un poco de tiempo, un poco de lluvia, un poco de sol...
Feliz año a todos y no olvidéis que algunas de nuestras semillas se pierden, pero otras, las mejores y más fuertes, brotarán a pesar de la escarcha, a pesar de la tormenta, a pesar de la sequía. Siembra y recogerás.

24/12/2011

Cuento de Navidad, por Ray Bradbury



¡¡¡Feliz Navidad a todos!!!!

Cuento de Navidad
[Cuento. Texto completo]

Ray Bradbury
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?

-Nada, ¿qué podemos hacer?

-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.

-¿Qué...? -preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:

-Quiero mirar por el ojo de buey.

-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.

-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-Espera un poco -dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.

La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.

-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.

-Pero... -empezó a decir la madre.

-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-Ya es casi la hora.

-¿Puedo tener un reloj? -preguntó el niño.

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.

-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-No entiendo.

-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-Entra, hijo.

-Está oscuro.

-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

FIN


Fuente:Ciudad Seva

13/12/2011

Grandes librerías del mundo: Shakespeare and Company

Hace tiempo ya realicé una entrada (ver aquí) de esta librería, pero en esta serie de "Grandes librerías del mundo" no puede faltar la peculiar Shakespeare and Company en el número 37 de la calle Bucherie de Paris (al lado de Notre Dame). Fue frecuentada por Hemingway, Joyce, Fitzgerald...Aún sirve de alojamiento para los estudiantes de paso.

09/12/2011

Grandes librerías del mundo: El Ateneo de Buenos Aires

Sencillamente maravillosa: La librería El Ateneo de Buenos Aires es considerada la 2ª más hermosa del mundo.



..El Ateneo ha preservado su antiguo esplendor, con su cúpula pintada, los balcones originales y la ornamentación y tallas intactas. Incluso hasta su telón de terciopelo es parte del show. Hay sillones repartidos, el escenario es usado como rincón de lectura y café y, aún mejor , los palcos son usados como pequeñas salas de lectura..” Sean Dodson

Concursos literarios