La isla de los escritores










En las Antillas, cerca de la isla de Montserrat y la isla de Antigua, se encuentra la isla de Redonda, de unos 3 kilómetros cuadrados. Matthew Dowdy Shiell la compró en 1865 para su primer hijo varón. Años después, el obispo de Antigua designaba a su hijo Matthew Phipps como rey de Redonda, tomando el trono con el nombre de Phillip I.


Aunque el gobierno británico anexionó la isla, permitió el título de rey dejando claro que era un título ficticio sin valor legal. El hijo de Shiell escribió 25 novelas de ciencia ficción y decidió que su título debía ser hereditario, pero de un modo peculiar. En lugar de la sangre, sería la literatura la que enlazaría los sucesivos monarcas. Shiell conoció a un joven poeta, John Gansworth, y decidió que sería su sucesor, convirtiéndose además en gestor de los derechos de sus obras, tal y como habrían de hacer los posteriores monarcas con sus predecesores.

Gansworth gobernó el reino de Redonda desde los pubs, acodado en barras de bar y dictando sus leyes en revistas literarias. Entre copas, designaba títulos reales.
Algunos de los beneficiados fueron Dylan Thomas, Henry Miller o el actor Vincent Price. Vendía los títulos, y su embriaguez llevó a decidir poner en venta el reino por mil guineas, pero se retractó.
A su muerte, le sucedió John Wynne-Tyson, quien fue nombrado John II. Intentó poner en orden los desbarajustes de Gansworth pero enseguida abdicó, y lo hizo en un escritor español, Javier Marías, rey de Redonda con el nombre de Xavier I.

Javier Marías ha creado un sello editorial con el nombre de Redonda e incluso un premio literario. También ha otorgado títulos reales: a Pedro Almodóvar le concedió el título de Duque de Trémula, a Eduardo Mendoza el título de Isla Larga, y a Ray Bradbury, duque de Diente de León, entre muchos otros.
Pero actualmente, Marías tiene que luchar contra otros tres pretendientes al trono, que reclaman su derecho a reinar.

Es una isla pequeña, en medio del océano, un lugar real y a la vez ficticio; un lugar donde cualquier escritor puede alimentar su inspiración.



Comentarios

  1. Qué cosas, en este mundo hay de todo. :) Me gusta esta tradición isleña. :)

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  2. Qué historia tan curiosísima, Martikka. Una brillante anécdota. No me importaría ser un duque o conde de algún rincón de la isla, ¡qué simpático quedaría en la tarjeta de visita!

    En fin. Me toca corregir, corregir, corregir...

    Un saludo

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  3. me encantaría tener yo también un rincón así para poder escribir a mis anchas sin que me molestase nadie... sería genial

    besos

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  4. Tengo varios títulos publicados por ellos, y estoy hasta el momento encantado. Lo que desconocía era que se tratase de un "reino" físico, y su historia. Muchas gracias por contarla.

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  5. ¡Yo tambien quiero una isla! ¡jajaja...!
    Bueno, a lo mejor podemos tener una a medias, ahora que somos nobles (pasate por mi blog y lo entenderás).
    Una curiosa anécdota que solo es posible en el mundo de la literatura, donde todo puede pasar.
    Besos.

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  6. me encanto, ahora sabemos de donde viene tanta inspiracion, un lugar maravilloso tenia que haber...
    un beso...

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