Una vida inútil. Cuento zen.

Imagen por qk_monga.


Una Vida Inútil


Un granjero se puso tan viejo que no ya podría trabajar los campos. Así que pasaría el día sentado en el pórtico. Su hijo, aún trabajando la granja, levantaba la vista de vez en cuando y veía a su padre sentado allí. “Ya no es útil”, pensaba el hijo para sí, “¡no hace nada!”. Un día el hijo se frustró tanto por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el pórtico, y le dijo a su padre que se metiera dentro.


Sin decir nada, el padre se metió. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró el ataúd al borde de la granja donde había un elevado acantilado. Mientras se acercaba a la pendiente, oyó un débil golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd.


Lo abrió. Aún tendido allí, pacíficamente el padre miraba hacia arriba a su hijo. “Sé que vas a lanzarme al acantilado, pero antes de que lo hagas, ¿puedo sugerir algo?”, “¿Qué?” contestó el hijo, “Arrójame desde el acantilado, si quieres”, le dijo el padre, “pero guarda este buen ataúd de madera. Tus niños pudieran necesitar usarlo”.

Comentarios

  1. Es la entrega de los padres por sus hijos, aunque conozco a algunos padres que vaya, vaya...

    Es aceptar el círculo de la vida, que se acaba siempre igual, igual que empieza.

    Me gustan estas historias zen, siempre aportan algo.

    ¡Saludos!

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  2. Me encantan estos cuentos zen, siempre con su moraleja y dando en qué pensar... Gracias por escoger este!
    Por cierto! Gracias a tu mascota del Blog (ovejita), me he dado cuenta que yo también puedo dar de comer a mi mascota...Con el tiempo que hace que lo tengo y no le he dado nunca una manzana, pobrecito!!!! Ahora lo pondré en una parte en la que todo el mundo le pueda dar de comer. Gracias!

    Abrazo!

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