Talleres literarios: si o no (II)

De la revista Qué Leer.

Enséñame a escribir. Talleres literarios a debate. Por Clara de Cominges


La pintura, la música o la interpretación son artes que se aprenden en escuelas o universidades. Pero, ¿qué hay de la escritura? ¿Se puede enseñar o por el contrario se rige únicamente por la inspiración y el talento? Los talleres de escritura son algo relativamente nuevo en España y no gozan de excesiva buena prensa. Profesores y alumnos de estos y escritores autodidactas analizan el proceso de asimilación de las técnicas del oficio. ¿Es posible aprender a escribir?

"Leer es muy importante." "Es un requisito básico." "La gente a la que no le gusta leer, es difícil que escriba bien." "Hay que leer mucho." "A escribir se aprende, sobre todo, leyendo." "Si no lees de joven, te va a costar encontrar tu estilo." tales serían las conclusiones de los encuestados. Todos los autores coinciden en que la lectura es el punto de partida para iniciarse en la aventura de la escritura. Como dice el escritor Fernando Marías, "parece tan obvio que se tiene que leer, que casi ni lo dices". Pero hay que hacerlo porque no todo el mundo lo tiene tan claro. Algunos de los alumnos que acuden a cursos de escritura no lo han hecho, por lo menos, lo suficiente. "En los talleres, la gente se anima a leer; empieza a hacerlo de otra manera", asegura Isabel Cañelles, directora de la Escuela de Escritores de Madrid. "Se puede ver la cocina de la novela", dice Pablo Pérez López, profesor de Técnicas Narrativas de lAteneu Barcelonès y jefe de Estudios de la Escuela de Escritores Alonso Quijano de Ciudad Real. Durante un curso de Relato Breve del Taller de Escritura de Madrid, un alumno exclama respecto a Madame Bovary: "De tanto hablar de ella, al final me leí la novela. Ahora ya sabré de qué habláis cuando hacéis referencias". Estos talleres pueden orientar las lecturas, aunque para el escritor Francisco Casavella "la propia curiosidad lleva a leerlo casi todo".

Cumplen, además, la función que desempeñaban los cafés literarios de antaño o los maestros. "Existe una necesidad de vías de transmisión del conocimiento, papel que antes tenían las tertulias de café", asiente Pablo Pérez. Y sigue: "El problema es confiar demasiado en la inspiración". Un requisito básico es la sinceridad del profesor. "No se le puede a decir a un alumno: Dedícate a otra cosa. Pero sí: Tienes una serie de carencias."

Se reciben críticas de profesores y compañeros. Se presenta la posibilidad de tener otros puntos de vista que no sean el de la familia, que lo encuentra todo bien. Las críticas no consisten en decir si el texto es bueno o malo, sino que se hacen sugerencias para mejorar lo escrito.

Además, sirven de punto de encuentro entre personas con los mismos intereses. "Ejercen la función de club social", dice Fernando Marías. "Es una manera de huir de la soledad; yo lo hice con la facultad ¿añade¿. Aunque apuntarse a un taller hace pensar en un chiste de Woody Allen." El caso de la escritora Eugenia Rico, ganadora del Premio Azorín de Novela en el 2002 y finalista del Premio Primavera de Novela en el 2004, es un claro ejemplo. Rico fue alumna de varios talleres en los que reconoce que "no aprendí a escribir nada". Le permitieron conocer a gente del mundo literario. Era una chica de provincias recién llegada a Madrid, que ya había publicado. "Los talleres me sirvieron para leer, criticar mi propio texto y conocer a gente. Quería codearme con los escritores que había en Madrid." Distingue el trabajo de Ángel Zapata, "un gran teórico; el único del que aprendí", aunque denuncia que en uno de estos talleres le "destrozaron" una novela de cuatrocientas páginas que nunca pudo publicar. "Las novelas no son democráticas. Si intentas gustar a todo el mundo, la pifias." A pesar de ello, es partidaria de los talleres ya que "son positivos y ejercen de sustitutos de las tertulias de café". Ella misma dio clases particulares en su casa, pero tuvo que dejarlas porque no le cobraba a una alumna "porque era muy buena". En otro de los talleres a los que acudió, la directora la echó. "Me dijo que me fuera a mi casa a escribir", no porque no tuviera nada que hacer sino porque ya sabía lo suficiente.

Mientras que en Estados Unidos los cursos de escritura dan prestigio a importantes universidades, en España siguen relegados a un segundo plano. "Es un prejuicio que se da solo en España, no en el mundo hispano o anglosajón", dice Antonio Jiménez. "Son viejos tópicos heredados del romanticismo. La gente no sabe lo que es un taller literario y tenemos que luchar con ideas muy absurdas. Hay mucha gente que se acerca con recelo y una abrumadora mayoría se queda." Frente a las críticas, Jiménez lo tiene claro: "Decir que los talleres de escritura no sirven de nada es como decir: ¡Qué imbécil! Aprendió a escribir y a leer porque fue al colegio".

Mientras que está reconocido que el trabajo de un actor, pintor o músico pasa por una escuela ¿conservatorio, licenciatura en interpretación o bellas artes¿, el del escritor parece que tuviera que venir de la nada, de la pura inspiración. Para Antonio Jiménez, los culpables del prejuicio que existe respecto a los talleres son los malos profesores: "Hay una dinámica de autor en la que se huele mucho que ha pasado por un taller". Julio Espinosa Guerra, profesor de un Taller de Poesía en la Escuela de Escritura, cree que los malos profesores son los que, a su vez, han pasado por talleres de escritura.

Comentarios

  1. De los talleres literarios que he realizado he salido contento, porque me parece positivo y muy conveniente que otros te hagan ver los defectos propios. Para aprender hay que tropezar.

    Además, siente una camaradería sana.

    Un saludo.

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  2. Bueno, yo estoy a favor de los talleres literarios. Cualquier arte se expresa a través de un oficio, de una técnica. Nada de "pura inspiración", escribir requiere de un aprendizaje, aunque éste no se adquiera en un taller, sino por el propio esfuerzo personal.
    ¿Cuánto se puede aprender en un taller? ¿Qué nivel de calidad literaria se puede alcanzar en ellos? ¿Cuánto podemos desarollar nuestra capacidad creadora? Yo creo que mucho, aunque nunca debemos obviar que el talento artístico, en este caso del escritor, es algo innato.

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  3. yo estoy en un taller, y puedo decir que me va bien y estoy contenta, aprendes cosas, a criticar tu propio trabajo, pero también tienes que seguir tu propio corazón, asimilar las críticas, leer y pensar bien las recomendaciones, pero no llevarlas a rajatabla, porque eres tú quien escribe, quien sabe que quiere contar y quien decide como hacerlo, pero aprendes mucho, siempre y cuando sepas donde está el límite, muchos no lo saben.

    Si estoy a favor, o no, digo que sí.

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  4. La verdad, nunca he estado en ninguno (los que he visto, siempre costaban un pasta y no me he decidido enre unas cosas u otras), pero creo que es bueno, será en parte como los cursos que he dado, en los que he aprendido todo lo que sé de las editoriales. Y es lo que dice la entrada: aprendes y conoces gente. Eso no puede ser malo nunca.
    Además estoy de acuerdo con eso de que hay que leer. Sacar tiempo de donde sea y aprender a escribir, porque a veces creemos que sabemos, y cuanto mas lees, mas ves que no es así.

    Es muy interesante esta entrada.

    Besos MArtikka!!

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  5. Yo creo que todos los talleres deben de tener algo positivo. A mí me encantaría estar en alguno, pero no sé si hay de mi edad, dónde son, cuál es el precio...
    A ver si puedo apuntarme a uno estas vacaciones.

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  6. Yo tampoco los conozco, pero imagino que deben ser buenos. Por supuesto que lo primordial es leer, leer mucho, y haberlo hecho desde pequeño. Pero lo de juntarse con gente afín, que te hagan críticas constructivas y demás, seguro que está bien. Aunque de momento no me lo planteo.
    Saludos.

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  7. Yo tampoco puedo opinar pq no he estado en ninguno. Supongo que algo se aprenderá, aunque solo sea eso, el gusto por leer y escribir. Puede que incluso se aprenda a redactar mejor y a plasmar tus ideas con mas claridad, pero no creo que se pueda aprender el genio, la chispa, la inventiva, la originalidad... aun reconociendo que escribir exige mucha disciplina y trabajo detrás...

    Bezos.

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  8. En el fondo, todos estamos de acuerdo. Pueden ser útiles por la discipilina y el contacto con gente de intereses similares, pero la "chispa" como dice Thiago, se lleva dentro y no se puede aprender.

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  9. Menudo pedazo de blog que tienes me encanta.
    Un saludo.
    Eugenio.

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  10. Creo que la escritura creativa, como cualquiera otra de la artes, tiene unas reglas básicas dictadas por la experiencia que pueden ser de utilidad; pero como cualquiera de las artes, se aprende con la práctica, la dedicación y la pasión.
    ¿El escritor nace o se hace? Se hace con la práctica y el aprendizaje, pero si no ha nacido con esa inquietud...
    El año pasado asisti a un taller; lo dejé a la tercera sesión. Tenía la sensación de saber más y tener más interés que el propio profesor...Creo que un taller puede ser interesante dependiendo de quien lo dé, de su solvencia.

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  11. Vengo desde el blog de Elena (Proyecto de escritora) y
    te felicito por un blog de tanta profundidad incapaz de centrarme en esta primera visita en esta entrada sin dejar de ver tanto contenido sobre lo que tanto me gusta como es el mundo de la escritura,de los libros,de aprender a usar esos elementos mágicos que llamamos palabras :)
    Felicidades Martikkla!

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  12. Gracias por tu visita, Eugenio. He pasado por tu blog y veo que tienes unas fotos preciosas. Volveré de nuevo por allí.

    Lola, qué experiencia curiosa. Dejarlo a la tercera sesión... Dicen que el mejor profesor de escritura creativa sería un escritor, porque él puede transmitir su entusiasmo o su experiencia, y muchos que se dedican a la enseñanza no lo son. También dependerá del estilo del profesor, que hay cada uno...

    Carlos, gracias a tí también por tu visita. Me halaga que te guste el blog y te sea útil.
    Saludos!

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  13. Frase de Einstein:

    La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia.

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  14. De todo se extrae una experiencia que puede resultar positiva si se observa con el cristal adecuado. No todo es igual para todos, pero de todo hay algo en lo que cada uno pueda fijarse especialmente. Voy a por la tercera parte. Besos.

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