Clase magistral de Raymond Carver (I)



Raymond Clevie Carver Jr. Nació en Clatskanie, Oregón, y murió el 2 de agosto de 1988en Port Angeles, Washington.
Se le considera el padre del realismo sucio, un estilo de escritura en el que prima la economía de palabras y la vinculación con sus temáticas más tratadas que tienen que ver con la clase obrera norteamericana y ciertos aspectos atormentados de los personajes. Él mismo fue alcohólico y parte de ello emana de alguno de sus personajes. Aprendió de la enseñanzas del escritor John Gardner, y publicó muchos de sus relatos en periódicos y revistas como el New York Times o Squire. El editor de esta última, Gordon Lish influyó enormemente también en la evolución de su estilo hacia este minimalismo que lo caracteriza. Se casó dos veces, siendo su segunda esposa la poetisa Tess Gakagher y era gran amigo de Tobias Wolff y Richard Ford.
Está considerado junto al ruso Chejov uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XX. , al que le dedicó uno de sus más reputados textos: Tres rosas amarillas. (Fuente:Lecturalia)




Escribir un cuento
por Raymond Carver


Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O’Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin... Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.

Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.

Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio... Entonces tendré al menos es ficha escrita. “El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor”. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa “única convicción moral”, deberá rastrearla sin desmayo.

Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:... Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.

Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
continuará...

Comentarios

  1. Súper interesante cari... está estupendo, otra cosa es ponerlo en práctica. A mi me pierde la inmediatez del post. Escribo algo y estoy deseando colgarlo, por eso no soy capaz de escribir un libor, no tengo paciencia para "escribir cada día un poco con esperanza y sin desesperar" o algo así... jaja

    bezos

    ResponderEliminar
  2. Unas reflexiones muy interesantes las que nos has presentado.
    Destacaría las siguientes:
    "La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento."

    Muchas veces delante del reto de acabar una novela, de empezar una o de continuar una nos viene el ahogo.
    Me ha hecho reflexionar mucho.
    Habrá que analizar si lo del talento.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Interesante entrada, Marta. Me parece muy acertado eso de "escribir todos los días, sin esperanza y sin desesperación". Y así un día, casi sin darnos cuenta, llegamos al final de nuestra novela.

    Saludos,
    Alejandro.

    ResponderEliminar
  4. Es cierto que cada escritor tiene su propio mundo y su forma de contarlo, por eso nunca se podrá decir que ya todo está escrito.

    ResponderEliminar
  5. Escribir es algo nuevo para mí, por eso no tengo mucho qué contar al respecto. No empecé de niña, ni mucho menos me imaginaba que sería escritora. Sólo hace unos ocho años creí que podría escribir "algo" y resultó ser una novela. Yo misma no me lo podía creer. No sé si tendré un estilo, una firma inimitable que hace que se me reconozca cuando escribo. Mucho menos sé si soy una buena escritora. Sólo escribo. Y el placer es tan grande que creo que no dejaré de hacerlo.

    Me ha gustado leer a Carver, veo que sus interrogantes no se diferencian mucho de las de otros escritores, es la suma de todas las dudas que sentimos los que hemos tomado la escritura como una bandera.

    Un abrazo,
    Blanca

    ResponderEliminar
  6. Muy buena la entrada, Marta. A mí me gusta leer las reflexiones de los demás escritores sobre el proceso de escribir. No creo que eso sirva en la práctica para nada concreto, es decir: eso no va a hacer que yo escriba mejor, porque al final, hay que bajarse al ruedo. A mí me ocurre algo parecido a lo de Blanca: no escribí de niño. Intenté escribir cuando era adolescente pero tampoco salió mucho, hasta que un día, de pronto, me senté y me salió una novela. Por el camino tuve que aprender técnica y demás, porque puedes haber leído mucho, pero a escribir se aprende escribiendo. También me gusta saber de otros escritores porque en casi todos me reconozco un poco. Mi esposa, por ejemplo, dice que cuando lee algún manuscrito mío, se sabe que es mío. No quiero decir con esto que sea bueno o malo, simplemente que "es mío", y esa sensación es muy poderosa, porque mejor o peor has plasmado algo de tí.
    Muy buena la entrada. Te lo agradezco.
    Sergio.

    ResponderEliminar
  7. Gracias por dar otra clase magistral, esta vez la primera parte de Raymond Carver con Chejov omnipresente...

    Cita a Dinesen: "Escribir un poco todos los días... " Yo añadiría que también es necesario anotarlo todo, cualquier idea que sea o pueda ser susceptible de ser evocada, escrita y moldeada. Si no se hace así, luego habrá dificultades para transformar la vivencia en texto.

    Cuánta razón: "el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores. "

    ResponderEliminar
  8. Interesante!! Creo que uno ha de crear su propio mundo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.

Entradas populares de este blog

La habitación del candado, Juan de Haro

La viajera del tiempo, Lorena Franco