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Mostrando entradas de marzo, 2011

Y pese a todo...

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Buceando por la web he topado con una novela de Juan de Dios Garduño, ambientada en Maine, en un escenario de 3ª guerra mundial y un tanto apocalíptico... Apuntado queda en mi lista de pendientes.

Y pese a todo...
Juan de Dios Garduño


Durante el mandato del presidente Obama, Estados Unidos tiene constancia de que Irán va a cometer un ataque contra sus bases en territorio aliado. Ante la estupefacción del mundo entero le declara la guerra. Rusia y China se alían con Irán; Gran Bretaña e Israel con los americanos y, así, país por país, todos toman parte en la 3ª Guerra Mundial.

En pleno enfrentamiento, y ante la devastación que producen las armas nucleares, los rivales deciden utilizar las armas químicas, más baratas y más fáciles de fabricar. Se crean nuevas cepas de virus ya existentes, utilizando el ADN recombinante y extinguiendo así a casi toda la población mundial.

En la ciudad de Bangor, Maine, sólo han sobrevivido tres personas. Peter, su pequeña hija y Patrick Sthendall, su od…

A los héroes de Fukushima

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Terremoto. Tsunami. Desolación y muerte.
Y en la central nuclear de Fukushima algunos levantan la mano: Hiroshi, bombero; Raito, obrero de la construcción; y Toshio, científico, están entre las varias decenas de voluntarios que van a quedarse, que saben que van a morir por intentar reparar las fugas de los reactores que desatan aire malsano, aire que envenena.

Las horas son semanas completas en la central, donde apagan incendios mientras surgen otros y las temperaturas dentro del reactor alcanzan los 2000 grados que detienen, en parte, siempre en parte, sus trajes especiales.
Las linternas alumbran su tarea en medio de una oscuridad sin silencios, llena de los chasquidos del agua que bombean continuamente.

Hiroshi se aparta en un rincón y vomita; Raito está cansado, los ojos enrojecidos, pero sus manos se afanan en su tarea: tiene que funcionar, tiene que funcionar... maldita sea. Les rodean los pitidos constantes de los sistemas de seguridad, alterados, mientras siguen trabajand…

Escritores raros, por Sergio Pitol

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Los raros, por Sergio Pitol (escritor mexicano)


También los raros. Los "raros", como los nombró Darío, o "excéntricos", como son ahora conocidos, aparecen en la literatura como una planta resplandeciente en las tierras baldías o un discurso provocador, disparatado y rebosante de alegría en medio de una cena desabrida y una conversación desganada. Los libros de los "raros" son imprescindibles, gracias a ellos, a su valentía de acometer retos difíciles que los escritores normales nunca se atreverían. Son los pocos autores que hacen de la escritura una celebración.

Sus colegas, los más ceñudos, los más virulentos, los que conciben que el mayor prestigio de una obra se mide por las tantas medallas que los poderosos hayan puesto en sus pechos, jamás podrán verlos con buenos ojos. Es más, los detestan. Cuando en alguna ocasión oyen o leen un elogio sobre ellos se descomponen, utilizan un lenguaje cuartelario, injurioso y procaz que no se concilia con su ordina…

El lago, por Edgar Allan Poe

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Para el fin de semana, una canción basada en el
poema El lago de Edgar Allan Poe (V.Española + V.Inglés)

De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
de un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
negra cinta rocallosa
y copudos altos pinos que las auras estremecen.

Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
y el místico y gemebundo viento de su melodía,
entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
del terror del lago triste, despertar el alma mía.

Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.

La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
y en un Edén transforma…

Epitafios literarios (III)

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"I am Providence". H.P.Lovecraft. (Providence era su ciudad natal)
"Los soles se ocultan y pueden aparecer de nuevo pero cuando nuestra efímera luz se esconde, la noche es para siempre y el sueño, eterno." Cayo Valerio Cátulo

"Qué mudos pasos traes, ¡oh! muerte fría, pues con callados pies todo lo igualas”. Quevedo.

"..y cuando me vaya quedarán los pájaros cantando..." Juan Ramón Jiménez






Epitafio de Don Quijote

"Quien resiste, gana" Camilo José Cela

"Busco el oro del tiempo" André Bretón.