Un ángel en mi mesa, Janet Frame

Seguimos con Janet Frame.
Encontré este texto antiguo entre mis papeles, pero no lo he escrito yo y lamentablemente no encuentro el nombre del autor/a. Es un resumen del libro "Un ángel en mi mesa."Considero a Janet Frame como una autora imprescindible para quien ame el mundo de la escritura y de los escritores. Para quien ya sea escritor y para quien lo desee ser.

“¿Y mi escritura? En un futuro en el que nunca estuviera sola, en el que trabajara todos los días recogiendo uvas, ocupándome de los niños, cocinando para mi familia...¿cómo podría volver a disfrutar de soledad, entrar otra vez en ese mundo de la imaginación para explorarlo e intentar describirlo?"




JANET PATERSON FRAME CLUTHA nació en Dunedin (Nueva Zelanda) el 28 de Agosto de 1.924. Su madre abandonó la escuela pronto para trabajar de enfermera dental y luego de criada en varios hogares. Su padre se empleó en el ferrocarril primero como lavador para luego ascender a fogonero y maquinista.
Su infancia transcurrió entre el amor a las canciones y los poemas, y junto con sus hermanas compartía los halagos de poseer `intuición e imaginación poéticas que les remitían algunos diarios en cuyos concursos poéticos participaban.
La esperanza de llegar a ser poetisa se iba acercando, aunque deseaba llegar a serlo asumiendo unos roles que su imaginación exigía: Poe había fumado opio, las hermanas Brönte sufrieron tuberculosis... Janet necesitaba algo que la distinguiera de los demás. Quería alejarse de la vulgaridad de su vida, de la inseguridad de sus años de escuela, de su incapacidad para lograr ocupar un `lugar en el mundo´ donde sentirse ella misma. Optó por estudiar Magisterio, pero participó poco en la vida social de la escuela. Aún así, disfrutaba con la poesía y la literatura en las clases de la universidad. La poesía la redimía del aislamiento y la soledad que sentía, siempre preocupada por su ropa a menudo poco adecuada, preocupada por sus dientes cariados, por su pelo crespo. Pero entre sus miedos y complejos consiguió publicar algunos poemas en revistas y ganó algún premio, hecho que acrecentaba sus ansias de ser poeta.
La perspectiva de llegar a ser maestra y alejarse del camino que en verdad deseaba la asustó y decidió abandonar alegando que necesitaba un descanso, pero cuando se acercó el momento de volver decidió que su única salida era el suicidio (1945).

Había tejido con tanto esmero y con una textura tan prieta mi capa visible de “ninguna molestia, una estudiante callada, siempre con la sonrisa pronta (escondiendo los dientes cariados) siempre contenta”, que ni yo misma podía rasgar la tela del engaño. Me sentía completamente aislada. No tenía en quien confiar, a quien pedir consejo, ni tenía a dónde ir. ¿Qué podía haber en todo el mundo que yo pudiera hacer para ganarme la vida y seguir siendo yo misma, la que yo sabía que era?

Se tragó un tubo de aspirinas, pero cuando despertó con un zumbido en los oídos y con una hemorragia nasal, agradeció estar viva. Llamó al director de la escuela para decirle que le habían aconsejado dejarla, aunque en realidad fue ella misma quien se lo aconsejó.
En el curso de psicología de la universidad les mandaron escribir una autobiografía condensada, en la que Janet, que se sentía restablecida, mencionó su tentativa de suicidio. Este hecho la condujo al pabellón psiquiátrico del hospital de Dunedin, donde permaneció tres semanas hasta que le permitieron regresar a la casa familiar. La perspectiva de volver allí la asustó y se negó a volver cuando su madre fue a buscarla al hospital. La alternativa a marcharse a su casa no era quedarse unos días más para después buscar trabajo y continuar sus estudios, sino ingresar en Seacliff, el otro hospital, a donde iban los locos.



Las seis semanas que pasé en el hospital de Seacliff, en un mundo que yo nunca había conocido, entre personas cuya existencia nunca hubiera creído posible, se convirtieron para mí en un curso intensivo de los horrores de la locura y la morada de los considerados locos, que me separó para siempre de mi anterior y aceptable concepto de las realidades y seguridades de la vida diaria. Desde el primer momento que pasé allí comprendí que no podría volver a mi vida habitual ni olvidar lo que había visto en Seacliff. Me sentía como si mi vida hubiera sido convulsionada por ésta súbita división de las personas entre la gente “normal” de la calle y esta gente “secreta” a la que pocos habían visto o con la que pocos habían conversado pero de la que muchos hablaban con burla, risa, miedo. Vi a gente con los ojos inmóviles como los ojos de los huracanes, rodeados aquí por una turbulencia no vista ni oída que contrastaba extrañamente con aquella quietud.”



Le diagnosticaron esquizofrenia, y Janet se debatió entre la angustia y el temor que la definición de la enfermedad le provocaba.

Interiormente me describía a mí misma con las palabras que sabía que amigos y parientes utilizaban al hablar de mí. “Ha estado en Seacliff. Tuvieron que llevarla a Seacliff.” Y pensaba en el horror que percibí en la voz de mi madre años atrás, cuando respondió al médico que sugería enviar allí a Bruddie (su hermano): “Nunca. Nunca. Un hijo mío nunca irá a ese lugar.” Y yo era hija suya, ¿no? ¿No? Y ella había firmado unos papeles para enviarme allí.”

De todos modos trató de refugiarse en la enfermedad para destacar, para sobrevivir. Deseaba ser poeta y nada habría de impedirlo.
Tras un período fuera del hospital en el que se refugia trabajando, escribiendo y charlando con el psicólogo John Forrest a quien deja leer sus escritos, vuelve a ser internada.

Llevaba varias semanas en Christchurch cuando concerté una cita con Mrs.R. la amiga de John Forrest, con intención de pedirle que me ayudara a conseguir que me extrajeran los dientes y me acompañara al Despartamento de Odontología del hospital, pero cuando me presenté en su casa, en un barrio elegante, y ella, una mujer alta y angulosa, vestida en tonos gamuza y marrón, abrió la puerta, yo, al comprender que no podía explicarle mi triste situación –yo, allí de pie (con la boca cerrada), una muchacha lozana de veintidós años sin tara aparente-, volví a dar rienda suelta a mi “esquizofrenia”: ella se había convertido en mi único medio para despertar el interés de las personas cuya ayuda creía necesitar.”

Mrs.R la acompaña y le sugiere que ingrese en el hospitat psiquiátrico Sunnyside, donde les es aplicado el nuevo tratamiento eléctrico que le produce pérdidas de memoria y dificultad en el habla. Se ve aislada y solo se refugia en su intensa idea de ser escritora.
Es dada de alta en 1954 y regresa a Oamaru.

Me parecía haber caído en una grieta del tiempo; y muchas de aquellas sensaciones se debían a que no estaba `en sintonía´ con nadie, que no tenía con quien hablar desde el interior. Yo era la de siempre, sonriendo, enseñando mis grandes dientes nuevos, y hablando de esto y lo otro y las cosas de cada día. Escribía mis poemas que no enseñaba a nadie. Un miembro de mi familia que encontró y leyó un cuento escrito por mí, manifestó la rotundo opinión de que yo nunca sería escritora. A veces, cuando empezaba a decir lo que realmente sentía y utilizaba un símil, una metáfora o una imagen, veía el desconcierto en los ojos de mi interlocutor: ya salía la loca.”

Ese vacío en la relación con los demás la lleva de nuevo a ser internada, ésta vez en Avondale. Durante su estancia en ese hospital, le publican su libro de relatos LA LAGUNA.
Vuelve a casa, y se enfrenta a la primera crítica por su libro, que la hace sentir humillada (“Si no podía habitar en el mundo de los que escriben libros, ¿dónde podría sobrevivir?) además de a la angustia familiar (su madre sufre un ataque al corazón), recurre a su habitual evasión: ingresar en el hospital de Seacliff. De esta experiencia surge ROSTROS EN EL AGUA(1961), donde describe toda la angustia y desesperanza al soportar continuos tratamientos de electrochoque sin ni siquiera ser sometida a simples tests o a entrevistas personales con los psiquiatras.

La escritura la salvó. Iba a ser sometida a una operación de lobotomía autorizada por su madre a petición de todos aquellos médicos que no habían hablado con Janet ni diez minutos, que ni siquiera le habían hecho las pruebas físicas del electrochoque. Ninguno se había cuestionado ni por un momento que Janet no padeciera enfermedad alguna.


La enfermera encargada del pabellón, súbitamente interesada en mi caso ahora que mi iban a “hacer” algo, me pintó su cuadro de lo que yo sería cuando “todo hubiera terminado”.
-Tuvimos aquí a una paciente años y años, hasta que le hicieron la lobotomía. Y ahora trabaja en una tienda de sombreros. El otro dia la vi, vendiendo sombreros, tan normal como cualquiera. ¿No te gustaría ser normal?
Todo el mundo entendía que para mí sería mejor ser “normal” y dejar de tener extrañas ambiciones literarias
.”

Pero el doctor Blake decidió que no la operarían. Le comunica a Janet que ha ganado el premio Hubert Church por su libro LA LAGUNA. “Repito, la escritura me salvó”. La sacaron del pabellón y ya no sería operada.

Fui dada de alta “provisionalmente”. Después de recibir más de doscientas aplicaciones de electroshock, cada una equivalente en cuanto a miedo, a una ejecución, proceso que me había hecho trizas la memoria, y, en algunas zonas, me la debilitó y destruyó permanentemente.”

Janet regresa a casa, a Willowglen, para después volver a marchar para trabajar como criada para el Grand Hotel de Dunedin. Envía poemas a Landfall que le son devueltos.

Me parecía haber metido en el sobre toda mi vida y mi futuro. Sentí que me hundía en la pura y simple desesperación.¿Qué iba a ser de mí si no sabía escribir?

Entonces acepta la invitación de su hermana y su marido para ir a su casa en Northcote, Auckland. Allí conoce al escritor Frank Sargeson, quien le ofrece vivir con él para poderse dedicar por completo a la escritura sin tener que trabajar; además, utilizará su influencia para que le concedan un subsidio por enfermedad. En casa de Frank, Janet puede estar al lado de alguien que realmente cree que ella era escritora, y podía alejarse así de todos aquellos que veían en ella a alguien que había pasado muchos años en el hospital de Seacliff, alguien que no tenía marido ni hijos; veían a alguien a quien aconsejar continuamente sobre su ropa, el color de maquillaje que más le favorecía, sobre la poca docilidad de su cabello rizado y sobre la conveniencia o no de llevar faja para que no se le marcara el trasero.
En casa de Frank Sargeson tenía la esperanza de vivir como una escritora. Aunque también hay que decir que a su lado Janet perdió su estimación como mujer, puesto que en Frank siempre había desconfianza y a veces odio hacia las mujeres. Janet se sentía dolida por la negación de aquel hombre hacia el cuerpo femenino, y ése fue el precio que tuvo que pagar por ganarse la vida como siempre había deseado.

Regresa unos días a Willowglen y sobreviene la muerte de su madre. La lloró con varias poesías, aunque fue incapaz de asistir a su entierro:

Quemad la ropa sucia que llevaba al morir,
Las medias agrias, el vestido manchado,
El jersey agujereado
Que vestía cuando saludó la triste sorpresa
La triste sorpresa matinal de la muerte.

Colgad su traje de una percha
en el tendedero, para que el viento
Se lleve los jirones del desastre enfermo
Hacia los árboles o la ciudad vecina.
Tended las sábanas de la muerte en el prado
Para que el rocío y el sol las blanqueen y las limpien.

Yo digo que sólo el fuego y el aire
Son caricativos, así pues,
Confiadles vuestra pena
Rechazando la tierra y el agua que sepultaron
Su cuerpo, que la ahogaron con exceso de lágrimas.


Janet vuelve con Frank hasta que le conceden una beca de trescientas libras. Decide viajar, y le aconsejan hacerlo a Ibiza, donde se puede vivir con tres o cuatro libras al mes.
Primero va a Londres, donde pasa el invierno y entabla relaciones con diversos artistas que la admiran por haber publicado un libro, ya que ellos no estaban acostumbrados a relacionar escritura con publicación. También conoce a Patrick Reilly, un conductor de autobús que trata de rescatarla del tipo de gente con que se relaciona y pretende que a su vuelta de Ibiza se emplee en un trabajo normal, de verdad, como taquimecanógrafa o algo así. Quería hacerse cargo de ella, que regresara sin compromiso y después `considerarían su futuro´.
Pero a Janet no le gustaba Patrick. “Me recordaba la gente con que salía en mis lejanos tiempos de estudiante porque no había nadie más disponible.”
Una vez llegada a Ibiza aprende algo de castellano, y se siente aceptada por los dueños de la casa donde se hospeda porque no era una turista cualquiera sino una escritora que no tenía amigos extranjeros (después de un desplante con Colin, un poeta, dejó de relacionarse con la colonia inglesa.) Antes de adaptarse a los gustos de la isla, todos se sorprendían de que comprase carne y mantequilla, alimentos sólo para ricos que ella se apresuraba en compartir.
En Ibiza, rodeada del mar, volvía a sentirse poeta:

Digno es de compasión el desterrado continente alejado del mar
Donde la gente anhela capturar en el espejo
Que hay detrás de sus ojos una montaña una llanura o un valle
Que se mueve con la corriente que llega
En siluetas nevadas y masas de nubes, sin
Separarse totalmente de la pesada y sombría
Tierra inclinándose, él mismo envuelto en sombras, para
Beber la luz del día. (...)

“Todos los días, cuando me sentaba a escribir a máquina, miraba la ciudad reflejada en el mar, y un día recorrí el camino del puerto hasta la orilla opuesta, donde se alzaba la ciudad “real” que yo sólo conocía como la ciudad que se encontraba en el mar, pero sentí lo mismo que si intentara caminar detrás de un espejo, y supe que fuera cual fuese el fenómeno externo de la luz, de la ciudad y del mar, la verdadera ciudad espejo se encontraba dentro como la ciudad de la imaginación.”





En Ibiza recibe la notificación de que su novela LOS BUHOS LLORAN ha sido publicada, y conoce a un americano, Bernard, con quien se cita y mantiene una romance. Era su primera incursión en el mundo del amor y la seducción, aunque ella la enmascara como si fuera una entendida en la materia. En esos días la escritura ocupa un segundo plano, puesto que Bernard ocupa su mente y su cuerpo. Janet, que había idealizado ese amor que no era tal, se enfrenta a la realidad cuando Bernard opina que si ella se quedara embarazada sería terrible. Así se destruyó el `amor perfecto´que había intentado construir (más en su imaginación que en la realidad). Dejó de dormir en casa del americano y regresó a su habitación de la calle Riquer. Bernard decide abandonar la isla y ella comienza a sospechar que está embarazada justo cuando la ausencia de Bernard hace mella en el amor que ella había alimentado.
Abandona Ibiza y parte hacia Andorra, donde se convierte en una más de la familia de la casa donde se hospeda. Debido a un accidente doméstico pierde a su hijo, y esa situación unida a la soledad que siente la empujan a la compañía de uno de los huéspedes de la casa, El Vici Mario, quien la pide en matrimonio, pero ella, ante la perspectiva de una vida pobre y un más que probable alejamiento de la escritura, decide marcharse.

“¿Y mi escritura? En un futuro en el que nunca estuviera sola, en el que trabajara todos los días recogiendo uvas, ocupándome de los niños, cocinando para mi familia...¿cómo podría volver a disfrutar de soledad, entrar otra vez en ese mundo de la imaginación para explorarlo e intentar describirlo? (...) Y no amaba a El Vici: él simplemente encajaba en un espacio vacío que pronto quedaría llenado por una vegetación frondosa natural, más adecuada al tipo de vida que yo deseaba vivir.”

De nuevo en Londres se propone descubir si ha padecido alguna vez de esquizofrenia. Patrick Reilly le intenta buscar un trabajo “normal” y ella decide trabajar como enfermera, pero al ver sus antecedentes psiquiátricos se lo niegan. Entonces se convierte en acomodadora del Regal Theatre.
Por aquel entonces se entrevista con Patience Ross, su primera agente literaria, que intentará presentar LOS BUHOS LLORAN a las editoriales inglesas y norteamericanas. Mientras tanto, y a petición del doctor Berger, ingresa como paciente en el hospitat Maudsley durante seis semanas. Allí será sometida a diversas pruebas para verificar su enfermedad. En aquel lugar, Janet aprecia evidentes diferencias con el hospital de Seacliff de Nueva Zelanda, como la de que las enfermeras tenían la obligación de hablar con los pacientes para conocerles, los médicos visitaban varias veces por semana, no como en Seacliff, que sólo lo hacían en el momento de la admisión y al dar el alta. Se sometió a tests psicológicos y le hicieron por primera vez un electroencefalograma para comunicarle que sus ondas cerebrales eran normales y que nunca había padecido esquizofrenia, que nunca debería haber sido ingresada en ningún hospitat psiquiátrico.
Entonces Janet comenzó a experimentar un extraño sentimiento de pérdida, pues cuántas veces se había refugiado en la enfermedad para pedir ayuda.

“¿Cómo podía explicarme a mí misma si ya no podía pasar con astucia de la categoría de escritora a la de alguien que padece esquizofrenia, de una a otra según convenía en cada ocasión?

Aún tuvo que permanecer un tiempo en el Maudsley para librarse de las consecuencias de todos los años pasados en Seacliff, aunque pronto comenzó a prepararse para una nueva vida lejos de la influencia de su supuesta enfermedad.
Se topa con el duro mundo editorial de Londres que se niega a publicar LOS BUHOS LLORAN, por lo que busca trabajos y se aleja de Patrick Reilly.
Gracias a una subvención que le conceden hasta que se hubiera `estabilizado lo suficiente para conservar un empleo´ alquila una habitación y recomienza su vida como escritora. Reemprende también sus viejas amistades (los poetas y pintores que había conocido antes de viajar a Ibiza) y se une a ellos en sus ensoñaciones en cuanto a conseguir lo que pretendían en el mundo del arte.
Después comienza la relación con uno de ellos, Lawrence, y junto con Ben visita´n clubes sórdidos para ir atesorando `experiencia de vida´ que la ayuda en su inspiración.

“Sin embargo, me había fijado un rumbo demasiado claro como para seguir perdiendo el tiempo. ¿No era hora de concentrarme en mi escritura? En mi mente surgieron las palabras de Dylan Thomas:

Oh, no trabajar en las palabras hace tres meses en el condenado
Vientre del magnífico año...
Regaño amargamente mi pobreza y mi astucia...
¡Sólo tres meses, y estaba desesperado! Quizá no era una “verdadera” escritora. (...) Oh! ¿Por qué me habían arrebatado la esquizofrenia, que había sido la respuesta a todas mis dudas con respecto a mí misma?”


El doctor Miller, que dio el veredicto de su inexistente enfermedad, tenía que marchar a EEUU, por lo que sus charlas deben terminar. Le presenta al doctor Porter y Janet se siente abandonada y sola, con el resultado de que le sugiera ingresar en un hospital del norte de Londres, pero sin llegar a entrar en él, presa del pánico, es admitida de nuevo en Maudsley. Allí ya no tenía su esquizofrenia, sino sólo su yo ordinario para explicarse.
Pasó varios meses allí, tratada por el doctor Cawley, y cuando parecía que sus problemas habían quedado solucionados, ella presentaba una nueva necesidad urgente debido al miedo de quedarse sola. Con paciencia, el doctor Cawley le convenció de que era una adulta y ya habían pasado los tiempos del “deberías hacer esto, ser esto o aquello, te convendría...” Tenía que comenzar de nuevo, y Cawley le convence de que lo que necesita es escribir, que relatara sus experiencias pasadas, su historia, y que viviera sola tal y como deseaba.
En 1994 el doctor afirmaría: “Que nadie vaya a concluir que es posible tratar a un paciente con ECT más de doscientas veces...sin provocar daño cerebral. Janet Frame...había escapado porque fue favorecida por los dioses.”



Le dieron el alta y recibió una paga semanal de la Asistencia Nacional que le permitió reanudar una vez más su escritura.
Janet alquila una habitación en Grove Hill Road, en Camberwell, y se integra en una familia que prefiere considerarla “periodista” cuando les dice que está escribiendo un libro; creen mejor ése término que no el de escritora. Allí escribe el relato de su vida en los hospitales de Nueva Zelanda (ROSTROS EN EL AGUA) y le comunican que una editorial inglesa y una norteamericana han decidido publicar LOS BUHOS LLORAN

“...Me preguntaba cómo me sentiría cuando llegara el día de la publicación y al abrir el diario me encontrara con el titular: “Joven autora de una excelente novela”. El problema era que, en realidad, yo no consideraba que Los buhos lloran era excelente.”
El día de la publicación sólo encontró en los diarios una pequeña reseña acerca de una novela que trataba sobre la pobreza de Nueva Zelanda. No había ninguna crítica, aunque tiempo después sí las habría, y favorables. Después de ROSTROS EN EL AGUA comenzó EL LÍMITE DEL ALFABETO. El doctor Cawley le ayudaba con pequeñas cosas, como dejarle la perforadora del despacho para coser sus páginas o hacer llamadas a la biblioteca para que le prestaran algun libro. Esta ayuda puede parecer extraña, pero “Sé que a los treinta y tantos años, la mayoría de las mujeres cuenta con la ayuda de un compañero o un marido. También sé que no existe “la mayoría de las mujeres”y que el no casarse, ya sea por falta de ganas o incluso por alguna incapacidad, no significa un fracaso personal: el fallo está en las expectativas de los demás.”
En Grove Hill, Janet encuentra impedimentos para su trabajo. Debido a que el dueño de la casa ha de trabajar por las noches, le piden que no escriba a máquina durante el día. Además, la llegada de la televisión y los tocadiscos, llenan de ruidos el lugar. Ella decidió comprarse también un tocadiscos, y cuando Ted Morgan se levantaba, ella escribía a máquina acompañada de la música que se unía al resto de ruidos.

“En mi esfuerzo por hacer mi trabajo me di cuenta del hecho evidente de que la única certeza con respecto a la escritura y a intentar ser escritor es el trabajo hecho, no soñar o hacer planes y no escribir nunca, o hablar de ello (el yo finalmente queda hecho pedazos, como una esponja empapada), sino, simplemente, escribir; es un trabajo como cualquier otro.”
Por entonces publicó ROSTROS EN EL AGUA y acabó EL LIMITE DEL ALFABETO. La primera tuvo mayor éxito que LOS BUHOS LLORAN. E cuanto a El Limite del Alfabeto, supuso una desconcertante relación entre ella, los editores y los críticos. Cuando unos sugerían que acortara un capítulo, los otros decían que hubiera tenido que ser más extenso. Pero esta situación le hizo tomar la decisión de mantener sus propias opiniones y no dejarse llevar por las de los demás. Tenía que tener confianza en su trabajo y aceptar tanto sus brillantes ideas como las menos afortunadas.

Aunque las buenas críticas supusieron una inyección de moral para Janet, las malas la angustian hasta preguntarse cómo había osado aspirar a ser escritora. Pero con esfuerzo se propuso pasar por encima de las críticas.
Tras la publicación de dos volúmenes de cuentos que le proporcionan una generosa suma, deja de recibir el cheque de la Asistencia Nacional y se muda a un lugar tranquilo, donde retoma su relación con Patrick Reilly: “Yo dependía de él, y sin embargo me parecía repugnante: no sentía deseo sexual hacia él. Me gustaba más cuando hablaba de los gnomos y del idioma irlandés, y compartíamos el amor por el tiempo, por el cielo, el mar y el verdor...” Aceptaba sus regalos con gratitud, pero su nuevo intento de seleccionar las amistades de Janet, los separó. Ella, que se veía con Ben, el poeta, quien la había visitado en el hospital y llevado libros, tuvo que oir de labios de Patrick: ”Los poetas y los artistas son unos inútiles. No tienes nada que ver con ellos.”
Fuera de su influencia acaba JARDINES PERFUMADOS PARA LOS CIEGOS y recibe una carta de su editor, a cuya cita se prepara para asistir con mucha ilusión. Se compra ropa y a petición de su casera se corta y alisa el cabello, pero frente al espejo no se reconoce y trata de volver a su apariencia habitual.
La entrevista con Mark Goulden le infunde ánimos y decide trasladarse al campo, a casa de dos hermanas, donde ha de trabajar como guarda durante su ausencia. Allí toma conciencia de que ya vive como una escritora, pues JARDINES PERFUMADOS PARA LOS CIEGOS estaba a punto de salir, aunque la carga de llevar la casa la empuja a aceptar la oferta que le hizo su editor de vivir en un apartamento que ellos le cedían al sur de Kensington. En su nuevo hogar, donde disfruta de cosas que para ella son un lujo (agua caliente, bañera, una cocina para ella sola) se enfrenta a una crítica de su última obra: “Este libro es ilegible, en el peor sentido de la palabra.” En cambio otra decía así: ”Probablemente la obra de un genio.” Contradicciones que la angustian y le hacen perder la confianza.
Conoce al escritor Allan Sillitue y en su lujoso apartamento comienza a escribir CARTA A UN ESCULTOR, pero recibe una carta de su hermana desde Nueva Zelanda en que le comunica que su padre ha muerto. Ahora era, junto a su hermano, copropietaria de Willowglen. Entonces Janet se pregunta si debe volver a su país debido a la idea equivocada que aún tienen de ella (desequilibrada, demente), e intenta buscar excusas `literarias´ para volver, pero en el fondo de sí misma sabe que ya ha encontrado su `lugar´dentro de sí y, aconsejada por el doctor Cawley, compra un billete de ida y vuelta.
Tuvo que pedirle a la bibliotecaria que la despidiera en la estación (“¡Tantos años en Londres y tenía que pedirle a alguien que fuera a despedirme!

Janet regresa a Nueva Zelanda después de siete años, donde se le concede (1964) la Beca de Letras que le permite escribir durante un año, y en 1965 se convierte en miembro del gobierno de la Universidad de Otago. Es entonces cuando compra una casa propia y su escritura contínua, viva y expresándose sin cesar. En 1983 le fue concedido el título de comendadora de la Orden del Imperio Británico.

Comentarios

  1. Qué historia increíble la de Janet Frame. Y cómo pudo siempre mantenerse en su convicción de escritora!

    Es admirable y es también ejemplo, no sólo para quienes escribimos, sino para todos los que persiguen sus sueños, con las dificultades que eso conlleva.

    Un saludo,
    Alejandro.

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