Talleres literarios: si o no (III)

Continua de Talleres literarios: si o no (II) y I

(Aviso a navegantes: Entrada larga pero muy interesante.)

Autodidactas

Juan Manuel de Prada desconfiaba de la labor de los talleres porque no la conocía y ahora da clases en la Escuela de Escritores Alonso Quijano. "Prada dice que, si tienes un mundo que contar, la escuela te ofrece una vía más directa. Aunque hay escritores que han sabido, por iniciativa propia, leer de otra manera", asegura Pablo Pérez.

Fernando Marías es autodidacta. Estudió Ciencias de la Información en la rama de Imagen, pero fue cinéfilo desde niño y lector: "Bajo mi punto de vista, no se puede aprender a escribir lo esencial. Tienes que tenerlo dentro, tener algo diferente que contar, tener una mirada propia. Ese algo que contar es muy difícil de aprender. Hay que nacer con una sensibilidad especial". Aunque él se puso a escribir por intuición ("es lo más divertido de escribir novelas"), cree que los talleres sirven mucho para mejorar. Siempre es mejor saber los códigos.

Otro escritor autoeducado, el catalán Quim Monzó, apunta que "si alguien es escritor, no necesita que le enseñen a serlo. Pero eso no quiere decir que considere inútil el papel de los talleres literarios que desde hace casi treinta años funcionan entre nosotros". Al propio Monzó le "hubiese gustado, de adolescente, conocer a gente que soñase con publicar, como yo, y compartir dudas e ilusiones".

Francisco Casavella cree que lo necesario es "descubrir en uno mismo la verdadera vocación de escribir, no de ser escritor. Esto significa saber que la mayor satisfacción se consigue cuando estás solo en una habitación intentando plasmar los frutos de tu conocimiento, de tu inteligencia y de tu imaginación. Si uno consigue una mayor satisfacción en otro lugar, o de algún modo no siente esa imperiosa necesidad de quedarse solo y trabajar (casi siempre por nada y para nada), es que no quiere aprender a escribir". Afirma no haber ido a talleres de escritura, por lo que desconoce su eficacia. "Supongo que depende del profesor y, sobre todo, de los compañeros. Lo que sí sé es que si alguien va a un taller de escritura y lo primero que pregunta es cómo publicar, no quiere ser escritor. Si lo primero que pregunta es cómo ganar dinero con esto, es que es tonto. Uno gana dinero como ingeniero o estudiando Empresariales."

Montero Glez tuvo la oportunidad de participar como profesor en algún taller de escritura ante el que presentó un método que podríamos llamar alternativo. "Las veces que me han llamado para dar uno, me he presentado y lo primero que he dicho ha sido siempre: ¿Qué cojones hacen ustedes aquí? Si quieren escribir, este no es el camino. Salgan a la calle, caminen, forniquen, enrédense en 100.000 entuertos, vivan y lean. Y todo lo demás, a tomar por culo. Así me luce el pelo, que ya no me llaman de ninguno." A la que seguro que no llamarán para dar un curso es a Alicia Giménez-Bartlett. Al menos no después de leer sus palabras: "Creo que los talleres son interesantes para los profesores que acuden a dar los cursos. Sistematizan los recursos que quizás hasta el momento solo habían utilizado intuitivamente y, encima, les procuran una pasta". En cuanto al consejo que Bartlett brinda a los que quieren convertirse en escritores, vuelve a citar la lectura como fuente de aprendizaje básico y añade la necesidad de tener una cierta facilidad natural. "Lo demás es autoayuda para seres problemáticos de tipo ilustrado." Podría ser más corto, pero no más claro.


Talento y sensibilidad

En definitiva: ¿todo el mundo puede ser escritor? "Hombre, todo el mundo, todo el mundo...", responde Isabel Cañelles, y apostilla: "Hay gente que tiene una prosa magnífica, pero no tiene fuerza de voluntad". Para Cañelles son necesarias la voluntad, la imaginación, la autocrítica. Y añade que con pudor no se puede escribir nada que valga la pena: "Los escritores tienen que ser bastante exhibicionistas". Exhibicionistas o más bien suicidas, según Eugenia Rico. "El artista se expone de una manera no tanto exhibicionista como suicida. El escritor debe estar dispuesto a sufrir, porque publicar da miedo y es arriesgado." ¿Cuáles serían las claves para escribir una gran obra? Según Rico, "aparte del talento, se necesitan algo de magia y suerte, tesón y casualidad".

Antonio Jiménez cree que lo que sí se puede aprender es el oficio de escritor, una serie de recursos que no son innatos. "Hay una cosa que es el genio, pero se tiene que nacer con ello. Y lo que no da Dios no lo podemos dar nosotros." Pablo Pérez entiende que el escritor nace a partir de una necesidad expresiva. "Creo en la sensibilidad que se va forjando desde la infancia", apunta. Se necesita, pues, una sensibilidad especial, pero hay que contar también con recursos literarios. En ambas escuelas se busca una formación integral del escritor: lengua, literatura, edición... Pero aquello que podríamos llamar genio, talento, imaginario privilegiado, vocación o facilidad natural... eso es algo que las escuelas de escritura no pueden enseñar.


Escribir, reescribir y reescribir

Una vez claro este primer punto, ¿qué hay que hacer? Escribir, reescribir y reescribir. Como en todo lo demás, es muy difícil que un texto salga bien a la primera. "Todo lo que enseñamos está enfocado a la reescritura", afirma Pablo Pérez. Para Enrique Páez, director del Taller de Escritura de Madrid, "hay que escribir muchos textos malos para escribir uno bueno". Uno de los alumnos de su curso de iniciación al relato breve así lo reconoce: "El primer día pensaba que había hecho una obra de arte. Luego me dije: ¡Jolín! ¡Cuánto tengo que aprender!"

Los talleres son, además, una cura de humildad para muchos, ya que se tiene que decir honestamente lo que se piensa del otro: "No vienen a chuparse las pollas, como decían en una escena de Pulp Fiction", asegura Antonio Jiménez, profesor del Taller de Escritura Creativa Fuentetaja de Madrid. "Enseguida se toca mucho el ego ¿añade¿ y no se puede vender aire." En la mayoría de los talleres, se publican recopilaciones de relatos que los alumnos han escrito. Pero muchos recalcan que su finalidad no es publicar. Ya lo decía Borges: "El fin de la literatura no es publicar sino escribir y leer".

Gabriel García Márquez denomina carpintería todo aquello que un escritor necesita como reglas básicas. En el documental La escritura embrujada, este explica un concepto del que siempre habla: la carpintería; "es decir, la técnica de contar; la técnica de escribir o la técnica de hacer una película". García Márquez lo define como "un trabajo mecánico, perfectamente legítimo" que nada tiene que ver con la inspiración. Para Antonio Jiménez, "el profesor tiene que enseñar la carpintería del oficio y dejar que cada uno tenga su estética". Por lo tanto, la finalidad de un taller de escritura no es la de hacer a un escritor; "el taller no es omnipotente".

La función de las escuelas de escritura es, pues, hacer que el proceso de aprendizaje de las técnicas específicas sea más rápido. Para Enrique Páez, "no es necesario acudir a un taller de escritura, pero con él se acelera el proceso; se aprenden cosas mucho más rápido". Los talleres además "ayudan a crear una dinámica de trabajo", asegura Antonio Jiménez, que recuerda a su vez la famosa frase de Picasso: "La inspiración está muy bien, pero te tiene que llegar trabajando", cita muy repetida por la mayoría de los escritores.

Según Enrique Páez, "todo el mundo puede escribir y todo el mundo puede escribir mejor: es lo más parecido a un gimnasio".

"Aunque hay gente que ha aprendido sola", dice Antonio Jiménez. Para ilustrar este hecho, explica el caso de Truman Capote, un niño superdotado y autodidacta: "A los 10 años tomó la decisión de ser escritor y publicó su primer libro a los 23. ¡Necesitó trece años y era superdotado!" Lo que hay que hacer es trabajar.

Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con ellos, en un taller puedes aprender algo, pero lo esencial, si no está en tu interior...difícil es que consigas aprenderlo en un taller. Tal vez, si se aprende, es porque se aprenda, no a tener esa cosa, si no porque se aprendió a verla.

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  2. Unas opiniones muy interesantes y estoy de acuerdo en la mayoría de los casos.
    A escribir se aprende leyendo y escribiendo. Casi creo que sería más útil un taller de gramática que nos resolviera dudas que nos surgen a todos, y de literatura para familiarizarse con los grandes escritores.
    Y a partir de ahí, a mojarse.

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  3. Lola, es buena idea, y deberían existir talleres así. Pero es seguro que como dice Arwen, hay que tener algo dentro, y en los talleres deberían de alimentarlo.

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  4. Pues sí, el trabajo es fundamental y, como te dije antes, escribir mucho. Y, por supuesto reescribir. Es cierto que, al menos así lo creo yo, lo verdaramente importante es escribir y no publicar, pero tiene que dar un gustico... Jejeje. Un fuerte abrazo. Me ha encantado este paseo por los talleres literarios. Besos.

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  5. Estoy d acuerdo con la afirmación de: todo el mundo puede escribir, y todo el mundo lo puede hacer mejor. Es lo que siempre he pensado y lo que siempre he dicho cuando la gente se sorprendía de que escribiera y pensaban que por el hecho de escribir, ya lo haces bien.
    Todo el mundo puede ser capaz de hacerlo, con trabajo y mejorando.

    Besos!!

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  6. Gracias por tu aportación Víctor. Y estoy de acuerdo: lo verdaderamente importante es escribir. Yo he publicado cosas y muy bien, están ahí, pero la verdadera satisfacción la encuentro escribiendo, al acabar una novela, al empezar otra, al tener una idea para escribir un relato...

    Elena, a mi a veces me ha pasado lo mismo. Piensas que porque escribes ya lo haces bien! Qué curioso!
    Saludos!

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