Aldous Huxley, el escritor visionario




Aldous Huxley fue un escritor visionario que plasmó acontecimientos del futuro que se están cumpliendo uno a uno.

Veamos Un mundo Feliz, que el autor publicó en plena depresión económica (1931) y en un mundo convulso lleno de incertidumbre.

En esta obra, en el lugar llamado Utopía:

 se lava el cerebro a las personas para que cada uno acepte su lugar en la sociedad
(es evidente la manipulación de los mass-media en nuestra época par adormecer conciencias)

el nacimiento es un proceso científico y se elimina el concepto de familia 
(actualmente hay un auge de nacimientos "in vitro" e inseminaciones artificiales y el concepto de familia se diluye)

están prohibidos el arte y la religión y no se enseña historia para que el pasado no influencie a la gente a la hora de cambiar el futuro (el pasado es fuente de infelicidad)
(estamos viendo la progresiva retirada de las aulas de la filosofía y la religión: se desprecian las carreras de Humanidades porque aportan poco "valor"; se obvia la memoria histórica)

sí a las relaciones sexuales pero no al amor; la pareja monogámica desaparece
(es evidente el paralelismo con la sociedad actual donde se prima eliminar sentimientos y romanticismo.)

el planeta está gobernado por un Único Gobierno Mundial
(parece ser que a eso vamos)

 existe una droga llamada "soma" para calmar cualquier mal y estimula un gran placer psicofísico. Es gratuita y la proporciona el Estado. El soma se usa en las grandes reuniones sociales para crear un estado de euforia colectivo.
(actualmente tenemos varios tipos de "soma", llámalo telecinco en segundo término, llámalo fútbol en primero)

el cine: mucho estímulo y poco argumento para no dar lugar a reflexiones
(podríamos poner como ejemplo miles de películas vacías de contenido)

el consumismo garantiza el placer
(actualmente el Estado también favorece esa idea de consumidor=hombre feliz)


Poco antes de morir en 1962 Huxley admitió que su novela Un mundo feliz no era ficción
En realidad trataba de los planes de la Élite Global para el mundo.



Dijo Huxley: 
Queda aún en el mundo cierta libertad. Verdad es que son aún muchos los jóvenes que parecen atribuir a la libertad un escaso valor. Pero algunos de nosotros todavía creemos que los seres humanos no pueden ser completamente humanos sin libertad y que, por tanto, la libertad es extremadamente valiosa. Tal vez las fuerzas que amenazan hoy a la libertad son demasiado fuertes para ser resistidas por mucho tiempo. Sin embargo, tenemos el deber de hacer cuanto podamos para resistirlas.


¿Hacemos algo para luchar contra esas fuerzas?
¿Qué prefieres: felicidad o libertad?



         Así comienza Un mundo Feliz:

 Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas. Encima de la entrada principal las palabras: Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, y, en un escudo, la divisa del Estado Mundial: Comunidad, Identidad, Estabilidad. La enorme sala de la planta baja se hallaba orientada hacia el Norte. Fría a pesar del verano que reinaba en el exterior y del calor tropical de la sala, una luz cruda y pálida brillaba a través de las ventanas buscando ávidamente alguna figura yacente amortajada, alguna pálida forma de académica carne de gallina, sin encontrar más que el cristal, el níquel y la brillante porcelana de un laboratorio. La invernada respondía a la invernada. Las batas de los trabajadores eran blancas, y éstos llevaban las manos embutidas en guantes de goma de un color pálido, como de cadáver. La luz era helada, muerta, fantasmal. Sólo de los amarillos tambores de los microscopios lograba arrancar cierta calidad de vida, deslizándose a lo largo de los tubos y formando una dilatada procesión de trazos luminosos que seguían la larga perspectiva de las mesas de trabajo. —Y ésta —dijo el director, abriendo la puerta— es la Sala de Fecundación. Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo, cuando el director de Incubación y Condicionamiento entró en la sala, sumidos en un absoluto silencio, sólo interrumpido por el distraído canturreo o silboteo solitario de quien se halla concentrado y abstraído en su labor.





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