Miguel Hernández, in memoriam

Fotogafía Miguel Hernández con frase del autor


Destruyeron los libros del llamado poeta rojo,
lo encarcelaron y le condenaron a muerte.
Conmutada la condena por la de 30 años, enfermó y murió a los 31 años.
Hoy, 106 años después de su nacimiento seguimos recordando
 su legado en forma de poemas.


Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.

El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.

Los años de abundancia, la saciedad, la hartura
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.

Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.

Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.

Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas, señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.

Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.

No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros.

En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.


Recomiendo el visionado de este vídeo con la canción de Joan Manuel Serrat
"Para la libertad" y a continuación podéis leer el poema completo:

Para la libertad... sangro, lucho y pervivo.


Para la libertad sangro, lucho, pervivo.


Para la libertad, mis ojos y mis manos,

como un árbol carnal, generoso y cautivo,

doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones


que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,

y entro en los hospitales, y entro en los algodones

como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos


de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,

de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,


ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño


reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:

porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)


Tras morir de tuberculosis, dicen que a Miguel no pudieron cerrarle los ojos cuando iban a amortajarlo. Que los tenía abiertos como dos piedras azules. Como dos faros de luz en la oscuridad.

Sus amigos ya habían puesto a salvo sus escritos y poemas. Hoy es de recibo leerlos de nuevo para honrar su memoria.

Sus últimos versos fueron:

Adiós, hermanos, camaradas, amigos:
despedidme del sol y de los trigos.

 Trigo y sol


Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!
Pablo Neruda




Comentarios

  1. La verdad es que nunca he conseguido entrar en la poesía de Hernández del todo. Pero el poema a la libertad es precioso. Visceral, directo, como casi todas sus piezas. Y tiene un poso de inocencia, o eso, o es que me hago viejo, que también.
    Parece imposible hoy que desapareciera, como Lorca, por razones de pensamiento. El hoy que vale por el mundo Occidental, no para el resto del mundo, claro. 31 años. Dios mío.

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