Almas grises
















Crítica de Almas grises, por Marta Abelló

Autor: Philippe Claudel
Traducción: José Antonio Soriano
Editorial: Quinteto-Salamandra, 2005


Almas grises es el retrato de las almas que residen en los claroscuros de unas vidas también grises. Todo es gris en esta historia que transcurre en Francia en los años de la gran Guerra europea. Todo es gris para definir de forma certera a los habitantes de un pueblo tranquilo que ven turbada su rutina al ser encontrado el cadáver de una niña de diez años, Belle de Jour.
Philippe Claudel nos lleva a través de los recuerdos de un policía para recorrer el escenario en que ocurrieron los hechos y por el que sucedía su vida como miembro de la comunidad. Nos habla del Fiscal, del Juez, de la Maestra que se instala en la pequeña casita del llamado Palacio del Fiscal donde es observada por éste, desde su atalaya de timidez y tristeza.

Ésta es la historia de un crimen, pero también la historia de todos aquellos que lo vivieron y de la forma en que lo vivieron desde la perspectiva del recuerdo del policía protagonista. El autor usa de forma constante las analepsis, retrocediendo a los días de su juventud. Recurre también a las prolepsis para hablarnos y adelantar hechos que habrán de suceder después. Ese desorden en la trama imparte una gran credibilidad a la historia que se nos está narrando en primera persona, ya que concede verosimilitud: así son nuestros recuerdos de algo que sucedió en el pasado, así contamos las historias que nos sucedieron.

Esas idas y venidas, esos recuerdos fragmentados, van tejiéndose alrededor de muchos de los habitantes del pueblo, tipos de personajes con psicologías complejas y muchos matices donde nada es lo que parece, y lo que parece, a menudo no es. Se crean dudas acerca del fiscal Destinat, un hombre solitario y un tanto extraño que parece que guarda secretos, pero la intervención del señor Juez y el coronel Matziev, impide que Destinat sea interrogado, aún contando con una testigo que podría (quizás sí, quizás no) aportar luz al caso. La tragedia de la maestra se une al asesinato de la niña. Su muerte añade más dudas al protagonista, que además se topa con la detención de dos desertores que son obligados por el juez y el coronel a confesar la muerte de Belle de Jour. No se pierde nada con esa confesión ¿falsa? pues morirán de todos modos bien sea como desertores, bien como asesinos.

Tras la muerte del Fiscal, el Policía (Claudel utiliza estos arquetipos quizás como símbolo del ordenamiento de la sociedad, de la seguridad a la que es proclive el ser humano) encuentra una serie de copias de cartas que la Maestra había enviado a su novio en el frente, desvelando aquí parte de su psicología, de sus pensamientos acerca de la vida, el amor y los habitantes del pueblo. Las Cartas también aparecen como símbolo, de revelación en este caso, pues además de las de la maestra, otra carta (tardía) recibida por el policía nos revelará algo relacionado con uno de los desertores. La novela, escrita en primera persona, también es como una larga Carta, una gran revelación.

No hay blanco ni negro en esta historia; el gris predomina y es el mejor color para definir el alma humana según Claudel, un alma que es el tema de esta magnífica narración galardonada en varias ocasiones (Premio Renaudot, Libro del Año): Los humanos somos contradictorios, llenos de claroscuros; y así son los personajes que retrata tan magistralmente Claudel, pues sólo con esas contradicciones un personaje de ficción resulta humano. Nunca nada es lo que parece.

Comentarios

  1. Tu comentario me ha dado "buenas vibraciones" sobre este libro. Lo buscaré.

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  2. Lo que más me ha atrae de lo que comentas es ese desorden que dices que trabaja tan bien el autor.

    Me haré una nota mental por si algún día aparece delante mío y tengo ganas de adentrarme en ese mundo que nos has comentado.

    Saludos

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  3. Excelente critica, despierta el interés por leer la obra.

    Gracias Martikka
    Un abrazo de
    Ro

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